Poco personal de residencias de ancianos de Florida está vacunado. Aumentan los casos y las muertes
Michelle Pasko visita a sus padres ya ancianos y a su hermano discapacitado casi todos los días en la residencia de ancianos y centro de vida independiente de Miami donde viven desde 2019.
Pasko, sus padres y hermano están vacunados contra COVID-19, pero normalmente se reúnen al aire libre en el Miami Jewish Health y mantienen una distancia saludable porque “siempre, en el fondo de mi mente, sabía que los ancianos eran mucho más susceptibles [de contraer el virus]”.
“No pensé que la vacuna fuera lo esencial para la salud perfecta y que todo estaría bien”, dijo Pasko.
Aun así, Pasko esperaba que las enfermeras, ayudantes y otros trabajadores de la residencia de ancianos que cuidan de su madre de 86 años, Joan Magliolo, estuvieran vacunados.
Cuando descubrió a principios de agosto que la enfermera privada que pasa 12 horas al día con Magliolo no estaba vacunada, Pasko dijo que se alarmó. (El padre de Pasko vive en la parte de vida independiente del complejo).
“Pensé que todo el mundo, a estas alturas, habría optado por vacunarse o, de hecho, creía que en la residencia de ancianos era obligatorio que se vacunaran”, dijo Pasko.
Aproximadamente al mismo tiempo, Pasko dijo que se enteró por los administradores del Miami Jewish Health que debido al resurgimiento de la pandemia y al predominio de la cepa delta del virus, más contagiosa, las visitas a la residencia de ancianos volverían a estar restringidas hasta que el centro no tuviera nuevos casos durante al menos 14 días.
“Inmediatamente llamé a la residencia y les dije: ‘Se supone que van a hacer otro cierre, pero ¿cómo va a ayudar eso si las personas que cuidan acuden de mi madre y otros no están vacunadas?’”, recordó Pasko que preguntó a los administradores del lugar.
Fue entonces cuando Pasko dijo que se enteró que Miami Jewish Health, que opera uno de los hogares de ancianos más grandes del estado con 438 camas, en 5200 NE 2 Ave., es uno de los pocos centros de atención a largo plazo en la Florida que exigen que todos los empleados estén vacunados contra el COVID-19.
Jeffrey Freimark, director ejecutivo de Miami Jewish Health, dijo que no fue una decisión fácil adoptar un mandato de vacunación. Las residencias de ancianos han luchado con la escasez de personal desde antes de la pandemia, dijo, y nadie quiere perder personal en medio de una crisis. Entonces, Freimark miró a su alrededor y vio la alta tasa de transmisión comunitaria del condado.
“Vimos los datos”, dijo Freimark. “Vimos lo que estaba pasando en el estado, y más concretamente, había estado observando de cerca lo que ha sucedido en Miami-Dade, en el índice de positividad está en dos dígitos. Por supuesto, estamos estrechamente vinculados con los hospitales de la comunidad, y ellos están afectados.
“Es un entorno brutal”, dijo, “y tenemos que ser capaces de mantener a la gente segura y sana”.
Pandemia de los no vacunados
Después de meses de disminución de los casos, las residencias de ancianos reportaron un número cada vez mayor de nuevas infecciones entre los residentes y el personal en julio y principios de agosto, lo que llevó a la Casa Blanca a anunciar la semana pasada un mandato de vacunación para todos los trabajadores de las residencias de ancianos como condición para participar en los programas del Medicare y el Medicaid, que son los que pagan la mayor parte de la estancia en las residencias de ancianos y son el sustento del sector.
La aprobación total de la vacuna de Pfizer-BioNTech por parte de la FDA esta semana ha dado lugar a más mandatos por parte de los empleadores privados, aunque la mayoría de las nuevas vacunaciones no se completarán a tiempo para frenar el aumento actual de casos, hospitalizaciones y muertes.
El aumento más significativo de casos de COVID-19 este verano ha sido en estados con bajos índices de trabajadores vacunados, como la Florida, donde se estima que 47.5% por ciento del personal de las residencias de ancianos estaba totalmente vacunado al 15 de agosto, cifra inferior a la media nacional de personal vacunado por centro (61.1%) y la más baja de todos los estados, según los datos más recientes comunicados por los Centros de Servicios de Medicare y Medicaid (CMS).
Alrededor de 70,000 personas viven en una residencia de ancianos en la Florida, donde la tasa de residentes totalmente vacunados por centro —73.1%— es inferior a la de todos los demás estados, excepto Nevada, que reportó una tasa de vacunación de residentes de 71.7% por residencia de ancianos al 15 de agosto. La media nacional de residentes vacunados por residencia de ancianos es 83.1%.
