Elecciones: el día después
El día después de las elecciones presidenciales, Estados Unidos amaneció dividido prácticamente por la mitad y será difícil sanar las heridas que han desangrado a la nación durante casi 18 meses de campaña presidencial. La contienda electoral ha revelado múltiples fracturas dentro de la sociedad estadounidense, particularmente entre blancos y negros, angloparlantes e hispanoparlantes, personas jóvenes y mayores de edad, evangélicos y otros creyentes religiosos, áreas rurales y urbanas.
El mayor desafío para quien ocupe la Casa Blanca será heredar un país profundamente escindido por líneas raciales y étnicas. Por un lado, Donald Trump apeló primordialmente a un electorado constituido por hombres blancos no hispanos de poca escolaridad. Por el otro, Hillary Clinton convocó a una coalición multirracial de blancos más educados (incluyendo judíos), afroamericanos y latinos, con una mayoría de mujeres y miembros de la comunidad LGBTT.
Estos comicios presidenciales han polarizado las identidades raciales y étnicas en la sociedad estadounidense, particularmente entre blancos, negros e hispanos. El aumento de la violencia interracial, el deterioro socioeconómico de numerosas familias blancas de clase trabajadora, la preocupación pública por las amenazas del fundamentalismo islámico y la necesidad de frenar la inmigración indocumentada fueron temas recurrentes en los debates presidenciales.
La composición racial y étnica de la población estadounidense se ha transfigurado en las últimas décadas. El censo de 1960 clasificó al 88.6 por ciento de la población como blanca y al 10.5 por ciento como negra. Para el 2015, solo el 77.1 por ciento era considerado blanco, el 13.3 por ciento negro y el 5.6 por ciento asiático. Asimismo, la población hispana creció de 3.6 por ciento del total en 1960 a 17.6 por ciento en el 2015. El censo pronostica que los blancos no hispanos representarán menos del 50 por ciento de la población en el 2044.
La pérdida de hegemonía de la población blanca no hispana ha suscitado una fuerte reacción nativista –mayormente antihispana– en Estados Unidos. En 1960, el 5.4% de la población estadounidense había nacido en el extranjero, fundamentalmente en Europa, especialmente Italia, Alemania, Gran Bretaña y Polonia. Para el 2015, el 13.4% de la población había nacido en otros países, principalmente latinoamericanos, sobre todo México, Cuba, El Salvador y República Dominicana (sin contar con Puerto Rico, un territorio no incorporado de Estados Unidos).
El auge de la inmigración latinoamericana ha causado ansiedad y resentimiento entre amplios sectores de la población estadounidense. Una de las mayores inquietudes de estos sectores es la cantidad de personas que hablan otros idiomas aparte del inglés, que aumentó de un 11% de los hogares en 1980 a un 21.5% en el 2015. Del 5.3% de todos los hogares estadounidenses, el español pasó a ser hablado por el 13.3% de los hogares en ese mismo período.
En su libro ¿Quiénes somos? Los desafíos a la identidad nacional estadounidense (2004), el politólogo conservador Samuel Huntington lamentó la erosión demográfica, cultural y política del “núcleo anglo-protestante” dominante en Estados Unidos. El día después de las elecciones presidenciales, comenzará una lenta pero ineludible negociación de las diferencias (y coincidencias) entre ese núcleo fundacional y otros colectivos étnicos y raciales que exigen mayor inclusión y representación en los círculos de poder.
Cómo gobernar un país fragmentado tras unas elecciones cerradas y marcadas por insultos, escándalos y acusaciones de corrupción será una gran interrogante para el candidato electo. El nuevo presidente o presidenta tendrá que aglutinar a la sociedad estadounidense en torno a una agenda común para impulsar una economía próspera, atender asuntos urgentes como la salud y la educación, resolver los problemas de seguridad nacional, regular la inmigración indocumentada y desarrollar relaciones más productivas con países como Rusia, China, Corea del Norte, Siria, Venezuela y Cuba. Se trata, en fin, de articular una nueva visión que corresponda al perfil cada vez más diverso y complejo del país más poderoso del planeta.
El autor es el Director del Instituto de Investigaciones Cubanas de FIU.
Esta historia fue publicada originalmente el 8 de noviembre de 2016, 7:30 p. m. with the headline "Elecciones: el día después."