China respalda a Venezuela, Trump insinúa que el fin de Maduro está cerca
China defendió el martes su estrecha relación con Venezuela, afirmando que sus vínculos con el régimen de Nicolás Maduro “constituye una cooperación normal entre Estados soberanos” y “no está dirigida contra ningún tercero”.
Las declaraciones, hechas por la portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Mao Ning, siguieron a un reportaje del Washington Post que reveló que Maduro habría buscado asistencia militar de Rusia, China e Irán para reforzar las defensas de Venezuela en medio de tensiones crecientes con Estados Unidos.
“China apoya el fortalecimiento de la cooperación internacional para combatir el crimen transnacional y se opone al uso o la amenaza del uso de la fuerza en las relaciones internacionales”, dijo Mao a periodistas en Pekín. Agregó que China “se opone a cualquier intento de socavar la paz y la estabilidad en América Latina y el Caribe, así como a las acciones coercitivas unilaterales contra embarcaciones extranjeras que excedan los límites razonables y necesarios”.
Pekín también instó a Washington a “llevar a cabo la cooperación judicial y policial habitual mediante marcos legales bilaterales y multilaterales”, en lo que analistas interpretaron como una crítica velada a las operaciones marítimas estadounidenses en el Caribe.
Según el artículo del Post, Maduro busca con urgencia reforzar las debilitadas fuerzas armadas venezolanas mediante asistencia militar de China, Rusia e Irán. El acercamiento incluiría la solicitud de radares, reparación de aeronaves, tecnología de drones y posiblemente misiles. Aunque Rusia lidera la iniciativa —Maduro apeló directamente a Moscú—, China forma parte del mismo esfuerzo. Pekín ha respaldado al régimen de Maduro durante años con miles de millones de dólares en préstamos, tecnología de vigilancia y ayuda médica.
No se sabe qué tipo de asistencia China ha ofrecido o ha prometido en respuesta a la solicitud de Maduro.
Informes de prensa indican que Estados Unidos continúa incrementando su presencia militar en el Caribe, en un despliegue que ha alimentado las especulaciones sobre posibles ataques contra objetivos dentro de Venezuela. El Miami Herald y el Wall Street Journal informaron la semana pasada que la administración del presidente Donald Trump ha identificado instalaciones militares venezolanas presuntamente vinculadas a redes de narcotráfico como posibles objetivos de bombardeo.
Según analistas de defensa citados por el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), el ejército estadounidense contará pronto con 13 buques en la región —entre ellos ocho buques de guerra, tres anfibios y un submarino—, lo que representa el mayor despliegue militar de Washington en América Latina desde la Guerra del Golfo.
Los cruceros USS Gettysburg y USS Lake Erie se han unido a otras embarcaciones estadounidenses ya estacionadas cerca de aguas venezolanas, y se espera que el portaaviones USS Gerald R. Ford, el más avanzado de la Marina, llegue en los próximos días.
Trump ante la posibilidad de una guerra
El presidente Trump dijo el domingo que no cree que Estados Unidos “vaya a la guerra con Venezuela”, aunque se negó a confirmar o desmentir si su gobierno tiene planes para lanzar un ataque militar.
En una entrevista en el programa “60 Minutes” de CBS, se le preguntó directamente si Estados Unidos camina hacia “una guerra con Venezuela”. Trump respondió: “Lo dudo. No lo creo. Pero nos han tratado muy mal”, antes de pasar a quejarse del narcotráfico y de lo que describió como la inmigración ilegal de “criminales venezolanos” hacia Estados Unidos.
Ante la insistencia de la entrevistadora Norah O’Donnell sobre posibles ataques estadounidenses a objetivos dentro de Venezuela, Trump dijo que no quería decir “si es cierto o no”, y agregó: “No le diría a un periodista si voy a atacar o no”.
En otro encuentro con reporteros, Trump dio una respuesta similar: “¿Cómo podría responder una pregunta así? ¿Hay planes para un ataque a Venezuela? ¿Quién diría eso? Suponiendo que los hubiera, ¿se los diría? Honestamente, sí, tenemos planes. Planes muy secretos”, dijo, antes de volver a afirmar que el gobierno venezolano había “enviado miles de personas desde cárceles, instituciones mentales y centros de rehabilitación” a Estados Unidos.
Cuando se le preguntó sobre el despliegue del USS Gerald R. Ford —el portaaviones más grande y sofisticado de la Marina—, Trump respondió con una sonrisa: “Tiene que estar en algún lugar. Es muy grande.” Durante la entrevista con CBS, el presidente eludió repetidamente las preguntas sobre Venezuela, regresando una y otra vez al tema de la inmigración. Cuando se le preguntó si los “días de Maduro estaban contados”, Trump respondió sin dudar: “Diría que sí, creo que sí.”
