Ola de invasiones en Venezuela, dueños de inmuebles indefensos ante colectivos
El pequeño edificio de siete pisos en el centro de Caracas, adquirido con mucho trabajo y dificultad por inmigrantes españoles en 1958, fue por décadas el sustento de la familia, particularmente después que el padre de la familia murió a mediados de los años sesenta.
“Ese edificio nos crió y nos mantuvo, porque mi mamá quedó viuda”, relató Omar Pérez, un economista de 56 años. “Y todo funcionó muy bien hasta que un día en el 2009, el presidente [Hugo] Chávez habló algo en un discurso y la gente lo interpretó como que no había que pagar más” por la vivienda que ocupaban.
Desde entonces el proceso de pérdida fue gradual, comenzando por inquilinos que dejaron de pagar los alquileres sin que pudieran ser desalojados y que luego traspasaron ilegalmente las viviendas a terceros que ahora viven allí sin pagar. Pérez tenía la ley a su favor, pero los invasores tenían aliados dentro del régimen socialista, y el proceso legal llevado por años en los tribunales no ha conducido a ninguna parte.
La estocada final se produjo en diciembre cuando los invasores, apoyados por uno de los colectivos — bandas paramilitares armadas vinculadas al régimen — expulsaron por la fuerza a los pocos inquilinos legales que quedaban, incluyendo a los dueños.
“Desde el 19 de diciembre no hemos podido ingresar”, dijo Pérez. “No dejan entrar a nuestro vigilante, dañaron nuestros equipos, cámaras, etc. Colocamos la denuncia, pasó la fiscalía y no pasó nada. A la policía no los dejaron pasar, y ellos no hicieron ningún esfuerzo por ingresar; no ha ocurrido nada legalmente”, sostuvo.
El caso de Pérez es parte de la creciente tendencia registrada en Venezuela donde personas protegidas por, o que forman parte de, los colectivos toman posesión de los apartamentos sin que las autoridades hagan nada para evitarlo.
La tendencia nació bajo la bandera chavista del Socialismo del Siglo 21 del fallecido presidente Chávez, pero sus consecuencias están convirtiendo a zonas de Venezuela en inhóspitas tierras sin ley, reducidas a versiones modernas del Viejo Oeste donde la propiedad no pertenece al que la compra sino al que está dispuesto a usar la violencia.
El número de invasiones ha estado aumentando en los últimos años. Aunque no existen cifras oficiales, unas 93 invasiones fueron detectadas el año pasado tan solo en el sector Capital de Caracas, dijo Carlos Julio Rojas, coordinador de la organización no gubernamental Frente en Defensa del Norte de Caracas.
El total asciende a más de 100 tomando en cuenta los eventos registrados durante el pasado enero, agregó.
No hay manera de contabilizar el total en todo el país, dado a que las usurpaciones son respaldadas abiertamente por determinados líderes del régimen, pero las señales de que se están produciendo en zonas rurales son visibles, dijo Rojas.
“Estamos registrando un incremento de las invasiones en los estados llaneros, en Apure y en Barinas, por ejemplo, y en otras regiones rurales. Pero lo mismo se está produciendo en las zonas urbanas, en otras ciudades del país, como lo son Maracaibo y Barquisimeto”, agregó.
La mayoría de estas invasiones han sido ejecutadas, o al menos respaldadas, por los colectivos. Estas agrupaciones, utilizadas con frecuencia por el régimen cuando quiere usar la violencia para intimidar a sus opositores, han sido acusadas de cometer ejecuciones extrajudiciales y otros crímenes de lesa humanidad por organizaciones internacionales que velan por los derechos humanos.
Para muchas de las víctimas, la tenencia legal de las propiedades es de poca ayuda para los legítimos propietarios. Ese fue el caso de Pérez, quien por años había tratado de usar las leyes para defender sus intereses en el edificio de nombre Cori, ubicado en la Avenida Fuerzas Armadas de Caracas que alberga 14 apartamentos y varios locales comerciales en el primer piso.
Uno de los invasores con los que se enfrentaba es un abogado, pero éste en vez de leyes usaba la violencia y en una ocasión atacó a Pérez por la espalda, rompiéndole la cabeza y causándole serias dolencias que aún persisten.