Como las residencias de ancianos de la Florida están por detrás de los demás estados en la tasa de vacunación de los residentes y el personal, el número y la tasa de nuevos casos de COVID entre los residentes y el personal de las más de 700 residencias de ancianos del estado se dispararon en julio y principios de agosto.
Los datos de las residencias de ancianos de los CDC reportaron 1,011 casos confirmados de COVID-19 entre los residentes de residencias de ancianos de la Florida en la semana que finalizó el 15 de agosto, lo que supone un aumento de 683% en comparación con 129 casos registrados en la semana que terminó el 4 de julio.
Los CDC también informaron de un aumento de los casos confirmados entre el personal de las residencias de ancianos de la Florida durante el mismo periodo, con un total de 1,095 infecciones la semana que terminó el 15 de agosto, un alza de 715% respecto a los 134 casos notificados durante la semana que terminó el 4 de julio.
Las muertes suelen producirse entre dos y ocho semanas después de la aparición de los síntomas de COVID-19. Un análisis del Miami Herald de los datos federales de las residencias de ancianos reveló que el número de muertes semanales de residentes relacionadas con COVID en las instalaciones de la Florida aumentó considerablemente desde finales de julio.
Durante el periodo de dos semanas que terminó el 15 de agosto, las residencias de ancianos de la Florida reportaron 106 muertes de residentes debido al COVID-19, casi tantas como las 110 muertes reportadas por las instalaciones durante abril, mayo, junio y julio.
Las muertes de residentes por COVID-19 también aumentaron en otros estados, con instalaciones que reportaron un total de 511 muertes durante las dos semanas que terminaron el 15 de agosto, según datos de los CMS, que se actualizan cada semana.
Los CMS reportaron 3,615 nuevos casos de COVID-19 en las residencias de ancianos de todo el país durante la semana que terminó el 15 de agosto, lo que supone un aumento de 645% con respecto a los 485 casos notificados en la semana que terminó el 4 de julio. Los trabajadores de las residencias de ancianos experimentaron un aumento mayor, con 5,855 casos durante la semana que terminó el 15 de agosto, en comparación con 750 casos la semana que terminó el 4 de julio, un alza de 680%.
Brian McGarry, profesor e investigador de residencias de ancianos del Centro Médico de la Universidad de Rochester, en Nueva York, dijo que el reciente aumento de casos es una señal reveladora de un resurgimiento entre la población más vulnerables.
“Lo que se está viendo es el posible inicio de otra ola de brotes de COVID en residencias de ancianos, y eso es muy decepcionante en este momento de la pandemia”, dijo McGarry.
El aumento de los casos ocurre al mismo tiempo que los expertos médicos y de salud pública de los CDC recomiendan la aplicación de vacunas de refuerzo de Pfizer-BioNTech y Moderna ocho meses después de la segunda dosis, dando prioridad a los residentes de residencias de ancianos y a las personas mayores, muchos de los cuales fueron inoculados al principio de la aplicación de la vacuna y siguen teniendo un mayor riesgo de padecer un caso grave.
La urgencia de proteger a los residentes de las residencias de ancianos contra el COVID-19 se ve agravada por el predominio de la variante Delta, que ha impulsado el reciente resurgimiento.
Un estudio de los CDC publicado la semana pasada descubrió que las vacunas Moderna y Pfizer-BioNTech tenían una eficacia de alrededor del 75% entre los residentes de residencias de ancianos, pero que la protección “disminuyó significativamente” —a alrededor del 53%— cuando la cepa delta predominó en junio y julio. Ese predominio se ha hecho más fuerte, nueve de cada 10 muestras de virus secuenciadas por los CDC durante la semana que terminó el 14 de agosto.
Mandatos al personal de salud
Al igual que muchos hospitales, la mayoría de las residencias de ancianos se han mostrado reticentes a imponer la vacunación a los empleados porque no quieren perder trabajadores en favor de un competidor que no exija la inoculación o que más personas se vayan a otros sectores.
El mandato de vacunación del gobierno federal para las residencias de ancianos, que podría entrar en vigor a mediados de septiembre, se aplicaría a más de 15,000 residencias de ancianos y 1.3 millones de trabajadores. Al imponer la vacunación a todo el personal de las residencias de ancianos, será menos probable que los empleados que se opongan a las vacunas se marchen a un centro de la competencia, lo que facilita las cosas a los administradores, dijo McGarry.
