Cuba

Cubanoamericanos jóvenes regresan impresionados de visita a la isla

La joven cubanoamericana Miranda Hernández (centro) habla con otras personas que viajaron con el programa CubaOne, en una imagen del 12 de junio del 2016. El programa se inspira en el restablecimiento de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, y lleva a hijos y nietos de exiliados de visita a la isla.
La joven cubanoamericana Miranda Hernández (centro) habla con otras personas que viajaron con el programa CubaOne, en una imagen del 12 de junio del 2016. El programa se inspira en el restablecimiento de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, y lleva a hijos y nietos de exiliados de visita a la isla. AP

Los abuelos de Miranda Hernández lo perdieron todo cuando huyeron de Cuba en los años 1960. Ella creció pensando que la isla era “una Corea del Norte con playas bonitas”, dijo.

Cuando cuatro jóvenes cubanoamericanos lanzaron un programa para enviar a la isla a otras personas con lazos similares para explorar su herencia después del descongelamiento de las relaciones entre los dos países, Hernández se inscribió.

El viernes, después de una semana en La Habana en que visitó a emprendedores, artistas y familiares a quienes no conocía, Miranda Hernández, de 20 años y alumna de último año en la Universidad de California en Berkeley, regresó a Estados Unidos con impresiones que ciertamente molestarán a muchos de la generación de sus abuelos.

“Voy a decir de plano, con toda honestidad, que aquello no es tan malo”, dijo el jueves por la tarde mientras visitaba el apartamento habanero donde una vez vivió su abuela. “Mucha gente piensa que Cuba es un lugar terrible donde la gente no está feliz, pero ese no es el caso”.

El acercamiento de Estados Unidos a Cuba fue posible por el suavizamiento de la línea dura que mantuvo durante medio siglo la poderosa comunidad cubanoamericana de la Florida. Las expectativas de una temida reacción violenta sobre cualquier acercamiento con Cuba se fueron reduciendo cuando a las primeras generaciones de cubanoamericanos exiliados se le sumaron nuevas olas de migrantes económicos, y los hijos y nietos de los que nunca experimentaron el comunismo.

Ahora el proceso de normalización entre Estados Unidos y Cuba se acelera y fortalece ese suavizamiento de actitudes. Inspirados por el restablecimiento de relaciones diplomáticas y comerciales, los hijos y nietos de los exiliados viajan a Cuba cada vez más, frecuentemente como parte de programas creados para apoyar la reconciliación familiar y la normalización política.

Entre los esfuerzos más notables en este sentido está CubaOne, el nuevo programa a través del cual Hernández viajó a Cuba. Inspirado en Birthright Israel, un programa que ha enviado medio millón de jóvenes judíos a Israel desde 1999, CubaOne espera enviar tres grupos de cubanoamericanos a la isla para febrero. Sus fundadores han invertido casi $100,000 de su propio dinero para impulsar el programa y esperan recaudar fondos suficientes para el futuro de manos de donantes individuales, así como aerolíneas, empresas hoteleras y otras compañías norteamericanas que comienzan a entrar al mercado cubano.

“Es una nueva comunidad y una nueva cultura en Miami”, dijo Daniel Fernández, cubanoamericano de 34 años y ejecutivo de la firma multinacional de servicios profesionales Ernst & Young, “Estar aquí y escuchar lo que 11 millones de cubanos tienen que decir, en vez de escuchar lo que dicen los medios de comunicación de Miami, es algo que todo cubanoamericano joven debe experimentar”.

Con un promedio de edad de 25 años, el primer grupo de CubaOne incluyó a artistas, emprendedores y escritores de todo Estados Unidos, muchos de ellos de familias del sur de la Florida.

Viajaron la región tabacalera de Pinar del Río antes de regresar a La Habana para seis días de visitas con empresarios independientes y artista, y se quedaron en casas particulares.

“Los cubanoamericanos jóvenes adoran a Cuba, pero expresamos nuestro amor de manera diferente que nuestros padres”, dijo Giancarlo Sopo, uno de los fundadores de CubaOne e hijo de un veterano de la invasión de Bahía de Cochinos. “Para nosotros, amar a Cuba significa ir a aprender sobre nuestra cultura, conocer a nuestra familia y relacionarnos con la gente”.

Al menos cuatro de los jóvenes vieron a familiares a quines no conocían, o sólo habían visto brevemente, entre ellos la propia Hernández, quien pasó dos días con su tío abuelo Jesús Cervello Ruiz, de 78 años y patriarca de los cinco familiares que quedan en la isla. Otros 14 parientes viven en Estados Unidos.

Junto con su hija Caridad y nietos mellizos de 16 años, Ruiz llevó a Hernández al hospital donde nació su hermana, la madre de Hernández, y al apartamento donde ella vivió cuando era joven.

Para Hernández, republicana igual que sus padres, la interacción con sus familiares y otros cubanos desestimó la caricatura de Cuba con la que creció, dijo.

“Nadie ha regresado, excepto yo”, dijo. “Aquí la gente está feliz, no necesitan muchas cosas materiales para sentirse genuinamente felices”.

Ruiz, mecánico retirado de un taller estatal, pasó el viaje haciendo chistes y provocando con suavidad a su sobrina nieta, los periodistas y otros miembros del programa que la acompañaban.

Pero al fina, parado junto a la puerta del apartamento donde vivió su hermana antes de la revolución, los ojos se le inundaron de lágrimas ante del dolor de vivir tantas décadas separado de la mayor parte de su familia.

“He estado aguantando este dolor, pero desde que llegué a este lugar ha sido muy emotivo”, dijo. “Son los recuerdos”.

Esta historia fue publicada originalmente el 4 de julio de 2016, 2:20 p. m. with the headline "Cubanoamericanos jóvenes regresan impresionados de visita a la isla."

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