El coronavirus no solo deja a camareros sin trabajo. Empleados de ‘cuello blanco’ también sufren
Nick Castillo acababa de conseguir un empleo de gerente de ventas en un distribuidor de equipos en el sur de la Florida, con un sueldo de $70,000 al año más comisiones.
“Trabajar allí era fantástico”, dijo Castillo, de 31 años y quien está graduado de una maestría en Administración. “Los jefes, el grupo propietario, todos”.
Y a pesar de que la situación estaba empeorando, dice Castillo, la notificación de despido que recibió hace dos semanas resultó inesperada. “Me sorprendí mucho, estaba triste, hasta un poco furioso”, dijo. “Tengo un hijo de tres años y una hipoteca... pensé que las ventas no se verían muy afectadas”.
Castillo está entre las decenas de miles de empleados de la Florida que se han quedado sin empelo. Y aunque la atención en estos tiempos de pandemia se centra en los sectores minorista y de hospitalidad, los empleados administrativos como Castillo también enfrentan despidos.
“Como vimos en la recesión de 2008, las pérdidas de empleo se hacen sentir en la mayoría de los sectores y ocupaciones”, dijo en un email Ned Murray, profesor adjunto del Centro Metropolitano Pérez de la Universidad Internacional de la Florida. “Aunque muchos empleos en estos sectores son salario bajo, estos sectores emplean también a muchos profesionales”.
Los llamados empleados de cuello blanco —ventas, tecnología, administración y oros— son ahora el 54% de la economía del país, con aproximadamente 80 millones de plazas, según un análisis del Washington Post.
“El impacto sobre estos empleados debe ser menos severo que entre los otros, pero dada la fuerte baja en la producción económica y el gasto del consumidor en ese momento, es muy poco probable que los empleos administrativos salgan indemnes de esta crisis”, dijo Abbey Omodunbi, economista de PNC Financial Services Grocup, en un correo electrónico. “De manera que espero pérdidas de empleos en ese grupo, pero sí habrá. Mientras más tiempo se demore la crisis, más empleos se perderán y más amplia será entre las diferentes categorías de empleos”.
Y aunque esos empleados son menos vulnerables económicamente a corto plazo, por lo general contribuyen una mayor porción a la economía en general que los trabajadores. Cuando esos empleados bien pagados se pierden, el gasto del consumidor baja.
Entre los afectados está Lisa Wright, 56, asesora de programación por contrato con una de las grandes compañías de hospitalidad de Miami. Wright y cientos de otros contratistas fueron despedidos en masa en una conferencia telefónica.
La noticia fue un choque dada la escala del proyecto en que estaba trabajando. Wright se considera con más suerte que otros; solamente tiene que ocuparse de sí misma y dice tiene un colchón financiero suficiente a a corto plazo.
La mujer se muestra optimista de que su experiencia la permita encontrar un nuevo empleo, aunque dijo que una compañía local con la que tenía planeada una entrevista la canceló a último momento.
“Hay mucha incertidumbre en todos los negocios”, dijo. Declinó decir cuánto estaba ganando pero dijo que funcionaba a alto nivel en la empresa.
Para conservar efectivo, aceptó ofertas de prorrogar pagos de su nueva casa en Broward, así como el pago del auto. Pero teme que la crisis se prolongue y tenga que echar mano al dinero del retiro.
Mark Muro, director de políticas del Metropolitan Policy Program del grupo de estudios Brookings Institution, advierte que al mercado laboral quizás no mejore hasta después que pase la crisis inmediata. Eso se debe a que la adopción de la tecnología se acelera en ciclos empresariales a la baja, dijo, “es casi una ley económica”, afirmó.
Y con el avance de la tecnología, un número cada vez mayor de profesiones, como recursos humanos, mercadotecnia y finanzas, probablemente serán reemplazadas por software, dijo.
“Esto va a ser un gran cambio, porque las compañías se van a dar cuenta que la tecnología es mucho más barata que el personal”, dijo Muro.
Kristen Elle Solórzano, profesional de las relaciones públicas, fue despedida de una cadena de hoteles donde ganaba $43,000 al año. La mujer empezó en la compañía en enero, presentando ideas a periodistas y manejando las redes sociales.
“Debido al coronavirus, la compañía ha perdido millones de dólares y decidió despedir a la mitad del personal, entre ellos yo”, dijo Solórzano, de 24 años.
La joven se dedicó de inmediato a preguntas sobre empleos en la redes sociales, describiendo sus habilidades en grupos de Facebook, como un título de la Universidad de la Florida y un certificado de Harvard. Más de 50 personas le contestaron, con mensajes como: “Si me entero de algo te aviso. Fuerte ahí”.
También recibió mensajes sobre plazas en una compañía de audífonos y en la Ciudad de Miami, un enlace con una página de empleos, un programa para trabajar para Disney desde casa y algunas sugerencias para una solicitud en Instacart, que contrata personas para comprar y entregar víveres. Una persona publicó la información de contacto de un abogado que ayuda a las personas a recuperar ingresos perdidos.
Pero más de 10 días después, Solórzano sigue sin encontrar empleo. Y también tiene otras cosas de qué preocuparse:
“Tengo tres hermanastras jóvenes, a quienes ayudo a mantener, así como mi padre y mi madrastra. Estoy buscando trabajo por contrato en mercadotecnia y redes sociales, cualquier cosa en mi campo. El problema es que nadie está contratando ahora”.
Castillo, el gerente de ventas, dice que se considera con suerte: su esposa es enfermera, sí que todavía están ganando dinero para mantener a su hijo de tres años.
Pero también tiene una hipoteca de $2,000 mensuales que pagar. Castillo calcula puede aguantar dos o tres semanas. No quisiera solicitar ayuda del gobierno, pero ya ha solicitado asistencia por desempleo, y duda que pueda encontrar un empleo antes que llegue el primer cheque.
“Desafortunadamente, ese dinero no alcanza para mucho”, dijo.