Pero el sector de las residencias de ancianos de la Florida se opuso al mandato de vacunación de la administración de Biden para los trabajadores. la Asociación de los Cuidados Médicos de la Florida (FHCA), el mayor grupo cabildero de las residencias de ancianos del estado, dijo en una declaración pública que la orden es injusta porque excluye a otros trabajadores de la salud de los hospitales. La FHCA también argumentó que la orden agravará la escasez de personal.
“Si el gobierno federal impone la vacunación obligatoria al personal de las residencias de ancianos, que no se aplica al personal de salud de otros lugares y sectores de la salud, tememos que nuestra ya crítica escasez de personal empeore”, dijo Emmett Reed, director ejecutivo de la FHCA.
El gobierno federal ya ha usado la amenaza de eliminar Medicare y Medicaid para superar obstáculos aparentemente insuperables en la atención de la salud. En particular, el gobierno usó la amenaza de retirar los pagos de Medicare para eliminar la segregación de los hospitales en la década de 1960.
En los últimos dos meses, el gobierno de Biden y varios estados han adoptado cada vez más mandatos de vacunación para los trabajadores federales y otros empleados públicos, comenzando en julio con el Departamento de Asuntos de los Veteranos, que emplea a más de 115,000 trabajadores de salud de primera línea en hospitales gestionados por el gobierno, e incluye al Departamento de Defensa, que ha hecho obligatoria la vacunación para los 1.3 millones de miembros en servicio activo.
Algunos estados, como California y Washington, ya han emitido mandatos de vacunación para todos los trabajadores de la salud, incluido el personal de las residencias de ancianos.
McGarry dijo que la obligación de vacunarse tiene sentido para todos los empleados de las residencias de ancianos porque sus investigaciones anteriores han demostrado que el número de personas que entran y salen de una residencia de ancianos afecta en gran medida al riesgo de un brote.
Dado que muchas residencias de ancianos están suspendiendo temporalmente las visitas durante el brote actual, eso deja a los empleados como un vector clave para que el virus entre en las instalaciones, dijo McGarry.
“Definitivamente, hay una pistola humeante ahí... Estas instalaciones que tienen bajas tasas de vacunación del personal van a ser susceptibles de tener más casos”, dijo. “Es una población frágil y de edad avanzada que sabemos que es muy vulnerable”.
Presión sobre residencias de ancianos
Sin embargo, se espera que el hecho de hacer que la vacunación de los empleados sea una condición para recibir fondos de Medicare y Medicaid suponga una mayor presión financiera para las residencias de ancianos.
Muchas residencias de ancianos han reportado la pérdida de trabajadores por agotamiento durante la pandemia y por empleos en otras industrias, dijo Jeff Johnson, presidente de la sección de la Florida de la AARP.
“La mayoría de las personas que trabajan en los hogares de ancianos son trabajadores que ganan ahora más o menos lo que ofrecen McDonald’s y otros establecimientos de comida rápida, y no hay tiempo libre”, dijo.
El tiempo libre para vacunarse es importante porque los trabajadores de las residencias de ancianos pueden necesitar uno o dos días para recuperarse si experimentan efectos secundarios, dijo Johnson.
“Perder un día de trabajo quizás no parezca un gran problema, pero cuando se vive económicamente al límite, puede serlo”, dijo.
Pero las residencias de ancianos no tienen la misma flexibilidad que otros empleadores para aumentar los salarios u ofrecer otros incentivos económicos porque no pueden negociar las tarifas de reembolso con el Medicare y Medicaid.
La mayoría de las residencias de ancianos dependen de los ingresos de ambos programas, pero la tarifa de reembolso y los requisitos de cobertura difieren. El Medicaid paga tarifas más bajas que el Medicare, pero cubre las estancias de larga duración. El Medicare limita la cobertura de las residencias de ancianos a 100 días y solo después de una hospitalización mínima de al menos tres días.
“La idea es que las residencias de ancianos obtengan beneficios con los pacientes de corta estancia del Medicare y esperen alcanzar el equilibrio con los pacientes de larga estancia del Medicaid”, dijo McGarry.
Pero la pandemia obligó a muchos hospitales a posponer las operaciones electivas y muchos pacientes aplazaron la atención porque no querían exponerse al virus en el hospital.
Con menos pacientes del Medicare en las residencias de ancianos, los centros han tenido que depender más del Medicaid, que paga menos.
“Ha habido algunos fondos de rescate para ayudarlos a soportar el temporal”, dijo McGarry, “pero es muy incierto cómo será el panorama de las residencias de ancianos y cómo serán sus ingresos en el futuro”.
