30 Años del Mariel

El cemento transformó al Mariel y a mi familia

La Portland Cement Co. era uno de los mayores empleadores de la ciudad. Muchos de los empleados eran inmigrantes españoles, como mi familia. La foto está dedicada por mi tío abuelo José a sus padres en Galicia, España.
La Portland Cement Co. era uno de los mayores empleadores de la ciudad. Muchos de los empleados eran inmigrantes españoles, como mi familia. La foto está dedicada por mi tío abuelo José a sus padres en Galicia, España.

En 1895 Cuba inauguró la primera planta de cemento en América Latina --el mismo año en que se independizó de España-- y mi pueblo de Mariel se convirtió rápidamente en el centro de la industria.

La Portland Cement Co, propiedad norteamericana, comenzó a operar en 1916 para suministrar buena parte del cemento usado en la isla durante los primeros años de la naciente república. Conseguir un trabajo allí era considerado un orgullo para los inmigrantes españoles recién llegados. Entre ellos estaba mi bisabuelo, José, que fue contratado para trabajar en los incineradores poco después de inaugurarse.

Con su buen trabajo, se casó con mi bisabuela y empezaron una familia en Mariel, un hijo y cuatro hijas. Entre ellas, Nena, mi abuela.

En 1928, a los 20 años, se casó con mi abuelo, Emilio, una unión sorprendente porque los gallegos no se casaban con andaluces, como mi abuelo.

Juntos abrieron un pequeño restaurante llamado El Bodegón. Sus principales clientes eran los empleados de la planta de cemento, que trabajaban 24 horas, lo que hizo que el restaurante se conviertiera en una gran tienda y luego en un bar que servía a los trabajadores españoles de la planta de cemento y de la refinería de azúcar de San Ramón.

Con el pasar de los años mis abuelos emplearon a muchos de los adolescentes del pueblo. En 1962, tras la salida de mi padre hacia Estados Unidos, algunos fueron enviados por la Reforma Urbana a confiscar El Bodegón, que también era nuestra casa, excepto que mi abuela dejó claro que tendrían que matarla primero.

Con el tiempo se lo llevaron todo de la tienda, aunque ella se las arregló para enterrar algunas docenas de sus preciosas latas de leche condensada Eagle.

Cuando la lecha escaseaba, abuela tenía un regalo para las nuevas madres de Mariel.

El abuelo Emilio murió en 1967, seguido por mi bisabuela Pepa en 1968. Su casa de Mariel fue finalmente confiscada y abuela Nena llegó a Miami en uno de los llamados Vuelos de la Libertad en 1972.

Ella murió en 1976, a los 97 años, no sin antes haberme transmitido su amor por Mariel.

  Comentarios