Estados Unidos

Clinton y Trump, acabar con las sospechas y contener el lenguaje combativo

La candidata demócrata Hillary Clinton y el candidato republicano Donald Trump.
La candidata demócrata Hillary Clinton y el candidato republicano Donald Trump. AP

El fin de semana del día del Trabajo siempre ha tenido una resonancia especial en la política de Estados Unidos, como inicio oficial del último tramo de la campaña hasta el día de las elecciones, celebrado con actos, marchas y picnics junto al lago.

Por supuesto, esos días desaparecieron hace mucho en estos tiempos de campaña permanente. Donald Trump, el republicano, y Hillary Clinton, la demócrata, han estado en su esfuerzo final hacia el día de las elecciones desde hace ya más de un año.

No obstante, este parece un buen momento para evaluar lo que los analistas políticos dicen que los candidatos necesitan hacer en los últimos dos meses si quieren irse a vivir a la Casa Blanca en enero próximo. Y si bien las encuestas señalan que Clinton tiene una clara ventaja sobre Trump, la competencia está lejos de haber terminado. La impopularidad de ambos candidatos le ha conferido a este enfrentamiento una volatilidad rara vez vista a estas alturas de la campaña.

DONALD TRUMP

1. Concentración, concentración, concentración

Trump haría bien en seguir el consejo de dejar de perder el tiempo en estados que no va a ganar y de cortejar votantes que difícilmente votarían por él. Hay demasiados estados que Trump necesita ganar, como Florida y Nevada, para que dedique tiempo y recursos monetarios en estados como Washington, que no ha votado por los republicanos desde Ronald Reagan en 1984. (Y en ese sentido, tampoco debería de perder tiempo en estados como Mississippi, que no ha votado por los demócratas desde que Jimmy Carter fue elegido presidente en 1976.)

Y, desde un punto de vista estratégico, ya se acabó el tiempo para tratar de engañar al otro bando o de ver si está en juego algún estado con menos probabilidades. En 2012, la campaña del presidente Barack Obama hizo un verdadero esfuerzo en Arizona, pero se retiró antes del verano. “En mayo decidimos que simplemente no podíamos darnos ese lujo... que teníamos que renunciar a ese sueño”, revela Jim Messina, que manejó la campaña de Obama en 2012.

A Trump también le convendría reconsiderar cuánto tiempo dedicar a convocar a latinos y afroamericanos. Sí, es difícil ver que alguien pueda ganar la presidencia con tan solo el voto blanco. Y la verdadera estrategia de Trump, aunque tácita, podría estar haciéndolo más del gusto de los blancos moderados, manteniendo bajo el atractivo entre las minorías.

De todos modos, pocos analistas le dan a Trump muchas posibilidades de ganarse el apoyo ya sea de los latinos o de los afroamericanos. Y eso será más marcado aun después de esta semana, cuando los líderes latinos criticaron su duro discurso sobre la inmigración y los negros se burlaron de su campaña por tratar de coreografiar una sesión de preguntas y respuestas con Trump y un ministro negro en Detroit, preparando extensas respuestas a preguntas presentadas de antemano.

2. Aprovechar los debates

Hay un número reducido de oportunidades para que Trump cambie la dinámica de la competencia y, en esa lista, los debates ocupan los primeros tres lugares. Le ofrecen a Trump una enorme audiencia para apelar a los ciudadanos indecisos de este año: aquellos que no quieren a Clinton pero que tienen miedo de una presidencia de Trump. “Trump tiene que demostrar que es aceptable”, advierte Neil Newhouse, encuestador republicano. “En estos momentos, considerando las cifras, no lo es. No es el mensaje sino el mensajero lo que está impidiendo que esos votantes se decidan”.

3. El problema es Clinton

Clinton está tratando de que esta votación sea un referendo sobre Trump y, en muchos casos, Trump parece esforzarse por ayudarla. Más bien, Trump debería convertir esto en una discusión sobre Clinton. Hay un público receptivo al cambio entre los votantes cansados de ocho años de gobierno demócrata y 25 años de la familia Clinton.

En lugar de haber pasado dos semanas luchando con la inmigración, Trump hubiera estado mejor hablando de la Fundación Clinton o de los problemas de ella con el correo electrónico. Todos los días. Repetir, repetir, repetir puede ser aburrido, especialmente para alguien como Trump, pero así es como se ganan las elecciones.

4. El tono es importante

Analistas de ambos partidos dicen que Trump necesita contener sus instintos más combativos y dejar de insistir en sus dichos cada vez que alguna de sus declaraciones se convierte en una tormenta de fuego. En estos momentos, cada momento debería dedicarse a convencer a los ciudadanos de que tiene el temperamento y la estabilidad necesarios para ser presidente. Si Trump pudiera regresar a ese momento de su campaña en que parecía gracioso e incluso agradable, eso le serviría mucho ante una candidata como Clinton.

También sería prudente que se tomara unas vacaciones en Twitter, o que hiciera el equivalente digital de guardar la carta de indignación en el cajón del escritorio por la noche y decidir al día siguiente si la envía o no.

“Se empiezan haciendo cosas sencillas”, señala Newhouse. “Nada de intercepciones, nada de pifias. Hilar algunas semanas después de otras semanas. No queda mucho tiempo. La coherencia es la competencia”.

