Demanda: Degradan a policía de North Miami por su postura ante el tiroteo de Kinsey
Durante los primeros 43 años de su carrera, Neal Cuevas lo hizo todo bien. Este condecorado policía fue ascendiendo de joven patrullero en North Miami hasta jefe adjunto. Estuvo a cargo del equipo SWAT dos décadas. Fue el portavoz del Departamento y representante del sindicato.
Pero todo eso terminó, afirma Cuevas en una demanda recientemente enmendada, después que escribió un memorando apoyando a un comandante policial de North Miami: El baleo policial de 2016 al terapeuta conductual Charles Kinsey cuando estaba de espaldas en medio de la vía, con las manos levantadas y rogando a la policía que no disparara, mientras intentaba proteger a su cliente con una enfermedad mental grave.
Desde que se presentó su demanda por primera vez hace cuatro años, la ciudad ha degradado a Cuevas dos veces. Fue pasado a sargento en 2017 después de su memorando defendiendo al ex comandante Emile Hollant. Hace dos semanas, el jefe de Policía Larry Juriga volvió a degradar a Cuevas, esta vez a patrullero, que requiere capacitación en la Academia de Policía, una medida que ahora se suma a la denuncia .
Además del golpe a su reputación, Cuevas ha perdido cientos de miles de dólares en salario y beneficios en los últimos cuatro años, dice su abogado. Con 47 años en el trabajo con más antigüedad en todo Miami-Dade.
Cuevas, que también presentó un caso de discriminación por edad en un tribunal federal el mes pasado, no quiso hacer comentarios sobre las demandas o las acusaciones del jefe policial. Pero su abogado Michael Pizzi dijo que su cliente ha sido “destripado como un pez”.
“El expediente de este hombre estuvo impecable durante 43 años y desde que escribió ese memorando, cada seis meses le escriben por algo”, dijo el abogado. “Está clarísimo que están tomando represalias. Está claro que quieren deshacerse de él porque lleva mucho tiempo allí y forma parte de la vieja guardia”.
Juriga se negó a comentar la situación de Cuevas esta semana. Pero en un memorando en que anunciaba la degradación del agente, el jefe enumeraba cuatro razones. Afirma que Cuevas no respondió ni supervisó el lugar donde persona deprimida amenazaba con ahorcarse en 2019. Un año más tarde, Juriga dice que la explicación de Cuevas de los eventos durante una llamada de violencia doméstica no coincidió con lo que estaba en su cámara corporal. Más tarde, en 2020, Juriga dijo que Cuevas no capacitó adecuadamente a un agente a prueba. Y, finalmente, en 2021, el jefe dijo que Cuevas dejó que un agente llevara un sobre manila a su vehículo sin explicar lo que había en él.
“También ha mostrado un patrón preocupante de ser incapaz o tener una reticencia a desempeñar adecuadamente su deber como supervisor, y por lo tanto, ha exhibido una supervisión negligente en instancias que van desde los casos críticos a los deberes administrativos básicos”, escribió Juriga en el informe. “Este patrón golpea el corazón de su capacidad para funcionar eficazmente como oficial de policía...”.
Una larga demanda sin resolver
La demanda sigue sin resolverse después de tantos años por un sinfín de razones. El primer juez ante el que se presentó el tema lo desestimó y luego se jubiló. El juez que lo sustituyó volvió a presentar la demanda a finales de 2019. Entonces llegó el COVID-19 y hubo que retrasar las declaraciones. Pizzi dijo que también ha modificado la demanda varias veces para reflejar las acciones disciplinarias contra Cuevas y el reciente descenso de categoría.
Desde que la mayoría de la gente puede recordar, Cuevas era la cara del departamento de policía de North Miami. Cuando se encontró un bebé muerto en un contenedor de basura en 2014, Cuevas lo contó al público. Ese mismo año estuvo al frente cuando Calder Sloan, de siete años, se electrocutó en la piscina de su casa por culpa de unos cables de luz defectuosos.
