La diputada más joven que lucha contra Maduro en las calles
baja de la motocicleta, se quita el casco y se acerca caminando a una multitud de miles de vecinos de El Junquito, un poblado a unas 12 millas de Caracas. Marialbert Barrios, de 26 años y miembro de la Asamblea Nacional, es la legisladora más joven en la historia del país. En El Junquito, uno de los distritos que representa, Marialbert es recibida con abrazos, besos y lemas de apoyo. Muchos le piden tomarse una foto con ella.
El Junquito, otrora un bastión del chavismo, ha cambiado. Marialbert representa al partido opositor Primero Justicia y participa con frecuencia en marchas contra el gobierno y pronuncia discursos en las llamadas asambleas de vecinos en todo el poblado.
Un día normal de trabajo de Marialbert consiste de alocuciones, cientos de abrazos y besos, y docenas de selfies. Pero la característica principal de su trabajo es el peligro que ella y la mayoría de los colegas enfrentan cada vez que protesta en público contra el régimen del presidente Nicolas Maduro. Marialbert está motivada a tomar estos riesgos por su apoyo visceral al movimiento Resistencia, y por su propia relevancia política y la de todos los legisladores.
Maduro, con el apoyo del Tribunal Supremo de Justicia, integrado por magistrados afines al chavismo, de hecho ha neutralizado a la Asamblea Nacional, que ahora está controlada por la oposición tras su triunfo electoral en diciembre del 2015. Maduro usó al Tribunal Supremo de Justicia para retirarle a la Asamblea sus poderes y justifica esta medida radical como una defensa contra la “agenda capitalista” de los legisladores. Su ofensiva contra la institución ha provocado las ya prolongadas protestas, que se han convertido en una revuelta masiva contra su gobierno, ahora en su cuarto mes.
Prácticamente, desde el comienzo de su período legislativo en enero del 2016, Marialbert no ha podido trabajar en ningún proyecto de ley, y mucho menos aprobar leyes. El gobierno también ha dejado de pagarles a los legisladores y Marialbert no cobra desde julio del 2016.
“Tengo que agradecer que tengo un papá que todavía me apoya”, dijo en una extensa entrevista con el Nuevo Herald.
La relación entre Marialbert y su padre no siempre fue armoniosa, porque Julio era un leal seguidor de Hugo Chávez. Incluso una vez lo invitaron al Palacio Presidencial de Miraflores después del fallido golpe contra el fundador de la revolución en abril del 2002. Julio luchó contra los manifestantes que querían deponer a Chávez.
En ese entonces, en la vivienda de Julio se veneraba a Chávez y se seguía fervientemente su revolución. Sin embargo, su hija no era fácil de moldear y pronto comenzó a retar al padre.
La ruptura de Marialbert con el chavismo comenzó en el 2007 en la Universidad Central de Venezuela en Caracas. En ese entonces, RCTV, una estación independiente de televisión, fue cerrada por el gobierno de Chávez, y el presidente también lanzó una campaña para modificar la Constitución. Esto hizo que Marialbert comenzara a participar en debates políticos y dedicara mucho tiempo a leer información sobre la historia de la política y específicamente el régimen de Chávez. Este proceso de aprendizaje le abrió la mente de par en par.
“En la universidad había debates constantes. Tú podías relacionar y diferenciar las ideas en base de los argumentos y te das cuenta que la calle es otra cosa”, recuerda Marialbert, que considera ese período un choque entre la realidad y la propaganda del gobierno.
Pero no fue una rebelión generacional ni un idealismo juvenil lo que después se disiparía. Marialbert tomó en serio la política y pronto se convirtió en líder de un grupo de estudiantes que retaban al sistema. En el 2012 fue parte de la infructuosa campaña presidencial de Henrique Capriles. Tres años después fue candidata a la Asamblea Nacional por el partido de Capriles. Asombró al país en la mayor victoria inesperada de la noche cuando ganó el distrito de Catia, que se consideraba progubernamental.
Catia, un vecindario pobre, con frecuencia se describe como el corazón del chavismo. Es allí donde se levanta el barrio 23 de Enero. Por encima del vecindario está la tumba de Hugo Chávez, que también es un mausoleo que atrae a gran cantidad de visitantes.
