Rivales de Moïse reclutaron a pandillas en Haití en un complot mortal hace tres años
Según las autoridades federales, en el complot internacional para asesinar al presidente de Haití, sus rivales políticos contrataron a una empresa de seguridad de Miami para que a su vez contratara a un escuadrón de ex soldados colombianos para llevar a cabo el asesinato y sustituirlo por un sucesor elegido a dedo.
Pero en los días previos al asesinato del presidente Jovenel Moïse el 7 de julio de 2021, los confabulados se dieron cuenta que no contaban con el apoyo de un electorado fundamental: las pandillas haitianas.
Los rivales políticos se reunieron con varios líderes de pandillas y les pidieron su apoyo antes del asesinato del presidente en su casa de las afueras, en las colinas de Puerto Príncipe, según un documento presentado en un caso federal de contrabando de armas no relacionado.
Uno de los rivales sospechosos de haber estado presentes fue un ex senador que aspiraba a ser el próximo primer ministro del país, pero que más tarde admitiría haber contactado con miembros de la banda como parte de su declaración de culpabilidad ante un tribunal federal de Miami por confabularse para asesinar a Moïse. Uno de los líderes de la pandilla presente se convertiría más tarde en uno de los fugitivos más buscados por el FBI, con una recompensa de $2 millones por información que condujera a su detención en relación con el secuestro de 17 misioneros, casi todos ciudadanos estadounidenses, según los registros judiciales.
Los documentos revelan que los rivales políticos de Moïse se reunieron con un puñado de líderes de pandillas para solicitar su ayuda en el plan de asalto mortal contra el presidente de Haití hace tres años, pero, al final, el apoyo de miembros clave de las despiadadas pandillas armadas de Haití no se materializó realmente en el impactante asesinato del líder de Haití. La muerte de Moïse creó un vacío de poder que permitió a cientos de pandillas aterrorizar a los haitianos en uno de los períodos más violentos y desestabilizadores de la nación.
Tres años después del descarado atentado, los haitianos no están más cerca de conocer el alcance total de la complicada red de complots que impulsaron el asesinato del presidente de Haití y de todos los que pueden haber desempeñado algún papel. Dos investigaciones paralelas han proporcionado detalles sustanciales, pero una reciente redada de pandillas en la Penitenciaría Nacional de Haití ha provocado la fuga de varios sospechosos, entre ellos el jefe de la unidad de seguridad encargada de proteger la vida de Moïse.
Aun así, mientras los fiscales estadounidenses se preparan para juzgar a cinco de los 11 acusados bajo custodia estadounidense que no han sido condenados tras declararse culpables, han aparecido detalles adicionales en los expedientes de los tribunales federales. El último es sobre las pandillas criminales armadas y los esfuerzos para incluirlas en el mortífero derrocamiento.
Conexión de los líderes de las pandillas con el plan de asesinato
El conocimiento del plan de golpe de estado por parte de los miembros de la pandilla fue mencionado por un testigo confidencial en un memorando de sentencia de 47 páginas elaborado por los fiscales en el caso federal de contrabando de armas contra Germine “Yonyon” Joly, el autodenominado “rey” de la conocida pandilla 400 Mawozo de Haití.
Los fiscales no dijeron quién era el testigo, limitándose a señalar que era una persona familiarizada con Joly, de 31 años, y que lo identificó a él y a otros miembros de la pandilla como participantes en la reunión previa al asesinato a partir de fotografías. Los fiscales tampoco identifican por su nombre a los rivales de Moïse. Tampoco especifican la fecha de la reunión, aunque fue cerca del asesinato.
“Los rivales políticos dijeron a los miembros de las pandillas el plan de asesinato del presidente Moïse y les pidieron su apoyo y silencio”, según el testigo confidencial, que facilitó sus recuerdos de la reunión al FBI. “Se hicieron promesas a las pandillas para obtener su apoyo. Estas promesas no se cumplieron”.
