Crimen

Caroline Heck Miller, fiscal federal que llevó el caso de los Cuban Five, deja el cargo

Caroline Heck Miller, de la Fiscalía Federal, habla con la prensa en 2001 sobre los veredictos de culpabilidad de los cinco hombres en el caso de espionaje  frente al edificio de tribunales federales de Miami.
Caroline Heck Miller, de la Fiscalía Federal, habla con la prensa en 2001 sobre los veredictos de culpabilidad de los cinco hombres en el caso de espionaje frente al edificio de tribunales federales de Miami. Miami Herald File

Un par de años antes que The Washington Post sacara a la luz el escándalo de Watergate, la becaria de la Universidad de Chicago Caroline Heck trabajó un verano en la sección de estilo del periódico.

Tras licenciarse en Inglés, la aspirante a periodista se dirigió a la Florida para empezar a cubrir los tribunales con el diario St. Petersburg Times.

“Cada día era una producción teatral”, recuerda. Pero la puesta en escena legal a menudo se quedaba corta. “Me encontraba viendo un juicio, y observaba los alegatos finales y me decía: ‘Siéntate. Yo podría hacerlo mejor’”.

Así que Heck Miller dejó el negocio de los periódicos para estudiar en la Facultad de Derecho de Harvard, y luego terminó en la Fiscalía Federal en Miami. Hasta que se jubiló a principios de este año, trabajó durante más de 40 años en una carrera jurídica en la que destacó por su papel como fiscal principal en el caso de los “Cuban Five” en 2001, un caso de seguimiento internacional y con una fuerte carga política de la época de la Guerra Fría.

Heck Miller llegó a ser conocida como pionera entre los fiscales federales. También era una “rabina residente” que ofrecía sabios consejos sobre ley, ética y juicios a los jóvenes fiscales, y una pulida escritora que elaboraba todos sus alegatos y apelaciones.

“Era un modelo para todos” en la Fiscalía Federal, dijo el juez magistrado retirado William Turnoff, que en la década de 1980 fue jefe de la sección de delitos graves, mientras que Heck Miller era su ayudante. “Ella y Pat Sullivan juzgaron más casos federales importantes que probablemente nadie en la historia del Departamento de Justicia”, comparándola con un colega retirado conocido por enfrentarse a los delincuentes más infames de Miami.

“Es absolutamente una dama, pero dura”, añadió. “Era mejor no meterse co nCaroline”.

El periodismo, una pasión inicial

Heck Miller dijo que no previó dedicarse al Derecho mientras crecía en Newark, Nueva Jersey, donde su padre era profesor de Inglés de escuela secundaria y su madre enfermera. Su primera pasión fue el periodismo porque le gustaba la forma en que le permitía adoptar una personalidad diferente al informar sobre la vida de otras personas. Pero tras unos años como reportera en el St. Pete Times, también sintió que no era una buena profesión para su futuro.

Sin embargo, no sabía si debía estudiar Derecho o hacer un doctorado en Estudios Medievales. Con el objetivo de llegar a lo más alto, se presentó a las universidades de Harvard y Yale para lo primero, y a las de Cambridge y Oxford para lo segundo. Fue aceptada en Harvard y Cambridge, pero entonces se enfrentó a un dilema.

“Fue entonces cuando la realidad se me impuso”, recuerda Heck Miller. “¿De verdad voy a dedicarme a los Estudios Medievales?”.

Eligió Derecho en Harvard. Uno de sus compañeros de clase en Harvard era John Roberts, el futuro presidente de la Corte Suprema de Estados Unidos, aunque ella no lo conocía. Mientras que la mayoría de sus compañeros de la generación de 1979 se orientaron hacia el derecho empresarial y los grandes bufetes de abogados, Heck Miller fue seleccionada por el Departamento de Justicia para el Programa de Honores de Procuradores Generales.

Miami, en plena efervescencia

La práctica del derecho penal —desde la fiscalía— sería su vocación. En el Departamento de Justicia hizo trabajos de apelaciones. Pero entonces asistió a una fiesta de Navidad para un grupo de fiscales contra la delincuencia organizada y conoció a Atlee Wampler, que se convertiría en el fiscal federal en Miami. Él organizó su traslado a la oficina para trabajar en su primer juicio y luego la contrató en 1980, después de dos acontecimientos catastróficos: los disturbios raciales de McDuffie y el éxodo de refugiados cubanos del Mariel.

La nueva década pondría a Miami en el mapa como centro internacional del contrabando de cocaína para los carteles colombianos dominados por Pablo Escobar y los hermanos Rodríguez-Orejuela. La región también se vio desbordada por una ola sin precedentes de asesinatos relacionados con drogas, el lavado de dinero y el fraude financiero.

La Fiscalía Federal, que se extiende desde Cayo Hueso hasta Fort Pierce, se apresuró a seguir el ritmo de la avalancha de delitos y juicios.

