Archivos de la telenovela en Cuba, una muestra de fotos de la Colección Cubana de UM
Si la historia de la radio y la televisión en Cuba en los años 1940 y 1950 se pudiera capturar en fotos, esa misión la cumple The Telenovela Archives: Serialized Fiction in Cuba Before the Revolution, en exhibición ahora en la sala de bienvenida de la Cuban Heritage Collection de la biblioteca de la Universidad de Miami.
El rol de Cuba como país pionero en el desarrollo de las radionovelas y telenovelas, que dio trabajo a tantos profesionales de los medios, guionistas, técnicos y que creó su propio star system de actores, a la manera de Hollywood, se muestra con fotos convertidas en grandes afiches, y originales de esas décadas tan fructíferas del entretenimiento en Cuba. El país recibió también a muchos inmigrantes y profesionales de Latinoamérica, y aquellos emigrados españoles que venían huyendo de las secuelas de la Guerra Civil Española (1936-1939).
La exposición abre con una foto de Caridad Bravo Adams, nacida en México, quien hizo una brillante carrera como escritora de radionovelas en la isla desde la década del 1940. Estuvo a cargo del espacio La novela del aire. Comenzó adaptando grandes clásicos de la literatura y luego tuvo la oportunidad de escribir sus propias novelas como Corazón salvaje y La mentira.
Se muestran retratos en blanco y negro hechos por Narcy y Armand, los exponentes más importantes de la fotografía de estudio en Cuba entre los años 1940 y principios de los 1960. También folletos y postales –a veces autografiadas– con los rostros de los actores. Las postales se vendían en estanquillos o se entregaban como regalo a los fans para completar el poder de una industria del entretenimiento que iba más allá de la imagen y la voz hasta el papel impreso.
Los materiales, donados por familiares de los artistas y otros adquiridos por la Cuban Heritage Collection, incluyen también imágenes de los canales más importantes de entonces, como la CMQ. Se pueden recorrer a la manera de un árbol familiar porque las estrellas de radio y televisión se parecen a nuestros abuelos, aunque no lo son. Sin embargo, qué familiaridad se siente cuando los detallamos.
Allí están también las fotos del escritor Félix B. Caignet, autor de la que es quizás una de las radionovelas y telenovelas más famosas, El derecho de nacer (1948), y de quien Gabriel García Márquez reconoció haber recibido influencia en los comienzos de su carrera literaria.
Qué cubano, y me atrevo a ir más allá, qué latinoamericano, no ha oído esa frase de El derecho de nacer (1948): “Al fin habló Don Rafael del Junco”, para referirse a algo pospuesto y esperado que al final se concreta.
Con sus historias que giran alrededor de las diferencias de clases y sus extremos dramáticos, a veces hasta el paroxismo de que los actores salen maquillados a la perfección sin que se les mueva un pelo en un salón de operaciones, las telenovelas son parte del entramado de este continente. Y sus albores se trazan en Cuba.
El documentalista e investigador venezolano Juan Andrés Bello, curador de la exhibición junto a la profesora Constanza Burucúa, de University of Western Ontario, señala la tradición de los lectores de tabaquería en Cuba como uno de los aspectos que contribuyen al surgimiento y éxito de la telenovela.
“La lectura oral existía en Cuba y en la Florida en las fábricas de tabaco, donde a los operarios se les leía mientras hacían su trabajo. La telenovela se alimenta de esa tradición”, dice Bello.
El realizador indica que la posición geográfica de Cuba, en la encrucijada entre Europa y Latinoamérica, y muy cerca de Estados Unidos, permite que el público esté expuesto a las últimas tendencias en materia literaria.
“Es un lugar donde llegaban muchos viajeros y libros y eso creó las bases sobre las que estos autores construyeron”, dijo Bello, señalando una lista de guionistas de radio y telenovelas, entre ellos muchas mujeres como Olga Ruilópez, Dora Alonso, Iris Dávila, Inés Rodena y Delia Fiallo.
La telenovela en Cuba
El derecho de nacer, que se estrenó en 1948 en La Habana en la emisora CMQ Radio, es uno de los melodramas con más versiones a lo largo de la historia del género. Cada época parece escoger su pareja de actores y su estilo particular, para repetir el estruendo maravilloso que crearon sus protagonistas originales, Carlos Badías y María Valero, cuyos rostros también están presentes en la exposición.