Pero eso se acabó después del 18 de julio de 2016, cuando Kinsey, un hombre afroamericano desarmado, recibió un disparo en la pierna y fue herido por una bala del francotirador Jonathan Aledda.
La memorable foto de Kinsey tumbado de espaldas y con una camisa amarilla brillante con las manos levantadas mientras su cliente estaba sentado en posición vertical jugando con un camión de juguete en medio de la vialidad justo antes del tiroteo, puso a North Miami en el punto de mira internacional. El video del teléfono móvil que captó el incidente se difundió por todo el mundo en las redes sociales.
El tiroteo se produjo en un momento extremadamente delicado para los departamentos de policía. Una serie de disparos policiales contra hombres afroamericanos desarmados, en su mayoría jóvenes, había desencadenado protestas en todo el mundo, sacando a la luz lo que muchos consideraban un exceso de fuerza policial sistemático.
Las consecuencias y el cambio en la policía de North Miami fueron bastante rápidos.
Aledda, aunque nunca fue encarcelado y desde entonces ha dejado el departamento, fue condenado por negligencia culpable. El jefe de policía Gary Eugene y Hollant perdieron sus empleos. La policía de North Miami lleva ahora cámaras corporales y ha recibido capacitación en materia de sensibilidad y uso de la fuerza por recomendación de un grupo de supervisión creado por los dirigentes de la ciudad.
Kinsey, por su parte, llegó a un acuerdo con la ciudad por una cantidad no revelada y ahora dirige un negocio de jardinería. El hombre gravemente autista al que protegía, Arnaldo Ríos, vivía la última vez que se supo en el norte del estado de la Florida, después de haber cambiado varias veces de centro de asistencia.
Objeciones sobre el despido
Lo que más frustró a Cuevas fue la suspensión y el despido de Hollant, el oficial al mando en la escena del tiroteo de Kinsey. El comandante fue despedido después de que una investigación de Asuntos Internos concluyó que había engañado a los investigadores sobre sus acciones ese día.
Hollant afirmó que no vio los disparos porque había regresado a un vehículo patrulla para recuperar unos prismáticos, que necesitaba para obtener una imagen más clara de Kinsey y Soto Ríos. Pero la investigación de Asuntos Internos tomó el testimonio de dos oficiales que dijeron que el comandante se había alejado menos de 30 segundos y que estaba de pie junto a ellos mirando a través de los prismáticos cuando se le disparó a Kinsey.
Dos semanas antes de que Hollant fuera despedido, el entonces jefe adjunto Cuevas escribió un memorando de siete páginas en el que criticaba el informe de Asuntos Internos, argumentando que “se ajustaba a un resultado predeterminado” y que los investigadores escogieron declaraciones parciales de los testigos para reforzar su caso. También señaló que la Fiscalía Estatal de Miami-Dade había concluido que “no hubo intención por parte del comandante Hollant de engañar u obstruir a los investigadores o al personal de mando con respecto a su participación en el tiroteo de la policía”.
Cuevas también dijo que habría sido imposible que Hollant se ausentara solo 30 segundos mientras recuperaba sus prismáticos. Un simulacro después del tiroteo determinó que la caminata desde el lugar de los hechos hasta su vehículo le habría llevado casi un minuto y medio.
“Le recomiendo encarecidamente que ordene con razón a este Panel de Disposición que vuelva a examinar las pruebas que se le han proporcionado, y reconsidere su irracional conclusión”, escribió Cuevas en el memorando del 2 de junio de 2017.
Son esas las declaraciones, cree Cuevas, que lo han tenido en la cuerda floja dentro del departamento durante los últimos años.
“Al oponerse oficialmente a la conducta ilegal de la ciudad al convertir en chivo expiatorio a un comandante de la Policía de North Miami, los funcionarios de la ciudad tomaron una decisión afirmativa de tomar represalias contra Cuevas”, alega la queja del denunciante. “La ciudad lo hizo mediante la conducta concertada de los empleados de la policía y de los altos funcionarios de la ciudad para difundir documentos que contenían información despectiva sin fundamento relativa a Cuevas...”.