Operación Pedro Pan

La buena suerte que tuvieron tres hermanos

Eloy Cepero, de pie, a la derecha; Paul y el pequeño Eloy, al centro, con sus padres y su abuelo en Cuba.
Eloy Cepero, de pie, a la derecha; Paul y el pequeño Eloy, al centro, con sus padres y su abuelo en Cuba.

NOMBRE: Eloy Cepero

FECHA DE LLEGADA: 11 de junio de 1962

EDAD: 15 años

Entre algunos veteranos de la Operación Pedro Pan hay un viejo chiste. Dicen que por un lado están nosotros, los típicos muchachos Pedro Pan enviados a campamentos, orfanatos y casas de custodios temporales hasta que se reúnen con sus padres cubanos.

Y del otro están los tres hermanos Cepero --Paul, de 16 años; Eloy, de 15, y el pequeño Eloy, de 11. Ellos fueron "los afortunados''.

Acabados de llegar en un vuelo de la Operación Pedro Pan, pasaron sólo unas horas de procesamiento en el campamento de varones de Opa-locka antes de ser llevados a la mansión de Coral Gables de un millonario.

"Me acuerdo que cuando nos llevaron a la casa de South Greenway Drive, nos miramos unos a los otros como diciendo: ‘Esto no está mal' '', contó Eloy Cepero, el mayor.

Los Cepero debían su buena fortuna a Elizabeth Smith, la esposa de McGregor Smith, presidente ejecutivo de Florida Power & Light y el hombre a quien se acredita la construcción de la electronuclear de Turkey Point.

Ella había levantado la mano con entusiasmo en su iglesia metodista en el verano de 1962 cuando pidieron voluntarios para acoger a tres hermanos cubanos que venían huyendo del régimen comunista de Fidel Castro.

"No pudimos tener más suerte'', dijo Cepero, de 63 años, banquero hipotecario de Miami-Dade, experto en música cubana y presentador de radio.

Cepero dijo que los tres años que pasaron con los Smith transformaron su vida. "Ese hombre nos trató como a sus propios hijos. Los Smith no pudieron ser más buenos con nosotros'', dijo Cepero.

La vida en casa de los Smith incluía los servicios de una criada, una cocinera y un chofer, así como cenas en el Country Club todos los viernes.

Smith también trató de enseñarlos a triunfar en la vida.

"El nos daba consejos como: ‘Entren siempre a una habitación como si fueran los dueños de todo, a menos que les adviertan de lo contrario'. O ‘Sonríanle siempre a todo el mundo, así se los ganan' ''.

A medida que pasaba el tiempo, los Smith y los padres de los Cepero, un abogado y una maestra de Bahía Honda, establecieron una cálida correspondencia.

Elizabeth Smith le escribía largas cartas a la madre de los muchachos, manteniéndola al tanto de sus hijos.

"Yo no soy nada sin los niños; por favor, cuídelos, señora Smith'', le escribía la madre.

Hubo tropiezos: a un mes de llegar a Estados Unidos, Cepero se metió en problemas de mala conducta durante la escuela de verano en la Secundaria Shenandoah.

"Mis hermanos se pusieron bravos conmigo. Ellos me decían: ‘¡Ahora nos van a botar por tu culpa!' ''

Smith regañó a Cepero, pero nunca dijo una palabra de renunciar a los niños.

Cuando los padres de los Cepero llegaron de Cuba, McGregor Smith le compró a la familia una gasolinera y una casa en Tampa.

"Ellos eran personas maravillosas, eso es todo lo que puedo decir'', dijo Cepero, quien se mantuvo en contacto con los Smith hasta que fallecieron.

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