Política de Carter hacia Cuba, Nicaragua y Haití dejó huellas en el Sur de la Florida
La era de la administración de Jimmy Carter abrió las compuertas a Miami.
El nombre del presidente Carter está indeleblemente ligado a uno de los éxodos marítimos más grandes de la historia, uno que moldearía a Miami en los años venideros y que posiblemente jugara un papel en su fallido intento de reelección: el éxodo del Mariel.
Entre abril y octubre de 1980, unos 125,000 cubanos llegaron al sur de la Florida en botes, lo que inmediatamente provocó una tormenta política para Carter, quien en un discurso pronunciado en mayo de ese año dijo que Estados Unidos “continuará ofreciendo el corazón y los brazos abiertos a los refugiados que buscan la libertad”.
Carter murió el domingo, a los cien años.
La política exterior del presidente Jimmy Carter dejó una profunda impresión en una ciudad donde miles de refugiados cubanos, haitianos y nicaragüenses huyeron de países que su administración se esforzó por encaminar hacia la democracia, con poco éxito.
Sus años en el cargo estuvieron marcados por la migración masiva a las costas del sur de Florida, el ascenso de Daniel Ortega en Nicaragua y las crisis constitucionales y de derechos humanos en otros lugares. Casi medio siglo después, el fracaso de la administración Carter en la promoción de la democracia en el hemisferio sigue siendo un desafío para la política estadounidense.
“El historial de Carter en América Latina fue mixto”, dijo Eric Farnsworth, exfuncionario del Departamento de Estado y la Casa Blanca que dirige la oficina en Washington del Consejo de las Américas y la Sociedad de las Américas. “Tuvo algunos éxitos reales. Fue el primero en poner de manera significativa los derechos humanos en el centro de la política hacia América Latina. El principal desafío es que parecía malinterpretar la verdadera naturaleza de las dictaduras violentas. Pensó que mediante el compromiso y la diplomacia, alguien como Fidel Castro podría ser convencido de cambiar el rumbo de la dictadura cubana”.
Al comienzo de su presidencia, en junio de 1977, Carter, el antiguo agricultor de maní de Georgia que hizo campaña para reorientar la política exterior de Estados Unidos tras el final de la guerra de Vietnam, prometió priorizar los derechos humanos y los principios de no intervención así como trabajar hacia la distensión con la Unión Soviética.
Pero el enfoque fue inmediatamente puesto a prueba por las realidades de América Latina y el Caribe, una región que se convirtió en escenario de la Guerra Fría, con Cuba jugando un papel central, y caracterizada por la inestabilidad política, los conflictos armados y las dictaduras represivas.
Carter logró obtener importantes triunfos en el hemisferio, como el tratado para transferir el control del Canal de Panamá de los Estados Unidos a las autoridades panameñas. Debido a su enfoque en los derechos humanos, los expertos también le dan crédito por haber puesto en el camino de la democratización a países como Argentina, Uruguay, Chile y Brasil, todos bajo dictaduras de derecha en esa época.
Pero sin una estrategia de política regional, su administración se vio obligada a reaccionar ante una serie de crisis cuyas ramificaciones todavía se sienten hoy en el sur de la Florida. Y “al tratar de poner los derechos humanos en el centro de la política en el hemisferio occidental, de alguna manera, Estados Unidos terminó siendo blando con algunos de los peores violadores de derechos humanos en el hemisferio”, dijo Farnsworth.
“Tal vez la lección que se debe aprender es que los derechos humanos pueden ser abusados tanto por la izquierda como por la derecha”, agregó.
Diálogo con Cuba
A pesar de las tensiones con Cuba, Carter quería levantar el embargo estadounidense y mejorar las condiciones de derechos humanos en la nación caribeña. Pese a sus mejores intenciones, no logró ninguno de los dos objetivos.
En cambio, se vio obligado a lidiar con un éxodo masivo de cubanos hábilmente explotado por Fidel Castro, y que muchos observadores creen contribuyó a su derrota en 1980 ante Ronald Reagan, la primera vez desde 1932 que un presidente en funciones pierde la reelección.
