Venezuela

Cierre de la frontera entre Colombia y Venezuela crea crisis para muchos necesitados

En tiempos normales, la frontera colombovenezolana es un hervidero de gente, un tramo de 1,274 millas por donde unas 40,000 personas cruzan de un lado a otro cada día para trabajar, comprar alimentos o huir del colapso económico y político de Venezuela.

Pero este miércoles permanecía en un silencio abrumador, en momentos que los principales puentes siguen cerrados, obstaculizados por camiones quemados y contenedores de carga oxidados, monumentos a una crisis política cada vez más profunda.

Los puentes están cerrados desde el sábado, cuando la oposición venezolana, liderada por el presidente interino Juan Guaidó, trató de llevar camiones cargados de ayuda humanitaria por la frontera contra la voluntad de Nicolás Maduro, quien ha sido catalogado de líder ilegítimo por docenas de países. El convoy cargado de alimentos y medicinas fue recibido con disparos de escopeta y dos de los camiones y su carga fueron incendiados.

Colombia informó que necesitaba 72 horas para revisar los daños y retirar los escombros, pero cuando trató de reabrir la frontera el miércoles, Venezuela mantuvo su lado cerrado.

Mireya Chiligo, de 25 años, estaba parada del lado colombiano del Puente Internacional Francisco de Paula Santander a primeras horas del miércoles, desesperada por llegar al poblado venezolano de Ureña, donde había dejado a su hijo de siete meses con unos familiares.

“Él es mi vida y está al otro lado del puente”, dijo, mirando al otro lado del tramo de 200 metros que la separa de su hijo.

Venezuela y Colombia han tenido roces desde hace años, y muchas veces las personas que viven a lo largo de la frontera han pagado el precio. En el 2015, Venezuela cerró su frontera totalmente durante 11 meses, alegando que era necesario para combatir a las organizaciones de narcotráfico colombianas. Y cuando los cruces se autorizaron nuevamente en agosto del 2016, sólo se permitió el tráfico de personas a pie.

Miguel Pérez, director regional de la Defensa Civil de Colombia, dedicó al miércoles a recorrer los puentes llenos de escombros con la esperanza de contactar a alguien en el lado venezolano con quien pudiera negociar.

Aunque la frontera entre Colombia y Venezuela sigue oficialmente cerrada, muchos se lanzan a las llamadas trochas, caminos de tierra, para cruzar de un país a otro.
Aunque la frontera entre Colombia y Venezuela sigue oficialmente cerrada, muchos se lanzan a las llamadas trochas, caminos de tierra, para cruzar de un país a otro. PEDRO PORTAL pportal@miamiherald.com

“No existen condiciones para poder interactuar”, dijo después de un recorrido. “Del otro lado de la frontera solamente hay militares y policías. Yo necesito hablar con mi contraparte”.

Funcionarios de inmigración y de fronteras también dijeron que tenían problemas para abrir canales diplomáticos.

Pero esa falta de comunicación no es sorprendente. El mes pasado, Colombia fue uno de los primeros países, junto con Estados Unidos, en reconocer a Guaidó como presidente interino de Venezuela, lo que enfureció a Maduro.

Durante el fin de semana, después de los enfrentamientos por la asistencia humanitaria en la frontera, Maduro acusó de hostilidad al presidente colombiano Iván Duque y rompió relaciones diplomáticas. Las autoridades consulares colombianas, que habían sido puntos de contacto clave en el pasado, fueron llamados a regresar. Y el miércoles, autoridades colombianas confirmaron que ya no hay ningún diplomático de ese país en Colombia.

El cierre de la frontera es más que una inconveniencia. Unos 3,900 niños venezolanos cruzaban la frontera a diario para estudiar en Colombia. Y hay cientos de pacientes venezolanos que se someten a diálisis y otros tratamientos en el lado colombiano, en medio del colapso del sistema médico venezolano.

El Puente Internacional Simón Bolívar es el principal cruce entre los dos países, con 70 por ciento del tráfico migratorio. Aunque el puente ha sido cerrado en el pasado, funcionarios colombianos dijeron que fue un choque ver la estructura bloqueada físicamente con contenedores de carga.

Con un termo azul en las manos y tratando de contener el llanto, José Duarte estaba de pie en el medio del puente, preguntándose cómo un viaje tan sencillo y común se ha convertido en una pesadilla logística. Su hijo de 37 años falleció el lunes por la noche en un hospital colombiano de un cáncer del hígado. Y ahora no sabe cómo va a poder trasladar sus restos a Ureña para enterrarlo.

Aunque el cierre del puente desalienta a muchos, no amedrenta a los más decididos. El miércoles, cientos de venezolanos y colombianos vadeaban con el agua a los tobillos el río Táchira, que separa a los dos países. Las trochas ilegales en la frontera son peligrosas, controladas por pandillas colombianas y venezolanas, pero para algunos son la única opción.

El cierre de la frontera entre Colombia y Venezuela ha obligado a muchos a buscar rutas alternas para ir de un país a otro.
El cierre de la frontera entre Colombia y Venezuela ha obligado a muchos a buscar rutas alternas para ir de un país a otro. PEDRO PORTAL pportal@miamiherald.com

Franceli Viamonte, de 23 años, salió de una de las trochas cubierta de sudor y sosteniendo a uno de sus tres hijos trillizos. Los niños tenían tres meses cuando ella decidió que si se quedaba en Venezuela podrían morir por la falta de medicina y una alimentación estable Uno de los niños ya sufría de una infección estomacal que los médicos en Caracas le dijeron que no tenían los antibióticos para combatir.

Viamonte, quien viajó con otros familiares, dijo que tuvieron que pagar 3 dólares por persona por el derecho a usar el camino ilegal. Una vez en Colombia, planearon un viaje de cinco días en autobús hasta Chile para empezar una nueva vida, uniéndose así a los estimados 3.4 millones de venezolanos que han huído del país en años recientes.

Viamonte dijo que el repentino salto a la prominencia de Guaidó en las últimas semanas, y sus promesas de mejorar la situación en Venezuela, son inspiradoras pero no lo suficiente como para arriesgar la vida de sus hijos.

“Tengo mucha fe en que las cosas van a mejorar”, dijo. “Pero nada ha cambiado todavía… No hay ningún hospital ni clínica que funcione. No podemos vivir allí”.

Chiligo, quien trataba de recoger a su hijo para llevarlo de regreso a Venezuela, dijo que no podía vivir sola ni en Colombia ni el Venezuela. Su casa, su familia y su sistema de apoyo está en Venezuela, pero su empleo, la fórmula infantil y los bienes básicos están en Colombia.

“Mi vida está allí pero mi trabajo está aquí”, dijo. “Hace falta que abran la frontera otra vez”.

Esta historia fue publicada originalmente el 27 de febrero de 2019 a las 6:28 p. m. con el titular "Cierre de la frontera entre Colombia y Venezuela crea crisis para muchos necesitados."

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