Puso un mensaje en Facebook y casi le cuesta la vida, historia de un militar venezolano
Sometido a golpes dentro de un avión militar, con las manos esposadas y la cabeza cubierta con una capucha negra, el teniente de la fuerza aérea venezolana Luis Lugo Calderón temía que lo estaban transportado a un lugar cercano a Caracas para matarlo.
El vuelo en la nave bimotor había despegado desde la base aérea de Caracas conocida como La Carlota, pero había aterrizado solo 10 minutos después. Lugo Calderón no podía ver nada con la capucha puesta, pero siendo piloto, sabía que la nave no se había devuelto. La corta duración del viaje junto a la violencia con que los soldados del régimen de Nicolás Maduro le pegaron en la cabeza y en la espalda con las culatas de sus fusiles le llevaron a pensar lo peor.
“Me dije: hasta aquí llegué y... me van a matar y van a simular algo conmigo y comencé a orar”, Lugo Calderón, de 36 anos, en una entrevista con el Nuevo Herald desde Nueva Jersey.
Lugo Calderón no fue ejecutado ese día, pero el riesgo de morir había rondado al militar desde que se atrevió a colocar un mensaje en su página de Facebook en el 2014, expresando su desacuerdo en el uso de la violencia para contener las manifestaciones pacíficas emprendidas contra el régimen de Maduro.
Desde entonces, fue arrestado, torturado y amenazado de muerte en repetidas ocasiones, dijo, y eventualmente fue convertido en un complemento artificial de un presunto complot para derrocar a Maduro en el que él no tuvo vínculos.
Boleíta
La historia del piloto venezolano es uno de cientos de casos documentados por las organizaciones internacionales que muestran la participación directa de los servicios de inteligencia del régimen de Nicolás Maduro en la violación de derechos humanos y en la ejecución de crímenes de lesa humanidad.
En el caso de Lugo Calderón comenzó cuando fue citado en febrero del 2014 a comparecer ante la sede en la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) de Venezuela, ubicada en Caracas en el sector de Boleíta, para responder preguntas sobre lo que había colocado en Facebook.
Esperando ser atendido por el Director de Investigaciones Especiales del DGCIM, el Coronel Wilmar Hernández Aquino, Lugo Calderón fue obligado a permanecer con otros citados en un salón grande con decenas de sillas como si se tratara de un terminal aéreo, conocido con el nombre de La Pecera. El director era la persona que debía decidir si el citado podía salir de allí o no, en base a la entrevista que iba a ser realizada, contó Calderón.
En la sala entraban abogados y otras personas que estaban allí para hablar por los detenidos, pero estos eran ignorados. Lugo Calderón dijo que permaneció en La Pecera por tres días seguidos hasta que al fin lo fueron a buscar. Pero no lo llevaron hasta el Director de Investigaciones Especiales; dos hombres vestidos de civil comenzaron a preguntarle sobre lo que había escrito en Facebook.
Lo que querían era víncular su pronunciamiento con la denominada Operación Jericó, una presunta insurrección organizada desde la Fuerza Aérea Venezolana, también conocida como el Golpe Azul. Ante su negativa, Lugo Calderón luego fue trasladado hasta una oficina, donde lo encapucharon, lo esposaron a una silla y le quitaron los pantalones, relató el militar venezolano.
Lugo Calderon no podía ver bien por la capucha, pero súbitamente siente un dolor intenso en una rodilla, creado por un tubo metálico que él después dedujo que había sido un soldador eléctrico. Calderón gritó, y le pegaron dos cachetadas para pasar a maltratarle verbalmente y a acusarle de que él estaba involucrado en la operación Jericó.
Le pegaron decenas de veces en la interrogación que duró tres horas, dijo. “Las lágrimas se me salían de rabia e impotencia. Me sentía totalmente indefenso y desamparado, sabiendo que no había nada qué podía hacer para defenderme”, dijo Lugo Calderón. “Más que los golpes lo que más me dolía era la humillación”.
Pero Lugo Calderón no estaba involucrado en la conspiración y los hombres lo sabían, conclusión que le fue confirmada dos días después cuando finalmente fue llevado hasta el Coronel Hernández.
“El Coronel me dijo que se habían dado cuenta que los que habían estado conspirando eran de capitanes hacia arriba y que no habían casi tenientes entre ellos y que yo no tenía nada que ver, pero que yo no podía estar escribiendo lo que yo había escrito, que eso era una falta grave”, contó.
