¿Piensas que los hispanos simplemente se oponen a la vacuna contra COVID-19? No es tan sencillo
A nivel nacional, la idea de que una gran cantidad de hispanos no se vacunarían pese a que constituyen uno de los grupos demográficos más afectados por el COVID-19 ha sido tan popular que la administración del Presidente Joe Biden anunció que invertirá $10 mil millones para combatir ese problema en las comunidades minoritarias. Su plan incluye comerciales de televisión en canales hispanos y mejoras al acceso a los centros de vacunación.
Sin embargo, el Nuevo Herald descubrió que la situación es más compleja en el sur de la Florida, donde una reciente encuesta, entrevistas con la comunidad y un análisis de datos sugieren que la mayoría de los hispanos se vacunarían y ya se están vacunado a tasas normales, pese a que enfrentan obstáculos para hacerlo.
Uno de los hispanos que desea la vacuna, José Alfredo, un hondureño de 52 años que vive en el sur de Miami hace 7 años, aseguró que la quiere para proteger a sus seres queridos. El Herald no publicó su apellido ya que es un inmigrante indocumentado.
“Si yo pudiera les mandara la vacuna para allá también”, dijo, refiriéndose a sus siete hijos que viven en Tegucigalpa. “Como cualquiera, yo quiero ver sana a mi familia”.
Cómo Jose Alfredo hay muchos hispanos que se quieren vacunar, pero muchos de ellos también enfrentan barreras para hacerlo. Esas barreras, que afectan a todos los hispanos independientemente de su raza y nivel socio-económico, incluyen la inhabilidad de perder un día laboral para ir a conseguir su vacuna, la falta de documentación legal, el no poder hablar inglés o español (algunos solo hablan lenguas indígenas de América Latina), la desconfianza sobre el cuidado médico y la información errónea acerca de la vacuna contra el COVID-19. Además, les resulta difícil mantenerse al día con los cambios frecuentes a los requisitos para vacunarse y a las ubicaciones de los centros de vacunación.
Erick Sánchez, un organizador de WeCount!, un centro para trabajadores inmigrantes en el sur de la Florida, sale casi todas las madrugadas a distintos sectores del Condado Miami-Dade para conversar con agricultores y jornaleros sobre cómo puede ayudarlos.
El activista dijo que calcula que entre el 70% y 80% de los hispanos con quienes interactúa concluyen que sí se pondrían la vacuna, después de que él les explica lo que es y cómo funciona. Sin embargo, tienen otros problemas que atender antes que eso.
Por ejemplo, muchos han sido desalojados de sus hogares o han enfrentado dificultades para pagar sus cuentas o comprar comida, debido a que la demanda de trabajo ha bajado con la pandemia. No se pueden dar el lujo de perder un día de trabajo para explorar la posibilidad de recibir una dosis.
Otros no tienen identificaciones o licencias del gobierno u otras formas de probar la residencia en el estado, como facturas de servicios públicos. Pese a que pagan renta en un domicilio en Florida, viven hasta 10 personas bajo el mismo techo, dijo Sánchez, lo que significa que no todos tienen un recibo de luz o agua a su nombre.
El asistente de la administradora municipal de Homestead Zackery Good le dijo al Herald que los sitios de vacunación del Condado Miami-Dade aceptan las tarjetas de identificación de los trabajadores indocumentados que a menudo son emitidas por organizaciones como WeCount! como prueba de residencia. La oficina de la alcaldesa de Miami-Dade confirmó esa información al Herald, pero aún no se ha divulgado ampliamente.
Las reglas confusas que han estado cambiando rápidamente representan otra razón por la que las personas que sí se quieren vacunar no han podido. Muchas veces, el sistema no ha brindado suficiente información o ha brindado información conflictiva.
En una reciente mañana a principios de abril, Gabriel Alcalá, un ilustrador de 36 años, manejó 45 minutos desde su casa en South Dade, cerca del zoológico de Miami, hasta un centro de vacunación en North Miami Beach con la esperanza de recibir una inyección, ya que el estado había expandido la elegibilidad.
Pero ahí fue rechazado. El sitio había cambiado de un centro de vacunación que daba primeras dosis, a uno que solo estaba dando segundas unos solo días antes. Alcalá tuvo que esperar mientras su padre - que había recibido su primera dosis en el mismo sitio tres semanas antes - recibía su segunda inyección.
“La encontraré en alguna parte”, dijo Alcalá entonces. “Todavía soy joven, trabajo desde casa. Pero me gustaría conseguirla”.
