Cuba quiere salir de lista negra del terrorismo pero lamenta muerte de líder de Hezbolá
El gobernante cubano Miguel Díaz-Canel se unió a Rusia e Irán para condenar el “asesinato cobarde” de Hassan Nasrallah, el líder de Hezbolá, el partido político y milicia del Líbano considerada una organización terrorista por Estados Unidos, en medio de una campaña para lograr que Cuba sea eliminada de la lista estadounidense de estados que patrocinan el terrorismo.
Nasrallah, quien dirigió Hezbolá desde 1992, murió en Beirut en un ataque aéreo del ejército israelí el viernes. El presidente Joe Biden dijo en un comunicado que “Nasrallah y el grupo terrorista que él dirigió, Hezbolá, fueron responsables de matar a cientos de estadounidenses durante un régimen de terror de cuatro décadas” y calificó su muerte como “una medida de justicia para sus muchas víctimas, incluidos miles de estadounidenses, israelíes y civiles libaneses”.
Pero el gobierno cubano, que se ha alineado cada vez más con los adversarios de Estados Unidos, está entre los pocos que salieron públicamente a condenar el asesinato.
“Condenamos el cobarde asesinato selectivo de Hassan Nasrallah, secretario general de Hezbollah, como resultado del ataque perpetrado por Israel contra edificios de viviendas en el suburbio sur de Beirut, causando destrucción y muerte de civiles inocentes,” dijo el gobernante Díaz-Canel, en X.
Luego acusó a Israel, “con la complicidad de Estados Unidos”, de amenazar “la paz y la seguridad regional y mundial”.
El periódico del Partido Comunista Granma reportó la declaración del líder cubano en un artículo, y varias cuentas oficiales en las redes sociales, incluidas las de la Federación de Mujeres Cubanas y el Ministerio de Finanzas y Precios, replicaron su publicación en X o publicaron mensajes similares.
Pocos gobiernos condenaron públicamente el asesinato del líder de Hezbolá, un grupo militante islámico respaldado por Irán designado formalmente como organización terrorista, en su conjunto o su milicia, por más de 60 países, incluida la Unión Europea, la Liga Árabe y el Consejo de Cooperación del Golfo. En América Latina, el líder venezolano Nicolás Maduro también compartió su “solidaridad” con Hezbolá.
Cuba tiene una fuerte alianza política con Irán, que creó Hezbolá para actuar como un agente contra Israel. El gobierno de la isla tiene vínculos diplomáticos establecidos desde hace mucho tiempo con el ala política de Hezbolá. En 2021, el embajador cubano en Líbano recibió al jefe de relaciones internacionales del grupo, Ammar Al-Moussawi, quien criticó las “conspiraciones” y las políticas agresivas de Estados Unidos para sembrar “el caos y el hambre” en todo el mundo, según un comunicado del Ministerio de Asuntos Exteriores de Cuba.
Pero la condena pública de Díaz-Canel al asesinato de Nasrallah, que era el secretario general tanto de la milicia como de la operación política de Hezbolá, coincide con los esfuerzos de los diplomáticos de la isla, quienes han estado presionando a los gobiernos extranjeros para que pidan a la administración de Biden que elimine a Cuba de la lista de patrocinadores del terrorismo.
La semana pasada, los diplomáticos cubanos promocionaron clips de dignatarios extranjeros que incluyeron el llamado a eliminar a Cuba de la lista en sus discursos en la sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York. En una entrevista con Newsweek, el ministro de relaciones exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez, dijo que la inclusión de Cuba era “injustificable” y le pidió a la administración Biden que la eliminara.
El presidente Donald Trump volvió a incluir al país en la lista antes de dejar el cargo en enero de 2021. El presidente Biden lo ha mantenido allí a pesar de eliminar otras restricciones a los viajes y las remesas impuestas por su predecesor.
Aunque la ineficiente economía de planificación centralizada de Cuba se entiende ampliamente como la causa central de la debacle económica de la isla, los funcionarios cubanos culparon a las sanciones estadounidenses por la crisis y han dicho que su inclusión en la lista ha restringido la capacidad del gobierno para realizar transacciones financieras.
Sin embargo, la campaña de Cuba para ser eliminada de la lista de patrocinadores del terrorismo y las garantías de que los líderes de la isla quieren mejores relaciones con Estados Unidos han chocado con la adopción por parte del gobierno de una vitriólica retórica antiestadounidense, el fortalecimiento de sus vínculos con los adversarios de EEUU y su renuencia a discutir la liberación de cientos de manifestantes pacíficos antigubernamentales encarcelados en 2021.
A partir de los vínculos de larga data con la Autoridad Palestina y luego con Hamás, el gobierno cubano también se ha convertido en un duro crítico de la operación militar de Israel en Gaza y recientemente ha utilizado el tema para atacar con frecuencia al gobierno estadounidense en las redes sociales. Con un pañuelo keffiyeh, Díaz-Canel encabezó una manifestación pro palestina frente a la embajada de Estados Unidos en La Habana en noviembre.
Díaz-Canel también declaró su apoyo a la invasión de Ucrania por parte de Vladimir Putin y dio la bienvenida a un submarino nuclear ruso en el puerto de La Habana por primera vez desde la Guerra Fría.
Los gestos no han pasado desapercibidos. Los funcionarios estadounidenses han dicho a sus homólogos cubanos que los constantes “pinchazos en los ojos” van en contra de las posibilidades de mejorar aún más las relaciones. La delegación cubana que viajó a Nueva York no logró ninguna reunión bilateral con funcionarios estadounidenses en los márgenes de la Asamblea General.
Algunos expertos cuestionan qué beneficio obtiene Cuba de provocar al rico vecino que se encuentra a 90 millas de distancia y que alberga la mayor comunidad cubana en el exterior, que mantiene a flote la isla con el dinero y los alimentos que envía a sus familiares. El liderazgo cubano también ha tomado medidas enérgicas recientemente contra las empresas privadas, un sector que había estado creciendo rápidamente con el apoyo de la administración de Biden, y aún no ha aprobado la inversión estadounidense en empresas privadas.
“La administración de Díaz-Canel no solo quiere las dos cosas, sino que las quiere todas”, dijo John Kavulich, un observador de larga data de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba que dirige el Consejo Comercial y Económico Estados Unidos-Cuba. Los funcionarios cubanos dicen que quieren mejorar las relaciones con Estados Unidos mientras “dicen casi todo lo que podría incluirse en una lista específicamente redactada para antagonizar a la Casa Blanca y al Congreso de Estados Unidos”.
Pero como el gobierno cubano “rechaza” las reformas económicas y políticas, añadió, “debe hacer una genuflexión… para buscar la caridad disfrazada de los gobiernos cuyos intereses no están alineados con los de Estados Unidos. Esto significa que se puede contar con que la administración de Díaz-Canel critique a Israel, pero no a Hamás y Hezbolá”.