El amor en tiempos del coronavirus
No puede besar a la novia.
Bailar mejilla con mejilla infringe el nuevo protocolo de distanciamiento social. Brindar con copas de champaña contaminadas con saliva puede transferir decenas de miles de microbios. ¿Y el tradicional lanzamiento del ramo de flores? Olvídese de eso.
El amor en tiempo del coronavirus no es nada romántico. Bodas y lunas de miel canceladas. Sueños pospuestos.
Incontables parejas han tenido que abandonar o posponer sus bodas por el COVID-19, que también está devastando los negocios relacionados con las bodas: planificadores de eventos, empresas de banquetes, jardines de flores, fotógrafos, sastres y costureras, músicos y locales populares que cuentan con varias recepciones cada fin de semana.
Helen Roldan y Luciano Carneiro, de Miami Lakes, fueron a Brasil una semana antes de su boda el 21 de marzo en su localidad natal de Campos dos Goytacazes. Era igual de importante porque también celebrarían una reunión con familiares de España, Sudamérica y Estados Unidos. Pero cuando el coronavirus empezó a propagarse y los planes de viaje de sus invitados se vieron afectados, rápidamente redujeron los invitados de 150 a 70, y las damas de honor de seis a tres.
Un día después, las malas noticias se intensificaron, y temían quedarse empantanados en Brasil, y lo suspendieron todo, incluida una meticulosamente planeada excursión a Buzios, el paso en una embarcación, la recepción en una hacienda, las botellas de cachaza de regalo con etiquetas que decían “Helen & Luciano, Brasil 2020”.
El martes brindaron con capirinha a manera de consuelo mientras la policía desalojaba los bares en Río, abordaron el último vuelo de salida de American Airline, y llegaron a casa, donde ahora se dedican a mirar Netflix en medio de un aislamiento autoimpuesto.
“Estamos en una luna de miel que nunca llegó de la boda que no se hizo”, dijo Roldan con humor negro. “Nuestros amigos le dicen la boda de la plaga”.
Los suministradores a quienes contrataron prometieron respetar los pagos por un total de $20,000 en el futuro, excepto la florista, quien entregó numerosos ramos de flores a la pareja el lunes porque las flores frescas no se pueden devolver. Con muchas ganas de tener algunos recuerdos, se pusieron su ropa de bodas y se tomaron fotos.
“Nunca he experimentado esta combinación de alegría, ansiedad, desesperanza y depresión a la vez”, dijo Carneiro, quien estaba encantada con sus planes de mostrar sus lugares favoritos a sus amigos y pasar tiempo con su padre, sobreviviente de cáncer. “Fue un terremoto de emociones.
“Al menos lo manejamos todo juntos. La situación potencial era de peleas, pero nos seguimos riendo. No había otro remedio”.
Mallie Lesniewski y Luke Guthrie han tenido que posponer hasta octubre su boda, programada para el 28 de marzo en Inglaterra, en la que habían invertido $30,000. Ella está en Miami, él está en la Isla de Man, no se han visto desde enero, y debido a la prohibición de viajes, no tienen idea de cuándo volverán a verse.
Pero están confiados en que su amor perdurará a pesar de la pandemia.
“Tuve un fin de semana brutal, muy deprimente. Luke es muy racional, es británico. Ahora estamos tratando de ayudar a la gente que está en problemas de verdad con el virus”, dijo Lesniewski, quien describió la hacienda histórica donde se iban a casar, acompañados de 90 invitados. “Es un lugar encantado y romántico junto a un lago con sauces llorones y un invernadero.
“Pienso que esto es una prueba a nuestra relación, que data de cuando éramos adolescentes y estábamos juntos en un equipo de natación veraniego. Cada uno se fue por su parte después de eso y nos reencontramos en Facebook in 2017. Él siempre estuvo enamorado de mí. Es un tipo muy agradable. Y ahora estamos separados otra vez”.
