Pintar en Cuba se le hace difícil a muralista estadounidense
En enero pasado, Michelle Angela Ortiz, artista de Filadelfia, partió hacia Cuba para pintar, junto a un grupo de artistas locales, un mural en el corazón de La Habana.
Pero pintar un mural en Cuba ha resultado más complicado de lo previsto. Después de cuatro meses y dos viajes a la isla, Ortiz y su equipo siguen esperando por el permiso del gobierno cubano, y se les acaba el tiempo. El diseño está en un ‘proceso de revisión’ que podría demorar hasta finales de julio, y el proyecto tiene como tiempo límite 8 meses para su ejecución.
“Crear trabajos artísticos en espacios públicos en Cuba es un reto”, dice la artista, quien fue a Cuba como parte de un programa de intercambio cultural patrocinado por el Departamento de Estado. Ortiz ha trabajado en comunidades de Estados Unidos y otros países en proyectos en los que busca un cambio social con intervenciones en lugares públicos a través de murales creados por los miembros de esas comunidades.
Cuba, reconocida mundialmente por sus bienales de arte, museos y galerías que muestran una rica diversidad de voces y estilos, es particularmente sensible a los proyectos artísticos en espacios públicos, incluso si se trata de proyectos de artistas locales, dice Ortiz.
“Es un tema muy sensible, sobre todo en La Habana. Lo primero que ven es a una artista estadounidense”, dijo Ortiz, quien nació en Filadelfia de padres de Puerto Rico y Colombia.
Para el proyecto, que consiste en que los miembros de la comunidad expresen sus visiones y realidades en el diseño y la creación de un mural en el túnel peatonal del céntrico Parque Antonio Maceo, entre el Malecón y la calle San Lázaro, Ortiz escogió a Javier Martínez, Alberto Matamorros, Osdaly Díaz, y Yoan Barrios, un equipo de talentosos artistas de diferentes partes de La Habana.
El reto principal es la aprobación de los proyectos, explica Ortiz. Una vez concluidos los diseños del mural, estos deben ser revisados por el Consejo Asesor para el Desarrollo de la Escultura Monumentaria (Codema), y posteriormente por el Ministerio de Cultura.
Sin embargo, Ortiz ha aprendido a ser paciente, dice, y no cree que se trate de censura, sino de burocracia.
Magia López, del grupo de hip hop cubano Obsesión, ha sido la coordinadora del proyecto de Ortiz a través de la Casa de Artistas y Creadores, una institución de la Dirección Municipal de Cultura. Según López, las trabas que han encontrado para pintar el mural en el centro habanero se deben a que es la primera en más de 50 años que se lleva a cabo un proyecto como ese en la isla.
“Hay un caño tupido que estamos tratando de destupir”, dijo López en referencia a los obstáculos que están descubriendo. “Estamos trillando el camino para el proyecto”.
Como alternativa y mientras esperan por los permisos para el mural en el Parque Maceo, Ortiz y su grupo comenzaron a trabajar en la comunidad de Regla, un municipio de La Habana con una importante influencia de la cultura afrocubana y donde se evidencian algunos de los mejores ejemplos del sincretismo religioso de la isla.
Regla es también uno de los municipios con menos recursos en La Habana, donde frecuentemente falta el agua y muchas casas están en deterioro, dijo Ortiz.
En Regla, Ortiz y su equipo no requirieron de permisos porque, a diferencia de Centro Habana, no se trata de un sitio histórico, explicó Terry K. Harvey, presidente de Meridian International Center, una organización no gubernamental con sede en Washington que organizó el proyecto.
En abril, Ortiz, su equipo y varias decenas de voluntarios pintaron un mural en Regla que refleja la vida cotidiana de ese municipio: un niño pescando, la lancha que usan los vecinos para cruzar de un lado a otro de la Bahía de La Habana, la Virgen de Regla, y una niña negra llamada Carla que representa a los niños que juegan en las calles.
“Mi papel como artista no es que la comunidad pinte mi visión, sino en crear arte con la comunidad”, explicó Ortiz, quien cree en una especie de manifestación artística que no impone ningún mensaje, sino que nace de la realidad de la gente de las comunidades donde trabaja.
Ortiz, quien ha aprendido a valorar la paciencia y la determinación de los artistas cubanos, se siente optimista de que lo mismo podrá hacerse en el Parque Maceo en Centro Habana, donde un diverso grupo de vecinos de la zona diseñaron un mural que muestra su realidad: un joven padre y su pequeña hija observan un bicitaxi desde un balcón, un trompetista toca en el Malecón y las manos de una mujer le rinden culto a Oshun y Yemayá. Otra de las paredes muestra a una anciana llamada Mercedes con un vitral multicolor como fondo. Los vecinos de la comunidad decidieron que Mercedes, quien vende flores en el mercado y representa el envejecimiento de la población, apareciera en el mural.
Cuba fue uno de ocho países seleccionados para un programa de intercambio cultural patrocinado por el Departamento de Estado y organizado por Meridian International Center.
Una delegación de Meridian que había viajado a Cuba antes que Ortiz para reunirse con artistas locales y explorar la ciudad en busca de un posible lugar para la obra, había propuesto pintar el mural. A Ortiz le pareció “el lugar perfecto”.
Según publicó en aquel momento Philly.com, el Ministerio de Cultura de Cuba había aprobado el proyecto, y la inauguración del mural tendría lugar a mediados de febrero.
Terry K. Harvey, presidente de Meridian, se había mostrado sorprendido de que “el municipio de La Habana dijo que sí, y de que dijo que sí tan rápido”.
Abel Fernández está en Twitter @abelfglez
Esta historia fue publicada originalmente el 6 de mayo de 2016, 6:28 p. m. with the headline "Pintar en Cuba se le hace difícil a muralista estadounidense."