‘Alguien tiene que saber’. investigadores tratan de identificar cientos de cadáveres en Miami
Hace 25 años, un hombre que daba de comer a los patos con su sobrino vio una caja de cartón envuelta en cuerda y cinta adhesiva flotando en un canal de Miami Lakes. Pensando que podría ser algo valioso, recogieron la caja, la abrieron e inmediatamente se encontraron con el olor a carne putrefacta.
No era un tesoro. Lo que encontraron ese 29 de octubre de 1996 fue el cuerpo de una joven de baja estatura con cabello oscuro hasta los hombros. Y la habían ultimado con violencia.
Durante un cuarto de siglo, su identidad ha sido un misterio. Los investigadores creen que pudiera ser de origen colombiano. Ahora, según la policía, esperan que nuevas pruebas de ADN y la investigación de árboles genéticos familiares ayuden a resolver el caso.
“Alguien tiene que saber quién es”, dijo David Denmark, detective de la Policía de Miami-Dade, del grupo de Homicidio. “Si podemos identificarla, podremos empezar a rastrear sus últimos días y eso nos acercará mucho más a encontrar a su asesino”.
La mujer de la caja no es la única.
En todo Miami-Dade hay más de 300 casos de cadáveres de desconocidos que aún esperan ser identificados, de los cuales 233 se consideran casos “activos” con buenas posibilidades de ser resueltos. Algunos de los fallecidos han sido asesinados. Otros sucumbieron por causas naturales. Algunos eran restos óseos, sin que se pueda saber exactamente cómo murieron.
El caso activo más antiguo se remonta al 27 de abril de 1957, cuando se encontraron los huesos de una mujer en un terreno baldío tras un incendio de matorrales en lo que ahora es la zona de Palmetto Bay. El más reciente: una mujer afroamericana de edad avanzada que llevaba una blusa estampada color crema y unos jeans rotos, encontrada inerte en una parada de autobús en NW 9 Avenue y 17 Street el 12 de septiembre.
La tarea recae en la Oficina Forense de Miami-Dade, donde la investigadora Brittney McLaurin revisa los archivos históricos, entrevista a las familias de las personas desaparecidas y da a conocer los casos sin resolver con la esperanza de refrescar la memoria de alguien. Para ello cuenta con la ayuda de detectives y artistas forenses, así como de un ejército de detectives en línea que se ofrecen de voluntarios para navegar las bases de datos de internet e intentar relacionar los cuerpos con los nombres.
McLaurin comenzó a trabajar en la Oficina Forense de Miami-Dade en 2012, y cuatro años después reemplazó a la investigadora de restos no identificados Sandra Boyd. Entre los esfuerzos de McLaurin: ordenar que se vuelvan a pasar las huellas dactilares a través de las bases de datos nacionales y aumentar la divulgación al público —incluyendo la creación de un perfil de Instagram— para destacar los casos. También espera que el rastreo genealógico del ADN familiar ayude cada vez más a dar nombre a los no identificados.
“Es importante que mostremos que seguimos trabajando en estos casos”, dijo McLaurin.
Cada caso plantea sus propios retos.
A veces, esperan los investigadores, la tinta en la piel de los fallecidos puede ser lo que resuelva el misterio.
Pistas en tatuajes y ropa
Por ejemplo, el caso de una mujer blanca encontrada en la Interestatal 95 cerca de Miami Gardens Drive el 7 de febrero de 2020. Había sido atropellada por un coche. La mujer medía 5 pies y cinco pulgadas, pesaba 137 libras y tenía cabello corto, castaño rojizo.
Sus tatuajes eran distintivos: dos calaveras en el pecho derecho, un unicornio y el nombre “Paula” en el pecho izquierdo. Tenía una paloma y un corazón tatuados en el brazo izquierdo y una serpiente en el muslo izquierdo. Un tatuaje de flores le rodea la muñeca izquierda. En el tobillo derecho tiene el nombre “Ray”.
Tal vez sea una prenda la que despierte un recuerdo.