Lugo Calderón salió de Boleíta a los seis días, pero con una advertencia de que guardara silencio, proveniente de uno de los jefes del DGCIM. “Me dijo que guardara silencio, porque la delincuencia en Venezuela había subido y que fácilmente uno cualquier día podía ser víctima de la delincuencia y amanecer [muerto] con el mosquero en la boca”.
Lugo Calderón no recibió asistencia médica por la quemadura en la rodilla que sangró por varios días.
Maracay
Una vez libre, Lugo Calderón regresó a su base militar, pero la experiencia en la DGCIM le había convencido que su relación con las Fuerzas Armadas Venezolanas bajo control del régimen había llegado a su fin, y comenzó a tramitar su retiro. Desconocía, sin embargo, que lo vivido era solo un preludio de lo que estaba por venir.
Unos 10 meses después, en Febrero del 2015, fue detenido por una comisión mixta conformada por la DGCIM y el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) y la Policía del estado Aragua en la ciudad de Maracay. No habían emitido una orden de captura en su contra, solo le notificaron que era una orden presidencial.
De allí, lo trasladaron hasta una sede policial donde el jefe de Investigaciones del estado lo recibió propinándole un duro golpe en el pecho y preguntándole si sabía por qué él estaba allí. Respondió que no, y de inmediato le propinaron otro fuerte golpe.
Lo comenzaron a interrogar, en un proceso que era grabado con una cámara de video, pero al ver que Lugo Calderón no estaba brindando las respuestas que buscaban, lo pasaron a otro cuarto, que servía de cámara de torturas.
“Tenían una especie de bate, pero de hierro y más pequeño, que estaba cubierto con una especie de goma que hacía que el golpe que daba no quedara marcado en el cuerpo. En el mango estaba inscrita la palabra ‘cariño’. Y allí ellos me dijeron que me había buscado que me trataran con cariño”, relató Lugo Calderon.
Le encadenaron y le pegaron unas tres veces y le volvieron a cuestionar. “Me preguntaban por ejemplo, diga grado, nombre y dirección, y yo se los daba y entonces no pasaba nada, pero luego decían, ‘diga que base iban ustedes a bombardear’, y cuando yo les decía, yo no iba a bombardear ninguna base, me pegaban con ‘cariño’”, dijo.
El interrogatorio estaba siendo realizado por funcionarios del SEBIN que no estaban buscando información, sino querían que Lugo Calderón diera respuestas específicas delante de las cámaras para respaldar la historia que los jefes del chavismo luego transmitirían en la televisión estatal.
Le dieron cientos de veces con el bate de hierro recubierto de goma hasta que accedió a repetir el libreto ante la cámara de vídeo. Entre otras cosas, los agentes buscaban que dijera que los conspiradores pretendían tomar el control de la región central de Venezuela, bombardear la Base Sucre, la sede del Ministerio de Defensa y la sede del DGCIM.
Ya al final, le dieron tan duro que la goma se salió cuando el hombre agarró impulso y le dio con el bate de hierro sin estar recubierto en el pecho. “Me quebró el esternón”, dijo Lugo Calderón. “Allí se dan cuenta que se le pasó la mano y es donde pasan a ponerme cables en las axilas para aplicarme electricidad”.
Al término de la sesión, que al final culminó con golpes y patadas de los agentes, fue trasladado hasta las cámaras con la advertencia de que si no respondía exactamente como le habían instruido, volverían a tratarle con ‘cariño’.
La sesión de torturas duró varias horas y al final Lugo Calderón terminó brindando la confesión grabada que le estaban pidiendo. La confesión luego fue transmitida por televisión, pero no la imagen que mostraba a Calderón golpeado y ensangrentado.
De regreso a Caracas
Lugo Calderón fue trasladado de nuevo hasta la sede del DGCIM en Boleíta y pese a haber confesado lo que el régimen quería y a padecer intensos dolores por la quiebra del esternón, Calderon fue sometido a nuevas torturas y maltratos, incluyendo golpes, electrocuciones y asfixia.
En un momento dado, y tras haber comparecido frente un juez, el piloto venezolano fue llevado hasta un médico para que certificara su condición física, y aun cuando pudo evidenciar que padecía de la lesión en el esternón, más lesiones en una pierna y en uno de sus testículos, el doctor le confesó que no podía hacer nada por él más que darle en ese momento una pastilla con agua que el teniente supuso se trataba de un analgésico.