Joly, según la nota, fue elegido representante de la pandilla en la reunión y participó por teléfono desde una prisión haitiana, en donde no solo controlaba las operaciones de toma de rehenes de la pandilla, sino que dirigía la compra de armas y los ataques mortales.
Extraditado en mayo de 2022 a Estados Unidos en relación con el secuestro de 16 misioneros ciudadanos estadounidenses en las afueras de Puerto Príncipe, Joly fue condenado el mes pasado a 35 años de prisión por su papel en la compra y el tráfico de armas de fuego de la Florida a Haití en beneficio de las actividades delictivas de su pandilla. Según la fiscalía, las armas se compraron con los rescates obtenidos de estadounidenses secuestrados.
Al pedir cadena perpetua en una prisión federal estadounidense para Joly, los fiscales trataron de demostrar su control de la pandilla de alto perfil 400 Mawozo, desde antes de julio de 2021. Los fiscales también mencionaron la reunión como prueba de su control de la pandilla y de su implicación en el secuestro de los misioneros cuando pasaban por el territorio de la misma luego de visitar un orfanato. La mayoría de los rehenes, a los que Joly también veía como “el boleto para salir de la cárcel”, fueron mantenidos en cautividad durante dos meses y liberados solo después del pago de un rescate no especificado.
El testigo del FBI dijo haber oído declaraciones de Joly en las que afirmaba que pretendía mantener cautivos a los misioneros “como consecuencia de que los políticos no cumplieran su promesa a los líderes de la pandilla”.
Los fiscales dijeron que Joly acordó cometer secuestros, incluido el de los misioneros, con Vitel’homme Innocent, otro líder de la pandilla, y repartirse los beneficios. Innocent es el líder de la poderosa pandilla Kraze Baryé, que forma parte de los grupos armados que actualmente sumen a Haití en la anarquía.
De acuerdo con el testigo del FBI en el caso de contrabando de armas de Joly, Innocent asistió a la reunión previa al asesinato con los rivales políticos del presidente. El pasado noviembre, Innocent fue incluido en la lista de los “10 fugitivos más buscados” del FBI.
Tres años después del asesinato, los haitianos no tienen respuestas
Tres años después que Moïse, de 53 años, recibió 12 disparos y una violenta golpiza en mitad de la noche, mientras su esposa resultaba herida, persisten las interrogantes sobre quién podía estar al corriente del complot para matarlo y quién podía estar implicado en él.
La investigación en Miami y la otra en Haití no han arrojado hasta ahora una motivación ni han dicho definitivamente quién efectuó los disparos mortales.
En Miami, media docena de hombres se declararon culpables en el caso del asesinato ante un tribunal federal, que se basa en una violación de la Ley de Neutralidad de Estados Unidos y en una confabulación para asesinar a un dirigente extranjero.
Los fiscales dijeron que la trama giró en torno a la planificación en el sur de la Florida y Haití, con el objetivo inicial de sustituir a Moïse por un médico haitiano y pastor del sur de la Florida, Christian Emmanuel Sanon, y desplegar a los ex soldados colombianos para llevar a cabo el asesinato del presidente.
Entre los seis acusados condenados está Joseph Joël John, ex senador haitiano. John dijo en su declaración de hechos como parte de su declaración de culpabilidad que entre abril de 2021 y el 7 de julio de 2021 conspiró con casi una docena de otros haitianos, haitianoestadounidenses, colombianos y socios comerciales del sur de la Florida “para preparar y llevar a cabo la destitución forzosa del presidente haitiano mediante secuestro y/o asesinato”.
El ex legislador, conocido en Haití como John Joël Joseph, dijo que ayudó a conseguir autos de alquiler y armas para la operación golpista; también dijo haber asesorado a sus compañeros de conspiración, con los que se reunió tanto en Haití como en el sur de la Florida, y haberles presentado a miembros de pandillas porque él y sus coconspiradoras querían su “apoyo”.
