El largo camino de ida y vuelta a Cuba
Qué tienen en común una antropóloga de ascendencia judía, una investigadora miamense de origen venezolano y una fotógrafa con raíces españolas? Las tres quieren materializar lo que hasta hace poco parecía imposible: crear puentes hacia Cuba. A estas tres mujeres las une también el amor a una patria lejana envuelta en recuerdos de la niñez, o el amor sembrado por los mayores de una isla añorada, pero cuyos ojos jamás habían visto.
Antes de que se restablecieran las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba, antes de que se abriera de nuevo la embajada norteamericana en La Habana, antes de que los agricultores en este país pidieran al Congreso levantar el embargo a la isla, estas tres mujeres, cada una desde su trinchera, tendió su propio puente hacia Cuba.
Este acercamiento se ha convertido no solo en el esfuerzo artístico de la fotógrafa Flor Mayoral o en el estudio de la investigadora Stephanie Del Pino, sino también en el trabajo cultural que iniciara hace 20 años la antropóloga Ruth Behar.
Se trata de puentes artísticos, documentales y culturales. Caminos de ida y vuelta donde los de allá se relacionan con los de acá, por medio de expresiones artísticas visuales o escritas.
Los puentes tendidos por Mayoral tienen que ver con gigantescas fotografías que han servido de marco para mostrar similitudes de dos obras arquitectónicas que se resisten a morir y parecen vivir una lenta agonía. Una es el estadio del parque José Martí en la capital cubana y la otra del Marine Stadium en Virginia Key.
“Ambos están abandonados y en estado ruinoso. En las fotos hay cosas curiosas como la presencia junto al muro de un perro callejero bajo el letrero de ‘Cuba Libre’, que estaba allí cuando tomé las fotos [en el Parque Martí], y en el Marine Stadium la presencia de un buitre. Otro dato curioso es que los estadios fueron construidos por arquitectos cubanos muy talentosos: Octavio Buigas e Hilario Candela, respectivamente, quienes hicieron dos obras muy importantes llevando un estilo a su máxima expresión”, dice Mayoral, dermatóloga con consulta en Miami desde hace 30 años.
Las fotografías se mostraron en Transgrediendo fronteras, una reciente exposición en la Fototeca de Cuba, en La Habana Vieja, adonde la artista llevó desde pedacitos de french toast hasta coquitos empaquetados en papelillos de dulces.
Con visible emoción narra su “deseo de llevar a Cuba no sólo fotos sino un poquito de Miami, un poco de los cubanos de acá”. Con la voz entrecortada cuenta que les llevó “unos coquitos [dulces de coco], masarreales, croquetas congeladas, pasta de bocadito, pedacitos de french toast. Allí no hay nada, yo tuve que llevar absolutamente todo
Tratamos de dar mojitos, pero para conseguir los ingredientes había que dar mil vueltas”, cuenta entre risas. Fue imposible porque la hierbabuena la acababan de fumigar. “Terminamos dando cubalibre, todo quedó muy bien, fue muchísima gente”.
A la exposición fueron desde estudiantes hasta críticos de arte, y también amantes del arte en
general.
Para ella en este puente artístico la fotografía es no solo reina sino testigo de realidades y cambios en plena ebullición. “Yo diría que es un intercambio cultural y creo que mientras más la gente de allá [Cuba] vea otras posibilidades, hay más probabilidades de pensar en cambios”, indica.
El problema ahora es la falta de infraestructura, pero una vez que entre completamente el internet, mi predicción es que va a ser una locura en el aspecto de redes sociales
Stephanie del Pino
investigadoraPara Del Pino, una joven investigadora cuyo trabajo de campo en Cuba se presentará en un documental, los puentes hacia la isla se ven formados por los sistemas de comunicaciones, que aunque aún son restringidos, permiten un despliegue de información que antes era impensable: “Cuba tiene una cultura de USB [memoria portátil]. Ellos tienen una idea muy clara de cómo vive la juventud fuera de Cuba. Los que están en el extranjero les envían los USB con programas, shows, música, y ahora que el internet está un poco más accesible, los muchachos se reúnen en la Calle G en el Vedado, donde hay cafés con WiFi y desde allí acceden al internet. Esto crea comunidades, lo que a su vez cambia el aspecto cultural”, señala. “El problema ahora mismo es la falta de infraestructura, pero una vez que entre completamente el internet, mi predicción es que va a ser una locura en el aspecto de redes sociales”.
Del Pino nació en Miami y tenía dos razones para visitar la isla: conocer la tierra de su padre y hacer una investigación sobre el internet. “Cuando uno es de Miami, crece con ese estigma como que la isla es un wasteland, pero ese no es el caso. Cuba es un país de gente que ha sufrido y luchado mucho y le ha tocado inventar para resolver, pero aparte de esto y de la represión, ellos tienen un increíble sentido del humor y de lo que es la vida. Esto es muy positivo, aunque también está lo negativo: la falta de comida, de agua, de trabajo, de oportunidades”.
Con estas observaciones concuerda la antropóloga Ruth Behar, quien empezó a tender esos puentes culturales “desde y hacia Cuba” –Bridges –to/from– Cuba, como se titula el blog literario que mantienen con el poeta Richard Blanco– desde hace casi dos décadas.
“La gente va a conocer sus raíces, a reencontrarse con su pasado o a hacer turismo. Hoy día quieren ir para ver cómo es Cuba porque creen que con las conversaciones entre los dos países todo va a cambiar muy rápido”, dice.
Behar, quien es también una reconocida escritora, conferencista y profesora de la Universidad de Michigan, asegura que se ha logrado una comunicación más profunda a través del arte.
Sobre el futuro indica que se necesitarán más negociaciones. “Lo bueno ahora es que hay más información porque hay más periodistas de informativos de fuera que viven allá. Hay un poco más de transparencia y eso es bueno. Deseo que estos puentes fluyan en dos direcciones y en un ambiente de respeto mutuo”.
Esta historia fue publicada originalmente el 22 de octubre de 2015, 3:44 p. m. with the headline "El largo camino de ida y vuelta a Cuba."