‘La gente lo cree’. Etiquetar a los demócratas de socialistas ayudó a los republicanos
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Dos noches antes de las elecciones del 3 de noviembre, el senador federal Marco Rubio se presentó ante miles de partidarios de Donald Trump y dijo que algo que tenía que saber que era falso:
“No todos los demócratas son socialistas”, dijo Rubio, estableciendo un remate para la masa reunidas en el Aeropuerto Ejecutivo de Opa-locka para ver a Trump hablar. “Pero todos los socialistas son demócratas”.
En un estado donde 1,157 electores están inscritos en el Partido para el Socialismo y la Liberación, la declaración de Rubio —el presidente cubanoamericano en funciones de la Comisión de Inteligencia del Senado federal— era falsa. Pero en Miami era demasiado efectiva para no seguir repitiéndola.
El uso retórico de la palabra “socialismo” por parte de los republicanos para golpear a los demócratas —una vieja táctica resucitada y aparentemente perfeccionada por Trump— ha sido persistente y generalizada, un punto de conversación que ha tenido una presencia en Fox News e incluso permeó comunidades en el centro de la Florida, como The Villages, donde los jubilados blancos y conservadores hablan abiertamente de no querer convertirse en una Venezuela socialista.
Pero ha sido más eficaz en Miami-Dade, donde los temores exagerados de que los demócratas planean establecer una dictadura izquierdista han movido el panorama político en la Florida a la derecha y ha dejado a vecinos y familias en un profundo desacuerdo. El dramático en Miami-Dade hacia Trump en 2020 lo ayudó a ganar el estado por más de 370,000 votos.
“Cuando se repite algo una y otra vez, la gente llega a creerlo y se lo toma en serio”, dijo José ‘Cucho’ Vivas, un elector venezolanoamericano quien declaró al Miami Herald que su familia recibió amenazas después de publicar en internet fotos de sí mismos con carteles de “Venezolanos con Biden” en apoyo al entonces candidato demócrata Joe Biden. “Esa ha sido la estrategia republicana”.
La repetición comenzó mucho antes de lanzarse oficialmente la la campaña de reelección del presidente. Después de las elecciones 2016, los estrategas del Partido Republicano que buscaban maneras de contrarrestar la fuerte e histórica ventaja de los demócratas en Miami-Dade se apoyaron en la etiqueta de “socialista” para alcanzar una mayor audiencia grande, receptiva y en gran medida conservadora: poblaciones de inmigrantes y refugiados cubanos y otros hispanos de países donde los regímenes izquierdistas o guerrillas han provocado estragos políticos, económicos y sociales.
E incluso cuando el abanderado demócrata Joe Biden —un moderado de toda la vida efectivamente caricaturado por Trump y sus aliados locales como una marioneta de la izquierda— parece listo para mudarse a la Casa Blanca, las divisiones y falsas percepciones alimentadas por la campaña persistirán.
‘Lo mismo puede suceder aquí’
“Ha logrado crear mucho miedo y resentimiento”, dijo de Trump el sociólogo Lisandro Pérez, un veterano experto del exilio cubano de Miami y las poblaciones hispanas. “Eso no desaparecerá cuando se vaya”.
La victoria de Biden en el Colegio Electoral y el voto popular no ha convencido a electores hispanos como José Edgardo Gómez, vecino venezolanoamericano de Miami-Dade, quien probablemente habló por muchos cuando dijo que no vio ninguna diferencia entre los demócratas y los socialistas autócratas en su país de Venezuela.
“Voté por Trump para evitar que Estados Unidos se asemeje a países como Cuba, Nicaragua y Venezuela. Biden es básicamente lo mismo”, dijo Gómez en una entrevista. “Queremos que los Estados Unidos sigan siendo libres y sigan teniendo una verdadera democracia. Nos sorprende ver cuántos estadounidenses no entienden las amenazas que el socialismo representa. Hemos perdido la libertad en nuestros países y lo mismo puede suceder aquí”.
La campaña del Partido Republicano entre los hispanos de Miami-Dade demostró ser dolorosamente efectiva para las posibilidades de Biden en la Florida. La ventaja del boleto presidencial demócrata en Miami-Dade, de inclinación izquierdista, se redujo de 30% durante la carrera de Hillary Clinton en 2016 a 7% el 3 de noviembre, lo que permitió a Trump compensar con creces las diferencias más pequeñas en otras partes del estado.
