Cuba

El hip-hop y la USAID: una opinión desde Cuba


Aldo Rodriguez, de Los Aldeanos, canta durante un concierto de música hip-hop en el cine Acapulco de Nuevo Vedado en abril del 2010
Aldo Rodriguez, de Los Aldeanos, canta durante un concierto de música hip-hop en el cine Acapulco de Nuevo Vedado en abril del 2010 Associated Press

A raíz de una investigación de la agencia de noticias AP sobre un programa de la Agencia de los Estados Unidos para la Cooperación Internacional (USAID) que pretendía “infiltrar” al movimiento de hip-hop cubano para generar una “movilización en contra del gobierno cubano”, el Nuevo Herald preguntó sus opiniones a varios de los actores involucrados en el reporte.

Rápidamentente, el rapero Aldo Rodríguez Baquero, miembro del popular grupo Los Aldeanos, negó haber recibido “instrucciones” ni dinero de la USAID. De modo similar, el productor de conciertos Adrián Monzón, a quien AP nombró en su historia como el único cubano conocedor de que los fondos para algunos eventos culturales provenían de la compañía Creatives Associates –que ideó el proyecto y obtuvo un contrato de USAID– negó haber trabajado para “derrocar al gobierno cubano”.

“Definitivamente, no fueron ellos diciéndonos qué teníamos que hacer. No es un programa de la USAID, es un programa de la gente en Cuba que está aburridísima del gobierno de Cuba y se rebela de la manera que puede”, agregó.

En la búsqueda de criterios de aquellos vinculados al rap cubano desde sus orígenes, el Nuevo Herald contactó al editor Roberto Zurbano, fundador de la única revista cubana de hip-hop, Movimiento, y activo promotor del debate racial en la isla. Zurbano perdió su puesto como director del Fondo Editorial de Casa de las Américas tras publicar un articulo en The New York Times en 2013 sobre el resurgimiento del racismo en Cuba a partir del Periodo Especial –aunque luego acusó al diario estadounidense de “manipulación” y haber cambiado el titular de su texto.

Consultado como experto en el 2010 para el documental Revolution acerca del grupo Los Aldeanos, Zurbano se refirió al discurso “muy radical” del grupo, al que comparó con “el lenguaje del punk”.

“Hay una filosofía punk, radical, ultra-radical que puede llegar a veces a una mentalidad irresponsable, para no decir reaccionaria. Es irresponsable porque en algún momento ese lenguaje crítico, radical, se convierte en un lenguaje antisistémico”, opinó en aquella ocasión.

Estas son sus respuestas, enviadas a través del correo electrónico desde La Habana.

El reporte de AP da la impresión que los raperos no tienen agencia, son víctimas, instrumentos y que el tema del cambio social es externo al movimiento. ¿Puedes comentar sobre algunos de los temas principales que ha tratado el rap cubano? ¿Cuándo surgen las críticas sociales y el tema del cambio social en el hip-hop?

Una noticia de AP, replicada por los periódicos cubanos, habla de una manipulación al movimiento hip-hop cubano. Quiero decir que no es la única y quizás, lamentablemente, tampoco sea la última, pues el movimiento cultural más crítico de los últimos treinta años en Cuba ha sido el hip-hop, que llegó a ser la vanguardia del movimiento antirracista iniciado la pasada década y que llega hasta hoy.

El rap cubano alcanzó una repercusión internacional insólita sin apoyo del mercado ni de la política, mucho menos de los medios de difusión en Cuba. Su discografía hoy rebasa los 500 discos y el 95 por ciento de ellos fueron grabados en estudios domésticos.

El hip hop nace en Cuba por la necesidad crítica de un grupo de jóvenes negros y mestizos en su mayoría, que provenían de barrios populares que durante la crisis económica de los noventa devinieron barrios calientes y ellos fueron los cronistas de lo que ocurría allí adentro. No eran muchachos universitarios y, en su mayoría, provenían de familias de pocos recursos económicos. Ellos tienen una visión crítica de sus vidas y de su país mucho antes de llegar al hip-hop y encuentran en el rap el medio ideal para tomar conciencia de su situación, organizar su discurso y convertirlo en una tribuna social, arrastrando miles de seguidores.

El Festival de Rap de la Habana fue su gran espacio de promoción nacional e internacional, de donde salieron las mejores agrupaciones. Harry Belafonte fue el padrino en Cuba de este movimiento; él explicó a Fidel [Castro] la fuerza revolucionaria de este movimiento crítico y de esa conversación nace la Agencia Cubana de Rap.

Todo esto comenzó en la primera mitad de los años noventa, de manera que el movimiento tiene ya tres promociones.

Los Aldeanos pertenecen a la última hornada y su propuesta alcanzó un público más allá del tradicional círculo de fans raperos, quizás por sus temas irreverentes, su desracialización del rap y su radicalismo políticamente crítico. Para mí construyeron, lo digo en el documental Revolution, el discurso más punk del hip hop cubano.

No es raro que quisieran manipular sus posiciones extremas, sus letras agresivas—salpicadas de malas palabras y una desafiante gestualidad—junto a la carismática presencia de sus integrantes y su regusto por lo prohibido, compartido y disfrutado por miles de adolescentes y jóvenes de todos los colores. Estaban dentro y fuera del campo cultural cubano, eran miembros de la Asociación Hermanos Saíz, pero no de la Agencia de Rap. Se presentan en el Pabellón Cuba, Río Cristal o el cine Acapulco, pero no son representados por ninguna empresa cubana. Tuvieron su peña habitual en el Club Barbaram, pero no la compartían con otras visiones del hip hop, etc.