El informe médico tampoco resaltó su verdadera condición física, señalando que Lugo Calderón no tenía ningún tipo de padecimiento.
Lugo Calderón por mucho tiempo sintió dolor cada vez que respiraba por la fractura que le habían propinado hasta que la fractura se selló sola. Hasta el día de hoy, ciertos movimientos corporales le causan dolor.
Aún así continuaban los interrogatorios, que en ocasiones involucraban las torturas. Los agentes solicitaban pruebas que pudieran ser presentadas en corte, pero dado a que no existían, éstos pasaron a exigir que brindaran testimonios para que los distintos acusados se incriminaran entre sí e inculparan a distintos dirigentes de la oposición.
Una de las personas que buscaban implicar se trataba del ex alcalde de Caracas, Antonio Ledezma.
Lugo Calderón dijo que él y otros compañeros que estaban con él en el DGCIM se rehusaron a inculpar falsamente a otros, pero que otros de los oficiales sí lo hicieron, accediendo a convertirse en testigos de los fiscales con la esperanza de comprar de esa manera la libertad.
Ramo Verde y la Operación David
Ese proceso duró tres meses, al término del cual fue trasladado a la prisión militar de Ramo Verde, a las afueras de Caracas. Allí, Lugo Calderón fue recibido por el director del penal, el coronel Homero Miranda, quien le dijo que él era cristiano y que eran las leyes de Dios las que él seguía, pero que el teniente no debía estar vivo porque él “había traicionado a la revolución y se había alineado con la ultraderecha venezolana”.
Ramo Verde para la época era el hogar de distintos personajes políticos y militares venezolanos, incluyendo al general Raúl Baduel y el líder opositor Leopoldo López. Allí los detenidos vieron una disminución de la presión, pero no estaban del todo librados del riesgo a ser torturados, lo cual sucedía en ocasiones que los militares emprendían requisas, dijo Lugo Calderón.
Entre tanto, el juicio contra Lugo Calderón continuaba en las cortes. Carentes de evidencias, los fiscales dependían de los testimonios de los acusados que habían accedido a cooperar, pero éstos se contradecían entre ellos. La parte acusadora, sin embargo, contaba con el apoyo de los jueces, quienes a través de señales asesoraban a los fiscales cuando debían preguntar o cuando debían objetar algún pronunciamiento de la defensa.
“Eran muchas las irregularidades cometidas en nuestra contra. Ningún perito, por ejemplo, certificó la cadena de custodia de las pruebas que estaban presentando”. El testigo estrella se contradecía a sí mismo y tuvo que comparecer por segunda vez para declarar de nuevo, presentando una nueva versión, agregó.
Pese a la falta de pruebas y las contradicciones de los testigos, Lugo Calderón fue declarado culpable de instigación a la rebelión y de uso indebido de condecoraciones, prendas y títulos militares en enero del 2017, y condenado a nueve años de prisión.
Debía pasar su condena en Ramo Verde, donde se encontraba cuando se produjo a mediados de ese mismo año la toma del Fuerte Paramacay, en Maracay, donde un grupo de 20 soldados insurgentes liderados por el Capitán Juan Caguaripano tomaron brevemente el control de la base militar, en lo que terminó siendo un gran bochorno para el régimen.
La toma de la base fue bautizada como La Operación David, y luego una periodista ligada al gobierno sacó un reportaje denunciando que la próxima etapa de la incursión militar rebelde era la toma de Ramo Verde con ayuda de los presos. Lugo Calderón salió señalado como uno de los conspiradores.
“Todo esto estuvo basado en su imaginación”, sostuvo. “Pero gracias al reportaje al general Baduel se lo llevan y a mí a los dos días me vienen a buscar”.
Allí es que lo encapucharon y esposaron para llevárselo hasta la base aérea de La Carlota, pero detrás de la orden no había ningún pronunciamiento judicial. Cuando las autoridades de la prisión pidieron que se le entregara la orden de la corte, le dijeron que el traslado se trataba de una orden presidencial.
La Pica
Dado a que no existía una orden judicial ni había registro por escrito de su traslado, dada la violencia con que le pegaban con las culatas de los fusiles y dado a que el viaje por avión desde La Carlota inexplicablemente solo había durado 10 minutos, Lugo Calderón en ese momento pensó que estaba a instantes de su ejecución.