Y aunque aún no se dispone de números precisos sobre los patrones de participación y votación de los hispanos, los distritos y precintos de mayoría hispana se voltearon decididamente a favor de Trump. Por ejemplo, en Hialeah, una ciudad abrumadoramente hispana y cubana, donde Trump y Clinton dividieron el voto hace cuatro años, el presidente obtuvo alrededor de 66% de apoyo el martes. Algunos analistas creen que Trump ganó hasta la mitad de los electores hispanos no cubanos en Miami-Dade, un grupo que la campaña de Biden pensó que lo respaldaría ampliamente.
La campaña de Trump en Miami-Dade se desarrolló en varios frentes, en lo fundamental en español, en la forma tradicional de anuncios en televisión, material enviado por correo y mítines, así como en la nueva frontera de las redes sociales. En los programas de entrevistas radiales en español y en las redes sociales, en particular, los portavoces a veces no oficiales de Trump llevaron a cabo lo que algunos críticos han descrito como una campaña brutal e implacable de desinformación y distorsión que a menudo diseminó memes conspirativos para presentar a Biden y los demócratas como radicales peligrosos, y cosas aún peores.
A veces, como lo hizo en todo el país al presentar su mensaje a una mayoría conservadora blanca, la campaña jugó con los temores raciales de una población hispana inmigrante que en su mayoría se identifica como blanca, representando a los activistas de Black Lives Matter y las protestas generalizadas del verano por la brutalidad policial contra los negros como amenazantes y de inspiración comunista, etiquetas que por extensión también se aplicaban a la compañera negra de Biden , Kamala Harris.
“Toda esa cosa de la ley y el orden, antifa, y todos estos negros que van a ir a tu casa, todo ese tema del desorden también tuvo cierta resonancia”, dijo Pérez, el sociólogo. “Aviva el miedo en muchos cubanos”.
La etiqueta de ‘comunista’ nunca desapareció
Sin duda, muchos electores hispanos de Miami-Dade no necesitaban que los presionaran muchos para echar su suerte con Trump.
Los electores de origen cubano, cubanoamericanos y nicaragüenses en particular, son desde hace decenios una base amplia y confiable de apoyo a los candidatos del Partido Republicano y las políticas conservadoras. Eso contrasta fuertemente con las simpatías más liberales del grupo hispano más grande del país, los mexicanos y los mexicanoamericanos, y otras grandes poblaciones hispanas nacidas en Estados Unidos, como los puertorriqueños, cuyo apoyo los demócratas han asumido durante mucho tiempo.
Pero la potencia y el uso abierto de la otrora común etiqueta de “comunista” en la política de Miami, aunque nunca desapareció del todo, parecía desvanecerse en los últimos años a medida que los exiliados de primera generación se volvieron menos activos o fallecieron. El voto hispano local comenzó a dividirse, y muchos apoyaron candidatos demócratas de apoyo en las elecciones presidenciales, especialmente porque muchos más jóvenes, hispanos y cubanoamericanos criados en el país adoptaron puntos de vista más liberales.
Eso puede estar cambiando de nuevo.
El ascenso de los autollamados socialistas democráticos, como el senador federal Bernie Sanders y la representante Alexandria Ocasio-Cortez, así como el impulso en algunos rincones del Partido Demócrata para nacionalizar los servicios médicos, han creado un terreno fértil para que los republicanos planten la semilla. Y demócratas como el alcalde de Nueva York y ex candidato presidencial Bill de Blasio, quien repitió un grito de protesta de la revolución cubana —“¡Hasta la victoria siempre!”— el verano pasado, cuando Miami, fue sede de la primera primaria presidencial demócratas, la regó involuntariamente.
Las encuestas sugieren que los llegados recientemente de Cuba se han sumado al Partido Republicano en en general, y a Trump en particular. Después de vivir toda la vida en medio de la austeridad económica y la represión del régimen comunista de la isla, pueden ser más receptivos a la etiqueta de “socialista” que los cubanoamericanos de segunda y tercera generación, dicen los observadores. Muchos de esos exiliados e inmigrantes más recientes participaron entusiastamente en las caravanas de Trump que recorrieron Miami-Dade en las últimas semanas de la campaña.