El 24 de enero de 2021 se descubrió a un hombre mayor afroamericano atropellado por un coche en West Okeechobee Road y NW 170 Street. Tenía entre 60 y 80 años, era parcialmente calvo y tenía una barba grisácea. “Parecía estar muy bien físicamente para su edad”, dijo McLaurin.
La distinción del hombre: llevaba una gorra con la palabra “Florida”.
Las representaciones de los artistas forenses también son clave, especialmente para los casos en los que los cuerpos estaban muy descompuestos o eran en su mayoría huesos.
Eso es lo que ocurrió con una mujer que apareció asesinada el 22 de noviembre de 2004. Unos obreros de la construcción, alertados por los buitres que revoloteaban, encontraron su cuerpo en la maleza de SW 88 Street y Krome Avenue. La mujer, que se cree que tenía entre 40 y 65 años, fue víctima de un homicidio, dictaminó la Oficina Forense.
Analizando la estructura ósea de la mujer, la artista forense de la Policía de Miami-Dade Samantha Steinberg creó un retrato del aspecto que pudo haber tenido: papada, cabello oscuro hasta los hombros y cejas finas. Y lo que es más importante, la mujer llevaba unos pendientes de color dorado en forma de lágrima.
Muchos casos resueltos
Ha habido muchos éxitos.
Desde que McLaurin empezó a investigar casos de cadáveres no identificados, los investigadores han conseguido identificar a los fallecidos en 23 casos que se remontan a 1957.
Fue clave para ayudar a identificar el cuerpo de Mary Brosley, de Massachusetts, asesinada cerca de los Everglades por el asesino en serie Samuel Little en 1976.
Otro caso fue el de Eva Marie Murphy, madre de dos hijos que desapareció la noche de Halloween de 1988 en la zona de Perrine, en el sur de Miami-Dade. Durante años, su familia mantuvo la esperanza de que Murphy simplemente se hubiera cansado de su vida, pero estuviera viva ... en algún lugar.
Rastreando el ADN de la familia
“Si hubiéramos sabido con certeza que estaba muerta, tal vez hubiéramos podido aceptarlo y seguir adelante”, dijo su padre, Edmond Rogers, al Herald en 1991. “Pero así, dos años sin rastro alguno, es duro, sobre todo en Navidad. Eva siempre venía a casa y teníamos un gran árbol y los bebés estaban allí mientras envolvíamos regalos”.
Su detective de personas desaparecidas de Miami-Dade, Suzanne Gowdie, que se encarga de los casos sin resolver, revivió su caso hace dos años. Ella y McLaurin compararon notas. Finalmente, la familia de Murphy dio muestras de ADN que se cotejaron con los restos muy descompuestos de una mujer encontrada en una zona boscosa a finales de la década de 1980.
Es posible que los detectives nunca sepan qué le ocurrió a Murphy: la autopsia no pudo determinar cómo murió, ni siquiera si su muerte fue sospechosa.
El ADN también fue clave en la identificación de los restos óseos escondidos en la maleza de una reserva natural de 22 acres junto al Palmetto Bay Village Center en Old Cutler Road hace cuatro años. Las pruebas genéticas revelaron que los restos eran los de Christine Pascale, una ex piloto con problemas que se lanzó, sin paracaídas, desde una avioneta en un aparente intento de suicidio sobre el sur de Miami-Dade.
Hay muchos más misterios que, por ahora, están fuera del alcance.
Como el hombre encontrado en el oleaje de Miami Beach. Era grande. Inusualmente grande.
Una pareja lo encontró boca abajo en la playa de 17 Street el 24 de diciembre de 2009. Llevaba un traje de baño Speedo azul y unos tenis New Balance, con calcetines negros. Tenía entre 25 y 40 años. Medía seis pies y nueve pulgadas y pesaba 225 libras.
No llevaba billetera ni identificación. Pudo haber sido un visitante de fuera del estado o del extranjero. Hasta que se le asigne un nombre, solo se le identifica por su número de caso: 2009-3185.