Se presentará por segunda vez en Miami libro sobre éxodo poco conocido de menores cubanos
Cuando le preguntas a un cubano cómo fue su último día en Cuba, los recuerdos se van desgajando con una mezcla de confusión y destellos de pasmosa claridad. Para un país que después de 1959 pasó de ser un receptor de inmigrantes a un emisor de exiliados políticos, esas memorias son importantes y muchas veces cristalizan en un libro como Cuando salí de Cuba, de los hermanos Remberto y María Pérez, cubanoamericanos de Nueva Jersey, que reflejan, desde la perspectiva de los que se fueron y de los que quedaron, un éxodo casi desconocido, el de más de 3,000 adolescentes en edad militar que salieron de Cuba para España entre 1966 y 1974.
En su último día en Cuba, en abril de 1967, Remberto Pérez recuerda que jugó pelota por la mañana y luego se subió al tren que lo llevaría a La Habana. Desde allí tuvo la última visión de su natal Las Tunas y de su familia, a la que no volvería a ver hasta tres años después en Nueva Jersey. Iba vestido con un traje de lana y un pantalón enguatado que le hizo su mamá, lo que se puede decir era su uniforme de hombre, porque a partir de ese momento, el joven de 14 años dejaba atrás la infancia y salía solo al mundo.
El destino era España. Y no le quedaba otra alternativa que escapar antes que el Servicio Militar Obligatorio lo atrapara. Al cumplir 15 años no le darían permiso para salir de Cuba hasta los 27 porque así lo estipulaba la ley. Su familia quedaría varada en Cuba, y ya tenían bastante con su padre castigado en una granja de trabajo forzado por expresar su intención de irse del país.
Como los Pedro Pan, los “niños de España” viajaban sin sus padres, huyendo del comunismo. Y como lo fue monseñor Bryan O. Walsh para los Pedro Pan, su benefactor era un sacerdote católico, un franciscano nacido en Remedios, el padre Antonio Camiñas, que los recibía en el Aeropuerto de Barajas, los llevaba a los albergues en El Escorial, Casa de Campo o Navacerrada, y recaudaba dinero entre los exiliados cubanos y los familiares de los jóvenes para costear su estancia en España hasta que pudieran viajar a Estados Unidos.
Como un homenaje a este “héroe”, como lo llama Remberto, surgió el libro Cuando salí de Cuba (Editorial Casa Vacía, 2023), en el que Remberto Pérez y María Pérez, reunieron, con la ayuda del historiador Ricardo Quiza, los testimonios de 31 cubanos que formaron parte de este éxodo prácticamente desconocido, al que solo habían hecho referencia artículos de prensa de la época.
“Es una historia desconocida que iba a quedar a la deriva”, dice Quiza sobre la importancia y premura por rescatar los recuerdos que tienen los participantes de este éxodo, que ya están en su sexta o séptima década de vida.
“Es imposible hacer la historia de la Cuba contemporánea sin recurrir al testimonio, por el control de la información que tiene el gobierno cubano, que en caso de un cambio de sistema, puede ser destruida o incinerada”, apunta Quiza.
Cuando salí de Cuba se presenta el jueves 18 en el Museo de Coral Gables. La presentación está a cargo de María Pérez y del escritor Enrique del Risco, autor del prólogo.
María tenía 13 años cuando Remberto, casi “su gemelo” porque solo se llevan 18 meses, se fue de Cuba.
“Mi madre se enfermó, parecía un fantasma por la casa”, recuerda María, que tuvo que ayudar a su madre, preocupada por su hermano y al mismo tiempo embarazada de la hija menor, en una Cuba donde no había pañales, ni fórmula ni una camita para acostar a la bebé.
“La primera carta de Remberto llegó 13 días después”, dijo María a el Nuevo Herald. Aunque las misivas contaban detalles alegres, se notaba la tristeza de su hermano.
El dilema de los padres en Cuba
“¿Qué clase de madre deja a un hijo venir solo en tren?” fue la crítica que María le escuchó a una conocida a propósito de una imagen de otros inmigrantes no cubanos que envían a sus hijos desde Latinoamérica solos en busca de mejor futuro en Estados Unidos.
“La mía”, respondió entonces María, que se dio cuenta que había que contar el éxodo de menores cubanos que salieron por España.
Comenzó así el proceso de reunir los testimonios de personas dispersas entre Miami, Nueva Jersey y otros lugares del mundo. Dos años estuvieron enviando los cuestionarios a los que quisieron participar; se formaron grupos de WhatsApp, y hasta un “movimiento social”, como describe Quiza el reencuentro de los jóvenes que vivieron tantas experiencias en Madrid, entre ellas la muerte de dos compañeros a consecuencia del tifus.