Las sospechas que muchos cubanoamericanos albergan sobre los demócratas y el Partido Demócrata se remontan casi 60 años, a 1961, cuando el presidente John F. Kennedy ordenó no ofrecer apoyo aéreo durante la invasión de Bahía de Cochinos, que trató infructuosamente de derrocar el gobierno de Fidel Castro. Aunque esas sospechas han cedido, sigue siendo tema de los tabloides y estaciones de radio de La Pequeña Habana.
Un ejemplo durante la campaña fueron columnas publicadas en LIBRE, uno de los periódicos más antiguos de línea dura de los exiliados cubanos de Miami. El Nuevo Herald, la publicación hermana en español del Miami Herald, dio más exposición sin darse cuenta a algunos de los textos más furibundamente antidemocráticos de LIBRE cuando incluyó ejemplares de la publicación en su edición impresa una vez a la semana durante ocho meses a manera de suplemento de publicidad, que nadie en la compañía revisó. La relación se canceló después que un lector se quejó.
“Todavía tenemos que analizar en detalle el voto cubano”, dijo Pérez, profesor de la Universidad Internacional de Florida que ahora enseña en el John Jay College of Criminal Justice en Nueva York. “Toda la carnada roja comunista que hemos tenido aquí todo el tiempo, pero creo que esta vez tiene una mayor resonancia entre muchos cubanos”.
Amplificación del mensaje antisocialista de Trump
Pero una clave de la eficacia del Partido Republicano a nombre de Trump fue su capacidad de robustecer su acercamiento a las poblaciones hispanas locales por nacionalidad. La campaña amplió ampliamente su base de electores al dirigir su mensaje antidemócrata a temores y preocupaciones específicos de un pequeño pero cada vez mayor segmento de venezolanos que han huido de los regímenes de los autócratas socialistas Hugo Chávez y Nicolás Maduro, a colombianos que experimentaron décadas de guerra civil con guerrilleros marxistas, y bloques más pequeños de inmigrantes hispanos conservadores preocupados por el impacto de las políticas económicas liberales demócratas que pueden considerar socialistas.
El discurso fue doble: no solo Biden es un socialista, o una marioneta del ala izquierdista de su partido, sino que es probable que se rinda al socialismo en el extranjero, o incluso lo abrace, en lugares como Venezuela y Cuba. La campaña fue tan astuta que empleados hispanos adoptaron términos como “castrochavismo”, un ‘termino de moda usado por los conservadores de derecha en Colombia para describir la propagación de los regímenes de izquierda en América Latina, para vincular a los colombianos con la retórica usada para llegar a las comunidades nicaragüenses, venezolanas y cubanas.
El Partido Republicano alabó el respaldo no solicitado de Gustavo Petro, ex candidato presidencial colombiano y miembro de la guerrilla del grupo guerrillero M-19. “Joe Biden es un candidato del castrochavismo”, dijo un anuncio digital en español que tuvo más de 76,000 visitas en YouTube y fue ampliamente comentado en los medios de comunicación colombianos.
Al hacerlo, dijo un analista, la campaña de Trump amplificó significativamente su mensaje antisocialista a una audiencia receptiva a nivel local y más allá.
“La estrategia anticomunista y de crear temor siempre tendrá un mercado en los Estados Unidos”, dijo Aquiles Estés, asesor político de Miami especializado en los electores hispanos del sur de Florida. “Y si tienes un Partido Demócrata fuertemente vinculado con la extrema izquierda, siempre habrá una audiencia dispuesta a comprar esa narrativa y a votar en respuesta a esos temores.
“El elector venezolano es un subgrupo que no tiene peso real en las elecciones, pero la difícil situación venezolana se ha convertido en un tema que tiene una gran resonancia dentro de las comunidades cubana, colombiana y centroamericana”.
Victorias republicanas inesperadas
Para muchos de los electores que experimentaron de primera mano la dislocación política y económica, ese mensaje sonó fuerte y verdadero, sugieren entrevistas.
Oswaldo Navarro, de 44 años, se mudó a Miami desde Venezuela en enero con su hijo de 14 años, que necesitaba mejor atención médica de la que había en Venezuela para una dolencia renal crítica. Navarro dijo que se vio envuelto en la campaña presidencial porque veía a Trump como una lucha contra el socialismo del que acababa de huir. Aunque no puede votar en Estados Unidos, Navarro estaba en la biblioteca pública de Kendale Lakes todos los días haciendo campaña por el Partido Republicano.