Pero allí solo lo montan en otro avión, lo que aumentó su desconcierto y temores. Mientras tanto, los golpes continuaban cada vez que Lugo Calderón intentaba moverse. Lo habían trasladado a Maturín, a 500 kilómetros al este de Caracas, y cuando llegó a la prisión conocida por La Pica, el teniente tenía la espalda cubierta de hematomas.
La Pica es una cárcel de reos comunes, pero al estar fuera del centro del país, el trato era menos violento. Hubo requisas súbitas como en Ramo Verde, pero a diferencia de lo que sucedía en la prisión militar, las revisiones eran realizadas en presencia de un fiscal y un observador de los derechos humanos, de manera que las infracciones no conducían a una inmediata paliza.
Entre tanto, el caso de Lugo Calderón se encontraba en apelación y ante la falta de evidencias, el juez militar que llevaba la causa, el general Henry Timaure Tapia, se pronunció a favor de los acusados, señalando los vicios del juicio anterior y ordenando uno nuevo.
En vista del arduo control que tiene el chavismo sobre el sistema judicial y en particular de la justicia militar, la decisión era totalmente inesperada. Lugo Calderón supone que se debió, al menos en parte, a que Tapia ya había sido notificado que estaba siendo removido del cargo y en su último acto en funciones aprobó la apelación de los acusados.
Buscando una solución final al prolongado juicio, los nuevos jueces le ofrecieron a Lugo Calderón y a los otros acusados que se declararan culpables a cambio de una sentencia reducida con la posibilidad de que ésta fuese cubierta por el tiempo ya servido.
“Los magistrados comentan a los abogados que ellos vienen a arreglar los desperfectos que habían dejado los tres jueces. Pero que la orden era que aun sabiendo que nosotros éramos inocentes, condenarnos”, de modo que la única salida para los acusados era declararse culpable, relató Lugo Calderon.
Admitir culpabilidad por crímenes no cometidos no era fácil para Lugo Calderón, pero la propuesta significaba una reducción de cerca de cinco años de l sentencia y el teniente terminó accediendo, al igual que varios de sus compañeros.
Breve aire de libertad
Lugo Calderón quedó libre el 11 de octubre del 2018. Pese al trauma sufrido, estaba esperanzado poder retomar su vida, pero el sueño tuvo corta duración.
“Era un jueves. Salimos al tribunal como a las 10 de la mañana y ya para las 11:30 estábamos siendo perseguidos nuevamente por el SEBIN y el DGCIM”, dijo.
Uno de sus compañeros fue detenido ese mismo día, otros dos lograron evadir la persecución y salieron del país. Y Lugo Calderón fue detenido tres días después. El teniente no salió del país porque los agentes del régimen habían detenido a sus padres. Estaba escondido en una casa en la ciudad de Los Teques, pero los agentes de inteligencia le habían rastreado la llamada cuando hablaba con su mamá.
“Cuando llegan a la casa donde me estaba quedando, me dicen que si estaba armado estaba muerto, pero que no me iban a matar a mi solo, sino que también a mi papá y a mi novia quien en ese momento estaba conmigo”, relató.
Antes de entregarse, los agentes le confesaron: “La orden es matarte, pero dos se nos fueron y al otro lo salvó las hijas que fueron las que le abrieron la puerta al SEBIN. Si no, ya los cuatros estuvieran muertos y ahora tu no vas a ser el único que vamos a matar. Eso sí, solo si no tienes armas porque si tienes armas estás muerto”.
Lugo Calderón, quien estaba desarmado, se entregó de inmediato, pero no estaba muy convencido de que no lo iban a ejecutar después de todo. Notando esto dentro del carro, uno de los agentes del SEBIN le dijo que estuviera tranquilo porque en ese momento había mucha atención sobre la agencia dado a que días antes el concejal opositor Fernando Alban había muerto mientras estaba bajo su custodia.
El cuerpo de Alban fue encontrado tras caer del décimo piso de la sede del SEBIN en Caracas. El cuerpo de inteligencia dijo que el concejal se lanzó al vació para suicidarse, la oposición afirma que murió bajo tortura y que lo lanzaron del edificio para camuflajear las lesiones que había sufrido.
