La historia épica de Gus Boulis –inmigrante, magnate, víctima de la mafia– presenta un último y oscuro giro
Si usted vivió en Miami en los años 90, seguramente habrá escuchado hablar de Konstantinos “Gus” Boulis. Sí, ese Gus Boulis. El Gus Boulis fundador de Miami Subs, el Gus Boulis magnate de SunCruz Casinos. El Gus Boulis que pasó de tener un origen humilde en un pequeño pueblo pesquero griego a hacer una fortuna. El mismo Gus Boulis cuya vida se truncó de forma sorprendente en un golpe al estilo de la mafia en 2001 que llamó la atención del mundo entero.
El misterio de quién mató al famoso empresario pareció resolverse en 2005, cuando tres hombres —los simpáticamente apodados Anthony “Little Tony” Ferrari, James “Pudgy” Fiorillo y Anthony “Big Tony” Moscatiello— fueron acusados de orquestar su asesinato. Pero la historia de Gus Boulis estaba lejos de terminar cuando el juicio concluyó. Más bien, fue años más tarde cuando algunas de las mayores tragedias que rodean su vida y su muerte —enraizadas en la codicia, las mentiras y la traición familiar— comenzarían a desarrollarse.
Porque Boulis dejó dos hijos pequeños en la Florida.
Ahora, dos décadas después, los hermanos están enredados en una amarga lucha judicial con el primo de su padre, Spiro Naos, el hombre que Boulis puso a cargo de los fideicomisos de los seguros de vida de sus hijos en caso de que su padre muriera.
Los hijos de Boulis veían a Naos como un padre sustituto después de que su padre fuera asesinado, dijeron al Herald. Confiaban en él. Por desgracia, eso facilitó que Naos, según los registros judiciales, saquease cientos de miles de dólares de sus fideicomisos. Hoy, los hermanos, ya adultos, luchan por recuperar el dinero, pero dudan en presentar cargos penales contra el hombre al que una vez quisieron y en quien confiaron.
Salir de la pobreza
Gus Boulis nació en Kavala, en el norte de Grecia, el 6 de abril de 1949. Su padre era pescador y él era uno de cuatro hijos. Pero cuando su hermano Panagiotis “Peter” Boulis murió trágicamente en un accidente de electrocución, a Boulis, quien entonces tenía 16 años, le resultó difícil quedarse en Kavala con el recuerdo de su hermano rondando en su ciudad natal.
En 1968, a los 19 años, Boulis se fue a Halifax, Nueva Escocia, donde empezó a lavar platos en un restaurante de la cadena Mr. Submarine. En seis meses, su duro trabajo y su aparentemente interminable empuje le valieron un puesto de socio en el restaurante.
Tres años después de llegar a Canadá, Boulis conoció a una joven de 16 años —también de Kavala— en una tintorería. Una semana después, se casaron. Gus y Efrosini “Frances” Boulis tendrían cuatro hijos, criados por Frances en Grecia mientras Boulis empezaba a trabajar en negocios en Norteamérica. Aunque nunca se divorciaron oficialmente, se separaron en 1976.
Los negocios de Boulis prosperaron. En 1980 se mudó a la Florida, donde conoció a Margaret Hren, de 18 años. Ambos congeniaron de inmediato y Hren pidió un préstamo de $50,000 para ayudar a Boulis a poner en marcha un negocio de restaurante. La pareja renovó un restaurante casi en ruinas en Cayo Hueso, que más tarde se convertiría en el primer Miami Subs. Ese único restaurante se convertiría en una floreciente cadena que llegó a 16 estados, así como Puerto Rico, República Dominicana, Ecuador y Perú.
La pareja tuvo dos hijos, Aristóteles y Alejandro, pero se separaría poco después.