“La oferta inicial [del socialismo] se ve bastante bien”, dijo Navarro. “Pero es una fórmula terrible.”
El cortejo por parte de la campaña de Trump de los electores hispanos de Miami-Dade fue paciente y calculador, y ayudó a impulsar a candidatos republicanos locales a victorias a menudo inesperadas en las carreras legislativas al Congreso federal y el estado.
Ya en 2016, Trump viajó a Miami para aceptar el respaldo de la Asociación de Veteranos de Bahía de Cochinos. Desde entonces, ha visitado Miami para firmar una orden ejecutiva que restringe la interacción de Estados Unidos con Cuba, ha celebrado un mitin en FIU para declarar el crepúsculo del socialismo bajo su administración y se reunió con exiliados cubanos y venezolanos en entornos más íntimos. El vicepresidente Mike Pence también hizo repetidas visitas al sur de Florida en nombre para reunirse con líderes exiliados.
Pence también vino a Miami para ayudar a lanzar formalmente Latinos por Trump, una coalición dedicada a movilizar a la comunidad hispana en parte mediante el uso de lenguaje antisocialista para caracterizar al Partido Demócrata.
La campaña también desplegó una gran cantidad de acólitos y aliados locales, oficiales y no oficiales. Y ganó el apoyo de influencers de los medios sociales, como el conocido exiliado cubano y activista anticomunista Alexander Otaola, quien los críticos dicen que ha sido uno de los principales proveedores locales de desinformación pro-Trump. Hace cuatro años, Otaola votó por la demócrata Hillary Clinton para la presidencia.
Rubio, mientras animaba a la multitud en Opa-locka domingo antes que hablara el presidente, dijo que la gente que rechaza las advertencias de los republicanos sobre el socialismo y el Partido Demócrata “son los que están confundidos”.
“Parte de las cosas que los oirás decir es: ‘Bueno, asustaron a la gente sobre el socialismo’. Este no es un grupo que tenga que tener miedo del socialismo. Lo ha visto cara a cara. Sabe cuál es la realidad”, dijo Rubio. “Otro grupo de personas dirá: ‘Confundieron a estas personas’. Estas personas no son de las que se confunden”.
Cuando se le pidió que hiciera declaraciones para este artículo, la oficina de Rubio aludió a las tensiones entre los demócratas en el Congreso, que esta semana celebraron una conferencia telefónica contenciosa, en que moderados advirtieron que el partido estaba moviéndose demasiado hacia la izquierda a medida que ideas como el retiro de fondos a la Policía se hacen más comunes.
“Los demócratas de la Cámara de Representantes y sus campañas están en modalidad de crisis después de darse cuenta que abrazar el socialismo les costó elecciones entre la clase trabajadora y las comunidades minoritarias de todo el país”, dijo el portavoz de Rubio. “Afirmar que el socialismo no está en la corriente principal en el Partido Demócrata es risible y alejado de la realidad”.
¿Por Trump o contra Biden?
El miedo al socialismo no fue el único factor que la campaña explotó con éxito. También se dirigió a la normalización de las relaciones con el gobierno de Cuba por parte del entonces presidente Barack Obama y su incapacidad para obstaculizar a Chávez y Maduro en Venezuela, atribuyendo esas políticas y fracasos percibidos a Biden, su vicepresidente. La campaña de Trump a menudo distribuyó una foto de un encuentro informal en 2015 en Brasil entre Biden y Maduro que parecía mostrar a los dos hablando animadamente. Otra imagen popular: un clip de Obama y el líder del Partido Comunista de Cuba, Raúl Castro, haciendo la ola mientras veían un partido de béisbol en La Habana en 2016.
La campaña del Partido Republicano también desempolvó algunos temas republicanos tradicionales, subrayando los antecedentes empresariales de Trump, su reducción de impuestos y políticas favorables a las pequeñas empresas, un mensaje que jugó bien en grupos cubanos e hispanos en general con muchos pequeños negocios en Miami-Dade. Muchos de los anuncios de televisión en español de la campaña, dijo Pérez, afirmaron que Biden gravaría fuertemente y perjudicaría a las pequeñas empresas.
Algunos electores hispanos dijeron que su voto por los republicanos no era tanto a favor de Trump sino contra Biden y los demócratas. José Rodríguez, de 49 años, un cubanoamericano y republicano, técnico en informática, dijo que no era el mayor partidario de Trump, pero estaba dispuesto a pasar por alto sus deficiencias.
