Coronavirus

Turismo de vacunas: Latinoamericanos acuden a Miami para inocularse contra el COVID

Para acercarse a los hondureños en Miami, el alcalde de un pequeño enclave insular situado en la Bahía de Biscayne invitó a la gente a acudir a vacunarse contra el COVID-19.

Lo que obtuvo en su lugar: Consultas de docenas de personas de Honduras y de toda América Latina preguntando si podían venir a recibir las codiciadas vacunas y dispuestas a cambiar sus planes para tomar el siguiente vuelo con destino a Miami.

“Me sorprendió la cantidad de gente y su desesperación por vacunarse”, dijo Brent Latham, el alcalde de North Bay Village, que hizo el llamado en una publicación en redes sociales el 10 de mayo. “Es una yuxtaposición con la actitud que estamos viendo aquí en Estados Unidos, donde mucha gente no está ansiosa por vacunarse”.

‘Desequilibrio escandaloso’: Los más pobres de América Latina quedan excluidos del acceso a las vacunas ante el aumento del COVID

El desigual despliegue de la vacuna en muchas partes de América Latina y el Caribe está avivando una incipiente industria de turismo de vacunas en la que los privilegiados con acceso a visados estadounidenses y dinero para el boleto de avión vuelan miles de kilómetros hasta Miami, Houston y otros lugares para venir a vacunarse.

La demanda es tan grande que están apareciendo por toda la región paquetes de viaje para vacunarse contra el COVID-19, a medida que empresas turísticas de México, Colombia, Argentina y Perú ofrecen un viaje redondo en avión con servicio de transporte al lugar de vacunación, alojamiento en hotel e incluso excursiones como una visita de compras al Dolphin Mall de Miami.

“Hay mucha demanda de estos programas de vacunación”, dijo Henry Garzón, gerente de Viva Consolidadora Turística, una agencia de viajes con oficinas en Miami, Orlando y Bogotá. “Los vuelos están llegando llenos y las tarifas aéreas han subido mucho debido a la demanda que existe actualmente”.

A principios de este mes, el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, anunció que la ciudad empezará a proporcionar a los visitantes vacunas de un solo uso de Johnson & Johnson en Times Square y otros lugares turísticos populares a través de puestos de vacunación móviles para impulsar el turismo. Alaska también ha dicho que planea hacer lo mismo con las vacunas de Pfizer-BioNTech y Moderna. El ministro de turismo de las Maldivas, en el sur de Asia, también ha anunciado planes para utilizar las vacunas como atracción turística.

En una de las regiones más desiguales del mundo, la creciente disparidad entre ricos y pobres se extiende a las vacunas. Y los pobres se están quedando atrás, ya que los casos aumentan y la plataforma mundial para hacer llegar las vacunas a los países de bajos y medios ingresos se enfrenta a un déficit de 190 millones de dosis, según Naciones Unidas.

Un análisis de datos realizado por el Miami Herald, el Nuevo Herald y McClatchy Washington Bureau muestra que solo dos países de toda América Latina y el Caribe –Chile y Uruguay– tienen más del 30 por ciento de su población vacunada con al menos una dosis. Esto excluye a los pequeños territorios vinculados a Europa en el Caribe que comenzaron los esfuerzos de vacunación antes que la mayoría de sus vecinos.

“El turismo de vacunas no es la solución, sino más bien un síntoma de la desigualdad en la distribución de las vacunas en el continente americano”, dijo la doctora Carissa Etienne, directora de la sección americana de la Organización Mundial de la Salud. “Las vacunas pueden ser la diferencia entre la vida y la muerte y no deberían ser un privilegio de los países ricos o de las personas ricas”.

Etienne, defensora durante toda la pandemia de la lucha contra la desigualdad en América Latina y el Caribe, dijo que, “en última instancia, el turismo de vacunas agrava la desigualdad”.

Escasez de vacunas estimula búsqueda desesperada

Eso no impide que aquellos que pueden viajar desde América Latina lo hagan para tratar de obtener la tranquilidad que ofrecen las vacunas.