Como joven fiscal, Heck Miller se ocupó de casos de narcóticos y fraude y llegó a ser subjefa de la sección de delitos graves. Dijo que su “modelo a seguir” en la Fiscalía Federal era la fiscal Linda Collins Hertz, que dirigía la sección de apelaciones y tenía una mente astuta junto con un amplio encanto sureño. “Siempre me gustó llevar mis propias apelaciones y trabajé estrechamente con ella”, dijo.

La fiscal retirada Caroline Heck Miller.
La fiscal retirada Caroline Heck Miller. Florida Bar

Heck Miller vivió su primer caso importante de fraude bancario a mediados de la década de 1980, cuando un jurado de instrucción acusó a Alberto Duque, empresario de origen colombiano apodado el “Boy Coffee King”, y a una docena de sus socios. El acta de acusación acusaba a las empresas cafeteras de Duque de inflar el inventario y falsear los estados financieros para obtener millones en préstamos bancarios de unas 20 instituciones de Miami y Nueva York. Tras un juicio de seis meses, Duque, de 36 años, fue condenado en lo que los fiscales calificaron de uno de los mayores fraudes bancarios de la historia de Estados Unidos, un caso de $85 millones en aquel momento.

Heck Miller, que trabajó en el caso con el veterano fiscal Mark Schnapp, se enfrentó a los titanes de la abogacía penal de Miami, como Roy Black, Jay Hogan y Neal Sonnett.

“Fue agotador”, recuerda, con largas jornadas, mucho estrés y poca comida. “Finalmente encontré una dieta infalible: ir a juicio durante seis meses”.

Sus reglas

Para entonces, Heck Miller conocía bien el oficio de fiscal: redactar la acusación del jurado de instrucción con los elementos penales y la suficiencia legal suficientes, pero sin regalar demasiado a la otra parte. Además, hay que saber dónde está el edificio de tribunales y llegar a tiempo; tener un objetivo en mente en el juicio y no ser demasiado codiciosa con las peticiones; si se comete un error en el juicio, hay que sentarse, callarse y no empeorar las cosas, especialmente si ya se está ganando un caso.

Siguió estos principios mientras seguía procesando a acusados de delitos financieros implicados en complejas tramas de fraude bancario, financiero y médico. No eran delincuentes corrientes, dijo Heck Miller, que llegó a ser jefa de la sección de fraude de la Fiscalía Federal. Tenían mentes inteligentes, bolsillos profundos y la capacidad de contratar a los mejores abogados defensores de la ciudad.

Incluso la ley sobre el fraude, que llegó a ser tan omnipresente en el sur de la Florida a lo largo de su carrera, no era fácil de definir, dijo, citando un caso del tribunal de apelaciones de 1941: “La ley no define el fraude; no necesita definición; es tan antiguo como la falsedad y tan versátil como el ingenio humano”.

La vida personal y profesional de Heck Miller fue especialmente agitada a partir de mediados de los años noventa. Se casó con el legendario reportero del Miami Herald Gene Miller, ganador de dos premios Pulitzer y fallecido en 2005.

Después de trabajar en una serie de funciones ejecutivas de alto nivel en la Fiscalía Federal, incluso como funcionaria de responsabilidad profesional que asesoraba a los fiscales sobre la ética y la ley, Heck Miller volvió a la sala de audiencias en dos casos de alto perfil.

El 11 de mayo de 1996, el vuelo 592 de ValuJet despegó del Aeropuerto Internacional de Miami y se estrelló en los Everglades pocos minutos después, matando a todos los que iban a bordo, 105 pasajeros y cinco tripulantes. Tres años más tarde, se presentó una acusación de 24 cargos contra SabreTech, una empresa de mantenimiento, y tres de sus empleados, acusándolos de no sellar adecuadamente los tanques de oxígeno que explotaron y provocaron que el DC-9 se precipitara en llamas sobre los Everglades.

En el juicio, los abogados de la defensa argumentaron que los empleados de SabreTech habían desechado los mortales tanques, pero que empleados de ValuJet los cargaron en el avión de todos modos. Los jurados absolvieron a dos de los trabajadores; el tercer acusado estaba prófugo. SabreTech fue absuelta de los cargos de confabulación, pero declarada culpable de otros nueve cargos, la primera condena penal relacionada con un accidente aéreo en Estados Unidos. Se le ordenó pagar $2 millones en multas y $9 millones en restitución.

Heck Miller dijo que el caso del accidente de ValuJet fue “difícil” porque era “muy técnico” y se trataba de un acusado empresarial. También dijo que la elección del jurado fue un reto porque muchos de los posibles jurados conocían la tragedia, uno de los peores desastres aéreos de Estados Unidos.