Su discurso crítico es tan serio como los demás, pero diferente, armado desde una proyección mediática y tecnológica que caracteriza a esa última promoción de raperos, con sus excepciones. Por ejemplo, Escuadrón Patriota, sigue trabajando temas raciales, mezclados con ideas más universales y trascendentes, pero en el contexto de las problemáticas locales y familiares cubanas.

Lo que quiero decirte, finalmente, es que no asumamos a los raperos como víctimas sino como sujetos críticamente activos. Hay que preguntarles a ellos cómo y por qué construyeron un campo autónomo de producción discográfica con sus propios estudios y mercado, así como un circuito propio de presentaciones con altos niveles de convocatoria.

¿Qué repercusiones crees que pueda tener esta historia para el hip-hop cubano y para la cultura en general dentro de Cuba?

El hip hop cubano ha enfrentado historias y críticas más complejas que una simple manipulación mediática y acusación de mercenarismo [por ejemplo] las luchas intestinas, el éxodo, la falta de mercado y de promoción, la marginación de los medios y los grandes espacios promocionales. Sin embargo, hay una historia del hip-hop cubano de la cual sentirse orgulloso, a pesar de las cicatrices que dejan determinadas batallas. Lo ultimo que ocurrió es el cierre de la revista Movimiento, tras doce números en la que hay una buena parte de la historia de este movimiento.

Aun así, resulta curioso que sea el hip-hop cubano el que está emplazado, particularmente un sector crítico del hip hop, incómodo igualmente para derechas e izquierdas. Si no nos dejamos engañar una vez más, los responsables máximos de este show son quienes dejan entrar y salir del país a personas con propósitos miserables, dispuestos a contaminar nuestra agenda con agendas políticas ajenas a nuestro discurso crítico.

Aunque el racismo, extrañamente, no es el tema esta vez de tales acusaciones, el hip-hop puso sobre la mesa pública el tema del racismo en Cuba. Por esa razón resultaban víctimas ideales de manipulación de la derecha o de la izquierda conservadora.

Reconozco en el discurso crítico de la cultura cubana, dentro y fuera de la isla, la necesidad, posibilidad y compromiso de proponer y debatir todas aquellas ideas que nos preocupan y cuyos análisis colectivos puedan enriquecer a la nación. Por sus propios temas sobre conflictos sociales y políticos en Cuba los raperos son pensados como fáciles objetos de manipulación política.

Muchas personas apelan a sus bajos niveles de escolaridad, a sus necesidades materiales y a la incómoda cotidianidad de la vida cubana y sutilmente estimulan la parte más amarga de su visiones críticas, que es innegable, pero la van aumentando hasta desequilibrar un análisis más pegado a las luces y sombras de la realidad social dentro de la isla. Eso puede pasar y seguramente seguirá pasando, pero no solo con raperos, sino también con otros músicos, economistas, militares, profesores, científicos, estudiantes universitarios, amas de casa y hasta militantes del partido. Los ejemplos sobran y bastaría tener una estadística actualizada de la emigración cubana para saber, con más precisión, de qué estamos hablando.

No sé si vale la pena alarmarse por unos miles de dólares cayendo en el bolsillo de un par de muchachos enfebrecidos en su trabajo. No les llamo responsables ni irresponsables, no soy su amigo ni su enemigo, no poseo ni necesito información desclasificada para saber cómo y para qué se necesita financiamiento externo. Pero estoy seguro que el movimiento hip-hop cubano, hoy menos numeroso y activo, sabrá responderse tales preguntas.

Te repito, no vale la pena alarmarse tanto por unos miles de dólares cayendo en el bolsillo de un par de jóvenes artistas, mientras no sean juzgados públicamente, en la misma prensa de aquí y de allá, los centenares de importantes funcionarios corruptos que embarcan al país y no únicamente a su carrera profesional. El hip-hop cubano se alimenta de la crítica y también de la autocrítica. Esta es otra buena oportunidad para demostrarlo.

¿Qué condiciones provocaron que los raperos cubanos necesitaran de fondos externos para hacer música?

La necesidad de fondos externos en Cuba no es privativa de los raperos. Toda la economía cubana necesita fondos externos. Buena parte del cine, la minería o el turismo cubano se hace en coproducciones con otros países e instituciones no cubanas. Es algo que ha ocurrido siempre y no hay que demonizar un hecho tan común para cualquier país del Tercer Mundo. Solo se necesita transparencia y diálogo, para no alimentar fantasmas ideológicos que luego dan al traste [sic] con manipulaciones de este tipo. Para que eso suceda tiene que haber debate, respeto a las visiones diferentes sobre el hip-hop o sobre cualquier otro asunto cubano y tomar las decisiones adecuadas sobre cómo dedicar nuestros pocos recursos a los proyectos culturales más auténticos y libertarios. Esa debía ser la discusión, pero lamentablemente, se ha escurrido por otros caminos.

Puede seguir a Nora Gámez Torres en Twitter: @ngameztorres

Esta historia fue publicada originalmente el 27 de diciembre de 2014, 10:37 p. m. with the headline "El hip-hop y la USAID: una opinión desde Cuba."

Artículos relacionados el Nuevo Herald
Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA