La esperanza renace entre los cubanos varados en Costa Rica
“¡No le tire fotos a mi esposo!”, implora una inquieta cubana que lava platos, vasos y cucharas en un estrecho y reducido aposento con fregadero, cocina y mostrador, en torno al que decenas de sus compatriotas se forman en fila para recibir la dosis cotidiana de arroz, embutidos y refresco en la hora del almuerzo. Su esposo, también cubano, se tapa el rostro y se escabulle del lugar, mientras la mujer aclara que los familiares suyos y los de su marido que viven en Estados Unidos y en Cuba todavía creen que ambos están en Ecuador e ignoran que son parte de las 7,802 cubanos retenidos desde hace dos meses en Costa Rica.
Con destellos de alegrías y trances de tristeza, la mujer y el hombre comparten angustias e ilusiones con decenas de sus compatriotas refugiados en un albergue de este pequeño poblado del noroccidente de Costa Rica, cerca de la frontera con Nicaragua, en la prolongación de un calvario en el que apenas empiezan a vislumbrarse las luces de la solución. Aunque la casi totalidad de los migrantes cubanos varados contra su voluntad en suelo costarricense está en contacto con sus familiares en Cuba y en Estados Unidos, uno que otro prefiere la discreción y la cautela.
“Espero que no haya represalias a nuestras familias allá (en la isla)”, advierte “Rogelio”, que laboró 27 años como oficial de la Seguridad del Estado en el Ministerio del Interior de Cuba en la occidental provincia de Pinar del Río pero que, “cansado del gobierno, que no me gusta ya”, decidió salir de la isla hace dos meses hacia Ecuador y luego viajar por tierra a Colombia y por mar a Panamá, para proseguir por vía terrestre hacia Costa Rica. “Rogelio” evita identificarse y aduce que, con su experiencia en la policía política cubana, sabe que “a veces hay represalias”.
Zozobra y peligros
En un escenario de dudas, la crisis de los migrantes cubanos en Costa Rica comienza lentamente a resolverse. El conflicto empezó el 10 de noviembre pasado, cuando las autoridades costarricenses desbarataron una red criminal de “coyotes” o traficantes de cubanos con nexos en Estados Unidos, Guatemala, Ecuador y Colombia.
Al romperse la cadena de contrabando de seres humanos, unos 700 cubanos quedaron en desamparo en Paso Canos, frontera sur de Costa Rica y limítrofe con Panamá, y otros centenares en Peñas Blancas, zona norte adyacente a Nicaragua. Pero el flujo nunca cesó y el gobierno costarricense decidió, el 13 de noviembre, concederles visa temporal a más de 1,400 para que pasaran a territorio nicaragüense.
Sin embargo, y de manera sorpresiva, Nicaragua notificó a Costa Rica ese mismo día que había decidido cerrar sus fronteras al paso de los cubanos. Cuando cerca de un millar de cubanos trató entrar a la fuerza a suelo nicaragüense por Peñas Blancas, Nicaragua les respondió y atacó con su ejército y luego les calificó de delincuentes y de ser un peligro para su seguridad.
Para complicar el panorama, el ingreso de cubanos desde el sur del continente tampoco mermó. En un tránsito que aumentó en el 2015, los cubanos aprovecharon que Ecuador les eximió de visa en el 2008, viajaron legalmente de Cuba a ese país e iniciaron el recorrido por nueve países hacia Estados Unidos a acogerse a la Ley de Ajuste Cubano, emitida en 1966 y que les da beneficios migratorios al tocar suelo de ese país.
El movimiento, registrado sin mayores problemas en particular desde el 2012 y con la entrega de visas de turismo, humanitarias o temporales a los cubanos en varias naciones en la ruta, creció por temor a que, por el proceso de normalización entre Washington y La Habana ejecutado desde el 2014, Estados Unidos pudiera derogar la ley. Cerradas las fronteras terrestres nicaragüenses a los cubanos, el número de personas migrantes oriundas de la isla llegó a 7,802, a los que Costa Rica debió instalar en 38 albergues, aunque algunos se ubicaron en hoteles y casas de amistades o familiares.
En una primera maniobra, Quito restableció el requisito de visado a los cubanos a partir de diciembre anterior. Al llegar al máximo de sus capacidades, el gobierno costarricense decidió el 18 de diciembre cerrar su frontera con Panamá al ingreso de cubanos.
Sin que las negociaciones con Nicaragua y el resto del istmo llegaran a arreglo, el pleito se prolongó. El nudo empezó a soltarse el 18 de diciembre, cuando México y Centroamérica—con la excepción de Nicaragua—acordaron un plan piloto para destrabar el conflicto: un primer vuelo especial con 180 cubanos tenía previsto despegar anoche de Liberia, principal ciudad del noroccidente de Costa Rica, a El Salvador, para que prosigan en autobús a Guatemala y México en ruta hacia Estados Unidos.
“Sueño con que me toque viajar pronto”, dijo Yosvani Bardibié Robaina, de 20 años, oriundo de Cienfuegos y empresario carpintero que dejó en Cuba a un hijo de 6 años y a su madre, abuelos y hermanos. “En Cuba no hay adelanto ninguno. Yo tenía un negocio de carpintería y cuando mejor me sentía que estaba levantando, venía el leñazo, porque el Estado obliga a comprarles madera a sus precios”, narró en el albergue de este pueblo.
Bardibié salió el 23 de octubre del 2015 de Cuba a Ecuador con amistades de Cienfuegos con las que el 14 de noviembre llegó a Costa Rica, donde quedó retenido. Al abrirse el primer portillo para la solución de la crisis, ansía con viajar lo antes posible en el puente aéreo y terrestre para llegar a Miami a abrazar a sus primos y otros familiares y a “trabajar en lo que venga: a echar pa’lante”.
La llave
Ahora todo depende del resultado de ese primer viaje de prueba. Si todo fluye con normalidad, habrá más vuelos y así lo sabe Jessica Triana Gallegos, de 28 años, contadora del municipio Habana del Este. El dilema de esta cubana es que su marido—Yoan Alemán, de 29, y el hijo de ambos, Yojan, de 5—viajarán el próximo sábado de Cuba a Estados Unidos, porque la madre de su esposo y abuela de su hijo vive hace unos tres años en Miami y logró que, con un reclamo migratorio que presentó, se les concedieran a ambos las visas estadounidenses.
Sin opción de ser beneficiada todavía por su suegra, esta contadora de una tienda en el municipio habanero de Regla se lanzó hacia la travesía a Ecuador, a donde llegó en la tarde del 19 de noviembre y al día siguiente, a las 3:00 de la madrugada, emprendió el viaje hacia Colombia y el resto de naciones rumbo a Estados Unidos. El 29 de ese mes llegó a Costa Rica y ahora está en un albergue en Liberia.
Mientras recuerda a sus padres, hermana, tía y abuelos que dejó en Cuba, está convencida de que el reencuentro con Yoan y Yojan en Miami será pronto. “Si el primer viaje sale bien, el proceso va a seguir. Pero si sale mal, se buscarán otras vías”, alerta.
Y, confiada con mesura pero atenta a cualquier medida sobre la “operación traslado” a Estados Unidos, sentencia: “¡Viajaré cuando Dios quiera!”.
Esta historia fue publicada originalmente el 12 de enero de 2016, 8:45 p. m. with the headline "La esperanza renace entre los cubanos varados en Costa Rica."