“Me siento muy agradecida a Estados Unidos por protegerme a mí y a tantos otros”, comentó Andrea Maine, de 52 años, que voló a Miami desde Argentina para vacunarse con Johnson & Johnson en marzo.

Su marido, de 69 años y con enfermedades preexistentes, voló a Miami en enero para recibir sus dos dosis de la vacuna de Pfizer, aprovechando un viaje para visitar a su familia en Estados Unidos para recibir las vacunas y un alquiler de oficina que lo calificó para obtener la residencia.

A Maine le indigna que Argentina, un país con altos niveles de educación y una fuerte tradición médica, esté tan atrasada en materia de vacunación y siga limitando los vuelos a Estados Unidos, lo que permitiría que más personas se vacunaran.

“Es triste que tengamos que ir al extranjero”, dijo Maine, calificando el coronavirus como una cuestión de “vida o muerte” para muchos argentinos, que siguen viendo un alto número de infecciones durante una segunda ola en curso.

Preocupada por la posibilidad de que la acusaran de arrebatar vacunas a los estadounidenses, a Maine le sorprendió comprobar que cuando llegó a Miami no le hicieron ninguna pregunta, a pesar de que se seguía exigiendo una prueba de residencia.

“Había un montón de vacunas sobrantes”, señaló.

Juan López, ejecutivo de una empresa farmacéutica con sede en Bogotá, fue vacunado menos de tres horas después de aterrizar en el Miami International Airport a finales de abril.

En ese momento, la Florida aún no permitía la vacunación a los no residentes, pero López, que tiene más de 40 años, podía cumplir los requisitos de residencia del estado; tiene una cuenta bancaria local.

Para su sorpresa, eso acabó no importando. El personal del centro de vacunación del Hard Rock Stadium, al norte de Miami-Dade, no le pidió más que su pasaporte colombiano.

“A fin de cuentas, tomé esta decisión por mi familia”, dijo. “Vivo con mi esposa. Tenemos un niño de nueve años. ¿Qué pasaría con él si uno de los dos, o los dos, se contagia de COVID? Se quedaría solo”.

Al momento en que López decidió viajar a Miami, Colombia seguía vacunando a los mayores de 60 años, aunque había comenzado su despliegue de vacunación dos meses antes. La semana pasada, mientras las tasas de ocupación de las unidades de cuidados intensivos se disparaban al 95 por ciento en medio de un preocupante tercer pico y un creciente malestar social, la nación sudamericana seguía vacunando a los colombianos del mismo grupo de edad.

La falta de acceso a las vacunas en Colombia y otros países latinoamericanos, señaló López, “genera en ti una sensación de riesgo y miedo”. Pero vacunarse en Estados Unidos, también despierta sentimientos de culpa.

“Tengo primos, tíos que no tienen visa estadounidense, o no cuentan con los medios para gastar miles de dólares en pasajes y hoteles y comida. Eso no es una posibilidad para ellos y eso me molesta”, señaló López. “Por eso he mantenido este viaje en secreto en mi familia, entre mis amigos. Porque al final, me siento feliz por mí, pero triste por el resto. Tendrán que esperar mucho más”.

Pero al igual que Maine, la argentina que viajó a Miami, López siente que también está protegiendo a sus compatriotas al viajar para vacunarse.

“Probablemente estaré ayudando a disminuir la carga del sistema de salud. No necesitaré hospitalizaciones, cirugías, cuidados intensivos. Y podré ceder mi turno de vacunación a otra persona”, dijo.

Paquetes de viaje para la élite latinoamericana

El Ministro de Salud colombiano, Fernando Ruiz Gómez, reconoció el 14 de mayo que el programa de vacunación, que tuvo un comienzo lento, debe ampliarse en las grandes ciudades y en otros lugares si Colombia quiere cumplir su objetivo de vacunar a 35 millones de ciudadanos para finales de este año.

Hasta el 18 de mayo, el país tenía una tasa de vacunación del 9 por ciento y había administrado 7.3 millones de dosis, de las cuales 2.8 millones de personas habían recibido su segunda inyección, según el análisis que hizo el Herald de los datos del Ministerio de Salud.

