Venezuela

Oro y plomo: Cómo Maduro utiliza bandas criminales en el conflicto fronterizo con Guyana

En esta imagen tomada de X, el gobernante venezolano, Nicolás Maduro, muestra el nuevo mapa de Venezuela que incluye el territorio en disputa con Guyana, el martes 5 de diciembre de 2023.
En esta imagen tomada de X, el gobernante venezolano, Nicolás Maduro, muestra el nuevo mapa de Venezuela que incluye el territorio en disputa con Guyana, el martes 5 de diciembre de 2023. Tomado de X: @NicolasMaduro

La ráfaga de disparos quebró la tranquilidad del río Cuyuní en un ataque perpetrado contra soldados de la Fuerza de Defensa de Guyana que navegaban por una remota vía fluvial cerca del asentamiento de Eteringbang, en la profundidad del Esequibo, región selvática rica en petróleo y minerales que es reclamada tanto por Guyana como por Venezuela.

La emboscada, lanzada el 13 de mayo desde el lado venezolano de la frontera, fue el primero de tres ataques coordinados durante un período de 24 horas. Las tropas guyanesas respondieron al fuego y se retiraron sin bajas. Sin embargo, la rápida sucesión de asaltos ha alimentado los crecientes temores de que el régimen de Nicolás Maduro esté utilizando agentes criminales para desestabilizar la región, largamente disputada por ambos países.

Analistas y funcionarios guyaneses ven cada vez más los ataques no como violencia pandillera aislada, sino como parte de una campaña más amplia sancionada por el Estado venezolano. Un informe recientemente publicado por InSight Crime sostiene que Venezuela está forjando una peligrosa alianza entre el crimen organizado y la ambición política para afirmar el control del Esequibo.

“Maduro ha utilizado durante mucho tiempo grupos criminales aliados, con los que opera simbióticamente bajo su Estado híbrido, para lograr sus objetivos”, afirma el informe. Estos grupos, añade el informe, “con fuertes conexiones con el gobierno venezolano y un interés compartido en la rentable minería de oro, podrían tener importantes incentivos para respaldar la reivindicación de Maduro sobre el Esequibo”.

El conflicto del Esequibo se perfila rápidamente como el próximo gran foco de tensión en Sudamérica. La volátil combinación de oro, petróleo, armas y geopolítica representa no solo una prueba para la resiliencia de Guyana, sino también un desafío para la estabilidad regional.

Es mucho lo que está en juego.

Dos mujeres caminan cerca de una pancarta que dice “El Esequibo es nuestro”, en Georgetown, Guyana, el 6 de enero de 2024.
Dos mujeres caminan cerca de una pancarta que dice “El Esequibo es nuestro”, en Georgetown, Guyana, el 6 de enero de 2024. MIKA OTSUKI The Yomiuri Shimbun via AFP

La región del Esequibo, del tamaño de Florida, abarca casi dos tercios del territorio de Guyana y alberga vastas reservas de petróleo, oro y otros minerales. Venezuela ha reclamado el territorio como suyo desde hace mucho tiempo, a pesar de que un laudo arbitral internacional de 1899 lo reconoció como parte de Guyana.

Si bien el reclamo de Venezuela sobre el Esequibo se remonta a más de 180 años, la disputa se ha intensificado en los últimos años a la luz del aumento de los precios del oro y el uso de la retórica nacionalista por parte de Maduro para reforzar el apoyo interno en medio de sus problemas políticos y la aplicación de sanciones internacionales contra su régimen.

En diciembre de 2023, Maduro convocó un referéndum nacional pidiéndole a los venezolanos que le autorice hacer uso de la fuerza armada para recuperar el control de la región. El régimen anunció que el 98% de los electores le dieron el visto bueno, pero la votación se vio manchada por acusaciones generalizadas de fraude electoral.

Otro factor que aviva las tensiones son las perforaciones marinas de ExxonMobil en aguas reclamadas por ambas naciones. En febrero, un buque de guerra venezolano ingresó a la zona marítima en disputa, amenazando las operaciones del gigante petrolero. Estados Unidos respondió con rapidez, y el secretario de Estado, Marco Rubio, lanzó una severa advertencia.

“Sería un día muy malo para el régimen venezolano si atacaran a Guyana o a ExxonMobil”, declaró Rubio. “Contamos con una gran armada que puede llegar a casi cualquier parte del mundo. Y tenemos compromisos vigentes con Guyana”.

Y en lo que ayudó a incrementar las tensiones, el ministro de Defensa venezolano Vladimir Padrino López respondió a las promesas de Estados Unidos de poner de lado de Guyana en caso de explotar un conflicto armado acusando a Washington de conspirar para derrocar a Maduro con el fin de apoderarse del Esequibo.