Quizá Boulis fuera más conocido por sus “casinos flotantes”. En 1994, el empresario —que ya era rico gracias a Miami Subs— fundó SunCruz Casinos. El modelo de negocio era sencillo: un “crucero a ninguna parte” que transportaría a los pasajeros a aguas internacionales, fuera del alcance de las leyes federales y estatales, que entonces prohibían la mayoría de los juegos de azar en tierra firme.
Fue más popular de lo que Boulis pudo haber imaginado. En pocos años, la línea de casinos SunCruz se convirtió en la mayor operación de barcos casino de la Florida, con una flota de 11 lujosos yates de juego. Pero a la vez que SunCruz generaba una nueva fortuna, la empresa —y Boulis— llamó la atención no deseada del gobierno.
En 1999 las autoridades federales presentaron una denuncia contra Boulis, citando una oscura ley —la Jones Act de 1920— que exige que flotas como la de Boulis sean propiedad de ciudadanos estadounidenses. Aunque Boulis se había hecho ciudadano en 1997, la denuncia alegaba que había comprado la mayoría de sus barcos antes de esa fecha. En febrero de 2000, Boulis aceptó pagar $1 millón en multas, vender SunCruz y abandonar el negocio de los casinos flotantes.
La fama, el carisma y el empuje de Boulis lo convirtieron en una figura destacable para quienes lo conocían. Por un lado, Boulis era conocido como un hombre generoso que hacía regularmente grandes donaciones a la caridad y a la iglesia ortodoxa griega a la que asistía. Pero también tenía mal genio, dicen los que le conocían. Boulis fue demandado por varios socios comerciales que lo acusaron de haberlos engañado, y en 1997 su esposa Frances, de la que estaba separado, consiguió una orden de alejamiento contra él.
Ese mismo año, Hren —de quien se había distanciado— acusó a Boulis de haberla golpeado, contactado incesantemente y amenazado con matarla. También ella obtuvo una orden de alejamiento contra él en octubre de ese año, una orden que le acusarían de violar en múltiples ocasiones.
En septiembre del 2000, Boulis vendió SunCruz a los empresarios y políticos de Washington DC. Adam Kidan (fundador de Dial-A-Mattress), Jack Abramoff (un influyente cabildero) y Ben Waldman por algo menos de $150 millones. Pero en diciembre, el acuerdo se había agriado. Boulis acusó a Kidan de falsificar las transferencias bancarias y de estafarle el pago de SunCruz. (Kidan y Abramoff acabarían siendo acusados de fraude electrónico y postal en 2005). Según el Sun Sentinel, una reunión de diciembre entre los dos hombres acabó en un combate de lucha libre, en el que Kidan dijo que Boulis lo hirió con un bolígrafo y lo amenazó de muerte.
Solo un par de meses después, el 6 de febrero de 2001, Boulis volvía a casa desde su oficina en Fort Lauderdale cuando un coche le cortó el paso y se detuvo delante de él. Boulis se vio obligado a parar también, y un Mustang negro se detuvo junto a su BMW. Una ventanilla del Mustang fue bajada y se efectuaron tres disparos contra el coche de Boulis.
Robert Puskarich, un testigo que iba en el coche de detrás de Boulis, declaró en el juicio por asesinato de Boulis que vio al conductor del Mustang negro disparar a Boulis tres veces en el pecho antes de huir del lugar. Boulis entonces condujo casi una milla hacia la Federal Highway y SE 18 Street, dijeron los investigadores, antes de estrellarse contra un árbol en el lado de la carretera. Fue declarado muerto en un hospital.
Cuatro años más tarde, el 27 de septiembre de 2005, la Policía de Fort Lauderdale detuvo a tres notables figuras del mundo del crimen organizado de Nueva York en relación con el asesinato de Boulis, que según los fiscales fue un asesinato por encargo: Moscatiello, Ferrari y Fiorillo. Los fiscales argumentaron ante el tribunal que Moscatiello había ordenado el asesinato de Boulis, y que tanto Ferrari como Fiorillo fueron cómplices en facilitar el crimen, incluyendo el corte del paso al coche de Boulis y notificar al sicario contratado cuando Boulis salió del trabajo.
