Cuba

Estados Unidos afirma que Cuba no puede comprar petróleo ruso, justo cuando un buque cisterna se acerca a la isla

El tanquero con bandera cubana Pastorita zarpa vacío del puerto de La Habana el pasado 26 de febrero.
El tanquero con bandera cubana Pastorita zarpa vacío del puerto de La Habana el pasado 26 de febrero. AFP via Getty Images

El Departamento del Tesoro de Estados Unidos ha incluido a Cuba entre los pocos países que no pueden beneficiarse de un levantamiento temporal de las sanciones sobre el petróleo ruso, justo en el momento en que un buque cisterna del país euroasiático que transporta crudo se dirige a la isla, desafiando a la administración Trump.

Dado que el precio de la gasolina se ha disparado en medio del conflicto militar de Estados Unidos con Irán, el Tesoro autorizó la semana pasada la venta de petróleo ruso previamente sancionado que hubiera sido cargado en buques entre el 12 de marzo y el 11 de abril. Sin embargo, el jueves modificó la normativa para excluir las ventas a Cuba, Irán y Corea del Norte.

Esta exclusión se produce después de que un buque ruso, el Anatoly Kolodkin —el cual se encuentra bajo sanciones estadounidenses—, zarpara rumbo a Cuba transportando cerca de 700,000 barriles de crudo ruso.

“La pregunta que todos se hacen es qué hará la administración” si el buque persiste en su intención de entregar el petróleo a Cuba, afirmó Jorge Piñón, experto en energía de la Universidad de Texas en Austin.

El cargamento podría ofrecer a Cuba un salvavidas para aliviar su crisis energética durante unas semanas. Sin embargo, persiste en el Caribe una importante presencia militar estadounidense que podría movilizarse para interceptar o desviar a los buques cisterna sancionados, y para hacer cumplir el embargo petrolero de facto impuesto a Cuba por la administración Trump.

Si el buque ruso llega a la isla, “tomaría entre 15 y 20 días para que las ineficientes refinerías de petróleo de Cuba —de baja capacidad de conversión— lo transformen en productos de alto valor, particularmente diésel”, señaló Piñón.

Otro buque, el Sea Horse —un buque cisterna con bandera de Hong Kong—, transportaba una carga estimada de 190,000 barriles de diésel ruso con destino a Cuba; al parecer, cambió de rumbo este jueves tras haberse aproximado a la isla a principios de semana.

Según los servicios de rastreo, su destino actual es Puerto Cabello, en Venezuela.

Anteriormente, el buque pareció permanecer a la deriva en el Atlántico durante tres semanas, según los datos de rastreo marítimo. Previamente, había desconectado su transpondedor durante una transferencia de combustible ruso de buque a buque cerca de Chipre, una táctica comúnmente asociada a la elusión de sanciones.

La firma de rastreo marítimo Windward sugirió que el buque podría haber falseado su ubicación y haber entregado el combustible a Cuba de manera subrepticia. No obstante, Piñón indicó que el calado del buque —la medida de cuán profundamente se asienta la embarcación en el agua— se ha mantenido inalterado desde que abandonó el Mediterráneo hace 35 días, lo que sugiere que no ha descargado parte alguna de su carga.

La capacidad de Cuba para asegurar el suministro, a pesar de los esfuerzos de Estados Unidos por impedirlo, podría convertirse en un factor determinante en las conversaciones en curso entre ambos países, así como en las perspectivas de cambios económicos y políticos dentro de la nación caribeña.

Si bien la interrupción del suministro de petróleo por parte de la administración Trump ejerció presión sobre la cúpula cubana —llevándola a liberar a algunos presos políticos y a anunciar reformas limitadas que permiten a los cubanos residentes en el extranjero ser propietarios de negocios privados—, los líderes cubanos han dado a entender que no irán más allá.

Esta semana, el líder cubano Miguel Díaz-Canel prometió una “resistencia inexpugnable”, después de que el presidente Donald Trump declarara que “tomaría Cuba”.

El jueves, el embajador de Cuba ante las Naciones Unidas, Ernesto Soberón Guzmán, declaró a la agencia de noticias Bloomberg que una “toma amistosa, un cambio de régimen o la destitución del presidente quedan totalmente fuera de cualquier diálogo”. Mientras tanto, el gobierno cubano se apoya en una amplia red de grupos de extrema izquierda e influencers de todo el mundo para llamar la atención en las redes sociales sobre los efectos de las sanciones estadounidenses y la interrupción del suministro de petróleo, al tiempo que evita el escrutinio sobre su historial de derechos humanos y su papel en la precipitación de la actual crisis humanitaria.

Cerca de 140 activistas partieron de Miami el viernes como parte de un convoy denominado “Nuestra América”, organizado por la Internacional Progresista, una red de organizaciones de extrema izquierda. El grupo —que incluye a miembros de Code Pink, una organización de justicia social liderada por mujeres— declaró que su objetivo es entregar donaciones humanitarias y oponerse a la “política depravada de guerra económica” de Estados Unidos, según afirmó en un comunicado Medea Benjamin, fundadora de Code Pink.

Esta historia fue publicada originalmente el 20 de marzo de 2026, 3:09 p. m..

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