Cinco cubanos –Antonio Guerrero, Fernando González (Rubén Campa), René González, Gerardo Hernández y Ramón Labanino (Luis Medina)– fueron condenados el 8 de junio de 2001 por conspirar para espiar a Estados Unidos para el gobierno de Fidel Castro. Hernández fue declarado culpable de contribuir a la muerte de los cuatro miembros de Hermanos al Rescate derribados por cazas cubanos en el espacio aéreo internacional en 1996. (AP Photo/FBI)
Cinco cubanos –Antonio Guerrero, Fernando González (Rubén Campa), René González, Gerardo Hernández y Ramón Labanino (Luis Medina)– fueron condenados el 8 de junio de 2001 por conspirar para espiar a Estados Unidos para el gobierno de Fidel Castro. Hernández fue declarado culpable de contribuir a la muerte de los cuatro miembros de Hermanos al Rescate derribados por cazas cubanos en el espacio aéreo internacional en 1996. (AP Photo/FBI) AP

El caso de los Cuban Five

Durante ese mismo período, Heck Miller dirigió un equipo de abogados en uno de los procesos más políticamente tenso de la historia de la Fiscalía Federal: El caso de los Cuban Five. Ocurrió en una época posterior a la Guerra Fría en que las relaciones entre el gobierno de Fidel Castro y la comunidad de exiliados cubanoamericanos del sur de la Florida seguían extremadamente tensas.

Miller restó importancia al papel de la política en la presentación del caso, diciendo que la misión de espionaje cubano era “real y extensa”.

“Hubo un conjunto de pruebas convincentes”, dijo Heck Miller, que trabajó en el caso con los fiscales David Buckner y John Kastrenakes.

Los cinco oficiales de inteligencia cubanos, Gerardo Hernández, Antonio Guerrero, Ramón Labañino, Fernando González,y René González, fueron detenidos en septiembre de 1998. Parte de la llamada Red Avispa, llegaron al sur de la Florida para observar e infiltrarse en los grupos de exiliados cubanoamericanos. En el centro del muy publicitado caso estaba el derribo por parte de la Fuerza Aérea de Cuba de dos aviones de Hermanos al Rescate en 1996, en el que murieron cuatro exiliados sobre aguas internacionales.

Tras un juicio de siete meses, los cinco acusados fueron condenados en 2001 por actuar como agentes no registrados de un gobierno extranjero, tres por confabularse para espiar y uno por confabularse para matar. Un tribunal de apelaciones anuló sus condenas en 2005, citando los “prejuicios” de los cubanos anticastristas de Miami, pero el pleno del tribunal denegó posteriormente su solicitud de un nuevo juicio y restableció las condenas originales.

Al preguntarle cómo influyó la gran atención al caso, Heck Miller dijo: “Ya he tenido una serie de casos que tuvieron mucha publicidad”.

Otro caso de gran repercusión fue el procesamiento de cuatro altos ejecutivos de E.S. Bankest Capital Corp., que fueron condenados en 2006 por orquestar un fraude masivo contra el banco portugués Banco Espirito Santo. Eduardo Orlansky, ex presidente de la extinta E.S. Bankest, fue condenado a 20 años de prisión y a pagar $165 millones de restitución.

E.S. Bankest era una empresa que compraba las cuentas por cobrar de otras empresas con un descuento, luego cobraba las facturas y se quedaba con la diferencia. Bankest pidió prestados millones de dólares a Espirito Santo basándose en el fraude y la fabricación de cuentas por cobrar. El banco acabó absorbiendo las pérdidas.

Un antiguo fiscal federal que trabajó con Heck Miller en el caso Bankest dijo que su experiencia en juicios largos y complicados era inestimable.

“Caroline es un icono en la Fiscalía Federal, no solo porque es brillante y reflexiva, sino también porque fue la mentora de muchas generaciones de jóvenes abogados que buscaron su orientación en los asuntos más complejos”, dijo el abogado Ryan Stumphauzer, que ahora dirige su propio bufete de abogados en Miami.

Asignación: Londres

Con su jubilación en el horizonte, Heck Miller fue elegida en 2014 para una codiciada asignación como agregada en la Oficina de Asuntos Internacionales del Departamento de Justicia en la Embajada de Estados Unidos en Londres, donde gestionó solicitudes de pruebas en casos penales entre Estados Unidos y el Reino Unido. También gestionó algunas extradiciones.

Pero no todo era trabajo y nada de diversión. “Me especialicé en inglés. Me gustaba la poesía medieval y era aficionada al teatro”, dice. “Era como el gato que se cayó en un pote de nata”.

Cuando regresó a Miami en 2019, asumió un último trabajo de evaluación de las pruebas reunidas por los agentes federales y los fiscales para asegurar de que no estuvieran contaminadas por posibles infracciones al privilegio abogado-cliente de un acusado.

El año pasado, sin embargo, Heck Miller, de 72 años, tuvo un susto de salud. Fue operada de urgencia, lo que aceleró su decisión de retirarse el 1 de enero. Ahora lleva una vida más tranquila en su casa del sur de Miami —leer, coser a mano y cocinar—, además de hacer una terapia semanal de rehabilitación cardiovascular. Sigue siendo presidenta de su sinagoga, Temple Judea, y ahora puede ver a su hijo Daniel más a menudo, quien vive en Boston.

Mirando hacia atrás, Heck Miller dice que siempre disfrutó del derecho, de la escritura y de los juicios, pero que lo que le resultaba especialmente satisfactorio era colaborar con sus colegas en los grandes juicios. “No puedes hacer estos casos tú solo”.

Esta historia fue publicada originalmente el 22 de febrero de 2022 a las 1:42 p. m..

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