Aurora Dillon y Sam Modzelewski habían planeado una boda miamense clásica en exteriores el 4 de abril April 4 en las arenas de South Beach, con una recepción, bar de postres y un DJ en la azotea del Hotel Boulan, pero la pospusieron hasta noviembre, cuando todavía es la temporada cálida y húmeda de huracanes. Él logró asistir a su fiesta de despedida de soltero en Nueva Orleans, en el momento justo que la policía sacaba a la gente de Bourbon Street.
Mientras tanto, la pareja se casará oficialmente cuando presente los documentos en el tribunal, si es que está abierto.
“Lo último fue cuando mi abuela, de 84 años, dijo que era demasiado peligroso venir desde Portland, Oregon”, dijo Dillon, quien planeaba ponerse el mismo velo de novia que su abuela y su mamá. “Entonces nos dimos cuenta que sería terrible si nuestra boda contribuía a propagar el coronavirus”.
“Nuestras familias han tenido unos ochos meses duros y necesitamos que la boda sea una celebración feliz. Llevamos siete años de relaciones, así que podemos esperar para hacerlo como es debido”.
Blake Parker y Charlotte Jay decidieron casarse a las carreras el martes por la noche en el condo del padre de ella, y trasmitieron en vivo la ceremonia a los 230 invitados, 11 damas de honor y 12 padrinos que habían sido invitados a la boda el 28 de marzo en la pintoresca Bonnet House en Fort Lauderdale.
“Charlotte y su padre se echaron Purell en las manos y brazos y hicieron un simulacro de ceremonia”, dijo Parker, de 29 años y dentista en Hollywood. “Él y yo no saludamos tocándonos los codos. Hicimos los votos, intercambiamos los anillos, rompimos las copas y sí, nos besamos, aunque fuera arriesgado. Pero nadie mas se besó o abrazó. Los 12 invitados físicos estaban separados y tenían acceso a toallitas Clorox”.
Una vez que Parker y Jay decidieron posponer la celebración un año, hicieron un plan para una boda informal en la playa. Para entonces la playa estaba cerrada, así que improvisaron una vez más porque Jay quería que su abuela y una tía, que habían venido de Inglaterra, participaran en la ceremonia antes de tener que regresar antes del miércoles.
Los 275 negocios del sur de la Florida dedicados a la producción de eventos están sufriendo tanto o más que los novios. Miles de actividades ya han sido borradas de sus almanaques.
“Tenemos un cupo limitado de fechas uy horas, y en el año hay solamente 52 sábados”, dijo Dean Holderman, codueño de So Cool Events, refiriéndose al día preferido para bodas, fiestas, quinces y bar y bat mitzvahs. “La gente no se da cuenta de que no nos contrata por un día o seis horas. Son meses de planeación y preparación antes de la actividad.
“Los negocios pequeños dependen del flujo de efectivo. Los clientes necesitan reprogramar sus actividades para que el sector se recupere a largo plazo”.
Robert Egert, presidente de Exquisite Catering en North Miami, por lo general atiende 100 bodas al año, que representan 20% de sus ingresos anuales de $9 millones. Egert está atendiendo cancelaciones, incluidas dos bodas en Pembroke Pines planeadas para este sábado y domingo. El catering a los negocios, que son la mayor parte de su negocio, ha bajado de entre 30 y 40 pedidos diarios a solo dos. Egert mantiene trabajando a sus 55 empleados y 18 camiones en un horario reducido, entregando comidas a la Guardia Nacional en Broward y Miami-Dade.
“Estamos haciendo reembolsos de 100%, aunque una vez que empezamos a cambar fechas, perdemos dinero, porque esto está fuera del control de todos. Esperamos que en el futuro nuestros clientes regresen con nosotros”, dijo.
“Esto va para largo. Al menos con los huracanes uno sabe cuándo llega y cuándo se va. ¿Cuándo terminará esto? Nadie sabe”.
Egert dijo que se solidaria con las parejas que tienen que modificar sus planes de bodas, pero mucho más con los alumnos de último año de secundaria, que perderán sus fiestas de fin de año y ceremonias de graduación.
“Esos recuerdos no se recuperan”, dijo. “Uno se puede casar más tarde. Pero de todas formas, la gran mayoría termina divorciada”.