Venezuela

Estados Unidos acelera acercamiento energético con Venezuela

La presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, habla durante una conferencia de prensa tras una ceremonia de firma de un acuerdo entre Chevron Venezuela y el gobierno nacional, en el Palacio de Miraflores, en Caracas, el lunes 13 de abril de 2026.
La presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, habla durante una conferencia de prensa tras una ceremonia de firma de un acuerdo entre Chevron Venezuela y el gobierno nacional, en el Palacio de Miraflores, en Caracas, el lunes 13 de abril de 2026. AFP via Getty Images

Una delegación de alto nivel de Estados Unidos tiene previsto llegar el jueves a Caracas para impulsar negocios petroleros y mineros, en una visita que subraya el acelerado esfuerzo de Washington por reanudar vínculos con el país sudamericano pese a los riesgos de operar en una de las economías más opacas del mundo.

Detrás de las gestiones diplomáticas hay una realidad contundente: las compañías estadounidenses interesadas en la vasta riqueza mineral de Venezuela podrían encontrarse ingresando a un sector aurífero durante mucho tiempo dominado por grupos armados, sindicatos criminales y redes vinculadas al ámbito militar, lo que genera preocupaciones sobre exposición al lavado de dinero, abusos de derechos humanos y destrucción ambiental.

La visita, encabezada por funcionarios vinculados al aparato de política energética de la Casa Blanca, se espera que produzca memorandos de entendimiento que abarquen el petróleo y minerales clave como el oro, el aluminio y posiblemente el carbón. Aunque es poco probable que los acuerdos generen aumentos inmediatos en la producción, están diseñados para abrir vías a la inversión y restablecer lazos comerciales interrumpidos durante años de sanciones y ruptura política.

Si bien la minería emerge como una nueva frontera, el petróleo sigue siendo el eje central de la estrategia de reenganche de Washington.

Venezuela posee las mayores reservas probadas de crudo del mundo, pero años de mala gestión, corrupción y falta de inversión han dejado su infraestructura energética gravemente deteriorada. La producción, que en su momento superó los 2 millones de barriles diarios, se desplomó a una fracción de ese nivel en años recientes, aunque funcionarios estadounidenses señalan que ha comenzado a recuperarse modestamente desde enero.

Se espera que los acuerdos en discusión se centren en estabilizar la producción existente en lugar de expandirla rápidamente, con énfasis en rehabilitar campos, mejorar la capacidad de refinación y restaurar la frágil red eléctrica del país, una limitación crítica para las operaciones energéticas.

Funcionarios estadounidenses han advertido que cualquier aumento significativo tomará tiempo.

“La producción ya ha comenzado a aumentar”, dijo esta semana en Washington un alto funcionario energético estadounidense, al tiempo que subrayó que reconstruir el sector energético de Venezuela requerirá inversión sostenida, reformas regulatorias y una gobernanza transparente.

Para las empresas estadounidenses y europeas, el potencial es considerable, al ofrecer acceso a vastas reservas en un momento de cambios en la dinámica energética global. Pero los desafíos son igualmente pronunciados, desde infraestructura deteriorada hasta incertidumbre legal y persistentes dudas sobre la estabilidad de los contratos tras nacionalizaciones pasadas.

El renovado acercamiento refleja una estrategia más amplia que tomó forma desde enero, cuando una operación estadounidense antes del amanecer condujo a la captura del exmandatario Nicolás Maduro y dio paso al gobierno interino de la presidenta Delcy Rodríguez.

En los meses transcurridos desde entonces, Washington y Caracas han avanzado con cautela hacia la cooperación, con licencias estadounidenses que permiten negociaciones y acuerdos preliminares de inversión en los sectores energético y minero de Venezuela.

Sin embargo, analistas señalan que el impulso por formalizar la industria minera podría chocar con realidades arraigadas sobre el terreno.

“Este no es un sector convencional”, dijo un analista familiarizado con la industria minera venezolana. “Existen estructuras superpuestas donde grupos armados, mineros informales y actores vinculados al Estado operan simultáneamente”.

Gran parte de la producción de oro de Venezuela se origina en el Arco Minero del Orinoco, una vasta región del sur con escasa gobernanza estatal. Allí han proliferado operaciones mineras ilegales, a menudo supervisadas por bandas criminales, grupos guerrilleros y redes vinculadas a sectores del estamento militar.

El resultado es una cadena de suministro fragmentada y en gran medida no regulada, difícil de rastrear, lo que representa un desafío importante para las empresas extranjeras sujetas a estrictos estándares de cumplimiento.

A pesar de las promesas gubernamentales de restablecer el orden, amplias zonas del sector minero permanecen efectivamente bajo control de actores no estatales, quienes regulan el acceso a los yacimientos, imponen impuestos informales y supervisan redes de extracción y transporte.

Estas condiciones han alimentado numerosos reportes de explotación laboral, daños ambientales y disputas violentas por el control territorial, mientras que la contaminación por mercurio derivada de la extracción de oro ha generado graves riesgos para comunidades indígenas y ecosistemas frágiles.

La apertura a la inversión extranjera se produce en medio de un inusual deshielo en las relaciones entre Washington y Caracas tras la captura de Maduro y la reorganización del liderazgo venezolano bajo Rodríguez.

Desde entonces, funcionarios estadounidenses han mantenido contactos regulares con autoridades venezolanas como parte de un esfuerzo gradual para estabilizar la economía y las instituciones del país. Para Caracas, este acercamiento representa una oportunidad para atraer capital extranjero y reactivar industrias debilitadas por años de mala gestión y sanciones.

Se espera que ejecutivos de importantes empresas de energía y minería participen en reuniones relacionadas con la visita, lo que refleja un creciente interés corporativo pese a las persistentes preocupaciones legales y reputacionales.

Aun así, muchas compañías siguen actuando con cautela, conscientes del historial de nacionalizaciones en Venezuela y de las incertidumbres que rodean su transición política.

Antonio Maria Delgado
el Nuevo Herald
Galardonado periodista con más de 30 años de experiencia, especializado en la cobertura de temas sobre Venezuela. Amante de la historia y la literatura.
Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA