Kamala Harris hace historia como la primera mujer y de minorías en la vicepresidencia
Desde los primeros días de su infancia, a Kamala Harris se le enseñó que el camino hacia la justicia racial era largo.
Durante la campaña, Harris solía hablar de quienes la habían precedido, de sus padres, inmigrantes atraídos por la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos y de los antepasados que habían allanado el camino.
Con su ascenso a la vicepresidencia, Harris se convertirá en la primera mujer y la primera mujer de minorías en ocupar ese cargo, un hito para una nación convulsionada que lidia con una historia dañina de injusticia racial que, una vez más, quedó expuesta en unas elecciones divisivas. Harris, de 56 años, encarna el futuro de un país que se vuelve más racialmente diverso, incluso si la persona elegida por los electores para liderar el binomio es un hombre blanco de 77 años.
El hecho que haya ascendido más alto en el liderazgo del país que cualquier otra mujer subraya el extraordinario arco de su carrera política. Ex fiscal de distrito de San Francisco, fue elegida como la primera mujer negra en servir como procuradora general de California. Cuando fue elegida senadora federal en 2016, se convirtió en la segunda mujer negra en la historia de ese foro.
Casi de inmediato, se hizo un nombre en Washington con su fulminante estilo en las audiencias del Senado, interrogando a sus adversarios en momentos cruciales.
Sin embargo, lo que la distinguió fue su biografía personal: hija de padre jamaiquino y madre india, estuvo inmersa en temas de justicia racial desde sus primeros años en Oakland y Berkeley, California, y escribió en sus memorias de los recuerdos de los cantos, gritos y “mares de piernas que se movían” en las protestas. Recordó haber escuchado a Shirley Chisholm, la primera mujer negra en organizar una campaña nacional para la presidencia, hablar en 1971 en un centro cultural negro de Berkely que frecuentaba cuando era niña.
Después de varios años en Montreal, Harris asistió a la Universidad Howard, una universidad históricamente negra y una de las más prestigiosas del país, y luego trabajó como fiscal en casos de violencia doméstica y explotación infantil. Habla con facilidad y a menudo de la muerte de su madre, investigadora del cáncer de mama; de su marido blanco y judío, Douglas Emhoff; y de sus hijastros, que la llaman Momala.
Fue una historia que trató de contar en la campaña electoral durante las primarias demócratas con un éxito desigual. Al iniciar su candidatura con homenajes a Chisholm, Harris atrajo a una multitud en Oakland que sus asesores calcularon en más de 20,000 personas, una tremenda muestra de fuerza que la estableció inmediatamente como una de las principales candidatas en la campaña. Sin embargo, al competir por la nominación contra el campo de candidatos más diverso de la historia, no logró captar una ola de apoyo y se retiró semanas antes que se emitieran los votos.
Parte de su desafío, especialmente con el ala progresista del partido a la que buscaba conquistar, fue la dificultad que tenía para conciliar sus anteriores cargos como procuradora general de California con las tendencias actuales de su partido. Luchó por definir su agenda política, vacilando sobre la atención médica e incluso sus propias críticas al historial de Biden en materia de razas, quizás las críticas más fuertes que enfrentó durante la campaña de las primarias.
“La política tiene que ser relevante”, dijo Harris en una entrevista con The New York Times en julio de 2019. “Ese es mi principio rector: ¿es relevante? No, ‘¿es un bello soneto?’”
Pero también es esta falta de rigidez ideológica lo que la hace muy adecuada para la vicepresidencia, un papel que exige moderar los puntos de vista personales en deferencia al jefe. Como nominada a la vicepresidencia, Harris se ha esforzado por dejar claro que apoya las posiciones de Biden, incluso si algunas difieren de las que ella apoyó durante las primarias.
Mientras luchaba por atraer a las mismas mujeres y electores negros que esperaba que se sintieran atraídos por su historia personal durante la candidatura en las primarias, continuó haciendo un esfuerzo concertado como compañera de fórmula de Biden para llegar a las personas de minorías, algunas de las cuales dijeron sentirse representadas en la política nacional por primera vez.
Muchos presenciaron —y rechazaron— los persistentes ataques racistas y sexistas de los conservadores. El presidente Donald Trump se ha negado a pronunciar su nombre correctamente, y tras el debate vicepresidencial, la ridiculizó al calificarla de “monstruo”.
Para algunos de sus partidarios, la virulencia que Harris tuvo que soportar fue otro aspecto de su experiencia que le pareció familiar.
“Sé en lo que me metí como la única afroamericana en la mesa”, dijo Clara Faulkner, alcaldesa interina de Forest Hill, Texas, mientras esperaba que Harris se dirigiera a una multitud en Fort Worth. “Los caminos del señor son inescrutables”.
Aunque algunos miembros de la clase política dominante manifestaron su indignación por los insultos, los amigos de Harris sabían que su pragmatismo se extendía a su comprensión de cómo el mundo político trata a las mujeres de minorías.
El senador Cory Booker, colega y amigo de Harris que la conoce desde hace decenios, dijo en una entrevista que parte de su cautela era una forma de autoprotección en un mundo que no siempre ha aceptado a mujeres negras que rompen barreras.
“Ella todavía tiene esa gracia, es casi como si estas cosas no afectaran su espíritu”, dijo Booker. “Ella ha soportado esto durante toda su carrera y no le da permiso a esa gente para entrar en su corazón”.
Después de esperar días por los resultados, los demócratas se regocijaron por una victoria que ofreció un punto brillante en una elección que generó pérdidas para muchos de sus candidatos, incluyendo varias mujeres de alto perfil.
La representante Barbara Lee, demócrata por California, que se involucró en la política a través de la campaña presidencial de Chisholm, dijo que siempre creyó que vería a la primera mujer negra en las escaleras de la Casa Blanca.
“Aquí tienen ahora a esta mujer negra notable, brillante y preparada, una mujer con raíces en el sur de Asia, lista para cumplir los sueños y aspiraciones de Shirley Chisholm y los míos y los de tantas mujeres de minorías”, dijo. “Esto es emocionante y es finalmente un gran avance que muchas de nosotras hemos estado esperando. Y no fue fácil”.
La derrota de los demócratas en contiendas electorales menores moderó un poco el ambiente de celebración, así como la sensación nostálgica entre algunos activistas y líderes de que esta histórica primera vez aún deja a las mujeres en segundo lugar, más cerca que nunca del Despacho Oval, claro, pero no en él.
El fin de una presidencia que inspiró una fuerte oposición en las mujeres, muchas de ellas comprometidas políticamente por primera vez, ha dejado intacto el “techo de cristal más alto y duro”. Los electores de las primarias demócratas, entre ellos un número significativo de mujeres, se unieron al apoyo a Biden y dejaron de lado a las mujeres y a personas de minorías en la carrera porque creían que Biden sería el más capaz para vencer a Trump. Marcados por la derrota de Hillary Clinton hace cuatro años, muchos creían que el país no estaba preparado para elegir a una comandante en jefe.
La presencia de Harris en la boleta siempre estará ligada a la promesa explícita de Biden de seleccionar una compañera de fórmula en un reconocimiento de que el futuro del partido probablemente no se parezca a él.
Ahora Harris está en la posición más clara de heredera de la Casa Blanca. Quizás más que cualquier otro vicepresidente en memoria reciente, será estudiada cuidadosamente por sus ambiciones, un nivel de atención que quizás sea inevitable para la No. 2 del No. 1 de mayor edad en la historia.
Según Booker, Biden entiende eso. “Realmente nos está llevando a las próximas elecciones”, afirmó.
Los aliados dicen que Harris es muy consciente de su lugar en la historia. Considera que su trabajo está relacionado tanto con los líderes de los derechos civiles que la precedieron (los “antepasados”, como ella los llama) como con las generaciones que espera empoderar.
La representante Pramila Jayapal, demócrata por Washington y una figura en ascenso del ala izquierda del partido, dijo que el progreso de Harris era un profundo motivo de orgullo entre las personas con orígenes en el sur de Asia, que amplía la imaginación de cuán alto pueden llegar en la vida pública estadounidense. Jayapal ha hablado con orgullo de su propia relación con la nueva vicepresidenta y escribió un artículo de opinión en Los Angeles Times en agosto en el que describe su historia familiar entrelazada en el sur de la India.
“Ella entiende lo que significa ser hija de inmigrantes, lo que significa ser una persona de minoría que busca justicia racial”, dijo, señalando el trabajo de Harris sobre los derechos de los trabajadores domésticos y la ayuda a los inmigrantes musulmanes para que tengan acceso a asesoría jurídica “Hay tantas cosas que no tienes que explicarle a una vicepresidenta Harris y creo que ella luchará por muchos de los problemas que son importantes para nuestra comunidad del sur de Asia”.
La pequeña hermandad de mujeres negras en la política federal también ve a Harris como una mentora y una aliada, y alaba su defensa de temas como la mortalidad materna entre las mujeres negras y la legislación contra los linchamientos, que normalmente no han recibido la atención debida.
Cuando la representante Lauren Underwood organizaba su primera carrera al Congreso, en su intento por convertirse en la primera mujer negra en ganar su distrito suburbano de Chicago, predominantemente blanco, Harris se acercó para tomar un café.
“No hay muchas mujeres negras que hayan estado en el nivel más alto de la política en este país. No hay tantas mujeres negras que se hayan postulado en elecciones muy competitivas”, dijo Underwood, quien se convirtió en la mujer negra más joven elegida al Congreso en 2018. “Tener la oportunidad de aprender, ser aconsejada y conocer a alguien que lo haya hecho, es algo increíblemente valioso”.
Kimberlé Crenshaw, una destacada académica progresista negra, elogió el ascenso de Harris a la vicepresidencia y dijo que estaba “bien posicionada para capear las tormentas que definitivamente vendrán ahora que ha atravesado el techo de cristal”.
Pero en medio de la alegría y la sensación de empoderamiento de ver a una mujer de minoría como la la segunda funcionaria electa de la nación, también advirtió que el momento histórico no debería distraer a los progresistas de seguir presionando por su agenda.
“Esta es la administración de Biden, lo que Kamala Harris piensa o hace tiene que ser reconocido como parte de ese gobierno”, dijo. “Así que no podemos permitir que desacelerar las cosas de ninguna manera porque estamos celebrando el hecho de que hemos tenido este momento de avance”.
Para otros, ese momento ha tardado mucho en llegar.