Eso se refiere a ganar o perder: es importante, al menos para el futuro del Partido Republicano, que Trump se comporte de una manera que mantenga cerrada la competencia.

HILLARY CLINTON

1. Complacencia, complacencia, complacencia

Clinton no tiene peor enemigo que la idea de que está caminando rápidamente hacia la victoria, reforzada día tras día por las encuestas que muestran que va a ganar. Eso podría ser un problema para cualquier político, pero es un problema en particular para Clinton, dado que no podría decirse que muchos de sus seguidores son entusiastas.

Ella está en riesgo de perder el voto de los disgustados, aquellos que podrían preferir quedarse en casa o emitir un voto de protesta en favor de Jill Stein, la candidata del Partido Verde. Esto también podría ser un problema entre los sectores que podrían apoyar a Clinton, pero que tienen antecedentes de no presentarse a votar, como los latinos, los jóvenes y los afroamericanos. Ella va a necesitar una participación muy grande, en particular entre los latinos, para ganar Nevada y tener la esperanza de hacer lo que trató de lograr Messina en 2012 en Arizona.

Y además están los simpatizantes de Bernie Sanders, el senador por Vermont que ella derrotó por la candidatura demócrata. Ellos siempre la han visto con recelo y muchos de ellos vieron con preocupación que Clinton se dirigiera a líderes y votantes republicanos en busca de apoyo.

[Clinton] debe hacer todo lo posible por acabar con las sospechas de que no es honesta o confiable, tanto para gobernar como para ganar las elecciones

Whit Ayres

encuestador republicano

“Ella tiene que asegurarse que la participación de los demócratas sea bastante fuerte”, advierte David Plouffe, que manejó la campaña de Obama por la Casa Blanca en 2008. “Es difícil porque claramente hay un montón de republicanos y de independientes de tendencias moderadas de los que ella podría y quisiera disponer.”

Los simpatizantes de Trump ciertamente parecen animados, sobre todo después de su discurso sobre la inmigración. La comentarista conservadora Ann Coulter aseguró que fue “el discurso más magnífico que se haya pronunciado”.

2. Problemas de confianza

¿Es posible que, a esas alturas, Clinton haga cambiar de opinión a los votantes que no la quieren o que no confían en ella? Podría ser, en especial si Trump supera el obstáculo de la aceptabilidad en el primer debate. Con ese fin, ella podría convocar a una conferencia de prensa para ofrecer una explicación clara de lo que está pasando con la Fundación Clinton, y su propio papel en ella, y tratar de explicar lo que parecen ser sus respuestas incongruentes durante la investigación del correo electrónico.

No es solo cuestión de ganar la Casa Blanca.

“Ella debe hacer todo lo posible por acabar con las sospechas de que no es honesta o confiable, tanto para gobernar como para ganar las elecciones”, recomienda Whit Ayres, encuestador republicano. “Cuando dos terceras partes del pueblo piensan que no es honesta ni confiable, es un verdadero problema”.

Una fuerza que trabaja en contra de eso es que Clinton es una política que –desde la primera vez que contendió por el escaño de Nueva York en el Senado– que tiende a ir a la segura. Y dados los problemas de Trump, es muy comprensible la tentación de avanzar sin esforzarse.

Pero en una campaña política, ir a la segura no siempre es lo más seguro que puede hacerse. Trump ha capturado la imaginación de los electores con su enfoque político audaz, si bien anticonvencional, y ciertamente ha dominado la campaña.

“Arriésguese”, le recomienda Newhouse. “Por todos los cielos, celebre una conferencia de prensa. Desmonte la Fundación Clinton. Es demasiado tímida y le tiene miedo a su propia sombra”.

3. Aprovechar los debates

Los debates también representan una oportunidad para Clinton, aunque podrían acabar siendo un terreno más complicado para ella. Idealmente para los demócratas, un sólido desempeño de Clinton –o una semana particularmente débil de Trump– podría inyectarle nuevos bríos a la campaña. Pero si hay un lado positivo de los problemas de Trump como candidato es que son muy bajas las expectativas de su desempeño en el primer debate.

“El momento clave va a ser ese primer debate”, afirma Plouffe. “Trump va a llegar como el que va perdiendo, lo que podría ser peligroso. Tiene que asegurarse de dominar el primer debate.”

4. Obligar a Trump a desperdigar sus fuerzas

Clinton tiene el dinero y el apoyo para empezar a ir a estados donde los demócratas normalmente no son muy competitivos, como Georgia, Arizona, Utah y Missouri. En algunos estados, ella realmente tendría posibilidades de ganar, como Arizona. En otros, como Utah, no tanto.

Pero no importa. Si Clinton dedica recursos a cualquiera de esos estados marginales, podría obligar a Trump a desviar sus recursos de estados como Ohio y Nueva Hampshire. La falta de experiencia de su campaña va a ser sometida a prueba ahora, cuando hay que hacer importantes evaluaciones, en fracciones de segundo, sobre lo que está haciendo el otro bando.

“Lo que tiene que hacer Clinton es procurar que Trump no gane fuerza o impulso”, aconseja Plouffe. “Tiene que mantener el campo de batalla extraordinariamente amplio. Tiene que obligarlo a él a jugar a la defensiva.”

Esta historia fue publicada originalmente el 8 de septiembre de 2016, 6:12 p. m. with the headline "Clinton y Trump, acabar con las sospechas y contener el lenguaje combativo."

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