Valero, una española exiliada en Cuba en 1939 después de haber participado como enfermera en la Guerra Civil en el bando republicano, fue la estrella más importante de las radionovelas. Murió de manera trágica en un accidente en una calle de La Habana el 26 de noviembre de 1948. La sustituyó en el rol de Isabel Cristina, de El derecho de nacer, la actriz Minín Bujones, cuya fotografía se amplió en uno de los afiches que ocupan la pared más grande del salón de la biblioteca.
El derecho de nacer no se ha versionado mucho en los últimos tiempos porque tiene un aspecto que el público actual rechaza, ya que perpetúa estereotipos raciales. La mayoría de las actrices que representaron a uno de los personajes principales, Mamá Dolores, la nodriza del protagonista, Albertico Limonta, eran blancas y llevaban la cara maquillada de negro, lo que se conoce como el black face, una práctica racista que impedía la participación de actores negros.
Otro afiche gigante muestra a los actores Raquel Revuelta y Manolo Coego, hecho a partir de una foto en blanco y negro tomada en el estudio de Narcy, que anuncia sus apariciones diarias en el espacio de la 1:15 p.m. por Radio Progreso.
Revuelta y Coego, envueltos en esa luz misteriosa de las fotografías vintage y en el esplendor de su juventud, no podían sospechar que un día no muy lejano un fenómeno ajeno a su voluntad, la llegada del Castrismo en 1959, los separaría, y hasta los pondría a veces en bandos opuestos.
“La revolución implica una ruptura de lazos familiares, de lazos de amistad, los que salieron al exilio tuvieron que rehacer su carrera en muchos lugares, a unos les fue muy bien, a otros no tanto. Muchos tuvieron que reinventarse”, dijo Bello, quien vive exiliado en Canadá.
Coego, que protagonizó las telenovelas Yo compro esa mujer, El secreto y Raquel, y fue llamado el “Marlon Brando” de Cuba, murió en el exilio en Miami en el 2017. Revuelta, cofundadora con su hermano Vicente Revuelta de uno de los grupos de teatro clave de la isla, Teatro Estudio, protagonizó algunas de las películas más importantes del cine posrevolucionario, como Lucía (1968), de Humberto Solás. A su muerte, en el 2004, en La Habana, había recibido la mayoría de los reconocimientos que entregan las instituciones culturales oficialistas de la isla.
Llega la televisión
En otro punto de la muestra, la unidad móvil de la CMQ, antes de ser trasladada a Cuba, aparece suspendida en el aire, con el perfil de los rascacielos de Nueva York al fondo. La instantánea, anónima y fechada en 1950, refleja ese momento clave en que la mayor de las Antillas adquiere la tecnología estadounidense y se convierte en pionera de la televisión en Latinoamérica.
Bello señala que el factor geográfico facilita la pronta llegada y desarrollo de la televisión en Cuba. Para ilustrarlo cuenta la anécdota de cómo la coronación de la reina Isabel II de Inglaterra en 1952, la primera que se trasmitió por televisión, fue filmada en Londres y trasladada de inmediato a Estados Unidos para que los estadounidenses pudieran verla muy rápido, aprovechando el cambio de hora. Luego se hicieron copias en Nueva York y se llevaron a Cuba, y con la misma celeridad se tradujeron y presentaron en la televisión.
Con la radio y la televisión se desarrolla aún más otro sector en el que la Cuba antes del castrismo fue muy próspera, la publicidad.
“Su actual televisor puede ser 7 veces mejor”, dice un anuncio publicitario de los tubos de pantalla de la Sylvania, de junio de 1955, que se incluye en la muestra.
También se puede ver a Félix B. Caignet sentado junto a un radio Delco, haciéndole propaganda, lo que indica que los profesionales del medio no solo cobraban por su trabajo principal sino por la publicidad que hacían.
La hermosa cara de la actriz Carmen Pujols anuncia Camay, “el jabón de las estrellas”. Pujols, que trabajó en múltiples producciones, es recordada por interpretar a un personaje muy querido entre los niños cubanos, Tía Tata Cuentacuentos.
