Cuba

Estadounidenses hacen turismo, burlan embargo a Cuba

Sandalias, pantalones cortos y gafas de sol. Parecen y actúan como turistas, pero ante la ley de su país son estadounidenses que están para otros fines en Cuba.
Sandalias, pantalones cortos y gafas de sol. Parecen y actúan como turistas, pero ante la ley de su país son estadounidenses que están para otros fines en Cuba. AP

Sandalias, pantalones cortos y gafas de sol. Parecen y actúan como turistas, pero ante la ley de su país son estadounidenses que están para otros fines en Cuba, el único destino de placer que, en teoría, tienen vedado en todo el mundo.

Pese a las restricciones del embargo, algunos estadounidenses se mueven a su voluntad por la isla.

Y lo hacen gracias a la flexibilización que dispuso el presidente Barack Obama como parte del acercamiento histórico con Cuba, y a despecho de la mayoría del Congreso, que se niega a levantar el castigo.

Este instructor de yoga de 42 años se quedó con esa sensación tras llenar un formulario para poder ir a Cuba desde México, y estar tres semanas en la isla.

Saxby eligió una de las 12 categorías bajo las cuales están autorizados a viajar los estadounidenses, que incluyen proyectos educativos, deportivos o religiosos. También pueden hacerlo por motivos familiares, médicos, investigación o periodísticos, entre otros.

“Seleccionamos (la casilla) investigadores profesionales, porque estábamos entrenando para venir aquí y reunirnos con un profesor de yoga”, señala. Una vez estuvo en la isla nadie comprobó que fuera cierto.

“Somos turistas todo el tiempo, excepto los 20 minutos que nos encontramos con Eduardo”, ironiza.

En el papel, los visitantes “deben seguir un programa específico” y “no pueden andar como simples turistas”, recuerda Frank González, quien dirige Mambi Tour, una agencia especializada en este tipo de viajes con sede en Miami.

“Nuestros viajeros andan siempre con un chofer-guía, pero otros caminan por su propia cuenta. Está prohibido, pero nadie lo va a comprobar”, dice.

Saxby cuenta que incluso llegó a Cuba sin una reserva. “Viajamos de ciudad en ciudad en autobús, compartimos un taxi y encontramos una casa donde alojarnos”.

Acompañado de su amigo Ryan Gillespie, pudo recorrer libremente el centro oeste del país y admirar la arquitectura de La Habana y Trinidad, además de pasear por Cienfuegos, Playa Larga y el Valle de Viñales.

En enero del 2015, el gobierno de Obama simplificó los hasta entonces engorrosos procedimientos para los viajeros, y en julio del mismo restableció relaciones diplomáticas con la isla.

Antes, los estadounidenses debían justificar su viaje y la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) ejercía una fuerte presión sobre las compañías de vuelos fletados, que enfrentaban severas multas en caso de incumplimiento.

Pero ahora es suficiente con acogerse bajo palabra a una de las 12 categorías habilitadas para viajar a uno de los últimos bastiones del comunismo.

“Casi el 90 por ciento de los visitantes elige los viajes educativos, incluyendo los encuentros ‘persona a persona', que es la categoría más fácil de justificar porque, por ejemplo, sólo exige reunirse con médicos, profesores o artistas locales”, explica el empresario turístico.

Al final es una “especie de simulación”, dice Susan, una estadounidense cincuentona mientras pasea por La Habana Vieja. Un juego de apariencias que, además de relajarse e ir a la playa, le permitió “conocer la cultura y la gente”.

Cerca de 100,000 estadounidenses visitaron Cuba los primeros cuatro meses del 2016, el doble del mismo período del 2015. Ese aumento los ubicó como el cuarto grupo de visitantes de la isla, después de los canadienses, los cubanos residentes en el extranjero y los alemanes.

Esta historia fue publicada originalmente el 19 de julio de 2016, 8:33 p. m. with the headline "Estadounidenses hacen turismo, burlan embargo a Cuba."

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