En Catia no hay muchas personas que conozcan a Marialbert Barrios. Algunos se encogen de hombros al escuchar su nombre. Otros, expresan su rechazo, un contraste total con la bienvenida que recibe en El Junquito.
“Ella se ve como una chica buena, pero es parte de un grupo de políticos que quieren quitar todos los logros de la revolución y privatizar nuestras vidas. Ellos son peligrosos”, me dijo una tarde reciente la chavista Adriana Torres, en una de las angostas calles de los mercados de Catia.
Es difícil evaluar con precisión la clase de apoyo que un político de oposición como Marialbert tiene en Catia y distritos similares, debido a los temores de violencia. Los chavistas radicales, agrupados en los llamados colectivos, acechan a personas que critican al régimen de Maduro.
Los colectivos son realidad pandillas armadas que pueden verse en Catia en sus motocicletas, abiertamente armados con fusiles. “No pueden [los electores de Marialbert] ni tomar fotos con nosotros porque les quitan la vivienda”, dijo Marialbert de las amenazas de los colectivos desde el pleno de la Asamblea Nacional poco después de ser elegida en el 2015.
“Es la tarea que cumplen [los colectivos] mediante una vigilancia sistemática de las acciones de los pobladores que habitan en los territorios populares. En este sentido ejercen acciones coercitivas en virtud de que obligan bajo amenazas a actuar de acuerdo con la ideología del partido gobierno”, me dijo Carlos Molina, profesor de Antropología de la Universidad Central de Venezuela que estudia el fenómeno de los colectivos.
Estos grupos son, según numerosas versiones, los árbitros de la distribución de alimentos que el gobierno envía a los vecindarios pobres. Este sistema de distribución de alimentos altamente subsidiados no tiene una supervisión independiente. “Los colectivos controlan particularmente la ración de alimentos. De este modo, tienen la capacidad de incluir o excluir a las personas. Por lo general, a los adversarios del gobierno se les niega o se hace entrega condicionada de esos beneficios”, dijo el profesor Molina.
El experto dijo que los colectivos también cobran “cuotas de protección” a pequeños negocios e incluso asesinan a personas “indeseables”. “En suma, estos colectivos se han transformado en pieza clave del terrorismo de Estado”, dijo Molina.
Marialbert dijo que los colectivos la han amenazado en dos ocasiones. Pero muy pronto la joven legisladora y otros representantes pudieran enfrentar encausamientos políticamente motivados. La Asamblea Constituyente, que muy probablemente reemplace a la Asamblea Nacional, puede dar a Maduro autoridad para emitir órdenes de arresto contra legisladores de la oposición como ella.
Estos legisladores fácilmente pudieran ser responsabilizados de la violencia callejera y los daños a la propiedad durante las protestas de la oposición. Y el presidente Maduro, respaldado por la Asamblea Constituyente, puede calificarlos de delincuentes, incitadores a la violencia o algo peor, terroristas. Maduro ya ha amenazado dos veces en público al vicepresidente de la Asamblea Nacional, Freddy Guevara, cuando declaró en la televisión nacional que ya hay una celda con el nombre de Guevara.
Marialbert desestima las preocupaciones sobre su propia seguridad. Ella cree que, a final de cuentas, la oposición se impondrá, y habla de los “millones de venezolanos que tomarán las calles hasta que el régimen caiga”.
“Sin duda nos van a perseguir y detener, pero este país no se puede entregar. Hablamos de un grupito que por armas, por instituciones secuestradas, por un discurso de odio se esta atrincherando en el poder”, dijo Marialbert. “No hay espacio ni tantas balas para matar a millones de venezolanos. No lo van a lograr”, agregó.
Aunque Marialbert pudiera enfrentar fuertes presiones, o incluso la cárcel, debido a su oposición al gobierno, ha conseguido el apoyo entusiasta entre sus electores, incluido su padre, quien ahora es un apasionado opositor al gobierno, junto a su hija.
Esta historia fue publicada originalmente el 3 de agosto de 2017, 5:49 p. m. with the headline "La diputada más joven que lucha contra Maduro en las calles."