Maribel, de 9 años, desapareció hace 40 años. La familia y una detective de Homestead siguen buscándola
Aquella terrible tarde, Maribel Oquendo, de 9 años, salió de su apartamento en Homestead con unas pocas monedas en el bolsillo para comprar caramelos en la tienda. Menos de una hora después, su hermana mayor y su madre se dieron cuenta que Maribel no había regresado.
Se apresuraron a ir a Food Spot #21 en el Sky Vista Shopping Center. Sí, un dependiente les dijo que Maribel había comprado caramelos, luego salió, subió a un coche que la esperaba y desapareció.
Eso fue el 6 de diciembre de 1982. Casi cuatro décadas después, Maribel sigue desaparecida en uno de los casos menos conocidos del sur de la Florida. Es un rompecabezas que se mantiene vivo solo gracias a su hermana mayor, Clarabel Garay, que ha recorrido la costa este en busca de señales de Maribel, y a una tenaz detective de la Policía de Homestead.
La suposición —entonces y ahora— es que Maribel fue secuestrada por su abusivo padre, Emilio Oquendo, quien había jurado vengarse de la madre de la niña por haberlo abandonado. Pero tras años de distanciamiento, Garay ha conseguido localizar a su padre, que ahora tiene 83 años y padece demencia. Se ha negado rotundamente a decir si sabe lo que le pasó a la niña, limitándose a hacer comentarios crípticos.
¿Maribel está muerta? ¿Está viva?
“Nunca me lo dijo”, dijo Garay. “Solo me dijo: ‘De la misma manera que me encontraste a mí, puedes encontrarla a ella’”.
La investigación está ahora en manos de la detective de Homestead Jennifer Roa, que era apenas una niña cuando Maribel desapareció. La detective guarda una foto de Maribel –de ojos grandes y serios, con un sombrero de fiesta de cumpleaños– en su escritorio como inspiración.
“Este caso me ha consumido”, dijo Roa. “Es muy desalentador porque sientes que estás muy cerca”.
Oquendo, contactado en su residencia de ancianos en Lakeland, insistió en una entrevista con el Herald en que no tuvo nada que ver con la desaparición de la niña. Refutó la edad de la pequeña –afirmó que tenía siete años cuando desapareció– y afirmó que se esfumó del colegio, no de una tienda.
“Son todo mentiras, lo que dicen”, dijo Oquendo cuando se le preguntó sobre la creencia de su propia hija mayor de que él secuestró a Maribel.
Una época diferente
Maribel desapareció a principios de la década de 1980, una época diferente para las fuerzas policiales y para la forma en que el público percibe los casos de personas desaparecidas.
Por aquel entonces, no existían las alertas Amber para difundirlas a través de las páginas de Twitter, las alertas de los teléfonos inteligentes y las vallas publicitarias electrónicas de la autopista. Las agencias policiales y los ciudadanos comunes no tenían acceso a las potentes bases de datos de personas desaparecidas de hoy en día. Los presuntos secuestros parentales rara vez suscitaban una gran cobertura mediática.
El caso de Maribel recibió poca atención en aquel entonces. El Herald ni siquiera hizo una reseña. Dos semanas después de la desaparición de Maribel, el South Dade News Leader, un periódico comunitario, hizo un breve reportaje en el que señalaba que la policía había registrado un vertedero en Florida City, encontrando un zapato que posiblemente pertenecía a Maribel.
“He rastreado completamente Homestead y aún no he encontrado nada”, dijo un detective al periódico en ese entonces.
No está claro qué llevó a la Policía de Homestead al vertedero, y el archivo policial original sobre Maribel desapareció, probablemente destruido cuando el huracán Andrew arrasó South Dade en 1992.
Esto sí lo descubrieron: A principios de los años 80, Maribel era una de los tres hijos biológicos de Emiliano Oquendo y Ana María Hernández. Oquendo era drogadicto y abusaba física y mentalmente de Hernández mientras vivían en Nueva Jersey, según la familia.
Hernández abandonó a Oquendo, llevándose a sus hijos a Puerto Rico y, finalmente, de vuelta a Nueva Jersey, donde la acosaba, según su hija. Para 1982 se habían trasladado al apartamento del sur de la Florida, donde él se las arregló para encontrarlos de nuevo, aunque vivía en West Palm Beach.
Según Garay, que entonces tenía 17 años, Oquendo se presentó en la casa tres días antes de la desaparición, exigiendo a su ex novia que volviera con él. Ella se negó. “Él cogió un cuchillo e intentó apuñalarla. Yo me interpuse, llorando y discutiendo con él”, recordó Garay, que ahora tiene 56 años.
Y, según recordó, Oquendo hizo un comentario críptico: “Te voy a quitar lo que más quieres”.
La tarde de la desaparición, Garay —quien vivía en un apartamento diferente en el mismo complejo que su madre— estaba en casa cuando un amigo de Oquendo apareció de repente, diciendo que necesitaba unas pinzas porque su coche se había descompuesto. Maribel entró diciendo que quería comprar caramelos en el Food Spot.
