VIDEO: Médicos cubanos esperan por revisión de sus solicitudes de amparo
Adriana López Lara trabaja vendiendo arepas en un puesto callejero, en una acera de Bogotá.
Comienza su turno a las tres y media de la tarde, aproximadamente. La jornada termina cuando se acaban las arepas. A veces, a las nueve de la noche. A veces, mucho más tarde. La dueña del puesto le paga 15,000 pesos diarios, poco menos de $5.
Lo que desconocen los comensales que la frecuentan es que ella es una enfermera cubana, especialista en medicina intensiva y emergencias, con maestría en urgencia médica primaria y graduada con honores.
López hace parte de los cientos de cubanos profesionales de la salud que se encuentran varados en Colombia tras escapar de misiones médicas en países suramericanos. Pero a diferencia de sus colegas ella no espera una respuesta de parte de la embajada de Estados Unidos en Bogotá. Ya la recibió, y fue negativa.
El de López es otro caso que evidencia la complejidad y los matices del proceso que atraviesan quienes intentan acogerse al Cuban Medical Professional Parole (CMPP), un amparo especial del departamento de inmigración de EEUU para profesionales de la salud cubanos que logran desertar de misiones médicas organizadas por La Habana. López asegura que ha entregado varios documentos para demostrar su preparación universitaria y su estadía en Venezuela, pero aparentemente no han sido suficiente evidencia. Ahora, la enfermara de 45 años de edad se encuentra apelando la decisión de las autoridades de inmigración, con la esperanza de que reconsideren su caso.
TRÁMITES CONFUSOS
“Presenté mis papeles ante la embajada el 22 de abril, un día después de llegar a Colombia, pero como tenía mis títulos fotocopiados, en muchos no se veían bien los números de los folios. Le pedí a mi hijo que me enviara nuevas copias, desde Cuba, pero cuando llegaron era demasiado tarde para su radicación”, dijo López, en entrevista con el Nuevo Herald.
El 5 de mayo fue citada a una entrevista en la embajada, en la que expuso su caso y demostró sus credenciales y conocimientos, pero el 2 de julio, casi dos meses después, recibió un correo en el que le confirmaban que su visa había sido negada.
“El correo no decía por qué me la negaban, no explicaban razones y no daban posibilidad de quejarme ante la embajada de Estados Unidos en Bogotá. Sólo tenía un número de fax en Washington, para hacer reclamaciones (…) Pasé dos días intentando hacer la reclamación de mi visa y enviando el fax con nueva documentación, con la esperanza de que estudiaran nuevamente mi caso”, explicó López.
Desde el día que finalmente pudo enviar el fax, el 20 de mayo, no ha recibido confirmación de que los documentos fueron recibidos, noticias de Washington o novedades en la embajada de Estados Unidos en Bogotá.
Varios médicos entrevistados por el Nuevo Herald han dicho que no entienden los criterios que las autoridades de inmigración utilizan para otorgar los paroles. Mientras a algunos les aprueban las solicitudes en un par de semanas o de meses, decenas llevan más de medio año esperando aunque hayan sometido sus peticiones antes que quienes ya obtuvieron los amparos.
Adicionalmente, cada solicitante es sometido a un registro de seguridad y de sus antecedentes, y esta puede ser una de las causas de las demoras. Algunos casos son denegados por carecer de suficiente evidencia de que los profesionales fueron reclutados por el gobierno cubano para participar en misiones, según el testimonio de varias fuentes. El CMPP es un programa discrecional, lo que significa que la decisión final sobre el otorgamiento del parole recae sobre las autoridades de inmigración.
López cree que la baja calidad de las copias que radicó cuando llegó de Venezuela pudo ser razón para que le negaran la visa, pero asegura que desde entonces ha demostrado sus conocimientos y experiencia.
LA DESERCIÓN
Más de 6,000 cubanos profesionales de la salud se han acogido al programa CMPP, que fue creado en el 2006. El régimen cubano sostiene que el programa de amparo promueve la fuga de cerebros. Cuba brinda educación universitaria gratuita, luego envía a los profesionales médicos a misiones en el extranjero y cobra por los servicios.
Por su parte, el gobierno estadounidense es cuidadoso en el otorgamiento de los permisos, pues presuntamente algunos cubanos se han hecho pasar por médicos que desertan de misiones en el extranjero, para acogerse a este tipo de programas.
López aceptó ir a la misión médica en Venezuela para mejorar su hoja de vida, ganar experiencia y salir de Cuba, aunque es una oferta que, según ella, es imposible rechazar.
“Si te niegas a ir a una misión es como si incumplieras una orden directa del gobierno de Cuba, y eres marcado por ello”, dijo.
Volvió a Cuba en junio de 2014, de vacaciones, para dejarles dinero a sus dos hijos y a su madre. Cuando regresó a Venezuela ya había tomado la decisión de desertar. El 20 de abril emprendió rumbo a Colombia, cruzó la frontera hacia la ciudad de Cúcuta y 24 horas después llegó a Bogotá. En la capital colombiana se encontró con la noticia de que los 90 días de espera se alargaban para muchos colegas, y la economía y las condiciones de la ciudad no les eran favorables.
“Estamos en un limbo migratorio, somos indocumentados, no tenemos derecho a trabajar legalmente, las rentas son caras, comprar alimento es caro”, dijo López. “Somos muchos los cubanos que necesitamos que los que están en EEUU nos sigan ayudando como lo han hecho hasta ahora, que analicen cada caso para que nos auxilien, porque es mucha la angustia, es mucha la espera”.
El otorgamiento de permisos parece haberse regularizado en la ultima semana, luego de que el caso fuera expuesto por el Nuevo Herald y recibiera una amplia cobertura de medios internacionales. Hasta el lunes fueron otorgados más de 80 paroles. Esa noticia da esperanzas a aquellos que, como López, esperan una revisión de sus solicitudes.
EL ‘REBUSQUE’
López comienza su día con una pedazo de pan y una taza café. En un buen día, cambia el café por jugo. El almuerzo, cuando hay , consiste en otra pieza de pan. En la noche come mucho mejor, porque decidió que la mejor comida del día debía ser la cena, para que “no le suenen las tripas” en la madrugada y el hambre no la desvele.
La imposibilidad de trabajar en su profesión la obligó a rebuscar su sustento, lo que en Colombia se conoce como ‘el rebusque’. Trabajó algunos días en un restaurante, limpiando el salón y los baños, atendiendo las mesas y haciendo entregas a domicilio. Todo por $5 al día.
Después conoció a quien le dio su actual trabajo, vendiendo arepas rellenas en una esquina de Bogotá.
“El humo y los restos del carbón me afectan mucho mi salud. ¡Vivo con tremenda tos! También me he quemado dos veces con la parrilla, en el antebrazo derecho y en la mano izquierda. Yo misma he hecho las curaciones”, relata López.
Como ella, cientos de cubanos se encuentran estancados en barrios populosos de la capital colombiana, alquilando pequeños apartamentos en los que permanecen hasta 12 personas por cuarto. Decenas han declarado a el Nuevo Herald que sus ahorros se agotan, ya que no estaban preparados para una espera tan larga.
“Estoy segura de que hay muchas madres que como yo no quieren fallarles a sus hijos. Yo no tengo a nadie en Estados Unidos, y sería muy difícil faltarles a mis hijos”, dijo López. “Y es ese sentimiento de la angustia constante en los cubanos varados en Bogotá”.
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Esta historia fue publicada originalmente el 31 de agosto de 2015, 8:55 p. m. with the headline "VIDEO: Médicos cubanos esperan por revisión de sus solicitudes de amparo."