Exjefe de espías venezolano se declara culpable, vincula a Maduro con pandillas e Irán
El exjefe de inteligencia militar de Venezuela, Hugo Carvajal, de declaró culpable el miércoles de cargos federales por narcotráfico en Estados Unidos, en un trato que deja abierta la posibilidad de que coopere con las autoridades a cambio de una reducción de su condena.
El acuerdo, finalizado apenas unos días antes de que comenzara su juicio en Nueva York, marca un momento potencialmente decisivo en los prolongados esfuerzos del gobierno estadounidense por exponer y desmantelar lo que los funcionarios han descrito como un Estado criminal que opera en los niveles más altos del poder en Venezuela.
“La declaración de culpabilidad de hoy demuestra nuestro compromiso de responsabilizar a los funcionarios extranjeros que abusan de su poder para envenenar a nuestros ciudadanos. Felicito los esfuerzos extraordinarios de nuestros aliados en la División de Operaciones Especiales de la DEA y de nuestros demás socios de seguridad, tanto aquí como en el extranjero”, dijo el fiscal federal Jay Clayton en un comunicado de prensa. “Hugo Armando Carvajal Barrios fue en su momento uno de los hombres más poderosos de Venezuela. Durante años, él y otros funcionarios del Cártel de los Soles utilizaron la cocaína como arma, inundando Nueva York y otras ciudades estadounidenses con veneno”.
El general fue acusado de participar en una conspiración de narcoterrorismo —cargo que conlleva una pena mínima obligatoria de 20 años y una máxima de cadena perpetua — de conspirar para importar cocaína a Estados Unidos (mínimo 10 años, máximo cadena perpetua), y de usar, portar y poseer ametralladoras y dispositivos destructivos en conexión con dichas conspiraciones (mínimo 30 años, máximo cadena perpetua).
La declaración de culpabilidad de Carvajal sigue a una serie de negociaciones tras bastidores y se produce después de que el otrora poderoso general afirmara que el líder venezolano Nicolás Maduro dirige personalmente una vasta empresa criminal transnacional.
Según fuentes familiarizadas con el caso, Carvajal ha ofrecido proporcionar a las autoridades estadounidenses documentación y testimonio que implican a Maduro y a otros altos funcionarios venezolanos en una serie de actividades ilegales —desde el narcotráfico y el fraude electoral hasta operaciones de espionaje y el uso de bandas callejeras como brazo armado.
También afirma tener pruebas que detallan los profundos y continuos lazos entre Venezuela y la República Islámica de Irán.
Según Carvajal, esos vínculos incluyen cooperación en materia de seguridad, inteligencia y transacciones financieras diseñadas para evadir las sanciones de Estados Unidos. La relación Irán-Venezuela —durante mucho tiempo desestimada por algunos como meramente simbólica— es, en realidad, más operativa de lo que la mayoría de la gente sospecha, advierte Carvajal.
Apodado “El Pollo”, Carvajal fue en su momento una de las figuras más influyentes del aparato de inteligencia venezolano. Como jefe de la Dirección General de Contrainteligencia Militar, tenía acceso a algunos de los secretos de Estado más sensibles del país y mantenía contacto directo con altos cargos tanto del gobierno de Hugo Chávez como del de Nicolás Maduro. Firme partidario de Chávez durante gran parte de su carrera, Carvajal finalmente rompió con Maduro y expresó su apoyo al líder opositor Juan Guaidó en 2019.
Tras su ruptura política, Carvajal desapareció de la vida pública, eludiendo la extradición durante varios años mientras buscaba asilo político en Europa. Las autoridades españolas lo arrestaron en 2019 y, tras prolongadas batallas legales y disputas diplomáticas, fue extraditado a Estados Unidos en 2022 para enfrentar cargos federales relacionados con su presunta participación en el llamado “Cartel de los Soles”, un término que describe una red de narcotráfico liderada por militares e incrustada dentro del Estado venezolano.
Los fiscales alegan que Carvajal desempeñó un papel clave en la coordinación de grandes cargamentos de cocaína hacia Estados Unidos, utilizando su cargo oficial para proteger las operaciones de narcóticos y facilitar acuerdos con grupos insurgentes extranjeros, especialmente las FARC de Colombia.