La retención de los trabajadores es un reto constante para las residencias de ancianos, ya que un estudio reveló que la tasa media anual de rotación del personal de enfermería en la mayoría de los centros era del 94 por ciento.
La pandemia también ha cambiado la forma en que los trabajadores de las residencias de ancianos hacen su trabajo, dijo McGarry. Cuando las residencias de ancianos aislaron a los pacientes y restringieron las visitas durante la pandemia, también exigieron que los residentes recibieran la alimentación de forma individual, en lugar de hacerlo en comedores comunes. Esto ayudó a reducir la propagación del COVID, pero también creó más trabajo y responsabilidades para los trabajadores.
“Ahora necesitan más personal que antes de la pandemia”, dijo McGarry. “La cantidad de trabajo por residente ha aumentado”.
Después que la FDA autorizó la primera vacuna contra el COVID-19 para uso de emergencia en diciembre, el gobernador Ron DeSantis emitió una orden ejecutiva para dar prioridad a los ancianos, los residentes de cuidados a largo plazo y los trabajadores de la salud.
En Miami Jewish Health, que tiene una residencia de ancianos y centros de vida independiente y asistida en el campus, las primeras dosis de Moderna comenzaron a llegar una semana después que se convirtió en la segunda vacuna autorizada por la FDA. Freimark, el director general, dijo que los administradores se pusieron “a toda máquina” y empezaron a administrar las vacunas en Nochebuena.
Desde entonces, alrededor del 78.1 por ciento de los 315 residentes en residencias de ancianos de Miami Jewish Health habían sido vacunados hasta el 15 de agosto, según datos federales. La tasa de vacunación del personal es más alta, casi el 82 por ciento o unos 985 empleados hasta el 15 de agosto.
Freimark dijo que se apoyó en un médico de los empleados y en otros trabajadores de la salud para ayudar a educar al personal sobre la vacuna, y también ha traído un poco de ayuda de fuera de la organización.
“Hemos traído a médicos locales de la comunidad y al clero local”, dijo, “personas de influencia de la comunidad que consideramos que serían útiles para trabajar con nuestro equipo”.
Freimark dijo que más empleados se han inscrito para vacunarse en las últimas semanas al ver que los casos y las hospitalizaciones se han disparado en Miami-Dade y otros lugares.
Le gustaría alcanzar el 100% de la tasa de vacunación de los empleados, especialmente teniendo en cuenta el riesgo de los denominados casos de infección entre las personas vacunadas.
Los residentes de las residencias de ancianos suelen tener padecimientos médicos crónicos que aumentan el riesgo de sufrir casos graves de la enfermedad, de ser hospitalizados y de morir a causa del COVID-19, dijo Freimark, pero no hay forma de garantizar que nunca vayan a contraer la enfermedad.
“No hay manera de meternos en una burbuja y protegernos completamente”, dijo. “Simplemente no es posible”.
‘Como conejillos de Indias’
Las dudas sobre las vacunas entre los trabajadores de las residencias de ancianos fueron moldeadas, en parte, por su experiencia durante la pandemia. A lo largo de 2020, cuando se produjeron los brotes, los trabajadores de las residencias de ancianos no fueron los primeros en la fila para conseguir casi nada de lo que necesitaban y que escaseaba: ni las mascarillas N95, ni los kits de pruebas de detección rápidas, ni otras herramientas para mantenerse a salvo del virus.
Según McGarry, se dio prioridad a los hospitales para obtener suministros y se celebró a sus trabajadores como héroes de la sanidad, mientras que los trabajadores de las residencias de ancianos fueron ignorados en gran medida.
Cuando la Florida y otros estados dieron prioridad a la vacunación del personal de las residencias de ancianos, algunos de estos trabajadores se sintieron “como conejillos de Indias”, dijo.
Otra explicación de la baja tasa de vacunación entre los empleados de las residencias de ancianos de la Florida puede atribuirse a la alta tasa de rotación de los trabajadores, dijo Johnson, de la sección de la Florida de la AARP.
“Es posible que sean algunas personas que no estaban trabajando en enero”, dijo, “lo que plantea otras preocupaciones porque, en general, la alta rotación de personal es una señal de advertencia general sobre la calidad general de una instalación”.
Luego está lo que Johnson llamó “la variedad general de preocupaciones” sobre la vacuna, como la seguridad y eficacia de las inyecciones, la oposición política, la desconfianza en el gobierno y la falta de acceso a la atención de la salud.
“Todas esas cosas son las mismas en una residencia de ancianos que en la comunidad”, dijo Johnson. “Pero uno pensaría que en una residencia de ancianos la gente que trabaja allí entendería lo importante que es vacunarse”.