Al principio de su presidencia, Carter entabló conversaciones directas con Castro. En 1978 se interesó por normalizar las relaciones y abrir una Oficina de Intereses de Estados Unidos que pudiera funcionar como misión diplomática en La Habana. Su administración también trabajó con un grupo de cubanoamericanos que establecieron un diálogo con Castro que resultó en la liberación de más de 3000 presos políticos y el restablecimiento de los viajes familiares.
Pero las conversaciones sobre la normalización finalmente fracasaron cuando Castro se negó a retirar a las tropas cubanas de Angola.
La liberación de los presos políticos marcó un logro importante para la política exterior de Carter, pero pronto se vio ensombrecido por uno de los mayores eventos de migración marítima en la historia moderna de los Estados Unidos: el éxodo del Mariel.
Después de años de aislamiento, escasez económica y falta de libertades políticas, el descontento cundía en Cuba. Cuando un grupo de cubanos ingresó a la embajada peruana en busca de asilo, Castro vio la oportunidad de deshacerse de los críticos mientras creaba otro problema para Carter.
Además de los 125,000 cubanos que llegaron al sur de la Florida, unos 25,000 haitianos también llegaron en botes al sur de Florida huyendo del régimen de Duvalier.
Castro obligó a los exiliados que habían alquilado botes a recoger a sus familiares en la isla a llevar otros pasajeros, en su mayoría hombres, que eran delincuentes o enfermos mentales. Si bien las autoridades de inmigración estadounidenses consideraron inadmisibles a menos de 3000 migrantes, la narrativa sobre el Mariel y los refugiados criminales se convirtió en un tema de política nacional y avivó los sentimientos anti-inmigrante. Eventualmente, el manejo del éxodo del Mariel, junto con el empeoramiento de la economía, la crisis energética y la crisis de los rehenes iraníes, se convirtió en uno de los factores que llevaron a la derrota de Carter en las urnas.
Documentos desclasificados del Departamento de Estado muestran que, de haber sido reelegido, Carter tenía la intención de levantar el embargo estadounidense. A lo largo de los años, siguió siendo un defensor del levantamiento de las sanciones, pero también continuó promoviendo los derechos humanos y la democratización de Cuba.
Durante un viaje en 2002 a la isla, abogó por las elecciones libres y llamó la atención sobre el Proyecto Varela, una iniciativa de plebiscito liderada por el líder opositor Oswaldo Payá. Pero la visita tuvo consecuencias que Carter no pudo prever.
Durante un histórico discurso televisado en vivo a nivel nacional desde la Universidad de La Habana, Carter habló de la democracia, las libertades civiles, los presos políticos y el Proyecto Varela. Incluso mencionó la disputa sobre las propiedades que fueron confiscadas por Castro tras llegar al poder en 1959.
Muchos cubanos, especialmente la generación más joven, nunca antes habían oído hablar de muchos de los temas, menos aún en la televisión estatal, ni habían visto a un líder extranjero pidiendo abiertamente a Castro que permitiera una transición democrática. Los espectadores quedaron atónitos. Pero si bien las palabras de Carter resonaron entre muchos cubanos, también hicieron que Castro estuviera aún más decidido a evitar que la propuesta del plebiscito se convirtiera en un riesgo para su gobierno.
Menos de un año después, Castro encarceló a 75 disidentes, muchos directamente involucrados en el Proyecto Varela.
El ascenso de los Sandinistas
Del mismo modo fracasaron los esfuerzos de Carter por presionar al régimen de Anastasio Somoza para que mejorara su historial de derechos humanos y evitar una revolución socialista en Nicaragua.
Cuando Carter llegó al poder, Nicaragua ya estaba sumida en un conflicto armado. El gobierno de Somoza estaba siendo desafiado por un grupo guerrillero marxista apoyado por Cuba, el Frente Sandinista de Liberación Nacional. Después de uno de sus ataques, Somoza ordenó una feroz represión y Carter cortó la ayuda a Nicaragua. El gobernante nicaragüense levantó el estado de sitio para reiniciar el flujo de ayuda estadounidense, pero los sandinistas aprovecharon la oportunidad para lanzar nuevos ataques.
Varios intentos de Carter de buscar una solución mediada al conflicto fracasaron. Cuando Somoza rechazó uno de esos planes en enero de 1979, Carter puso fin a la asistencia militar a la Guardia Nacional de Nicaragua.