En agosto, la fiscal general Pam Bondi anunció que Estados Unidos había duplicado a $50 millones la recompensa por la captura de Maduro, calificándolo de “uno de los mayores narcotraficantes del mundo y una amenaza para nuestra seguridad nacional”. Bondi afirmó que Maduro lidera el Cartel de los Soles, una organización de narcotráfico incrustada en las fuerzas armadas venezolanas, y que colabora con grupos como el Tren de Aragua, el Cártel de Sinaloa y otras redes criminales transnacionales.
Maduro profundiza la alianza con Rusia
En Caracas, Maduro confirmó el lunes que Venezuela y Rusia están “avanzando” en lo que describió como una cooperación militar “serena y muy productiva”. Durante su programa semanal Con Maduro +, el mandatario dijo que mantiene una “comunicación diaria y permanente” con el presidente ruso Vladímir Putin.
“Rusia es una potencia global capaz de establecer relaciones de igualdad y respeto con países como Venezuela”, afirmó Maduro. “La relación con Rusia es ejemplar: se basa en el desarrollo mutuo y el respeto al derecho internacional.”
El Kremlin reconoció el domingo “contactos” con Venezuela, aunque su portavoz, Dmitri Peskov, no confirmó el reporte del Washington Post sobre una solicitud formal de ayuda militar por parte de Maduro.
“Estamos en contacto con nuestros amigos venezolanos”, dijo Peskov a la agencia rusa TASS, agregando que ambas naciones están unidas por “obligaciones contractuales”.
Maduro ha acusado repetidamente a Estados Unidos de intentar derrocarlo y ha instado a Washington a abandonar sus “planes militares” contra Venezuela.
Expansión de la operación estadounidense
El ejército estadounidense ha incrementado de forma drástica su presencia frente a las costas venezolanas como parte de una operación que la Casa Blanca dice estar dirigida a desarticular redes de narcotráfico y crimen organizado vinculadas al régimen de Caracas.
En agosto, Washington comenzó a organizar un gran despliegue en el sur del mar Caribe, cerca del norte de Venezuela, creando una Fuerza de Tarea Conjunta que inicialmente incluyó tres destructores —equipados para defensa aérea, antisubmarina y antimisiles— y un grupo anfibio con unos 4,500 efectivos. La misión ha incluido patrullas marítimas con aviones de reconocimiento P-8 y vuelos de vigilancia de largo alcance para mapear las rutas del narcotráfico.
En septiembre, el despliegue fue reforzado con 10 cazas F-35B con base en Ceiba (Puerto Rico) y drones armados MQ-9 Reaper en el aeropuerto Rafael Hernández de la isla. Funcionarios estadounidenses afirman que esas aeronaves pueden realizar ataques de precisión contra laboratorios, pistas clandestinas, vehículos o embarcaciones vinculadas al narcotráfico.
El 24 de octubre, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, ordenó el ingreso al Caribe del portaaviones Gerald R. Ford y su grupo de ataque —que incluye el crucero USS Normandy y los destructores USS Thomas Hudner, USS Ramage, USS Carney y USS Roosevelt. El grupo de ataque, con más de 4,000 efectivos y cerca de 90 aeronaves de combate, ha sido descrito por oficiales venezolanos retirados que hablaron con el Herald como la pieza central de una “fase final” destinada a neutralizar a los líderes del Cartel de los Soles y del Tren de Aragua, así como a atacar objetivos fijos y móviles dentro de Venezuela.
Hasta ahora, la fuerza se ha utilizado principalmente en operaciones marítimas. Hasta esta semana, los ataques estadounidenses han tenido como objetivo lanchas rápidas que, según la administración, transportaban narcóticos —la mayoría interceptadas frente a la costa venezolana—, con un saldo de al menos 61 presuntos traficantes muertos.
Funcionarios del gobierno afirman que la fuerza de tarea pronto trasladará sus operaciones a tierra, ya que los narcotraficantes son ahora menos propensos a arriesgar viajes que pueden ser detectados y atacados en el mar. La magnitud del despliegue ha llevado a muchos analistas a concluir que el objetivo final de la misión es la salida del régimen de Maduro, aunque las autoridades estadounidenses no han detalles sobre las acciones que pudiera tomar dentro de Venezuela.
Este artículo fue complementado con información de los servicios cablegráficos de El Nuevo Herald.
Esta historia fue publicada originalmente el 4 de noviembre de 2025, 0:51 p. m..