Según fuentes confidenciales familiarizadas con las discusiones sobre su declaración de culpabilidad, Carvajal ha dicho a las autoridades estadounidenses que Maduro estuvo directamente involucrado en la creación del Tren de Aragua, la banda callejera más poderosa y temida de Venezuela. Originada en una prisión del estado Aragua, la organización se ha convertido en una red criminal de gran alcance dedicada a la extorsión, el secuestro, la trata de personas, el tráfico de armas y el asesinato.
En una serie de declaraciones, Carvajal afirma que Maduro empoderó al Tren de Aragua para actuar como un brazo paramilitar del Estado —una fuerza de choque no oficial encargada de silenciar la disidencia, intimidar a figuras opositoras y generar ingresos ilícitos. Más alarmante aún, Carvajal sostiene que miembros de la banda fueron enviados al extranjero, incluso a Estados Unidos, para continuar sus operaciones y actuar como una fuerza desestabilizadora dentro de comunidades migrantes.
La presencia de la banda en países como Colombia, Chile, Perú y Estados Unidos ha sido documentada por agencias de seguridad y expertos en migración. En los últimos meses, funcionarios estadounidenses han expresado creciente preocupación por el alcance del grupo en ciudades con grandes poblaciones venezolanas, como Miami, Houston y Nueva York.
Carvajal también habría ofrecido proporcionar detalles sobre esfuerzos sistemáticos del gobierno venezolano para manipular resultados electorales. Alega que las elecciones presidenciales de 2018, que devolvieron a Maduro al poder en medio de una condena internacional generalizada, fueron manipuladas mediante el uso de máquinas de votación electrónica que podían ser alteradas de forma remota.
Esa elección fue boicoteada por amplios sectores de la oposición venezolana y declarada fraudulenta por la Organización de los Estados Americanos, la Unión Europea y numerosos gobiernos occidentales, incluidos Estados Unidos. Carvajal afirma tener conocimiento de primera mano sobre cómo el régimen controlaba tanto el software como el hardware detrás del voto, convirtiendo el proceso democrático en un espectáculo predeterminado.
Tales afirmaciones, si están respaldadas por pruebas documentales o corroboración creíble, podrían reavivar los llamados a una rendición de cuentas internacional y aislar aún más al gobierno de Maduro, que lleva años intentando normalizar relaciones con potencias globales y aliviar sanciones económicas.
Quizás la acusación más explosiva de Carvajal tiene que ver con operaciones de espionaje venezolanas contra Estados Unidos. Según el exgeneral, el régimen de Maduro ha mantenido una red de inteligencia clandestina destinada a infiltrarse en instituciones estadounidenses, rastrear disidentes y recopilar información sensible sobre la política de Washington hacia América Latina.
Si bien la presencia de agentes de inteligencia venezolanos en Estados Unidos ha sido durante mucho tiempo motivo de sospecha, la oferta de Carvajal de dar nombres y detalles operativos podría proporcionar al FBI y otras agencias federales una visión sin precedentes sobre el funcionamiento del aparato de espionaje venezolano en el exterior. Según informes, ha expresado su disposición a compartir esta información “en cualquier formato” que el gobierno de Estados Unidos considere apropiado, incluidos informes clasificados o testimonios sellados.
A pesar de su pasado controvertido, el valor potencial de Carvajal como testigo cooperante es significativo. Durante años, las autoridades estadounidenses han tenido dificultades para penetrar las estructuras opacas del Estado venezolano. Las décadas de Carvajal en los círculos de poder le otorgan una perspectiva única sobre cómo la criminalidad se institucionalizó bajo Maduro —y antes, bajo Chávez.
Aun así, hay razones para actuar con cautela. Carvajal tiene un historial de lealtades cambiantes y declaraciones políticamente motivadas. Algunas de sus afirmaciones, aunque plausibles, requerirán verificación independiente. Se espera que los fiscales corroboren cualquier inteligencia que proporcione con otras fuentes antes de tomar medidas legales o diplomáticas basadas en su información.
Si se considera creíble, su cooperación podría ampliar dramáticamente la comprensión del gobierno estadounidense sobre el “Estado profundo” venezolano, y potencialmente servir como catalizador para nuevas sanciones, procesamientos o campañas de presión internacional destinadas a aislar al régimen.
Como parte del acuerdo de culpabilidad, Carvajal podría recibir una reducción considerable de su sentencia si proporciona “asistencia sustancial” a las investigaciones estadounidenses. Los términos precisos de su cooperación permanecen bajo sello judicial, y aún no está claro cuándo —o si— testificará públicamente contra sus antiguos aliados.
Esta historia fue publicada originalmente el 26 de junio de 2025, 5:30 a. m..