Los sandinistas tomaron el poder solo unos meses después bajo el liderazgo de Ortega y rápidamente declararon el estado de emergencia, abolieron la constitución y comenzaron a confiscar la propiedad privada.
Decenas de miles de nicaragüenses huyeron al sur de la Florida.
Muchos años después, en 2006, Carter estuvo en Nicaragua para monitorear las elecciones presidenciales en las que Ortega aparecía como favorito. En ese momento, Carter dijo a Reuters que pensaba que Ortega había cambiado.
“Su comportamiento, su enfoque y sus declaraciones públicas son radicalmente diferentes de lo que yo conocí en los años 80”, dijo Carter a Reuters.
Ortega sigue en el poder al frente de uno de los regímenes más represivos del hemisferio.
Haití y los derechos humanos
En Haití, Carter enfrentó un dilema con el que tuvo que contender en muchas ocasiones : quería apoyar a gobiernos amigos, pero a la vez la resistencia que muchos de ellos hacían a la paz y la democracia chocaba con su interés en promover los derechos humanos.
Cuando Carter asumió el cargo, heredó un aliado de Estados Unidos en Haití que estaba dirigido por el presidente vitalicio Jean-Claude “Baby Doc” Duvalier, hijo del dictador Francois “Papa Doc”. La administración Carter continuó brindando asistencia y Haití estaba recibiendo alrededor de $ 41 millones a pesar de su sórdido historial de derechos humanos.
Ese apoyo financiero provocó rechazo a la política de Estados Unidos, pues los críticos del régimen de Duvalier lo acusaron de emplear la ayuda para reforzar su control sobre el país. También señalaron que Estados Unidos rechazaba a los haitianos que, cada vez más, huían en botes, a los que se les negaba un estatus legal si tocaban tierra.
Eventualmente, los refugiados haitianos encontraron alivio bajo la administración Carter. Fueron tratados igual que los cubanos y considerados refugiados, con el establecimiento del Programa de Ingreso Cubano-Haitiano en junio de 1980. El programa otorgó estatus temporal y acceso al procesamiento de asilo y asistencia a los cubanos y haitianos que huían de sus países.
A pesar de los reveses, Andrew Young, a quien Carter nombró embajador ante las Naciones Unidas, cree que si este hubiera ganado un segundo mandato, el mundo sería un lugar muy diferente.
Meses después de asumir el cargo, Young llegó a Haití con una lista de presos políticos y le pidió una reunión privada al joven dictador haitiano de solo 26 años.
“Regresé a su oficina, saqué esta lista de mi bolsillo y dije: ‘No sé quién está aquí, pero mis amigos dicen que estas personas han sido condenadas injustamente. Dije que hay muchos otros lugares en el mundo que son mucho peores que Haití. Pero no reciben la publicidad que tú recibes porque no están tan cerca de Estados Unidos”, dijo Young.
“Dije que realmente le haría bien a Haití, y que me ayudaría a mí y a las personas en la cárcel si pudieras encontrar una manera de hacer lo que creas que es correcto”, rememoró el embajador.
El 21 de septiembre de 1977, meses después de la visita, 106 presos políticos haitianos fueron liberados, entre ellos Robert “Boby” Duval, un conocido futbolista que le dijo al Miami Herald en 2008 que Carter lo salvó de la muerte después de haber pasado ocho meses en prisión, en los predios del palacio presidencial donde los prisioneros eran atados, golpeados y torturados.
Si bien su actuación en América Latina y el Caribe tiene detractores, pocos cuestionan los valores e intenciones de Carter. Su tiempo en el cargo coincidió con un momento histórico complicado, en cierto modo con alguna similitud al contexto internacional actual. El escrutinio de su legado podría ayudar a obtener algunas respuestas para el mundo de hoy.
“Carter, creo que su corazón estaba realmente en el lugar correcto”, dijo Farnsworth. “Él realmente quería la paz. Mira lo que hizo con Israel y Egipto. Quería reevaluar la postura tradicional estadounidense en la región, tratando de reducir las tensiones de la Guerra Fría. Esos son objetivos laudatorios. Pero la pregunta es, ¿ese deseo, en algún momento, superó la fea realidad de lo que era posible en la región en ese momento? Creo que esa es la pregunta que los historiadores tendrán que responder”.
Esta historia fue publicada originalmente el 29 de diciembre de 2024, 5:41 p. m..