Creadores cubanos muestran la vida en la isla, pero enfrentan dificultades para conectarse
Despertarse en Cuba después de más de 40 horas sin electricidad no es el comienzo habitual de un video glamoroso sobre “un día en mi vida”.
En el caso de Lauren Lotti, esa fue la publicación que hizo que los usuarios se detuvieran a mirar.
La joven de 16 años, residente de Matanzas, había comenzado a publicar contenido en las redes sociales apenas unas semanas antes y la mayoría de sus videos apenas generaban interacciones. Sin embargo, cuando publicó sobre el apagón más reciente en marzo, el video se hizo viral.
En toda Cuba, creadores jóvenes como Lotti están convirtiendo las redes sociales en algo reconocible a primera vista: videoblogs cotidianos, contenido sobre estilo de vida, humor, ejercicios y reflexiones personales.
Pero producir contenido en la isla suele requerir un proceso arduo.
Para los creadores de otros países, una mala conexión es una molestia infrecuente y momentánea. Para quienes crean contenido en Cuba, el proyecto completo debe organizarse en función de ella.
Los videos surgen en un país llevado al límite por una crisis económica y energética que ha convertido los apagones, la escasez de combustible, las fallas del transporte y el acceso limitado a alimentos y medicamentos en parte de la vida cotidiana.
El gobierno cubano ha atribuido la crisis principalmente a las sanciones de Estados Unidos y al endurecimiento de las restricciones sobre el combustible, mientras que funcionarios estadounidenses han señalado el modelo económico del gobierno cubano y su historial en materia de derechos humanos.
Para los creadores que viven dentro de la isla, el debate político suele ser menos visible que sus consecuencias cotidianas: un teléfono sin carga, un refrigerador sin electricidad, un autobús que nunca llega o un video que no se puede subir.
Poco después de que Lotti publicara el video sobre el apagón, otro video acerca de la libreta de abastecimiento que existe en Cuba desde hace décadas —y de lo que las personas pueden o no comprar con ella— alcanzó millones de reproducciones.
Luego llegó el video que lo cambió todo: uno en el que mostró la antena casera construida por su abuelo para que ella pudiera conseguir una señal de internet lo suficientemente fuerte como para continuar publicando.
La publicación alcanzó 7 millones de reproducciones y ayudó a que su cuenta de Instagram se acercara a los 400,000 seguidores.
“Ni yo misma me lo creo”, dijo Lotti.
La mayor parte de su audiencia se encuentra fuera de Cuba. España y Estados Unidos están entre los principales países desde donde la siguen, junto con Venezuela y República Dominicana. Cuba ni siquiera se acerca a los primeros lugares.
Las personas ven su contenido por una especie de voyeurismo humanitario, explicó. No solo quieren comprender lo que ocurre en la isla, sino que tampoco pueden apartar la mirada una vez que observan las dificultades.
“Les gusta ver lo que yo muestro”, dijo. “Y lo que yo muestro es la realidad pura”.
Después de un marzo muy exitoso, algunos seguidores comenzaron a preguntarle a Lotti cómo podían enviarles dinero a ella y a su familia.
Al principio se resistió, pero con el tiempo comprendió que podía generar un impacto mayor si permitía que otras personas la ayudaran. Una amiga de la familia que vive en Estados Unidos creó una cuenta de PayPal y colocó el enlace en las redes sociales de Lotti.
“Yo nunca pido”, dijo Lotti. “Las personas que nos ayudan lo hacen de corazón”.
Lotti cumplió su objetivo original de ayudar a sus abuelos, pero la cuenta se ha convertido en algo más grande.
También ha ayudado a otras personas necesitadas mediante la distribución de cajas de alimentos y la compra de artículos para quienes atraviesan situaciones difíciles. En el Día de los Padres, publicó un video en el que entregaba comidas caseras a padres que estaban solos.
Cada publicación puede atraer atención, ayuda, críticas o presión, pero el centro del proyecto permanece cerca de su hogar.
“Yo tengo que seguir”, dijo Lotti. “Tengo que sacar adelante a mi abuelo”.
No existe un censo público sobre cuántos influencers o creadores de contenido a tiempo completo viven en Cuba, una categoría difícil de definir en cualquier lugar y aún más complicada de rastrear en una isla donde muchos usuarios dependen de métodos alternativos, cuentas administradas desde el extranjero o redes privadas virtuales, conocidas como VPN.
