La Crisis de los Misiles

Cuba: con un viejo máuser, Silvio esperó el ataque nuclear hace 50 años

Con un viejo fusil máuser en las manos y en compañía de un perro callejero, el ahora famoso cantautor Silvio Rodríguez, esperó - como flacucho e imberbe miliciano de guardia- el ataque atómico de Estados Unidos la noche del 27 de octubre de 1962.

“Una noche en que me tocó la peor guardia, la de 2 a 4 (de la madrugada), creo que el mismo día en que por la provincia de Oriente (este) se derribó un U-2, volvió a llegar (Carlos, un directivo) Quintela de madrugada, ahora diciendo que al amanecer se esperaba un ataque nuclear”, rememoró el artista, próximo a cumplir sus 66 años.

En un testimonio publicado en su blog segundacita.blogspot, Rodríguez narra sus vivencias de adolescente en plena crisis de los misiles de 1962, cuando el mundo estuvo al borde del cataclismo nuclear.

Estudiante de secundaria básica (del séptimo al noveno grados) y dibujante de la revista Mella, el que después sería fundador de la Nueva Trova cubana, recuerda que pensó “en la utilidad del máuser que tenía en las manos, mirando a la luna llena con la intensidad de mis casi 16 años, sintiéndome una especie de hombre lobo que sólo pensaba en su familia”.

Un año antes, cuando el desembarco de anticastristas por Playa Girón, Bahía de Cochinos, Silvio se había inscrito en las Milicias Nacionales Revolucionarias, fundadas por Fidel Castro.

De tal forma que, cuando se desató la crisis entre las dos superpotencias, -Estados Unidos y la Unión Soviética- por la instalación de misiles nucleares en Cuba, Silvio, al igual que cientos de miles de cubanos, fue acuartelado en espera del ataque norteamericano.

Muchos cubanos no tuvieron entonces, en medio de un mar pasiones a favor y en contra de Castro, conciencia del riesgo que vivieron: “ En lontananza (calculé que por la calle Carlos III), escuché pasar una conga cantando ‘Si vienen, quedan'…”, recuerda Silvio.

El punto crítico de la tensión fue el derribo, el 27 de octubre, de un avión espía norteamericano U-2, en el este de Cuba. Todos esperaron el estallido inmediato de la guerra.

“Querían (los norteamericanos) partir la isla en tres pedazos, de modo que corriera mar entre ellos, para después realizar un triple desembarco de marines. La recomendación que nos daban era que no miráramos al este, a eso de las seis de la mañana”, recuerda el autor de “Ojala” y otros cientos de canciones.

El 28 de octubre, día decimotercero y final de la crisis, el primer ministro soviético Nikita Kruschov anunció en Radio Moscú el retiro de los misiles, en respuesta a la promesa de Washington de no invadir a la isla y de retirar sus misiles de Turquía y de Italia.

“El relevo (de su guardia) llegó un poquito tarde, como era habitual en aquella jodida guardia a mitad de la noche. Lentamente subí las escaleras, seguido por un cachorro (perro) del barrio que teníamos como mascota, y una vez arriba me hundí en una de las hamacas”, cuenta Silvio.

Y luego, “la mañana siguiente, el trajín cotidiano. Del ataque atómico me vine acordar varios días después” y 10 años después, en 1972, escribió la canción “Oh, bienvenido seas octubre”, en la cual dice: “Octubre terrible del sesenta y dos, llegaste derecho a parar el reloj y no reparaste en que en esta región tutear a la muerte era ya tradición”.

Esta historia fue publicada originalmente el 17 de octubre de 2012, 11:15 a. m. with the headline "Cuba: con un viejo máuser, Silvio esperó el ataque nuclear hace 50 años."

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