Tortura blanca
Lugo Calderon fue trasladado nuevamente a Boleíta pese a que tenía en su poder la orden de excarcelación firmada por el juez militar y el propio ministro de Defensa, Vladimir Padrino Lopez. Pero el documento carecía de valor. Ahora le estaban investigando por presuntamente haber sobornado al juez que lo liberó.
En esta ocasión no hubo mas tortura física, pero el teniente encontró que la tortura psicológica al que fue sometido durante los siguientes 30 días era mucho más difícil de soportar. En un procedimiento conocido como Tortura Blanca, Lugo Calderón permaneció totalmente aislado en un sector conocido como el locutorio, o cuarto del loco, donde solo había una silla bajo temperaturas extremadamente frías y luz blanca que nunca apagaban.
Tenía que permanecer allí sentado todo el día. Solo podía pararse a las 10 de la noche para acostarse a dormir si quería. Lo llevaban al baño sola vez una vez en la mañana.
Si después quería ir, tenía que aguantar o hacerse las necesidades encima. No tenía a nadie con quien hablar. El agua que tenía disponible era la que podía beber de la poceta cuando lo llevaban en la mañana.
“Yo hubiese preferido mil veces a que me entraran a palos. Yo en ese mes intenté quitarme la vida tres veces, obviamente sin éxito”, dijo Lugo Calderón. “Yo intente acabar con mi vida porque sentía que no tenía la facultad de mandar en mi cuerpo. Ese aislamiento es una de las torturas más fuertes que puede existir. Sentía que me estaba volviendo loco y que ya no era un ser humano”.
La tortura sicológica no parecía tener un objetivo concreto más allá de castigarles por haber sido liberados, dijo Lugo Calderon. Al llegar a la Boleita, un funcionario se entrevistó con él y le dijo que debía entender que él no podía estar en libertad. “El caso de ustedes nunca se va a cerrar. O van estar presos, o van a estar muertos, pero libres no van a estar nunca porque ustedes son un peligro para la revolución”.
Días después, Lugo Calderon se enteró que la orden de soltarlos fue emitida sin conocimiento de Maduro o de Diosdado Cabello, el poderoso número dos del régimen. Y que una vez que estos se enteraron, los mandaron a recoger.
La comisión de la ONU
Tras pasar un mes en Boleíta, Lugo Calderón fue trasladado nuevamente hasta Ramo Verde. La fiscal militar a la que le asignaron nuevamente el caso argumentaba que los descuentos de pena que habían recibido los acusados no estaban justificados, pero la verdadera razón del encarcelamiento era que el teniente se había convertido en otro preso más de Diosdado Cabello y el único que podía soltarlo era él.
La situación de irregularidad quedó evidenciada meses después que Lugo Calderón se reunió con dos representantes de la Alta Comisionada de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Las representantes, tras estudiar su caso, le dijeron en un encuentro en febrero del 2020 que dado a que él se encontraba encarcelado, pese a ya haber cumplido con su condena, significaba que él se encontraba secuestrado por el Estado y que ellas no podían hacer nada por él mucho más de enviarle una carta a Maduro.
Las torturas físicas volvieron en Ramo Verde, particularmente después de la denominada operación Gedeón, donde un grupo de militares insurgentes entrenados por una empresa de seguridad radicada en la Florida trató de incursionar en el país.
Los agentes buscaban detectar si hubo comunicación entre los presos y los militares insurgentes y para ello torturaron a un grupo a varios de los presos. Entre éstos estuvo Calderón, a quien le aplicaron asfixia colgándole de cabeza periódicamente en un tanque de agua.
Calderón nunca supo si los representantes de la ONU llegaron a escribirle a Maduro, pero su caso apareció en el duro informe que la Comisión emitió sobre las violaciones de los derechos humanos en Venezuela, documento que dejó en relieve alrededor del mundo la terrible realidad de los presos políticos en el país petrolero.
El militar venezolano cree que el informe terminó por inclinar la balanza a su favor, que llevó al régimen a finalmente ordenar su liberación, lo cual ocurrió en noviembre del 2020.
El día que lo soltaron a él y a otro de sus compañeros, los representantes del régimen le pidieron que por favor no emitieran declaraciones a la prensa y que salieran de inmediato del país porque no podían garantizar que no les volvieran a detener.
El día que salió, durmió en un sitió seguro y al día siguiente salió rumbo a Colombia.
Esta historia fue publicada originalmente el 8 de diciembre de 2021, 6:00 a. m..