Cuba

Misterio en alta mar: En duda el combustible que Cuba desesperadamente necesita

El buque tanque de productos químicos/petróleo Ocean Mariner, que actualmente navega bajo la bandera de Liberia, llega al puerto de La Habana el 9 de enero de 2026.
El buque tanque de productos químicos/petróleo Ocean Mariner, que actualmente navega bajo la bandera de Liberia, llega al puerto de La Habana el 9 de enero de 2026. AFP via Getty Images

El futuro de dos tanqueros que se cree transportan combustible desesperadamente necesario para Cuba se perfila como una prueba clave de la creciente campaña de presión de Washington —y de la capacidad de La Habana para resistirla.

En el centro de la incertidumbre está el Sea Horse, un buque de bandera hongkonesa cuyos movimientos inusuales han generado dudas sobre si ya entregó combustible en secreto a la isla o si aún intenta hacerlo bajo un escrutinio cada vez mayor.

La embarcación, que transporta entre 190,000 y 200,000 barriles de diésel ruso, pasó casi tres semanas transmitiendo el mensaje que estaba “fuera de control” mientras derivaba en el mar de los Sargazos, a unos 1,300 millas náuticas de Cuba. Sin embargo, datos de seguimiento marítimo sugieren que ese comportamiento pudo haber sido engañoso.

Analistas señalan que el buque probablemente recurrió al “spoofing” —manipulación de su señal de rastreo— y que podría haber navegado hasta Cuba sin ser detectado a principios de este mes antes de reaparecer mar adentro. Anteriormente había apagado su transpondedor durante una transferencia de combustible ruso de barco a barco cerca de Chipre, una táctica comúnmente asociada con la evasión de sanciones.

“El Sea Horse ya no está a la deriva y ahora navega por sus propios medios a unos 9.9 nudos”, dijo Jorge Piñón, experto en energía de la Universidad de Texas en Austin. “Nuestros cálculos indican que podría llegar a la costa norte de Cuba en unos cinco días”.

Un segundo buque, el Anatoly Kolodkin, sancionado por Estados Unidos, se cree que transporta unos 700,000 barriles de crudo ruso y también se dirige hacia el Caribe.

Aún no está claro si alguno de los dos llegará finalmente a Cuba.

Al menos dos guardacostas estadounidenses están posicionados frente a la costa noreste de Cuba, entre Moa y Puerto Padre, según Piñón, lo que los coloca en posición de interceptar embarcaciones si reciben la orden. Su presencia subraya lo que en la práctica se ha convertido en un bloqueo marítimo de Estados Unidos sobre los envíos de combustible a la isla.

“Estados Unidos ha emitido una directriz para impedir que el petróleo entre a Cuba”, dijo Piñón. “Y esos activos están allí en caso de que tengan que actuar”.

Pero algunos analistas cuestionan si el Sea Horse siquiera intenta llegar a Cuba.

“La idea de que un petrolero pueda colarse en Cuba en este momento simplemente no tiene sentido”, dijo Evan Ellis, profesor del U.S. Army War College. “Probablemente sea la zona más vigilada del Caribe”.

Ellis señaló la magnitud del despliegue militar estadounidense en la región —incluyendo aeronaves de vigilancia, destructores y unidades de Marines encargadas de interceptar buques que violen sanciones— incluso después de que el portaaviones USS Gerald Ford y sus buques de escolta, enviados al Caribe a finales del año pasado, fueran trasladados a Medio Oriente.

“Simplemente no se puede meter un petrolero en Cuba sin que alguien lo note”, afirmó.

En cambio, Ellis dijo que la conducta del buque podría apuntar a otras explicaciones, incluyendo fallas mecánicas. Muchos barcos involucrados en la evasión de sanciones forman parte de la llamada “flota sombra”, a menudo compuesta por petroleros envejecidos que operan con supervisión limitada.

“Por lo general están muy por encima de su vida útil y apenas son aptos para navegar”, dijo. “Es totalmente posible que esto sea algún tipo de emergencia real”.

La posición actual del barco —aún a cientos de millas de Cuba— también pone en duda que su destino sea la isla.

“Ni siquiera necesariamente sugiere que se dirijan a Cuba”, dijo Ellis. “Simplemente parece que algo inusual está ocurriendo”.

La incertidumbre se ve agravada por la confusión en torno a la política de sanciones de Estados Unidos.

Piñón explicó que la administración Trump relajó recientemente ciertas restricciones sobre envíos de petróleo ruso hacia países como India, China, Japón y Corea del Sur, en medio de las disrupciones causadas por el cierre del estrecho de Ormuz tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán. Sin embargo, no está claro si esa flexibilización incluye a Cuba.

“No hemos visto la directriz —ya sea una orden ejecutiva u otro mecanismo— que aclare si Cuba está incluida”, dijo. “Esa es la pregunta que todos tenemos”.

Al mismo tiempo, Ellis señaló que funcionarios estadounidenses han discutido permitir envíos limitados de petróleo desde Venezuela bajo condiciones estrictamente controladas —con cargamentos entregados a empresas privadas en lugar del gobierno cubano— como una forma de aliviar la presión humanitaria sin beneficiar a los gobiernos de Caracas o La Habana.

Lo que está en juego para la isla es alto.

El diésel se ha convertido en el combustible más crítico en la economía cubana, ya que alimenta el transporte, la generación eléctrica, la agricultura y los sistemas de agua.

“El diésel es esencial”, dijo Piñón. “Es lo que mueve los alimentos, hace funcionar los generadores, bombea agua. En este momento hay ayuda almacenada en los puertos que no puede distribuirse porque no hay diésel para los camiones”.

Si el cargamento del Sea Horse llega, podría utilizarse casi de inmediato. El crudo del Anatoly Kolodkin, en cambio, tardaría semanas en refinarse —y las instalaciones envejecidas de Cuba producen cantidades limitadas de diésel.

Los acontecimientos se desarrollan mientras Cuba enfrenta una de las peores crisis energéticas en décadas.

Un apagón nacional el 16 de marzo puso de relieve la gravedad de la situación, tras el colapso de las importaciones de combustible. Venezuela —durante años el principal proveedor de la isla— suspendió los envíos tras la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero y el posterior control estadounidense sobre la petrolera estatal PDVSA. El último envío de México también se registró a inicios de enero.

En los últimos días, los cubanos han salido a las calles durante 11 noches consecutivas, golpeando ollas y sartenes en protesta por los apagones.

En ese contexto, la incógnita sobre si los petroleros llegarán a Cuba sigue sin resolverse —y se vuelve cada vez más compleja.

Para Washington, la decisión implica riesgos significativos. Bloquear los envíos podría escalar tensiones con Cuba y Rusia. Pero permitirlos podría debilitar una estrategia orientada a cortar el suministro de combustible para forzar cambios políticos.

Para los cubanos de a pie, lo que está en juego es más inmediato: si los barcos atracan o se desvían podría determinar cuánto tiempo más permanecerán encendidas las luces.

Esta historia fue publicada originalmente el 19 de marzo de 2026, 1:11 p. m..

Antonio Maria Delgado
el Nuevo Herald
Galardonado periodista con más de 30 años de experiencia, especializado en la cobertura de temas sobre Venezuela. Amante de la historia y la literatura.
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