Matrimonio llevaba junto 57 años. La pandemia del coronavirus mató al esposo
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En muy pocos días, el coronavirus le provocó la muerte a Richard Curren.
Curren, y su esposa, Sheila Curren, vivían en la residencia de ancianos Atria Willow Wood en Fort Lauderdale cuando Curren se enfermó el miércoles pasado. Se sintió débil, y comenzó a tener problemas para respirar.
Al principio, a los Currens no les preocupó mucho. “Solo estaba un poco enfermo, y no uno corre de inmediato a la sala de emergencias”, dijo su hija, Tracy Curren Wieder.
El domingo por la noche, Curren, de 77 años, murió.
Curren es uno de los tres ancianos que vivían en la residencia de ancianos y cuyas muertes están siendo investigadas por las autoridades de salud de la Florida. Hasta ahora, es la única persona que ha dado positivo por el coronavirus, la pandemia global que ha demostrado ser particularmente mortal entre la población de edad avanzada, así como en otras personas que tienen una salud delicada.
Aunque los ancianos y las personas incapacitadas buscan protección en asilos, residencias de ancianos e instalaciones de cuidados de salud, estos lugares pueden ser sitios de gran contagio.
Las autoridades de salud han dicho que 26 personas han muerto recientemente en la residencia de ancianos Life Care Center en Kirkland, Washington, en las afueras de Seattle, de las 13 que arrojaron positivo por el COVID-19, la enfermedad que provoca el coronavirus. Hasta el momento, no se sabe con certeza cuántas muertes se le pueden atribuir al virus.
En la Florida hay 691 asilos, con unas 84,448 camas, y hay otras 3,080 residencias de ancianos, que tienen cerca de 106,103 camas.
En una conferencia de prensa que tuvo lugar el miércoles, Mary Mayhew, secretaria de la Agencia para el Cuidado de Salud, dijo que hay 19 instalaciones donde hay sospechas o tienen casos confirmados de la infección.
Mayhew no quiso decir los nombres de las instalaciones donde por lo menos un caso de infección se sospecha o se ha confirmado, solo los condados.
Mayhew tampoco dijo si todos los residentes y empleados de las instalaciones serán examinados.
Tras la muerte de Curren, y las muertes de otros dos residentes, funcionarios y autoridades de salud de Fort Lauderdale han tomado algunas medidas para proteger a otros en la residencia de ancianos, al igual que en el resto de la ciudad. Los rescatistas que han respondido a llamadas para ayudar en estas instalaciones han sido identificados, y en la actualidad están aislados para evitar más contactos.
Entretanto, Fort Lauderdale Fire Rescue confirmó el miércoles que alguien relacionado con la residencia de ancianos tiene síntomas relacionados con la enfermedad.
No se sabe si la persona que se llevó a analizar es un empleado o un residente.
El miércoles por la tarde, el Departamento de Salud de la Florida anunció que en todo el estado había 328 casos positivos de COVID-19, entre ellos, ocho muertes.
Oriundos de Chicago, Richard y Sheila Curren —que llevaban casados 57 años cuando Richard murió— se mudaron a Miami Beach en el 2012 para estar cerca de su hija y sus dos nietos, dijo Sheila Curren, de 76 años. “Nunca soñamos con retirarnos a la Florida”, dijo. “Simplemente ocurrió”.
Cuando los problemas respiratorios de Curren empeoraron el viernes, la pareja llamó a los rescatistas, y Curren fue transportado al Hospital Holy Cross para ser evaluado allí. El antiguo agente de viajes había padecido problemas respiratorios en el pasado y, en un principio, sus familiares no se preocuparon mucho.
El domingo, sin embargo, el estado de Curren no había mejorado. Se le diagnosticó una neumonía bacterial, dijo Wieder. Tenía 103 grados Fahrenheit de fiebre, y los niveles de oxígeno del cuerpo estaban peligrosamente bajos. A Curren se le ponían fluidos de forma intravenosa, junto con antibióticos.
Pero cuando en la mañana del domingo, Wieder le pidió a la doctora que atendía a su padre que le hiciera una prueba para ver si tenía el COVID-19, la doctora se negó a hacerlo. “Me dijo que no era un candidato”, dijo Wieder, de 50 años. “Me preguntó si había estado en China”.
Sin embargo, ese mismo día por la noche, los médicos reconsideraron la situación. Curren fue analizado y luego lo trasladaron para aislarlo en una habitación, donde el personal médico usaba equipos de protección y máscaras, dijo Wieder.
Cerca de las 10 p.m. del domingo, los resultados estaban listos. Wieder dijo que el personal del hospital llamó al Departamento de Salud y a la residencia de ancianos para reportar que las pruebas habían dado positivo, pero no a la familia.
“Seis horas después”, dijo Wieder, “murió. Fue entonces, que me llamaron”.
El hospital dijo que a Richard Curren le dio un paro cardíaco cerca de las 4 a.m., dijo Wieder. “Dijeron que durante 35 minutos trataron de revivirlo. Fue después que me informaron que había dado positivo por el COVID”.
“Solo Dios sabe cuántas infecciones causaron por no haberlo aislado y analizado inmediatamente”, dijo Wieder, que trabaja como supervisora de investigaciones de laboratorio en la Universidad de Miami (UM), y esta semana publicó un artículo sobre las medidas de seguridad en un laboratorio en Clinical Lab Manager, una revista de internet.
Las autoridades de salud de Broward le dijeron a Wieder y a su madre que tenían que ser analizadas, dijo Wieder. Las dos mujeres, junto con uno de los hijos de Wieder, decidieron aislarse voluntariamente en la casa de Wiederen en el Condado Miami-Dade para proteger a otras personas.
Mientras tanto, Wieder se encarga de la tarea de preparar los funerales de su padre. “Vamos a hacer algo muy privado y muy significativo”, dijo.
La reportera Mary Ellen Klas del Miami Herald/Tampa Bay Times Tallahassee Bureau, y la reportera del Miami Herald Michelle Marchante contribuyeron con este reporte.
Esta historia fue publicada originalmente el 19 de marzo de 2020, 9:46 a. m..