‘Rostros de la isla dispersa’, proyecto fotográfico de Pedro Portal nominado a la Beca Cintas
Pedro Portal comenzó a tomar fotografías a finales de los años 1970 con una cámara soviética Zenit que le dejó un amigo que se fue para Nueva York. Se enfocaba en la familia, los perros y gatos de la casa y en el mar, siempre presente en Cuba, y en su barrio, Tarará, un balneario de la clase media cubana al este de La Habana para entonces convertido en un pueblo dormido, golpeado por el salitre y la añoranza.
Portal (La Habana, 1960) llegó a Miami en 1988, donde es conocido por captar el pulso de la ciudad y muchos de sus personajes más relevantes, para el Nuevo Herald y el Miami Herald. Como fotorreportero para ambos medios desde 1995, ha documentado la crisis humanitaria posterior al terremoto de Haití en el 2010, las protestas en Venezuela en varios viajes desde el 2005, el funeral de Hugo Chávez en el 2013, y el derrumbe del edificio Champlain Towers South, en Surfside, en 2021, por cuya cobertura el Herald obtuvo un premio Pulitzer al año siguiente.
En medio de la movida cultural de Miami, Portal comenzó en 1995 a retratar, en blanco y negro, con su cámara Hasselblad 500c, hombres y mujeres de Cuba con una prominencia labrada lejos de su tierra por la persistencia, a veces en condiciones muy difíciles para el artista.
Desde aquí viajó a Nueva York, Barcelona, París y otras ciudades donde residían escritores, pintores, cineastas, humoristas y teatristas cubanos, que también posaron para Portal con esa interacción y deseos de vínculos que buscaba en la fotografía.
El proyecto Rostros de la isla dispersa le valió una nominación para la Beca Cintas en el 2025, cuyos resultados se dan a conocer este 22 de enero, en una ceremonia en el Knight Center for Music Innovation de la Universidad de Miami, en Coral Gables.
La Beca Cintas se nutre de fondos provenientes de la herencia del hombre de negocios y mecenas de las artes Oscar B. Cintas (1887-1957), quien además fue embajador de Cuba en Estados Unidos de 1932 al 1934.
“Quise construir un mosaico de lo que es Cuba a través de sus rostros, que están dispersos por el mundo entero”, dijo Portal, que ve la fotografía como una educación para sí mismo y una oportunidad de aprender de las anécdotas y experiencias de las personas que fotografía.
Este año la beca ofrece a los ganadores $25,000 en las categorías de Arquitectura y diseño, Escritura creativa, Composición musical, Artes Visuales y Fotografía, en la que acompañan a Portal como nominados Yaritza Guirado Alejo, Ania Moussawel, Luis Quintanal, Lissette Schaeffler y Ricardo Zulueta.
“Es probablemente el proyecto más consistente desde el exilio para reconocer y preservar el arte cubano, principalmente para los artistas del exilio, que no tienen país ni tampoco el respaldo de instituciones como un Ministerio de Cultura”, dice Portal.
La diáspora cubana en fotos
Figuran en la lista de los 250 retratos de Portal para Rostros de la isla dispersa varios ganadores de la beca Cintas, como el escritor Lorenzo García Vega, la teatrista María Irene Fornés y los pintores Carmen Herrera, Arturo Rodríguez, Rafael Soriano –reconocido con el Premio a la Trayectoria Profesional en el 2014–, y un nominado del 2025, el pintor Gustavo Acosta.
Soriano, fotografiado en su casita del suroeste de Miami, fue captado con el serrucho que le sirvió desde los primeros días del exilio a su esposa Milagros para cortar la madera y los materiales con que hacía los bastidores y montaduras de los lienzos porque no había dinero para pagar por ese servicio.
¿Qué hace un pintor como Soriano con el instrumento más representativo de un carpintero?, puede ser la pregunta que surja de la foto.
Milagros, convertida en la voz del pintor, quien estaba ya en sus 90 años y hablaba muy poco, le hizo la anécdota a Portal, que la puede volver a contar cada vez que un espectador pregunta por ese detalle de la foto.