El motivo, según los fiscales, era sencillo: dinero. Y se remonta a la pelea de Boulis con Kidan por Sun Cruz. Kidan –originario de Brooklyn– era viejo amigo de Moscatiello, el contador no oficial de la infame familia criminal Gambino de Nueva York, según los fiscales. Kidan había contratado a Moscatiello, que en ese momento dirigía un servicio de banquetes, como asesor de alimentos y bebidas para SunCruz.
Cuando Boulis empezó a pelear por recuperar Sun Cruz, según los fiscales, Moscatiello se encaminó a perder una fortuna. Así que contrató a John Gurino, un presunto sicario con conexiones con la familia del crimen Gambino, para que matara a Boulis, según los fiscales. Más tarde, el propio Gurino fue abatido a tiros en un enfrentamiento con el operador de una tienda de delicatessen de Boca Ratón (el tirador fue condenado por homicidio involuntario a pesar de alegar que había sido víctima de un chantaje. Posteriormente, autopublicaría un libro, “Bread and Bullets”).
Fiorillo llegó a un acuerdo con los fiscales en 2012, cooperando con la acusación y declarándose culpable de los cargos de asesinato en primer grado y conspiración para cometer un asesinato a cambio de una sentencia más corta de seis años y medio. Ferrari y Moscatiello, por su parte, fueron declarados culpables de asesinato en primer grado en 2013 y 2015 respectivamente, así como de conspiración para cometer un asesinato y de incitación a cometerlo.
Ambos fueron condenados a cadena perpetua. Los veredictos se basaron parcialmente en una declaración realizada por Kidan —que compareció como testigo de la acusación— allá por 2006, cuando le dijo a las autoridades que Moscatiello le había confiado la contratación de Gurino con la ayuda de Ferrari y Fiorillo.
Kidan también testificó que en aquel momento desconocía las supuestas afiliaciones de Moscatiello con Gambino. Pero durante el juicio de Moscatiello en 2015, su abogado pintaría a Kidan como el cerebro, argumentando que era el que más ganaba con la muerte del magnate. El abogado de Kidan, Martin Jaff, negó estas afirmaciones, y dijo al Washington Post en 2005 que Kidan había cooperado con la Policía desde el principio y que no tenía nada que ocultar.
“Nunca se le ha dicho que sea un sujeto o un objetivo [de la investigación]”, dijo el abogado al Post.
En 2018, el Tribunal de Apelaciones del Cuarto Distrito concedió tanto a Moscatiello como a Ferrari un nuevo juicio. En el caso de Moscatiello, el tribunal falló que se había permitido al jurado escuchar un testimonio condenatorio en su contra que el tribunal consideró más tarde “rumores inadmisibles”. En el caso de Ferrari, el tribunal consideró que el Estado había cometido un error al revelar nuevas pruebas durante el juicio, algunas de las cuales pudieron haber ayudado al caso de Ferrari, y que el juez no debió haber admitido como prueba los registros del teléfono celular de Ferrari porque se obtuvieron sin una orden judicial. Los nuevos juicios de Moscatiello y Ferrari se reprogramaron para marzo de 2020, pero se retrasaron al 18 de enero de 2022, debido al COVID.
Pólizas de $1 millón
Después de la muerte de Boulis, su sobrino de la Florida, Naos, fue nombrado “fideicomitente” y fideicomisario de dos fideicomisos separados que Boulis había establecido para los hijos pequeños que tuvo con Hren. Cada uno de los fideicomisos tenía una póliza de seguro de vida de $1 millón a la muerte de Boulis. Los hermanos, que solo tenían 5 y 7 años al momento de la muerte de Boulis, tuvieron que lidiar con las consecuencias de su asesinato y su repentina desaparición de sus vidas. “Fue muy duro”, dijo Aristóteles Hren Boulis, que ahora tiene 28 años, al Herald. “Era joven, no sabía cómo manejar algo así. Hice todo lo posible por reprimirlo y centrarme en mi propia vida”.
