César Odio, ex administrador de Miami y figura conocida del exilio cubano, muere a los 84 años
César Humberto Odio, que dirigió a Miami durante algunos de los más difíciles y dolorosos momentos que vivió la ciudad en los tiempos modernos, murió a los 84 años.
Carlos, el hijo de Odio, dijo que su padre falleció en las primeras horas del sábado en su casa de Key Biscayne.
Odio, que trabajó como asistente del administrador de Miami durante el éxodo del Mariel, en 1980, y luego como administrador de la ciudad de 1985 a 1996, tenía un tumor raro y agresivo —un carcinoma neuroendocrino— “que se descubrió solo hace tres semanas”, dijo su hijo.
La batalla contra el cáncer sería un combate más, en una vida en que tuvo que enfrentar muchos, que no pudo ganar.
DOS VECES EXILIADO EN MIAMI
Nacido en La Habana, el 30 de enero de 1936, como el mayor de 10 hijos, Odio se exilió dos veces en Miami. La primera, en los años 50, cuando luchó contra el régimen de Batista junto a sus padres. Odio se fue de Cuba rumbo a Miami a los 24 años y con dos hijos de su primera esposa.
El primer empleo que tuvo en la Ciudad Mágica fue lavando platos.
Odio regresó a Cuba para dirigir una compañía subsidiaria del negocio de camiones de su padre. Pero cuando sus padres fueron arrestados y encarcelados durante 10 años por conspirar contra Fidel Castro, Odio volvió a marcharse a Miami en 1960, dijo su familia.
Odio no tardó mucho en empezar a trabajar en Maule Industries, una compañía de cemento que dirigía un amigo que había conocido en su primer exilio: el difunto Maurice Ferré, que dejaría su propia huella en la historia política de Miami como el primer alcalde puertorriqueño.
“César fue una pieza clave en varios capítulos de la historia del exilio cubano y de Miami”, dijo su familia en un obituario que preparó. “Maurice Ferré ha sido llamado el ‘padre del Miami moderno’. César fue más parecido a un entrenador, enfocado en el personal y la preparación, y ver a su equipo sobrevivir tanto victorias como derrotas”.
‘ERA UN PROBLEMA CUBANO’
El comisionado de Miami-Dade Xavier Suárez fue el primer alcalde de Miami en haber nacido en Cuba. Sus primeros ocho años en el cargo, a mediados de los años 80, coincidieron con la época en que Odio era el administrador municipal.
Cuando tuvo lugar el éxodo del Mariel, en mayo de 1980, Suárez se reunió con Odio en lo que entonces se dio en llamar la Ciudad de las Carpas, un área debajo de la autopista I-95 en el downtown de Miami que albergó temporalmente a cientos de refugiados cubanos que habían llegado en diferentes tipos de embarcaciones.
Odio trabajó en la Ciudad de Miami durante 17 años, 11 de ellos como administrador de la ciudad. Durante su cargo, según reportó el Miami Herald, “Odio se convirtió en una de las figuras del exilio más conocidas del país”.
Odio se encargó de organizar la ayuda para miles de de refugiados cubanos después de la Flotilla del Mariel, ayudó a controlar las revueltas en Miami en la tumultuosa década, y en una prisión federal donde los cubanos detenidos se amotinaron por las terribles condiciones en que vivían.
“Lo que hizo que su trabajo fuese excepcional, es que fue el mejor administrador que se pudo haber encontrado para enfrentar una crisis”, dijo Suárez de Odio.
“Recuerdo que entonces yo no era alcalde, sino un aspirante frustrado a la Comisión de la ciudad, había perdido una de las muchas elecciones, y fui a la Ciudad de las Carpas para ver algunos amigos que trabajaban allí como voluntarios. Unos liberales muy humanizados sobre el tema de la inmigración, y él también pensaba así. Ver trabajar a César como asistente del administrador de la ciudad, junto a todos los voluntarios, y el espíritu de dar que tenían todos, el tratar a los refugiados como si fueran importantes personas de la comunidad, fue algo realmente reconfortante”, añadió.
Odio diría después que fue su experiencia familiar, y el encarcelamiento de sus padres en Cuba bajo el sistema castrista, lo que lo inspiró.
“Sentí que tenía la obligación de ayudar a mis compatriotas. Yo conocía a mi pueblo. Era un problema cubano”, Odio dijo al Herald en 2005. “En todo lo que hice y cada decisión que tomé tenía una sola cosa en la mente: hay que resolver este problema”.
AYUDA A LOS INMIGRANTES
Más tarde, cuando Odio era el administrador de la ciudad, y Suárez el alcalde, de nuevo Odio dio muestras de su compasión. En esta ocasión, para un grupo de unos 125 nicaragüenses que vivían hacinados en una casa de dos pisos en la avenida 12 en La Pequeña Habana, recuerda Suárez.
Odio fue a ver a Suárez para buscar “respaldo” y mudar a los nicaragüenses al estadio de béisbol Bobby Maduro como un refugio donde pudieran recibir comida y medicinas.
“Estas no son condiciones de vida dignas”, le dijo Odio al alcalde, recuerda Suárez. Quería una autorización para moverlos.