“Habla demasiado, lo sé”, dijo Rodríguez. “Pero es más bien un voto en contra de los demócratas. Estoy realmente asustado por nuestro país y lo que podría llegar a pasar en los próximos cuatro años”.
Otros electores hispanos de Trump parecían estar en cierto grado de negación sobre algunas de las políticas y prácticas más controversiales del presidente. Algunos afirmaron erróneamente que está a favor de la inmigración y abraza a los inmigrantes, y elogiaron su manejo de la pandemia, ampliamente vista como un fracaso que ha llevado a un nivel desproporcionado de muertes e infecciones entre los hispanos y otras minorías, incluso en la Florida y Miami.
Algunos hispanos que han estado en el sur de Florida el tiempo suficiente reconocen que conocen bien la situación, pero incluso así apoyaron la campaña de Trump.
Gustavo Garagorry, presidente del Venezuelan-American Republican Club of Miami-Dade, dijo que sabe que Biden y la mayoría de los demócratas no son en realidad socialistas, pero que un cambio a la izquierda percibido en el Partido Demócrata en el transcurso de los últimos cuatro fue conveniente para Trump mientras buscaba apoyo entre los hispanos del sur de Florida.
“Los demócratas han sido históricamente moderados, centristas. Pero la realidad es que, en este momento, el Partido Demócrata se ha convertido en el hogar de socialistas e izquierdistas y han comenzado a cambiar la dirección del partido”, dijo Garagorry. Gente como Bernie Sanders, dijo, están “haciendo que sus voces se escuchen cada vez más”.
El cambio de actitud entre sus colegas venezolanos de 2016 a este año ha sido significativo, dijo. Mientras que se sintió solo como un hispano pro-Trump en 2015, cuando Trump lanzó su campaña presidencial, ahora se siente abrazado, un testamento, dijo, para el éxito de la campaña.
“En aquel entonces la gente me decía que estaba loco”, dijo. “Me retiraron la palabra como amigo. Dejaron de llamar. Me preguntaron cómo era posible que apoyara a Trump... Pero lo curioso es que todas las demás personas, la gente que me criticó al principio, hoy me dicen: ‘Gustavo, tenías razón. También apoyamos al presidente. Así que he visto que el cambio sucede de primera mano. Lo viví. Todavía lo estoy viviendo”.
Y agregó: ”Esto es un fenómeno”.
Y las cifras le dan la razón: en Doral, la ciudad donde Garagorry trabaja y donde vive la mayor concentración de venezolanos en Estados Unidos, Trump convirtió una derrota de 40 puntos en 2016 en una estrecha victoria de 1.4 puntos en 2020.
Reflexión de ‘Liderazgo del Partido Demócrata’
Entre los políticos republicanos locales que más ansiosamente emularon esta línea estuvo María Elvira Salazar, una ex periodista de televisión que derrotó a la actual representante demócrata Donna Shalala en su segundo intento al presentar como radical a la ex presidenta moderadamente liberal de la Universidad de Miami y funcionaria del gobierno de Clinton.
A finales de octubre, Salazar publicó un anuncio de última hora que saltó en una entrevista que Shalala hizo en NBC 6, una estación de televisión de Miami. en que Shalala quiso definirse como “capitalista pragmática”, pero dijo: “Soy una socialista pragmática”. El clip de dos segundos fue reproducido miles de veces en los últimos días de la carrera y apareció en material enviado por correo a casa de los electores. Salazar más tarde sugirió que Shalala era la única que tenía la culpa.
“El socialismo? No puedes estar jugando con esa palabra. Es demasiado ácida. Es demasiado peligrosa” en Miami-Dade, dijo Salazar, en una entrevista un día después de su victoria.
El representante Mario Díaz-Balart, el único republicano de Miami en la Cámara de Representantes antes de la elección del martes, dijo que Shalala perdió por culpa de la dirección del Partido Demócrata.
“Eso fue menos una reflexión sobre Donna Shalala que sobre la posición de liderazgo del Partido Demócrata de apaciguar y ayudar a las dictaduras socialistas en nuestro hemisferio”, dijo Díaz-Balart, refiriéndose a la posición de Biden de querer deshacer echar atrás la cancelación de Trump del acercamiento de Obama a Cuba y otras policías sobre América Latina.