El ministro de Defensa venezolano, Vladimir Padrino, aparece rodeado de oficiales militares frente a un mapa marcado de Venezuela y Guyana, en un video publicado el sábado en la red social X. .
El ministro de Defensa venezolano, Vladimir Padrino, aparece rodeado de oficiales militares frente a un mapa marcado de Venezuela y Guyana, en un video publicado el sábado en la red social X. . Captura de imagen

Durante un reciente discurso televisado, Padrino calificó el territorio como un “botín de guerra” para los intereses estadounidenses.

En una acción simbólica pero provocadora, Venezuela celebró elecciones regionales el 25 de mayo para nombrar un gobernador para la “Guayana Esequiba”, el término que Caracas utiliza para designar el territorio en disputa.

Si bien la votación se realizó exclusivamente dentro del lado venezolano de la frontera, el acto constituyó una clara afirmación de soberanía. El gobernador electo, el almirante Neil Villamizar, prometió extender la supervisión administrativa a la región en disputa y recibió rápidamente el respaldo de Maduro.

Tras la teatralidad política se esconde una tendencia aún más preocupante: la incursión silenciosa de organizaciones criminales venezolanas, conocidas localmente como sindicatos, en territorio guyanés.

Estos grupos, que durante mucho tiempo han operado con impunidad en el estado venezolano de Bolívar, fronterizo con Guyana, ahora están estableciendo puestos de control ilegales a lo largo del río Cuyuní, extorsionando a mineros y comerciantes y asumiendo el control en zonas con mínima presencia gubernamental.

Entre los grupos más destacados se encuentran la Organización R —un sindicato minero con cada vez menos influencia política en Caracas— y el Sindicato Claritas, presuntamente vinculado a la poderosa banda Tren de Aragua.

Las autoridades también han reportado avistamientos de guerrilleros del ELN, una facción insurgente colombo-venezolana, que operan cerca de importantes localidades fronterizas guyanesas.

La infiltración criminal no es nueva. Desde la creación en 2016 del Arco Minero del Orinoco —una enorme zona en Venezuela reservada por el régimen para operaciones mineras—, la minería ilegal y el crimen organizado han prosperado en el sur del país, a menudo con protección militar.

Estos grupos controlan la minería, las rutas de contrabando, los sistemas tributarios e incluso el trabajo forzoso en el estado de Bolívar. Ahora, su modelo parece estar expandiéndose a través de la frontera hacia el Esequibo.

Las autoridades guyanesas afirman que las incursiones transfronterizas han aumentado desde 2022, con algunas zonas fronterizas bajo el control efectivo de redes criminales extranjeras. Las consecuencias van más allá de la seguridad. El contrabando de oro está en aumento, lo que alimenta la preocupación por el lavado de activos y la evasión de sanciones internacionales, dijo el informe.

Si bien Guyana es un exportador legal de oro, la producción oficial ha disminuido a pesar de las crecientes sospechas de envíos ilícitos.

En 2024, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos sancionó a Mohamed’s Enterprise, una de las empresas auríferas más grandes de Guyana, por presuntamente sobornar a funcionarios de aduanas y no declarar las exportaciones.

Si bien no se mencionó explícitamente el oro venezolano, informes de Reuters e InfoAmazonia sugieren que la compañía podría haber lavado oro venezolano de contrabando a través de Guyana y hacia mercados internacionales, incluyendo Dubái en los Emiratos Árabes Unidos.

“No hay forma de distinguir el oro de Guyana del de Venezuela una vez refinado”, declaró el ministro de Recursos Naturales de Guyana, Vickram Bharrat. “Ese es el verdadero desafío”.

A medida que la economía venezolana se debilita y la legitimidad de Maduro se erosiona tras las controvertidas elecciones de 2024, la disputa del Esequibo se ha convertido en una válvula de escape política. Al fomentar el fervor nacionalista y externalizar el conflicto a redes criminales, Maduro evita la confrontación militar directa, a la vez que intensifica la presión sobre Guyana.

El ejército guyanés, con poco más de 4,000 efectivos, se extiende a lo largo de una densa frontera selvática que abarca más de 160,000 kilómetros cuadrados. El río Cuyuní, antaño una frontera natural, se ha convertido en un corredor disputado, patrullado por bandas armadas con fusiles de asalto.

Con la esperada decisión de la Corte Internacional de Justicia sobre la disputa fronteriza a finales de este año, la situación está llegando a un punto crítico. Lo que comenzó como una disputa legal sobre mapas coloniales ahora se está convirtiendo en emboscadas ribereñas, puestos de control ilícitos y extorsión territorial.

Esta historia fue publicada originalmente el 6 de junio de 2025 a las 4:55 p. m..

Antonio Maria Delgado
el Nuevo Herald
Galardonado periodista con más de 30 años de experiencia, especializado en la cobertura de temas sobre Venezuela. Amante de la historia y la literatura.
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