“No fue una aprobación, no fue votada por la Comisión en su conjunto, pero él quería mi luz verde para trasladarlos a una instalación de la ciudad”, dijo Suárez, “Mi única indicación fue: ‘Asegúrate de notificar al gobierno que estás haciendo esto porque no querrás parecer cómplice de violar las leyes de inmigración”.
Odio sintió que tenía que decirle a Suárez que no sabía si podía hacerlo. Había un asunto de urgencia. Suárez apoyó a Odio, quien tendría que asumir la culpabilidad si los federales se negaban.
Al final, la medida siguió adelante y Suárez y Odio obtuvieron la aprobación para usar partes del estadio para albergar también temporalmente a unos 125 residentes de Miami sin hogar.
“Estos son algunos de sus aspectos positivos”, dijo Suárez sobre Odio. “Lo hizo con un gran corazón. Clásico César Odio. Era un tipo práctico, un hombre compasivo. Tenía sus defectos, todos lo sabemos, pero en estos dos casos, demostró que su corazón estaba en el lugar correcto”.
Recuperación del Andrew
Frank Rollason, el actual director de Manejo de Emergencias de Miami-Dade, surgió con Odio y mantuvo amistad con él. Los dos se vieron por última vez el miércoles por la noche en la casa de Odio. Ambos sabían que sería la última vez. “Fue bueno para él. Fue bueno para mí”, dijo Rollason.
“Para mí, fue un gran administrador. Fue administrador de la ciudad durante más de 15 años, lo que dice mucho cuando se mira el ciclo de los administradores”, dijo Rollason. “Fue un buen mentor y un buen amigo”.
Odio nombró a Rollason como gerente de gestión de huracanes y recuperación de Miami después que el huracán Andrew devastara el sur del Condado en agosto de 1992.
“Yo era el jefe de bomberos en ese momento y me dijo: ‘Quiero que te hagas cargo de la recuperación del huracán Andrew’. Le dije: ‘No sé nada sobre FEMA’. Su respuesta fue: ‘¡Consigue un libro!’ ”, dijo Rollason.
“Tengo un libro. Y lo estuve haciendo durante más de siete años”, dijo Rollason. “Era una buena persona que se preocupaba por ti y ye cuidaba”.
Dos meses antes de Andrew, en junio de 1992, un editorial del Miami Herald opinó: “El señor Odio ha demostrado ser un líder natural, experto en elevarse por encima de las engorrosas políticas inherentes a su puesto, ansioso por salir de detrás de su escritorio en el Ayuntamiento y entrar en vecindarios que necesitan saber que alguien presta atención a sus preocupaciones”.
Permanencia y caída de Odio
Durante el mandato de Odio, Miami se hizo de la franquicia de baloncesto Miami Heat, fue escenario de la primera Cumbre de las Américas, recibió las visitas del Papa Juan Pablo II y de la Reina Isabel II.
Campeón de remo y entrenador, Odio cofundó el Miami Rowing Club y, en su retiro, entrenó al equipo masculino de Barry University.
También hubo tiempos turbulentos durante su paso por la oficina de Miami.
Cuatro años después de recibir aplausos por su trabajo para ayudar a reconstruir Miami después de Andrew, Odio fue el primero en ser atrapado en la investigación de la Operación Greenpalm del FBI sobre la corrupción en el Ayuntamiento de Miami en septiembre de 1996.
Odio fue acusado formalmente de conspirar para robar $12,500 al mes de una compañía de seguros que estaba haciendo negocios con la ciudad. Odio renunció y sirvió un año en el campo federal de prisioneros en la Base de la Fuerza Aérea Eglin en Pensacola. Quedó en libertad en octubre de 1998.
Vida después de la política
Odio luchó por reconstruir su reputación, uniéndose a su hermano Javier en la consultoría de Tropical Development en proyectos de construcción en el sur de Florida. También fue entrenador de remo, mentor de atletas jóvenes y disfrutó del tiempo en familia.
“Después de su jubilación, César aceptó su papel de patriarca generoso, esposo amoroso y abuelo cariñoso conocido como Beto”, dijo su familia en un comunicado. “Estamos orgullosos del trabajo que hizo en la ciudad de Miami durante 17 años. Era un solucionador de problemas que creía profundamente en el poder del gobierno para ayudar a la gente, cuando es dirigido por servidores públicos que anteponen las soluciones a la política”.
Un “superdemócrata”, dijo su hijo Carlos. El “trato de Odio a los refugiados de Cuba, Haití y Nicaragua, a los trabajadores agrícolas indocumentados en riesgo por una tormenta y a los pobres de Miami que se quedaron sin comida después del huracán Andrew, por nombrar algunos” se deriva de la creencia de Odio, dijo su familia, “en que todas las personas merecen la misma bienvenida y atención que él percibió que su familia había recibido en este país”.
Sobrevivientes y servicios funerales
Los sobrevivientes de Odio incluyen a su esposa, María Antonieta Prío; sus hijos César, Julia, María Cristina (Kiki), Carlos y Sarah; 10 nietos y seis bisnietos. Su hijo, el entrenador de baloncesto de la Universidad de Barry, Cesar Odio Jr., falleció en 2016.
La familia planea realizar una celebración de su vida en una fecha aún por determinar.
Esta historia fue publicada originalmente el 17 de octubre de 2020 a las 6:49 p. m. con el titular "César Odio, ex administrador de Miami y figura conocida del exilio cubano, muere a los 84 años."