Hispanos quieren la vacuna, pero no tienen buena información
Pese a que algunas encuestas nacionales han concluido lo contrario acerca del grupo demográfico, los hallazgos preliminares de una investigación local sugieren que la mayoría de los hispanos en el Condado Miami-Dade están dispuestos a recibir las dosis.
Se trata de una serie de entrevistas realizadas por expertos de psicología en la Universidad Internacional de la Florida (FIU). Los investigadores conversaron desde octubre de 2020 a febrero de 2021 con unos 200 inmigrantes de Latinoamérica y el Caribe -principalmente de Cuba, Colombia, Honduras y Nicaragua - que llevan entre 13 y 14 años viviendo en el sur de la Florida.
Miguel Cano, uno de los organizadores del estudio que aún no ha sido publicado, dijo en una entrevista con el Herald que la mayoría de los participantes —el 74% —reportó que entiende que vacunarse es una acción colectiva para prevenir la propagación del virus y casi el 70% respondió que se piensa vacunar para proteger a sus familias.
Aunque los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) y la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) han anunciado que las vacunas contra el COVID-19 son seguras y efectivas, al menos uno de los participantes del estudio de FIU citó inquietudes durante una entrevista con el Herald sobre los efectos secundarios. El diario no está nombrando al hombre venezolano de 39 años ya que la universidad pidió proteger su identidad ya que participará en futuros estudios de FIU.
El individuo, quien se dedica a bienes raíces y vive en el Condado Glades en el suroeste del estado, dijo que piensa vacunarse, pero que va a esperar de unos ocho a doce meses para hacerlo porque piensa que la vacuna salió muy rápido y le da miedo ponérsela ahora.
“Yo personalmente, soy cauto con todo lo que hago en mi vida”, dijo.
Resaltó lo que ha pasado con la vacuna de AstraZeneca en varios países europeos, donde han parado el uso por varios casos de personas que desarrollaron coágulos. En Estados Unidos, las autoridades federales recomendaron suspender el uso de la vacuna de única dosis de Johnson & Johnson mientras investigan unos casos adversos de coagulamiento en la sangre.
La doctora Aileen Marty, especialista en enfermedades infecciosas en FIU, dijo que personas que piensan así están “observando sucesos raros y sacando conclusiones precipitadas” ya que son pocas las personas que han desarrollado coágulos comparado con los millones que han recibido la vacuna de AstraZeneca. Lo mismo es cierto con la vacuna de Johnson & Johnson.
Marty sugirió que las personas que están debatiendo vacunarse, piensen en los beneficios contra los riesgos. Que se pregunten los riesgos a largo plazo de una infección de COVID, de hospitalización y el riesgo de muerte.
“Luego, compare los riesgos y beneficios de la vacuna, y la vacuna gana fácilmente”, escribió en un correo electrónico a el Herald.
Aunque el equipo de FIU no obtuvo datos oficiales sobre las razones por las cuales las personas no se vacunarán, Cano dijo que la razón principal que él escuchó cómo entrevistador fue que habían oído información negativa sobre la vacuna.
“Y de eso, hay muchos mitos como que usan células de fetos o que las mujeres van a resultar estéril si se ponen la vacuna, o también que tiene un chip [una teoría conspiración predica falsamente que a las personas se les está inyectando un implante de microchip para controlar a los humanos por medio de la vacuna]”, explicó Cano, quien es también profesor y director del programa de doctorado en epidemiología en la universidad.
Gladys Ramirez, otra de las entrevistadoras de FIU, también apuntó a la desinformación. como una causa común por la cual los hispanos se niegan a recibir las dosis de la vacuna. Es un problema que ella cree afecta más a los de la clase social baja y a los que no tienen acceso a la educación.
“Las personas estudiadas tienen más información porque son personas que les gusta leer, que les gusta informarse sobre qué puede ser bueno y qué puede ser malo,” dijo. “Pero hay personas de un estrato más bajo, de un nivel más bajo que se guían por lo que dijo el amigo de la amiga”.
Sebastián, un guatemalteco de Quiché que lleva 9 años viviendo en Homestead, representa uno de esos casos complicados. El Herald no está publicando su apellido debido a que no tiene papeles legales de migración y teme ser deportado.
Cuando se le preguntó si recibiría la vacuna, el inmigrante de 48 años dijo que no confía en las clínicas ya que una vez acudió a una pero solo le “quitaron su dinero sin decirle qué tenía”.
