Cuba

A veinte años de un crimen impune

Este reportaje fue originalmente publicado el 13 de julio del 2014.

En su libro sobre el totalitarismo, Hannah Arendt insistió en la necesidad de recuperar la memoria histórica como vía para construir un futuro diferente.

A veinte años del hundimiento del remolcador 13 de Marzo en aguas cubanas, Jorge A. García, quién perdió 14 familiares en la tragedia, entre ellos un hijo y un nieto, insiste en recordar estos hechos, guiado por un propósito similar: "que se conozcan para que no se repitan", dijo a el Nuevo Herald.

Muchos cubanos en la isla nunca escucharon de estos acontecimientos-en el que fallecieron al menos 37 personas identificadas, entre ellas 10 niños-o solo conocen la versión oficial publicada en Cuba, en la que el gobierno calificó el hundimiento del remolcador en la madrugada del 13 de julio de 1994, durante la llamada crisis de los balseros, como un "accidente", provocado por trabajadores del puerto que habrían estado protegiendo sus "medios de trabajo".

Inicialmente las autoridades cubanas culparon al mal estado de la embarcación por el naufragio, pero el 5 de agosto de 1994, el día de los disturbios conocidos como "El Maleconazo", Fidel Castro se refirió a los acontecimientos del 13 de julio y declaró que las investigaciones realizadas por el Ministerio del Interior concluyeron que los trabajadores del puerto que se lanzaron a perseguir el remolcador en tres embarcaciones intentaron "retenerlo" y en condiciones de oscuridad y "mar fuerte", el barco que iba detrás golpeó "accidentalmente" al 13 de marzo.

"Qué vamos a hacer con esos trabajadores que no querían que les robaran su barco, que hicieron un esfuerzo verdaderamente patriótico, pudiéramos decir, para que no les robaran el barco", se preguntó Castro, quien se refirió luego al "comportamiento de los obreros" como "ejemplar".

Pero García, con gran constancia, se ha dedicado a reconstruir detalladamente los eventos a partir de testimonios de sobrevivientes en su libro El Hundimiento del Remolcador 13 de Marzo (2001) y a recordarle al mundo que los cuerpos de las víctimas no han sido recuperados. Nadie fue enjuiciado en Cuba, a pesar de declaraciones y recursos presentados ante organismos internacionales como Amnistía Internacional, Human Rights Watch, Naciones Unidas y la Organización de Estados Americanos (OEA).

García, actualmente de 70 años, iba a ser uno de los 72 pasajeros, pero decidió "ceder su puesto a los más jóvenes", decisión de la que no se arrepiente pues insiste en que este era "un viaje seguro" y que la embarcación contaba con "1000 galones de petróleo", combustible suficiente para llegar a Estados Unidos.

Su cuñado, Fidencio Ramel Prieto, jefe de operaciones del puerto de La Habana, fue uno de los organizadores de la infortunada fuga en el 13 de marzo, una nave de 17 pies, de madera, que Ramel reparó para el viaje y a la que había comprado un motor nuevo.

Según el testimonio de Sergio Perodín, publicado a raíz del 10º aniversario de los hechos en la revista Contacto, hubo dos intentos previos de salida, por lo que es probable que las autoridades del puerto supieran de los planes de llevar el remolcador a EEUU. Ello explicaría la reacción inmediata de otras tres embarcaciones que rápidamente se acercaron a este lanzándole chorros de agua a presión, pues contaban con equipos contra incendios, narra Perodín.

En testimonio ofrecido a la Comisión Interamericana de Derechos, otra de las sobrevivientes, Jeanette Hernández Gutiérrez, narró así lo sucedido: "Cuando estábamos a siete millas, nosotros vemos que ellos aceleran y se nos ponen al lado y empiezan a darnos bandazos, nosotros levantamos los niños y ellos los ven y empezamos a gritarles que por favor ...no hagan eso y ellos no hacen caso...Ellos nos hundieron de la siguiente forma: el remolcador que nos parte la popa se pone por delante y se sube en proa y la parte".

Los sobrevivientes han narrado que varios niños y mujeres quedaron atrapados en la bodega, adonde fueron a buscar refugio de los chorros de agua. Luego de que el barco se hundiera, según estos testigos, los agresores rehusaron ayudarles y la guardia costera cubana no comenzó las labores de rescate hasta que avizoraron un barco griego en las cercanías. De las 72 personas que se cree estaban a bordo, se salvaron 31.

El gobierno cubano ha insistido en la irresponsabilidad de involucrar a menores de edad en intentos de salida ilegal, pero García afirma que nunca se imaginaron que los riesgos eran tan grandes. "Temíamos que los apresaran, pero nunca pensamos que fueran a matarlos", dijo.

En una resolución de 1996, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA recomendó a Cuba realizar una "exhaustiva" investigación para sancionar a los responsables, recuperar y entregar los restos de las víctimas a sus familiares, así como pagar una indemnización compensatoria a los sobrevivientes y los familiares de los fallecidos. El gobierno cubano nunca respondió a este informe y el hundimiento del remolcador fue borrado de la memoria colectiva.

Por eso, varias organizaciones dentro y fuera de Cuba han conmemorado esta fecha con vigilias, minutos de silencio y hasta una flotilla que llevó fuegos artificiales hasta aguas cercanas a la isla, todos gestos simbólicos que desafían el olvido de estos hechos, que marcaron la vida de 72 cubanos.

Siga a Nora Gámez Torres en Twitter: @ngameztorres

Esta historia fue publicada originalmente el 13 de julio de 2015, 5:59 p. m. with the headline "A veinte años de un crimen impune."

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