Sin embargo, el uso de las redes sociales está muy extendido. DataReportal estimó que Cuba tenía 6.56 millones de identidades de usuarios de redes sociales a finales de 2025, mientras que la velocidad de descarga del internet fijo era relativamente lenta, de 3.5 megabits por segundo.
Elegir cuidadosamente las palabras
Melisa Pérez Álvarez, de 26 años, no se limita a un nicho cuando crea contenido. Tampoco publica “por publicar”, asegura.
Aunque prefiere el lado “artístico” de las redes sociales, uno de sus videos sobre la vida en Cuba se hizo viral y comenzó a sentir que las personas también la observaban por otra razón.
Al igual que quienes siguen a Lotti, sus espectadores querían conocer el país a través de alguien que todavía viviera allí.
“Es muy, muy complicado ser creador de contenido aquí”, dijo Pérez Álvarez.
Al igual que Lotti, enfrenta una conexión a internet poco confiable. Pero también le preocupa la manera en que elige sus palabras cuando comparte sus pensamientos en internet.
Uno de los videos más virales de Pérez Álvarez sobre Cuba evitó criticar directamente al gobierno. En su lugar, explicó, recurrió a imágenes —la oscuridad, calles llenas de basura y personas durmiendo en bancos de parques— para transmitir su mensaje sin expresarlo de una manera demasiado directa.
“Todo depende de cuán explícito seas con tus palabras”, dijo Pérez Álvarez. “Hablé sobre la situación del país de una manera poética”.
Ella no se considera una creadora de contenido político. Esa no es la vida que desea tener en internet.
Sin embargo, tampoco quiere existir únicamente como “otra muñeca” o un rostro atractivo en las redes sociales, aseguró.
“Quería dejar un mensaje más allá de eso”, dijo.
Para Pérez Álvarez, esa tensión forma parte de crear contenido desde el interior de Cuba. Su página no gira en torno a la política, pero el entorno habla por sí solo.
En un video, mostró un viaje en mototaxi durante una lluvia intensa. Las calles estaban inundadas y algunas alcantarillas no tenían tapas.
Pensó en un niño que había muerto recientemente después de caer en una de ellas, contó.
Incluso un traslado sencillo se convierte en un recordatorio de las condiciones que las personas deben enfrentar todos los días en la isla.
Aun así, cuando las personas fuera de Cuba comenzaron a prestarle atención, sintió la responsabilidad de mostrar la realidad.
En la Isla de la Juventud, al sur de Cuba, Marlys Ruiz ha creado una plataforma en torno a otra forma de visibilidad.
Ruiz, de 24 años y usuaria de silla de ruedas, crea contenido sobre inclusión, accesibilidad y su vida como mujer con una discapacidad en Cuba.
Sus videos muestran un aspecto de la isla que suele quedar fuera tanto de las narrativas oficiales como de las imágenes cuidadosamente producidas que aparecen en las redes sociales: lo que significa desplazarse por un país que no fue construido teniendo en cuenta a personas como ella.
Ruiz ha publicado contenido sobre viajar en avión en silla de ruedas, las condiciones que enfrenta al abordar y los lugares a los que le resulta difícil o imposible acceder.
En un video mostró cómo viaja en barco entre la Isla de la Juventud y La Habana. En otro contó que su padre solía cargarla todos los días para subir las escaleras de su universidad, hasta que sus padres convencieron a la institución de construirle una rampa.
Al producir contenido, se concentra en representar con precisión a personas como ella.
“Creo que mis videos influyen en la manera en que las personas ven la vida o se ven a sí mismas”, dijo Ruiz.
En la Isla de la Juventud, explicó, la programación eléctrica ha implicado recientemente pasar 18 horas sin electricidad, divididas en dos bloques de nueve horas.
Durante esos apagones, no hay cobertura telefónica ni conexión a internet.
Más que impedirle publicar contenido, los cortes de electricidad también han afectado sus deseos de crear.
Ruiz dijo que algunas veces ha decidido no grabar videos porque un lugar se veía demasiado feo, la calidad no era lo suficientemente buena o no había electricidad.
Ver el contenido cuidadosamente producido de creadores de otros países puede hacer que esas limitaciones se sientan aún más marcadas.
“El contenido cubano tiene que ser diferente”, dijo Ruiz.
La joven espera que más creadores dentro de Cuba utilicen sus plataformas para reflejar la realidad del país. Su propio objetivo es que las personas con discapacidades puedan vivir con mayor independencia.
“Algún día”, dijo Ruiz, espera que Cuba pueda ser accesible para todos, “y libre, claro”.