En otra ocasión, dijo Pérez, una turba conformada por invasores y elementos de los colectivos tumbaron con fuerza a su hermana de 73 años, quien también sufrió lesiones permanentes.
“Todo esto ha sido muy difícil. Es mucho dinero, muchos desgaste psicológico y físico, mi hermana quedó padeciendo de la rodilla a raíz de esos golpes”, sostuvo Pérez.
El régimen de Caracas lleva años atentando contra la propiedad privada en Venezuela, expropiando indiscriminadamente negocios rentables que luego son asignados a adeptos del partido de gobierno, el Socialista Unido de Venezuela (PSUV), e introduciendo leyes que perjudican a las empresas y al capital privado.
Y con el tiempo la práctica se extendió hasta el sector inmobiliario, con el régimen adoptando leyes que protegen a los inquilinos de ser expulsados si dejan de pagar sus alquileres.
La victimización de los propietarios cobró un fuerte impulso en el 2019 luego que los adeptos del chavismo agrupados bajo las denominadas “Comunas” — organizaciones vecinales controladas por el régimen que operan en sintonía con los colectivos — pasaron a realizar un censo en todo el país para ubicar las viviendas que quedaron vacías luego que millones de venezolanos decidieran salir del país.
“El censo fue ejecutado por los colectivos, por miembros de las comunas y por miembros del Partido Único Socialista de Venezuela, que son los que son precisamente el mismo grupo que ha estado impulsado las invasiones”, dijo Rojas.
El censo le dio al chavismo una lista de los locales que se encuentran vacíos para poder invadirlos. Y ahora, la cuarentena impuesta por el régimen de Nicolás Maduro a raíz de la pandemia del COVID-19 ha convertido a los locales comerciales en presa fácil para las invasiones al obligar a los comerciantes y compañías de servicios a suspender sus operaciones durante semanas enteras.
Uno de los comercios afectados se trataba de un restaurante también ubicado en el centro de Caracas en la planta baja de otro viejo edificio de oficinas llamado Banpel.
Los colectivos llegaron en el 2019 y tomaron posesión de las oficinas, pero a los cinco locales de abajo, todos ellos restaurantes, le dijeron que ellos no tenían problemas y que podían seguir operando allí, relató Alfredo Oliveira, quien era dueño de uno de los locales de comida.
Eso solo duró dos semanas, y de inmediato comenzaron a presionar para que abandonaran los locales.
“Ellos estaban apoyados por el mismo gobierno, la misma alcaldía. Muchos de los que invadieron eran gente del gobierno que trabajaban con el gobierno. Algunos eran policías, otros eran Guardia Nacionales y llegó un día en que nos dijeron que nosotros no podíamos entrar”, relató Oliveira, quien es el dueño del local y el restaurante conjuntamente con un socio.
“Ellos estaban armados y nosotros no. Nosotros somos gente sana y lo único que queríamos era ir a trabajar”, añadió. “Nos dijeron que fuéramos a poner la denuncia donde nosotros quisiéramos pero que a partir de ese momento no podíamos entrar”.
Los afectados fueron a poner la denuncia, tratando de recuperar sus posiciones por la vía legal. Una denuncia fue introducida ante la fiscalía y de allí el trámite pasó a la policía de investigaciones de Venezuela, CICPC, pero allí quedó sin que las autoridades actuaran, relató.
“Ha pasado el tiempo y nada, yo no sé para qué están las leyes en este país”, dijo Oliveira, quien perdió el local comprado, el negocio más los equipos comprados. “El colectivo que participó en la invasión es el que controla la zona y ellos están por encima de la ley”.
El caso de Rupercia López es quizás más simple, tratándose solo de una casa construida en el sector de Punta Brava, Antímano, a las afueras de Caracas.
López dijo que ella construyó esa vivienda con mucho esfuerzo, pero cometió el error de alquilarla y ahora la inquilina se niega a pagar.
“No paga, me insulta y en una oportunidad trajo a tres sujetos para agredirme. Yo construí mi casa con mi sudor, con mi esfuerzo; a mi Maduro no me dio ni un bloque, yo dejé de comer bien: la arepa sola, el arroz solo para tener lo mío, ¿para que ahora venga otra persona a apoderarse de eso?”
Esta historia fue publicada originalmente el 10 de febrero de 2022, 3:32 p. m..