Además, a pesar de que hay evidencia científica que el virus puede atacar a cualquiera, Sebastián dijo que oyó que el virus solo le da a los débiles y él es fuerte porque trabaja en construcción o jardinería por alrededor de $80 al día, cuando encuentra a alguien que lo contrate.
“Si estás sano no necesitás la vacuna”, dijo que había escuchado, erróneamente pensando que la vacuna es la cura. “Por eso deben dársela a los enfermos que están internos en los hospitales”.
¿Cómo va la vacunación de hispanos en la Florida hasta ahora?
En la Florida, la vacunación de los hispanos se está quedando un poco corta, con la excepción de dos condados en donde las tasas de vacunación son proporcionales a la población hispana, según un análisis de datos hecho por el Herald.
Casi el 22% de las vacunas administradas hasta el jueves fueron inoculadas a personas que se identificaron a si mismos cómo hispanos. Los hispanos constituyen el 25% de la población de la Florida.
Miami-Dade y Broward son los dos condados a los que le está yendo mejor en la Florida cuando se considera la población hispana de esos condados y el porcentaje de personas vacunadas que se identificaron como hispanas. Otros condados como Orange, Hillsborough y Palm Beach, están rezagados. Los cinco condados analizados tienen las poblaciones más grandes de hispanos en el estado.
La oficina de la alcaldesa de Miami-Dade ha establecido equipos llamados “VACS Now” que visitan los vecindarios identificados con tasas de vacunación más bajas, según datos que provee el Departamento de Salud. Once de los 16 barrios que ha visitado el equipo son barrios donde la mayoría de los residentes son hispanos, como ciertas áreas de Hialeah y Allapattah.
Estos grupos van de puerta en puerta hablando con personas y divulgando información sobre el peligro del COVID-19, la importancia de vacunarse y dónde vacunarse, según el coordinador Alex Muñoz. También los ayudan a registrarse para recibir la vacuna en el sitio web condal.
Desde que se empezó el proceso de vacunación en diciembre, el 70.3% de las personas que han sido vacunadas en Miami-Dade son hispanas, mientras que los hispanos representan el 68.5% de la población.
En Broward, el 31.5% de las personas que se han vacunado se identificaron como hispanas. En ese condado los hispanos constituyen el 29.8% de la población.
A principios de marzo el gobierno federal comenzó a abrir sitios de vacunación masivos alrededor del país con la misión de mejorar las tasas de vacunación en las comunidades menos atendidas.
Este esfuerzo ayudó con la vacunación a los hispanos en la Florida, especialmente en Miami-Dade, pero no funcionó tan bien con las comunidades negras. (Es importante notar que los datos estatales no distinguen entre personas negras y personas que son negras e hispanas, así que cuando se habla de comunidades negras, se incluyen a los hispanos que también se identifican como negros).
En la Florida hay sitios de vacunación masivos manejados por la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA) en cuatro condados: Miami-Dade, Duval, Hillsborough y Orange. Otros condados cuentan también con sitios satélites y móviles con menos capacidad.
En Miami-Dade, el sitio manejado por FEMA, ubicado en Miami Dade College North, vacunó a los hispanos a un nivel proporcional a su población, según datos obtenidos y analizados por el Herald que reflejan información desde el 4 hasta el 23 de marzo.
Sin embargo, en los otros condados de Florida la tasa de vacunación de los hispanos quedó un poco corta. Los hispanos constituyen el 40% de la población en los ocho condados que cuentan con sitios de FEMA, pero solo el 37% de las vacunas de FEMA fueron administradas a personas que se identificaron como hispanas.
Algunos de los hispanos que ya se han vacunado se han mostrado emocionados de contribuir al fin de la pandemia.
Pedro Díaz, de 66 años, y su esposa Secundina González, de 62 años, se vacunaron en un centro del Condado Miami-Dade en Homestead a principios de marzo. Ambos recibieron la vacuna, aunque en ese momento, González no cumplía con los requisitos estatales.
Pero como González andaba en el auto con su esposo y la restricción de la edad bajaría a 60 en pocos días, las enfermeras en el sitio le dijeron que le podían dar su primera dosis.
González dijo que durante el viaje hacia el sitio, desde su casa en Cutler Bay, estaba nerviosa ya que es una vacuna nueva y por “el tamaño de la aguja”, dijo mientras se reía de sí misma.
“Pero me siento perfectamente bien”, dijo después de recibirla, con una sonrisa de oreja a oreja.
Los reporteros del Miami Herald, Sarah Blaskey y Nicholas Nehamas contribuyeron a este informe.
Esta historia fue publicada originalmente el 15 de abril de 2021, 9:34 a. m..