“El gobierno no ha manejado realmente bien esta situación de crisis del COVID”, expresó Garzón, el agente de viajes, que califica la crisis de “sin precedentes” y a quien le preocupa que las protestas antigubernamentales en curso “conduzcan en un futuro próximo a más infecciones, y en Colombia no estamos preparados para responder a esa demanda”.

La respuesta del COVID-19 en México es igualmente enojosa. Ostensiblemente, se supone que está mejor equipado para hacer frente a la pandemia, ya que forma parte de la Organization for Economic Cooperation and Development, considerada como un “club de países ricos”.

Sin embargo, el suministro de vacunas contra el COVID-19 es terriblemente escaso en este país de unos 128 millones de habitantes.

La producción propia de la vacuna de AstraZeneca está muy retrasada y México recibió menos de la vacuna rusa Sputnik de lo previsto. El país recibió algo menos de tres millones de dosis de vacunas de Estados Unidos y el presidente Andrés Manuel López Obrador declaró el 30 de abril que esperaba otros cinco millones de dosis donadas mientras México lucha por aumentar su propia producción.

Los mexicanos con medios económicos no están esperando. Están reservando viajes a Texas, California y Nevada como parte del floreciente turismo de vacunas.

Antonio Hernández y su esposa Fabiola, una pareja acomodada de la Ciudad de México, respondieron a un anuncio enviado por un amigo que ofrecía viajar a Estados Unidos para conseguir vacunas. Siguieron las instrucciones para comunicarse por WhatsApp y recibieron la llamada de una amable mujer que les explicó que por mil pesos por persona, unos $50, se les inscribiría para recibir la vacuna COVID-19 en Estados Unidos y obtendrían un código QR para presentar al momento de la vacunación.

El inconveniente, sin embargo, es que tenían que comprar el viaje en avión a través de la compañía desde Ciudad de México a Los Ángeles por unos $1,200 por persona. Todo funcionó como un reloj y se vacunaron en el edificio Kedren Health de Los Ángeles, que ofrece vacunas gratuitas sin cita previa.

Otra empresa que ofrece viajes para vacunarse es el 101 Travel Club de México, que ofrece viajes a Las Vegas y a las tres ciudades texanas de Dallas, Houston y San Antonio. También cobra unos 50 dólares por inscribir a alguien en una vacuna, además de los costos del viaje.

Cuando se contactó con ellos a finales de abril, acababan de añadir la vacuna de Johnson & Johnson a su lista de ofertas de Pfizer y Moderna. La agencia de viajes promete registrar a los clientes para las vacunas en sitios populares del sector privado estadounidense como Walgreens, CVS, Costco, Walmart y el supermercado HEB, dijo un empleado.

No se garantiza la vacunación, solo el registro para la cita. El empleado explicó que la agencia no tiene control sobre factores como un cambio en el horario de las tiendas, los criterios locales para las vacunas o el estado de salud individual de una persona.

No hay listas de espera en sí, añadió el empleado, pero la agencia necesita cinco o seis días de antelación para conseguir una cita en una de las cuatro ciudades.

Para Latham, alcalde de North Bay Village, es una “cruel ironía” que haya un exceso de oferta de vacunas en Estados Unidos en medio de la desesperación regional. No tiene capacidad para hacer política internacional, pero la poca influencia que tiene consiste en hacer contactos en nombre de amigos y funcionarios electos en Honduras para pedir ayuda para conseguir vacunas.

“He escuchado historias de muchas, muchas docenas de personas que se han puesto en contacto conmigo, preguntando: ‘¿Puedes hacer algo para ayudarnos a conseguir aunque sea pequeñas cantidades de vacunas porque hemos tenido un padre o un abuelo que ha muerto de COVID?; la gente está enfermando y muriendo”, dijo Latham, que pasó un tiempo en Honduras como voluntario del Cuerpo de Paz. “Me parece correcto que si tenemos un exceso de suministro, debería haber alguna manera de que lo veamos, de llevarlo a los lugares cercanos que lo necesitan”.

Esta historia fue publicada originalmente el 20 de mayo de 2021, 11:11 a. m..

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