Un vino con sabor a nostalgia de Cuba
En Oregon, en medio de un valle donde hay pocos latinos y casi ningún cubano, un camino empedrado derivado de la carretera 22 lleva a una casa de estuco flanqueada por las banderas de Cuba y Estados Unidos, con el paisaje de la ciudad de Salem al fondo.
Allí, en 21 acres de terreno fértil para el cultivo de la uva, el neurocirujano cubanoamericano Mauricio Collada Jr. ha recreado un pedazo de su isla natal en Cubanísimo Vineyards, unos viñedos que dan un Pinot Noir perfecto para acompañar platos como el lechón asado y la paella. En el patio sembrado de palmas, se baila salsa, y en el salón de degustación no sólo se habla del sabor y elaboración de los vinos, sino que se discute la historia y el presente de Cuba.
"El vino que sale este año tiene sabor a frambuesa y a cereza, un tanino que no entra en contraposición con la uva, un retrogusto sedoso y un cuerpo medio que lo hace ideal para la comida cubana'', describió Collada, un apasionado de los vinos que reside y ejerce la medicina en Oregon desde 1983, y posee hoy una de las 400 compañías vinícolas de la zona. Estas tierras destacan por su Pinot Noir, el cual comenzó a ganar prestigio cuando a finales de los años 70 superó en varias competencias a los vinos franceses de Burgundy.
"Siempre he sentido mucho orgullo de mi cultura y del lugar donde nací y quería hacer un vino que los celebrara'',afirmó Collada, que llegó de Cuba en 1962, cuando tenía nueve años.
Coleccionista de vinos desde su juventud, Collada se inspiró en las etiquetas antiguas de tabaco cubano para diseñar la que distingue las botellas de Cubanísimo, que hoy vuelan de los anaqueles de las vinaterías del sur de la Florida, pero al principio provocaban una sonrisa incrédula en los amantes del vino.
"Fue algo muy divertido. Cuando se trajo Cubanísimo, la gente decía: ¡Un vino de Cuba! y se reían'', contó Vladimir Ordaz, manager de Happy Wine, ubicada en la calle Ocho y la avenida 57, en Miami.
"Tuvimos que explicarles la pasión de este neurocirujano por el vino y la gente comenzó a comprarlo. Este último año ha sido de éxito total. No ven a Cubanísimo como un ardid publicitario sino como un vino serio, hecho por alguien que tuvo la audacia de colocarle el nombre de su tierra'', añadió Ordaz, indicando que durante las fiestas se agotó toda la existencia y ahora esperan la llegada de 10 cajas.
Collada comenzó a interesarse por el vino y "su aspecto biológico'' cuando estudiaba Premedicina en la Universidad de Miami. "Hacía vino de plátano y mango en el garaje de mi casa. Pero como no sabía controlar el nivel de alcohol, lograba una bebida muy fuerte que emborrachaba a mis amigos. Mi viejo creía que estaba loco'', contó Collada, recordando a su padre, el pintor Mauricio Collada, fallecido en 1989.
"De todas formas, toda la familia probaba mis ‘jugos' y hacían comentarios muy positivos'', añade Collada, cuya madre reside aún en Miami.
Cubanisimo Vineyards, en un terreno que Collada adquirió en 1986 y comenzó a cultivar en 1991, es un negocio familiar en el que trabaja la esposa del médico, Debra Collada --encargada de eventos-- y su hija Christina Collada, administradora de la oficina.
Para Christina, "el apoyo de los cubanoamericanos a nuestro vino ha sido inmenso. A pesar de no provenir de una cultura entusiasta del vino, se han convertido en los mejores embajadores de nuestra marca'', afirmó la joven de 25 años, graduada en Economía de Portland State University.
"Los cubanos son muy comunicativos. Me han conmovido mucho las historias que cuentan las familias sobre su emigración a Estados Unidos y las profundas emociones que rodean todo lo relacionado con Cuba'', añadió Christina, sobre los testimonios y conversaciones que ha escuchado en el salón de degustación de Cubanisimo Vineyards, el cual está decorado con "una isla de Cuba pintada en el suelo y muchos afiches y obras de artistas cubanoamericanos en las paredes''.
Por su parte, el doctor Collada quiso plasmar la pasión por su país en la etiqueta de Cubanísimo, poniendo el escudo de la República de Cuba. ‘Para dejar claro que no se trata sólo de un nombre, sino de una manera de demostrar mi orgullo de ser cubano'', reafirmó Collada.
"Cuando uno empieza a plantar la viña, toma casi cinco años para lograr la producción'', informó Collada, que actualmente produce 2,000 cajas de vino --tinto, rosado y Pinot gris-- al año, con precios que van de $16 a $30 la botella.
En Cubanísimo Vineyards, hay un anfiteatro y una pista de baile, donde tocan orquestas en fines de semana especiales, como Memorial Weekend. ‘‘Es una fiesta a todo dar, en la que se celebra el vino y se sirven tapas al estilo cubano: croquetas, mariquitas de plátano, empanadas y sándwiches'', comentó Collada, indicando que no sólo en esos días, sino durante los meses que permanecen abiertos los viñedos --de marzo a diciembre- reciben muchos visitantes de Miami.
Mientras los gestores de Cubanísimo Vineyards estudian cómo ampliar la producción y el mercado, en sus bodegas espera un nuevo vino, el Rumba Pinot Noir, que se embotelló en octubre y estará a punto para el año próximo. En la etiqueta vibra una bailarina inspirada en viejas fotos de las rumberas cubanas.
"La llamaron ‘Lolita' en broma, y el nombre se ha quedado'', contó Christina sobre la muñeca que es símbolo de un vino que festeja a la vez una tradición y un nuevo proyecto.
Esta historia fue publicada originalmente el 9 de enero de 2011, 9:21 p. m. with the headline "Un vino con sabor a nostalgia de Cuba."