Como opositor de Moïse, el papel de John apareció por primera vez en la investigación policial haitiana del asesinato. La policía dijo que fue a alquilar cinco autos el 21 de junio de 2021 durante tres días, de acuerdo con un reporte obtenido por primera vez por Miami Herald. Entre las cuatro personas que lo acompañaban se encontraba Innocent, el líder de la pandilla y aliado de Jolly que más tarde alcanzaría prominencia y poder en su ausencia.
Buscado por las autoridades haitianas por su presunto papel en la trama, Innocent nunca se ha presentado para ser interrogado. En una entrevista concedida a los periodistas en mayo de 2022, habló de sus vínculos con varios rivales políticos, algunos de los cuales formaban parte del nuevo gobierno establecido después de la muerte de Moïse. Sin ofrecer detalles, Innocent habló de haber contraído “ciertos compromisos” con los rivales del presidente, algunos de los cuales firmarían más tarde un acuerdo político para consolidar el poder de Ariel Henry, un neurólogo que fue elegido por Moïse para dirigir el gobierno, pero que más tarde se enfrentaría a una lucha de poder tras la muerte del presidente antes que pudiera jurar su cargo.
“Hablo con varios partidos políticos y con varios dirigentes políticos, pero eso no significa que tenga un vínculo o una relación con John Joël Joseph y lo que hacía”, dijo Innocent en la entrevista publicada en Internet. Dijo haber tenido una relación con John, pero continuó diciendo que puede tener una relación con alguien sin saber lo que ocurre fuera de su relación y lo mismo ocurre con los partidos políticos.
El resto de acusados en el caso estadounidense que admitieron estar implicados en el asesinato de Moïse, que empezó como un golpe de Estado para destituir al presidente, Joseph Vincent, un estadounidense de origen haitiano que trabajaba como informante de la DEA; Germán Alejandro Rivera García, alias “Coronel Mike”, ex militar colombiano que dirigía el comando, y Mario Antonio Palacios Palacios, ex soldado colombiano reclutado por Rivera. Junto con John, fueron condenados a cadena perpetua, pero están cooperando con los fiscales federales y el FBI con la esperanza de recibir una pena menor.
En mayo, un sexto acusado, Frederick Bergmann, fue condenado a nueve años de prisión por infringir leyes federales destinadas a mantener a Estados Unidos fuera de conflictos en el extranjero. Habitante en Tampa, fue condenado a un año menos de la pena máxima por enviar a Haití chalecos antibalas que fueron usados por los comandos colombianos que llevaron a cabo el mortífero atentado contra el presidente.
Bergmann no tenía ni idea de que los chalecos se iban a usar en la conspiración para asesinar al presidente de Haití, según los fiscales federales y su abogado defensor, y por eso no se le acusó de la conspiración contra Moïse .
Los otros cinco acusados que serán juzgados, incluido Sanon, están acusados de conspirar en el sur de la Florida para asesinar al líder de Haití. El cargo de conspiración se castiga con cadena perpetua.
Los acusados que serán juzgados son Antonio “Tony” Intriago, jefe de una empresa de seguridad del área de Miami, Counter Terrorist Unit Security o CTU; Arcángel Pretel Ortiz, quien era un antiguo informante del FBI cuando se unió a Intriago en CTU; Walter Veintemilla, financiero de Broward; James Solages, estadounidense de origen haitiano; y Sanon, a quien el grupo veía inicialmente como sucesor de Moïse en la presidencia de Haití.
Decenas de acusados en la investigación sobre Haití
En Haití, decenas de personas, entre ellas la viuda del presidente, Martine Moïse, el ex primer ministro Claude Joseph y el ex jefe de la Policía Nacional, Léon Charles, fueron acusadas por el juez investigativo Walther Wesser Voltaire. Todos negaron los cargos, mientras que Joseph, defendiéndose a sí mismo y a Martine, acusó a Henry de instrumentalizar el sistema judicial haitiano. Henry, quien había estado bajo escrutinio debido a una llamada telefónica que había recibido de uno de los sospechosos acusados, Joseph Felix Badio, después del asesinato, fue absuelto de cualquier delito en el reporte de acusación de 122 páginas. Badio había afirmado ser un infiltrado, enviado por personas próximas a Moïse para recabar información sobre quienes pretendían librar al país de él.
Una fuente familiarizada con la investigación dijo que el tema de las pandillas surgió durante la investigación de Voltaire. La conclusión a la que llegó la investigación limitada fue que las pandillas de Haití, a pesar del acercamiento de los rivales de Moïse, estaban divididas sobre cuál debía ser su destino.
“Unos eran partidarios del asesinato y otros de la detención”, dijo la fuente.
Durante su investigación, Voltaire también trató de explorar las acusaciones vertidas por Innocent y sus posibles vínculos con quienes ocuparon el poder durante el impopular mandato de Henry como primer ministro. Este dimitió en abril, cuando la violencia de las pandillas sumió al país en el caos.
Cuando se le preguntó por las afirmaciones de que Badio e Innocent habían influido de algún modo en su llegada al poder y de que no había cumplido los compromisos adquiridos con ellos, Henry, de acuerdo con una breve transcripción que el juez incluyó en su sentencia, dijo que “Cualquiera puede difundir cualquier información, verdadera o falsa, de forma viral y anónima”.
“Me resultaba difícil imaginar que el presidente, al proponerme para ser primer ministro, tomara su decisión siguiendo el consejo de un delincuente buscado y de una persona sospechosa de haber conspirado al mismo tiempo para asesinarlo”, dijo Henry. “Son tonterías e invenciones”.
Henry, quien había negado toda implicación en el complot, fue exculpado por la investigación de Voltaire.
En el momento de la planificación, la impopularidad de Moïse iba en aumento y los interrogantes sobre cuándo terminaba su mandato presidencial dominaban el panorama político. Mientras que la mayoría de los expertos constitucionales haitianos afirmaban que el mandato del presidente terminaba el 7 de febrero de 2021, debido a la fecha en que su predecesor Michel Martelly había abandonado el poder, Estados Unidos y otros países afirmaban que aún le quedaba un año, citando su retraso en la toma de posesión debido a las acusaciones de fraude que condujeron a la repetición de las elecciones.
El desacuerdo, junto con el gobierno unipersonal de Moïse tras su destitución del Parlamento el año anterior, alimentaría la creciente oposición y las protestas callejeras contra él.
Para derrocar a Moïse, los conspiradores buscaron varias vías, desde fomentar las protestas como pretexto, hasta secuestrarlo y subirlo a un avión a su regreso de una visita al extranjero, a Turquía, en junio, o usar a las pandillas, que no eran tan poderosas como ahora, pero no por ello dejaban de ser amenazadoras.
Al final, el grupo se conformó con que los comandos colombianos asaltaran el complejo del presidente acompañados por policías haitianos y dos haitianoestadounidenses que fingían estar llevando a cabo una redada de DEA. Las secuelas de aquel acto continúan hasta hoy.
Continúa la crisis de anarquía en Haití
Innocent y otros jefes de pandillas controlan más del 80% de la capital y han extendido su tiranía al Valle de Artibonito. Su violencia, que ha incluido ataques armados en los suburbios acomodados de Puerto Príncipe y masacres en vecindarios obreros, llevó al Departamento del Estado a ordenar la salida del personal de la embajada estadounidense y de los ciudadanos estadounidenses que no estuvieran en situación de emergencia, así como la suspensión de sus operaciones de visado.
En la actualidad, casi cinco millones de haitianos pasan hambre debido a la violencia y cerca de 580,000 se han quedado sin hogar tras verse obligados a abandonarlo. El último recrudecimiento de la violencia, que empezó el 29 de febrero, contribuyó a impulsar la dimisión forzada de Henry y la instauración de una nueva transición política en Haití, en donde el poder se lo reparten ahora los antiguos partidarios de Moïse y los que se oponían a su gobierno.