“Estuve tres meses en Madrid y nunca estuve bien de salud. Siempre me dolía la garganta”, dijo a el Nuevo Herald Remberto.
La primera noche le dieron la misma cama de uno de los niños, que lo habían llevado a enfermería y posteriormente murió. Al despertar, se dio cuenta de que había dormido en un charco de sudor y vómito, recuerda Remberto en el libro.
De uno de los jóvenes fallecidos se sabía su nombre, pero del otro sus compañeros solo recordaban el nombrete que le habían dado, una práctica que seguían con todos los jóvenes en los albergues.
Dos cubanos en un cementerio de Madrid
Fue María Pérez quien descubrió el nombre del muchacho muerto, gracias a una labor detectivesca en el Cementerio de San Justo en Madrid, de la que no adelanto más para que lo lean en el libro. Allí yacen los dos niños y la madre de uno de ellos, cuyos restos trasladaron desde Miami.
“Me propusieron escribir una historia novelada con estos recuerdos, pero siempre dije que tenía que ser un libro de testimonio lo más fiel posible a lo que ocurrió”, afirmó María, que, al leer los testimonios por las noches, revivió los primeros años de la familia en el exilio.
Uno de los méritos del libro es reflejar una parte de la historia del exilio cubano en el Norte. Las trabajos en factorías, los tenements donde vivieron los primeros años, los negocios de cubanos que se fueron abriendo en Bergenline –que hoy le dan parte de su identidad a la avenida–, el contacto con otras comunidades de inmigrantes, las que estaban allí y las que fueron llegando.
La generosidad de los cubanos
María resalta otro de los propósitos de Cuando salí de Cuba, agradecer la generosidad de los exiliados, que ayudaron con donaciones al sostenimiento de los jóvenes en España, y a los familiares que asumieron la responsabilidad de acogerlos cuando llegaron a Estados Unidos. Una tía de Remberto y María, Aracelia Pérez, hizo affidavits para 40 cubanos que emigraron en diferentes momentos.
“Los viernes por la noche se hacían fund raisers en las casas de los exiliados. Alguien tocaba guitarra y en un pomo de boca ancha iban echando unos dólares”, cuenta María.
Así llegaban a reunir hasta $120, que luego entregaban al padre Camiñas, quien continuaba hacia Miami, donde también hacían recaudaciones, según muestra el libro.
“Para nosotros es importante reinvidicar el esfuerzo del exilio histórico. Muchas veces se siente un rechazo al exilio histórico, se le considera recalcitrante, pero no se puede olvidar que esa gente fue la que nos recibió, quienes, como mis tías, trabajaban en una factoría cosiendo. Y hoy seguimos haciéndolo, es una cadena”, dice María.
Para Quiza es importante que el libro muestre esa generosidad del exilio. “El oficialismo cubano siempre ha dicho que en el capitalismo lo que prima es el individuo, pero hubo mucha solidaridad. Hubo gente que no conocía a esos niños y donaron dinero”, dijo Quiza.
En el libro también confluyen varias generaciones de cubanos. Los protagonistas de la historia y autores pertenecen al exilio histórico. Del Risco, Quiza y los escritores Rafael Rojas y Armando Lucas Correa —estos dos últimos escriben en la contraportada— pertenecen a oleadas posteriores.
Ranfis Suárez, que hizo la portada, es un diseñador gráfico radicado en México que estudia una maestría en la UNAM. Fue él quien diseñó el logo del primer proyecto que dio a conocer a Luis Manuel Otero Alcántara, Museo de la Disidencia en Cuba, en conjunción con la historiadora de arte Yanelys Núñez Leyva. También hay presencia de los millennials que viven fuera de Cuba, como Ricardo Quiza Suárez —hijo del historiador— que se encargó del diseño de las páginas interiores del libro.
El libro extiende una invitación a estudios académicos que profundicen en el éxodo de los jóvenes. Hay que precisar la cifra de cuántos salieron de Cuba por esa vía o saber si hubo concertación entre el gobierno cubano y el franquista, apunta Quiza.
Mientras, nos quedamos con la imagen de los niños que comparte Remberto: vestidos con abrigos largos, con aspecto de monjes, los jóvenes sirven de guía a los turistas por los terrenos de El Escorial. El pago eran unas cuantas pesetas, que daban para tomar el tren e ir hasta Madrid a pasear por el parque de El Retiro.
Ese es el pasado, el futuro es un busto del padre Camiñas en la Ermita de la Caridad de Miami, un homenaje que planean “los niños de Madrid” a su salvador.
Cuando salí de Cuba, jueves 18 de mayo, de 6 a 8 p.m. , Coral Gables Museum 285 Aragon Avenue.
Esta historia fue publicada originalmente el 11 de mayo de 2023, 5:53 p. m..