Como un proyecto vivo, los retratos de la isla dispersa tienen siempre una historia de trasfondo. La foto de Antonio José Ponte la tomó en su primera visita al exilio, en la época que vio la luz esa joya de libro que es Las comidas profundas.
Al poeta Ángel Cuadra, que fue preso político en las cárceles castristas durante 15 años, Portal lo retrató tras la reja de su casa en Miami, por donde se podía ver su máquina de escribir, como un homenaje al escritor que siguió haciendo poesía en cautiverio.
A otro escritor y figura del presidio político cubano, Ernesto Díaz Rodríguez, Portal lo fotografió en la playa, con un barquito de papel dentro de una pecera, como una referencia a su poemario El mar de mi infancia. Escrita en papeles diminutos, que sacaban doblados y clandestinos de la cárcel, la literatura del presidio captó muchas veces la belleza del mundo y la pureza de la infancia en medio de los mayores sufrimientos.
“Uno de los aspectos que más me alimenta y me motiva es que en cada encuentro hago una amistad”, afirma Portal, indicando que “siempre hace la tarea” antes de fotografiar a alguien, estudiando su obra.
El fotógrafo contó que la misma noche que estaba buscando en su archivo las fotos para acompañar este artículo tuvo un sueño tan vívido con el escritor Carlos Alberto Montaner –uno de los participantes en el proyecto– que conversaron muy relajados en la sala de la Colección Cubana de la Universidad de Miami.
El fotógrafo lamenta que se le quedó pendiente el retrato que iba a hacerle a Guillermo Cabrera Infante en Londres. Unas semanas antes de su viaje a la capital británica el autor de La Habana para un infante difunto entró en el hospital para no salir más. Portal hizo el viaje de todas formas y le llevó la lata de casquitos de guayaba que le había pedido Cabrera Infante.
Un mundo en blanco y negro
Portal indica que eligió hacer las fotos en blanco y negro como homenaje a un medio que comenzaba a transformarse, como efectivamente ocurrió poco después. Una gran parte del proyecto lo hizo como fotografía análoga para después pasar a la digital.
“La idea nunca ha sido fotografiar gente famosa, sino gente de mi entorno, con las que coincido”, dice Portal, que hizo los retratos en el entorno de los fotografiados usando luz ambiental.
Pone como ejemplo las fotos que tomó en dos viajes a La Habana en el 1999 y el 2001. Allí fotografió a leyendas del teatro cubano como Vicente Revuelta, Roberto Blanco, Alberto Pedro y Miriam Lezcano, y también a un amigo de la infancia que se ganaba la vida guiando un rebaño de chivas.
Su inspiración son los retratos de Man Ray, Lee Miller, y el cubano Jesse Fernández. “Me gusta lo aparentemente sencillo”, indica, añadiendo que también le interesan las fotos “escenificadas” de Richard Avedon.
¿Qué has descubierto fotografiando a tantos cubanos?, le pregunto.
“La variedad de pensamiento y el modo de mirar la vida, contrario a la uniformidad que quiso imponer el sistema cubano, un proyecto fallido”, dice Portal.
Rostros de la isla dispersa es una invitación a conocer la obra de cada uno de los artistas que participan, un mensaje a la posteridad y una manera de fijar lo arrebatado a los exiliados cubanos, desde sus recuerdos hasta el potencial de haber sido profetas en su tierra. Por defecto, ellos crearon una tierra prometida en cada lugar que habitaron, y mientras lo sigan haciendo, habrá cubanos que retratar.
Portal tiene en la mira a la escritora Legna Rodríguez Iglesias y al músico Kamankola, adelanta.
Su lente inquieto merece un lugar en las galerías de la Torre de la Libertad, en el downtown de Miami, en lo que una vez fue El Refugio que acogió a las primeras oleadas de exiliados.
Esta historia fue publicada originalmente el 14 de enero de 2026, 6:30 a. m..