Aun así, los niños y su madre se sentían afortunados de tener a Naos en sus vidas. Vivía a pocas cuadras de su casa y siempre estaba presente en la infancia de los hermanos. Lo querían y confiaban en él como si fuera un padre, dijeron al Herald. Desgraciadamente, eso hace que lo que consideran su traición definitiva sea aún más doloroso. Porque Naos empezó a retirar dinero de los fideicomisos de ambos hijos ya en 2005, según demuestran los documentos hipotecarios y bancarios presentados en el juicio y, según los hermanos, mintió sobre ello cuando empezaron a hacer preguntas.
“Intentó intimidarnos y manipularnos en todo momento”, dijo Aristóteles Hren Boulis al Herald. Pero en los últimos años, las crecientes pruebas contra Naos se volvieron demasiado evidentes como para ignorarlas. Los hermanos consiguieron un abogado y descubrieron que faltaban cientos de miles de dólares en sus fideicomisos. Docenas de registros bancarios y otros documentos, que eventualmente presentarían en el tribunal, registran años de retiros agregados por Naos de sus fideicomisos, por un total de un asombroso millón de dólares.
En diciembre de 2020, el Tribunal de Circuito de Miami-Dade determinó que Naos no cumplió adecuadamente con sus obligaciones y cometió un abuso de confianza al retirar el dinero de los fideicomisos de los hermanos Hren Boulis sin su conocimiento o consentimiento. Pero la cantidad exacta por la que el señor Naos es responsable aún debe ser determinada por los tribunales, le dijo al Herald el abogado de Naos, Jonathan Noah Schwartz.
“Dejando de lado sus posiciones legales, el señor Naos sigue entristecido en cuanto al deterioro de su relación con los hermanos Hren Boulis”, dijo Schwartz. “En cuanto al caso, en general, esperamos presentar la defensa del señor Naos ante el juez [José] Rodríguez”.
En septiembre de 2019, señaló Schwartz, Naos depositó $300,000 en los fideicomisos de los hermanos, lo que argumentó que eran $4,000 más que el total que Naos retiró en el transcurso de su control como fiduciario. Sin embargo, como se muestra en los documentos judiciales, los hermanos están exigiendo (triplicar la cantidad de daños reales, como se determina en el estatuto de la Florida 772.11 sobre el robo civil) un poco menos de $1 millón, sin incluir los honorarios de los abogados y el tribunal. Los $300,000 que Naos depositó en los fideicomisos de los hermanos tampoco tienen en cuenta los intereses perdidos durante más de una década sobre los fondos de los hermanos, argumentó su abogado, Ricardo Acre.
Pero, aunque la pérdida de fondos fue significativa, lo que más dolió fue la traición de Naos, dijeron los hermanos al Herald. Lo habían admirado toda su vida, dijeron, pero en todo momento Naos había preferido el dinero a su relación.
Pese a todo, los hermanos no se han atrevido a pedir a un fiscal que presente una denuncia penal contra Naos. En su lugar, tenían programada una mediación para el martes 26 de octubre, para intentar solucionar las cosas dentro de la familia. El siguiente paso sería llevar sus demandas a juicio y pedir una indemnización por daños y perjuicios, según dijo su abogado al Herald,
Mientras tanto, los hermanos han estado tomando medidas para curar las viejas —y más recientes— heridas del asesinato de su padre a manos de la mafia y lo que consideran la traición de su sustituto. Ambos acuden a terapeutas para superar sus traumas, dijeron, y se están sometiendo a arbitraje. Ha sido un largo camino de recuperación, añadieron, pero una vez que todo se resuelva, esperan poder cerrar por fin este capítulo de sus vidas y empezar a sanar en serio.
Esta historia fue publicada originalmente el 27 de octubre de 2021, 2:26 p. m..