El mes pasado llegó al país el primer contingente de una fuerza armada internacional liderada por Kenia después que el nuevo consejo presidencial de transición seleccionó a un antiguo funcionario de Naciones Unidas, Garry Conille, para sustituir a Henry y formar un nuevo gabinete. Durante una visita a Washington la semana pasada, el gobierno de Biden le pidió a Conille que le diera prioridad a la celebración de elecciones para que un nuevo presidente y un nuevo Parlamento puedan tomar posesión en febrero de 2026.
El destino de la investigación sobre Haití sigue siendo turbio
El destino de la investigación sobre Haití sigue siendo oscuro. Varios de los acusados prometieron luchar y están recurriendo los cargos, lo que no deja margen para nuevas investigaciones. Fuentes policiales que participaron en la investigación dijeron que no pueden arrojar luz sobre el papel que las pandillas pueden haber desempeñado en los preparativos del asesinato porque las autoridades estadounidenses no se las han entregado ni a John ni a otros dos sospechosos, Palacios y Jaar, que al igual que John fueron llevados a Estados Unidos luego de ser apresados en Jamaica y la República Dominicana, respectivamente.
A principios de este mes, el fiscal Edler Guillaume, quien había supervisado la investigación y recomendado que Voltaire acusara a 70 personas, entre ellas Innocent, fue destituido de su cargo. Mientras tanto, decenas de sospechosos se encuentran entre los miles de presos que se fugaron de las cárceles haitianas durante la redada de las pandillas.
La excepción son 17 colombianos actualmente encarcelados, los cuales han insistido en su inocencia, y de Badio, la mayoría de los sospechosos de alto perfil encarcelados por la matanza de Haití escaparon en la redada del 2 y 3 de marzo en las dos mayores prisiones de Haití. Entre los que siguen en paradero desconocido está Dimitri Hérard, jefe de la seguridad presidencial de Moïse, quien también está siendo investigado en otro caso de tráfico de armas en Estados Unidos.
Pierre Esperance, defensor de los derechos humanos que ha seguido de cerca el caso de Haití, dijo que duda que los haitianos obtengan alguna vez las respuestas que buscan, incluyendo quién de ellos camina hoy libremente y tuvo alguna participación en el asesinato del presidente.
Las razones, dijo, no se deben solo a la falta de acceso a los sospechosos por parte de las autoridades estadounidenses, sino al propio Haití.
“La investigación sobre el asesinato, tanto por parte [de la policía judicial] como del juez investigativo, no nos permite conocer el motivo ni los autores intelectuales del crimen”, dijo Esperance. “Nunca identificaron a la persona que pagó el asesinato de Jovenel Moïse”.
Esperance dijo que, si la investigación hubiera identificado la procedencia del dinero, “ayudaría a conocer el motivo del crimen y al autor intelectual del mismo”.
Para ello, dijo Esperance, habría que saber quién pagó el asesinato. Ninguno de los reportes de investigación elaborados por la policía judicial y facilitados al juez haitiano ofrece esta información. Cuando la policía fue en su busca, por orden del juez, Esperance dijo que “los bancos haitianos nunca colaboraron y el gobierno haitiano no les obligó a colaborar”.
Los agentes del FBI encargados de la investigación en Estados Unidos han rastreado las transacciones bancarias y las transferencias bancarias de los 11 sospechosos detenidos en prisiones estadounidenses, pero aunque las transacciones muestran pagos a algunos de los ex soldados colombianos detenidos y la compra de cierto equipo que la empresa de seguridad de Miami usó para intentar que el atentado pareciera una redada del gobierno estadounidense contra Moïse, no muestran grandes pagos que sugieran que una persona o personas de Haití financiaron el asesinato.