También dijo que los recién llegados de Cuba y otros lugares son más propensos a rechazar a los demócratas.
“Lo que están viendo de ellos es un rechazo total y ya no son solo los cubanos, son hispanos de otros orígenes en el del sur de Florida”, dijo Díaz-Balart. “Lo que todos en esta comunidad entienden es que Cuba, Maduro, las FARC... todos son el mismo cáncer”.
Una de las principales disputas en la conversación sobre las políticas más progresistas del Partido Demócrata es si emulan el socialismo al estilo europeo o el socialismo visto en América Latina.
“Si lo colocas en el contexto del socialismo en Europa, no es un socialismo muy radical”, dijo Pérez. “La etiqueta de lo que sucede económicamente en Cuba también es socialismo, pero significa las restricciones a tu capacidad para ganarte la vida, la restricción de si puedes tener tu propio negocio, el socialismo de esta ideología que mata riquezas”.
El éxito de la campaña de Trump también ha provocado una fuerte reacción por parte de los electores cubanoamericanos, venezolanos y otros hispanos que apoyaron a Biden. Algunos dicen que el cabildeo indiscriminado de la retórica antisocialista de los partidarios de Biden estigmatizó a los electores que no respaldaron a Trump o al Partido Republicano.
Dicen que ha fomentado un ambiente de hostigamiento e intimidación pública dirigido a los partidarios de Biden que ha dividido a las familias, los ha disuadido de expresar abiertamente su apoyo a los candidatos demócratas y, a veces, los ha hecho temer por su seguridad física. Algunos partidarios locales hispanos de Biden que expresaron su apoyo en las redes sociales dicen que han sido rechazados por amigos y familiares y sometidos a amenazas y acusaciones hostiles de albergar simpatías socialistas o “chavistas”.
Adelys Ferro, una defensora de “Venezolanos con Biden”, dijo que la retórica antisocialista se calentó tanto que algunas personas en su comunidad simplemente tenían miedo de aventurar cualquier crítica a Trump.
“Hemos alcanzado tales niveles de fanatismo y comportamiento de culto que si te alejas de esa secta, te condenan. Y eso aterroriza a la gente”, dijo Ferro.
Las tensiones en Miami-Dade este otoño palidecieron en comparación con los días en que los políticos de Miami tenían autos que se arrancaban a distancia, en caso de que alguien intentara violarlos en su propio vehículo. Pero algunos dicen que el enfoque de la tierra arrasada de Trump en Miami-Dade ha dejado un legado tóxico al que los hispanos tendrán que hace frente durante algún tiempo.
Ahora que se proyecta que Biden sea el nuevo presidente, algunos de sus líderes dicen que los demócratas no pueden permitirse repetir el error que cometieron durante la campaña: no llegar personalmente a los electores para ganarse a la mayoría de los hispanos de Miami-Dade y superar las calumnias “socialistas” de Trump y sus aliados.
“Hay que seguir educando a la gente. Hay que seguir tocando a las puertas y explicar por qué [las críticas de socialistas] no son ciertas”, dijo la electora cubanoamericana Clara Vargas, quien pasó los últimos días de la campaña en el terreno en todo el condado con otros miembros de su sindicato de trabajadores 32BJ SEIU.
“Personalmente no creo que luchar por un salario digno y una atención médica asequible sea comunista”, dijo. Vargas añadió que siempre habrá gente “que vea el comunismo en todas partes... pero hay otros que tienen una mente más abierta. Creo que salir y tocar puertas y hablar con la gente siempre moverá la aguja”.
Ferro también ve una salida. Cree que la implacable retórica en torno al socialismo podría disminuir si las decisiones de política exterior de Biden como presidente reflejan un fuerte compromiso con el cambio de régimen en lugares como Venezuela.
“Cuando mis compatriotas ven a Biden luchando por la democracia y presionando a Maduro, no creo que puedan decir que se equivocaron. Pero esperemos que en ese momento, gran parte de esta retórica se calme y todos puedan seguir disfrutando de los frutos del capitalismo estadounidense”, dijo Ferro. “Al menos eso es lo que espero que suceda.”
Los periodistas de Miami Herald Karina Elwood y Alex Daugherty contribuyeron a este informe.
Traducción por Oscar Díaz.
Esta historia fue publicada originalmente el 8 de noviembre de 2020, 9:04 a. m..