El hombre le dio unas monedas. Garay le dijo que fuera con otro de sus hermanos y pidiera permiso a su madre. Sin embargo, Maribel fue sola a la tienda.
Los detectives siguen trabajando para identificar a ese amigo de Oquendo.
Cuando Garay y Hernández llegaron al Food Spot, el dependiente le dijo que Maribel había gastado $5 en caramelos y que luego se había subido a un coche con varios hombres. “Supuse que todo había sido planeado por mi padre”, dijo Garay.
Hernández y Garay llamaron a la Policía de Homestead, que inmediatamente inició una búsqueda. Unas semanas después, la madre y la hija encontraron a Oquendo en Lake Worth, donde lo vieron alejarse con lo que parecía ser una niña pequeña dentro del coche. Cuando finalmente regresó, estaba solo.
“Si quieres volver a ver a tu hija, ven a vivir conmigo”, recuerda Garay que él le dijo a su madre.
Ella se negó. Oquendo acabó desapareciendo de nuevo, y se perdió del mapa durante años, viviendo en la calle mientras acumulaba una serie de pequeñas detenciones en la Florida, por robo de coches, posesión de cocaína y hurto en tiendas, entre otros cargos.
El caso revivió en 2004, cuando Hernández y Garay entraron en estación policial de Homestead para preguntar sobre el caso.
Caso revivido
La investigación fue finalmente asignada a Roa, de la Unidad de Víctimas Especiales de la Policía de Homestead.
Durante años ha revisado los archivos para tratar de reconstruir la vida de Maribel. La familia de la niña pudo proporcionar una copia de su último registro de vacunación.
Es posible que Maribel haya asistido a la primaria West Homestead; un hermano y un primo fueron a esa escuela. Pero el distrito escolar de Miami-Dade no puede encontrar ningún registro sobre ella. Y Roa no puede preguntar a la madre de Maribel porque falleció en 2015.
“Es como si no existiera”, dijo Roa. “No puedo conseguir ninguna información sobre ella. ¿Cómo es posible que ningún maestro se preguntara qué pasó con esta alumna?”
Roa incluso localizó al propietario original del Food Spot #21, pero ya no tiene ningún registro de los empleados que trabajaron trabajar en la tienda hace casi 40 años. Nadie más sabe nada de los hombres aún no identificados del coche que el dependiente recuerda que se alejó Maribel.
Las entrevistas han sido exhaustivas. Roa ha localizado a la mayoría de los hermanos, otros hijos y socios de Oquendo, y la mayoría están muertos.
Hasta ahora no hay nada que sugiera que Maribel esté viva. El Departamento del Trabajo de Estados Unidos informó que su número de Seguridad Social no se ha usado para cobrar sueldos en la Florida. La Administración de la Seguridad Social de Estados Unidos no divulga ninguna información sobre el número de Seguridad Social de la niña a menos que se registre como fallecida.
Aun así, Roa ha buscado variaciones de los nombres de Maribel para ver si los usa ahora. Maribel a veces era llamada Marilyn, y también tenía el apellido Carrero. No ha habido suerte.
También ha entrevistado a un montón de mujeres llamadas Maribel Oquendo, que viven tan lejos como Nueva York. Algunas se mostraron evasivas al principio, pero todas pudieron aportar detalles verificables sobre su infancia. “He perdido la cuenta de cuántas”, dice Roa.
Incluso en su vejez, el propio Oquendo se ha negado a dar respuestas. En entrevistas con la policía, ha negado repetidamente su implicación. Contactado por el Herald, insistió en que ayudó a buscar a la niña y más bien culpó a Hernández. Pero no pudo explicar por qué la madre de la niña se la llevaría, porque ya tenía su custodia.
“No puedo decirlo. La buscamos. Nunca apareció”, dijo Oquendo.
Aunque Garay acabó estableciendo cierta relación con él —lo cuidó durante varios meses a principios de este año, antes que lo llevaran a una residencia—, neciamente se negó a hablar del caso, dijo.
“Intenté averiguarlo, para saber si se estaba ablandando”, dijo Garay. “Me ponía de rodillas, le rogaba y lloraba para que me contara. Y él decía: ‘No. No sé nada’. Luego, empezaba a reír”.
Roa y Garay creen que hay personas vivas, quizá en la región de Vega Alta de Puerto Rico, o en Nueva Jersey o la Florida, que pueden saber lo que pasó pero que han tenido miedo de Oquendo. Pero ahora, es mayor y ya no es una amenaza, dijo Garay.
“Tengo la esperanza de que esté viva, pero no lo sabemos. No hay nada que demuestre que está viva. No hay nada que pruebe que está muerta”, dijo Garay. “La extraño. Extraño su sonrisa, sus ojos, su alegría. Su canto, su baile y su juego”.
Quien tenga información sobre la desaparición de Maribel puede llamar a la detective Roa al 305-224-5436, o a Miami-Dade CrimeStoppers al 305-471-8477.