Crimen

Tras declararse culpable sorpresivamente, la vida de asesino de Coral Gables depende de la sentencia

José Rojas, sentado a la izquierda del abogado defensor Jimmy Dellafera, se declaró inesperadamente culpable el viernes de matar a dos compañeros de trabajo en Coral Gables hace más de una década. Su vida dependen ahora del juez o del jurado durante la fase de sentencia del juicio. Había admitido los crímenes, pero alegó que enloqueció en el momento de los asesinatos.
José Rojas, sentado a la izquierda del abogado defensor Jimmy Dellafera, se declaró inesperadamente culpable el viernes de matar a dos compañeros de trabajo en Coral Gables hace más de una década. Su vida dependen ahora del juez o del jurado durante la fase de sentencia del juicio. Había admitido los crímenes, pero alegó que enloqueció en el momento de los asesinatos. Provided to the Miami Herald

Un técnico en computación acusado del espantoso asesinato de dos compañeros de trabajo en Coral Gables hace más de una década se declaró culpable de forma inesperada el viernes, alterando lo que se esperaba que fuera un largo juicio y acercándolo un paso más a una posible sentencia de muerte.

Apenas un día después de admitir ante el jurado que cometió el crimen, pero alegando que en aquel momento había enloquecido y no recordaba nada, José Rojas dijo al juez que comprendía perfectamente las posibles implicaciones de su decisión. Al aceptar la declaración de culpabilidad, el juez del Tribunal de Circuito de Miami-Dade Miguel de la O advirtió a Rojas que su decisión pudiera tener consecuencias nefastas.

“El resultado de la fase penal pudiera ser la pena de muerte”, dijo el juez. “¿Lo entiende?”

“Sí, señor”, respondió Rojas.

Rojas fue conducido de nuevo a la cárcel y los 12 jurados, que solo habían prestado servicio un día, fueron llamados a la sala y se les dijo que podían irse a casa. Antes de liberarlos, De la O informó a los jurados que tendrían que volver a finales de enero, durante la fase de la sentencia. La decisión de abogar por la cadena perpetua en lugar de la pena de muerte ante un juez o un jurado corresponde a Rojas y a su abogado defensor, Jimmy Dellafera.

Afuera de la sala, poco después de la declaración de Rojas, Nicolina Venezia dijo que quería que Rojas pasara el resto de su vida en la cárcel y sufriera por haber matado a su madre a golpes.

“Espero que nunca muera”, dijo. “Creo que debería acosarlo el resto de su vida”.

Antes del giro inesperado del viernes, una petición de Dellafera para que Rojas se declarara culpable a cambio de cadena perpetua fue rechazada por la fiscal estatal adjunta Abbe Rifkin. La asesora principal de juicios de la Fiscalía Estatal de Miami-Dade dijo que los crímenes de Rojas eran demasiado atroces.

Una noche antes, Rojas escribió a mano una carta de tres páginas al juez De la O, afirmando que todavía no recordaba el día en que asesinó a Frances Venezia y Robert James en una oficina de ajuste de seguros en Coral Gables, pero diciendo que su vida efectivamente terminó ese día.

“No quiero vivir. Quiero morir”, dijo Rojas al juez. “Quiero estar con mi esposa [quien murió de cáncer]. Quiero hacerlo fácil para todos”.

Rojas, que tiene dos hijos, ha pasado los últimos 11 años en la cárcel. Está acusado de dos cargos de homicidio en primer grado, dos cargos de secuestro y cargos únicos de intento de robo a mano armada y de fraude con tarjeta de crédito por los asesinatos de Venezia y James en 2012.

Es uno de los primeros acusados de Miami-Dade a los que se aplica una nueva ley estatal en la que solo se necesita un voto del jurado de 8-4 para ser sentenciado a muerte, en lugar de un veredicto unánime.

Antes de los asesinatos, Rojas y James eran empleados de la pequeña empresa de ajuste de seguros de Frances Venezia en Coral Gables. James, un viejo amigo de la familia, hacía trabajos ocasionales. Rojas hacía sobre todo trabajos de computación. Pero los tiempos eran difíciles, explicó Rifkin a los miembros del jurado, y Venezia tenía problemas económicos, y a menudo pagaba tarde a Rojas, si es que lo hacía. Desesperado, Rojas usó una tarjeta de crédito de la empresa para malversar unos $3,500 en tarjetas regalo y mercancía.

Cuando Venezia supo que había sido estafada y Rojas se enteró, formuló un plan premeditado para salvarse de la cárcel y matar a sus compañeros de trabajo, sostiene el estado. Dellafera achacó los actos de Rojas a un traumatismo craneoencefálico y a daños cerebrales que, según dijo a los jurados, su cliente adquirió por jugar al fútbol durante décadas.

El día de los asesinatos, dijo Rifkin a los jurados, Rojas llenó una bolsa con un pasamontañas y ropa extra, luego llevó a su hija pequeña al colegio y fue a Winn-Dixie, donde compró cinta adhesiva, paños de cocina y un trapeador. Llegó a la oficina antes que Venezia y James y, cuando estos llegaron, los sometió con una pistola de aire comprimido, los ató a las sillas y luego los mató golpéandolos con varios objetos duros.

Empapado en sangre, salió de la oficina y cerró la puerta tras de sí, pero se topó con la policía abajo y afuera y huyó cruzando la calle hasta un callejón. Allí, la policía lo abordó y lo detuvo. Rojas fue interrogado durante más de 17 horas, según Dellafera, antes de que, según la Policía, admitiera el delito.

Después de los procedimientos del viernes por la mañana, Dellafera dijo que cree que Rojas se sobresaltó después de ver fotos de la escena del crimen que se le acusaba de haber cometido.

“Creo que en ese momento se dio cuenta [de lo que había hecho]”, dijo el abogado.

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