Una de las actrices más presentes en fotografías y postales en la muestra es Gina Cabrera, que aparece con uno de los galanes favoritos de la televisión, Alberto González Rubio, en otra dupla que fue separada por la debacle que han vivido los cubanos. Cabrera se quedó en Cuba y González Rubio emigró a Miami, donde se reinventó como locutor y se escuchó a través de La Voz de las Américas.
Cabrera también aparece en otra foto con Amador Rodríguez en El humo del recuerdo: la reina Esther (1953), una producción muy elaborada, en un decorado exótico. El humo del recuerdo era un espacio dramático semanal patrocinado por la marca de tabacos H. Upmann.
En una de las fotos quizás más impresionantes de la muestra se ve a Cabrera el día de su boda, un 19 de diciembre de 1949. Con un ramo de flores espléndido en la mano, sentada, con el velo que le cubre parte del cuerpo y que arrastra hasta los pies, el rostro de Cabrera tiene una expresión que denota la gran actriz que fue. El novio (que no está en la foto) era Roberto Garriga, uno de los directores más importantes de la televisión cubana. En su currículo está la versión de Doña Bárbara (1978), que protagonizó Raquel Revuelta.
El exilio es el camino para profesionales de la radio y televisión
Como la muestra solo refleja la historia de la televisión cubana hasta muy al principio de la revolución, la página de un folleto de febrero de 1959 resume lo que vendría después. La cara de Fidel Castro, repetida en múltiples cuadros, como pantallas de televisor, se hace presente anunciando un discurso, uno de esos que duraban varias horas y que se convirtieron en el pan de cada día de los cubanos.
Después de 1959, los actores, equipo técnico y dueños de canales trataron de adaptarse a los tiempos, pero muchos se dieron cuenta de que no podrían. Luego vinieron las nacionalizaciones de todas las empresas, y los medios quedaron en manos del estado cubano. Para muchos el camino fue el exilio. Ganancia para tantos países que se nutrieron de hombres de negocios, profesionales y actores que vieron nacer la televisión, que la hicieron de manera original y distinta a como se hacía en Estados Unidos, y que estaban preparados para adaptarse a trabajar en otras latitudes.
Uno de los últimos anaqueles ejemplifica la situación a través de la historia de Gloria Magadan, que se fue a Brasil, donde llegó como ejecutiva de Colgate-Palmolive y se convirtió en una de las escritoras de telenovelas más prolíficas. Al final de la muestra, ya de salida, antes de tomar el elevador, se puede ver un mapa del recorrido que hacen las telenovelas. Partiendo de Cuba, irradian caminos que llevan a México, Brasil, Argentina, Venezuela, Puerto Rico.
En una esquina aparece una foto de la actriz venezolana Lupita Ferrer, una de las reinas indiscutible de las telenovelas. Uno de sus papeles más recordados es la de la joven ciega Esmeralda, en una telenovela con muchas versiones, escrita por la cubana Delia Fiallo, quien primero triunfó en Venezuela y luego vendió sus guiones a México, que hoy se siguen produciendo.
Fue Esmeralda la primera novela que se escuchó cuando la emisora Radio Martí salió al aire en 1985, desde Estados Unidos para Cuba. A la hora de la trasmisión de Esmeralda las calles se podían recorrer en silencio, y desde muchas casas se escuchaba la novela sin perderse un fragmento. Aunque fuera de manera clandestina, los cubanos la oían. La radio y la telenovela nunca se fue de Cuba, aunque algunos de sus mayores exponentes ya no estaban.
Amanda T. Moreno-Schroeder, directora de la Colección Herencia Cubana de la Universidad de Miami, resume así la relevancia de la muestra.
“A través de recortes, fotos y grabaciones, se muestra cómo estos medios reflejaron y exportaron el imaginario popular cubano a otros países de Latinoamérica, revelando un legado que hasta ahora permanecía detrás de escena. Al preservar estos materiales, salvaguardamos nuestra cultura y, al mismo tiempo, la activamos con fines educativos”, dijo.
“The Telenovela Archives: Serialized Fiction in Cuba Before the Revolution”, se presenta hasta agosto del 2026 en la Cuban Heritage Collection, Roberto C. Goizueta Pavillion, segundo piso de la biblioteca Otto G. Richter de la Universidad de Miami, 1300 Memorial Drive, Coral Gables.
Esta historia fue publicada originalmente el 14 de noviembre de 2025, 2:53 p. m..