Estados Unidos

Cuba intenta descifrar su posición en la era de Trump

“Lo que hemos dicho es que hay que esperar y ver. Todavía es muy pronto”, comentó un defensor de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, quien explicó que los cubanos quieren entender el nuevo escenario político bajo el presidente electo Donald Trump.
“Lo que hemos dicho es que hay que esperar y ver. Todavía es muy pronto”, comentó un defensor de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, quien explicó que los cubanos quieren entender el nuevo escenario político bajo el presidente electo Donald Trump. Bloomberg

Alarmados ante la perspectiva de que la frágil relación con Estados Unidos pueda irse a la deriva con el nuevo presidente electo Donald Trump, el gobierno cubano está discretamente recabando información de sus contactos en Estados Unidos para determinar qué puede pasar en el futuro cercano.

Los cubanos están interesados en saber quién es Donald Trump, qué haría realmente respecto a Cuba y cómo pudieran abrir canales de comunicación con su administración.

“Los cubanos están cag...s porque no tienen canales de comunicación con Trump”, dijo a el Nuevo Herald y el Miami Herald una fuente que regularmente se reúne con funcionarios cubanos y que dijo haber sido contactada por ellos después de la victoria del candidato republicano a principios de noviembre.


Entre las fuentes que le dijeron a ambos periódicos que han hablado con el gobierno cubano hay mediadores, empresarios que tienen negocios en Cuba o sus representantes, así como miembros de organizaciones interesadas en el tema cubano. Todas las fuentes pidieron no ser identificadas para no parecer demasiado cercanas al gobierno de Raúl Castro. El gobierno cubano no contestó a una petición de comentario enviada a su embajada en Washington.

“Lo que hemos dicho es que hay que esperar y ver. Todavía es muy pronto”, dijo un defensor de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, quien explicó que los cubanos quieren entender el nuevo escenario político.

Funcionarios cubanos han llamado y se han reunido en persona con estadounidenses involucrados en negocios y miembros de grupos cívicos que defienden aumentar los lazos entre los dos países. Los estadounidenses han insistido a los funcionarios cubanos que necesitan apurarse para concretar acuerdos comerciales pendientes con compañías norteamericanas para solidificar las renovadas relaciones diplomáticas.


El principal problema de Castro, sin embargo, es que los contactos que han cultivado durante años eran cercanos al gobierno de Barack Obama. Nadie cerca de Trump aboga por la causa del gobierno cubano, al menos no públicamente.

“Ellos no anticiparon a un presidente electo Donald Trump”, afirmó Jorge Mas Santos, presidente de la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA) con sede en Miami, quien aclaró que no ha conversado con el gobierno cubano. “Ellos están preocupados, y yo creo que esa incertidumbre es buena”, agregó.

Las fuerzas partidarias del acercamiento tampoco tienen presencia en el círculo íntimo de Trump.

“No creo que haya nadie dentro, en este punto, que presente la visión equilibrada que necesita presentarse”, opinó Mike Fernández, ejecutivo de una compañía de servicios médicos de Coral Gables y uno de los principales defensores republicanos de la apertura llevada a cabo por el gobierno de Obama. “En este momento, creo que el otro lado tiene una ventaja”, señaló.

En cambio, los políticos con posiciones más duras sobre Cuba tienen varias voces cerca de Trump, entre ellos el vicepresidente electo Mike Pence, gobernador de Indiana y ex legislador de ese estado.


“Es ciento por ciento un combatiente por la libertad”, dijo el ex legislador Lincoln Díaz-Balart, cuyo Congressional Hispanic Leadership Institute homenajeó a Pence en el 2010. “Se reunió con ex presos políticos. Conoce el tema”.

Se sabe que Pence en ocasiones envía mensajes de texto al representante Mario Díaz-Balart, el único republicano de Miami en el Congreso que votó por Trump. Díaz-Balart no comentó sobre los mensajes de texto, pero dijo que hablaba regularmente con varios miembros del equipo de transición de Trump.

“Mario Díaz-Balart es nuestro hombre: lo hemos designado como nuestro hombre para tratar con la gente de Trump”, dijo la congresista Ileana Ros-Lehtinen, quien se refirió a Pence como el “mensajero” de los representantes cubanoamericanos, aunque no está de acuerdo con él en todo, aclaró.


En Cuba, sin embargo, “él está de acuerdo con nosotros”, dijo. “Hemos trabajado muy estrechamente con él a través de los años”. Ella y su esposo una vez llevaron a Pence y a su familia a navegar en la Bahía de Biscayne, contó.

El equipo de transición de Trump está lleno de otras voces conservadoras sobre Cuba: James Jay Carafano, de la Heritage Foundation está en el equipo del Departamento de Estado; Mauricio Claver-Carone del U. S.-Cuba Democracy PAC, está en el equipo de “aterrizaje” en el Departamento del Tesoro; el representante Devin Nunes, de California, está en el equipo ejecutivo. Trump también está recibiendo asesoría de la abogada cubanoamericana A. J. Delgado, de Miami; el profesor de Harvard Carlos Díaz Rosillo, y de Yleem Poblete, ex jefa del equipo de trabajo de la Comisión de Asuntos Exteriores de la Cámara, bajo Ros-Lehtinen.

Nadie ha sido designado específicamente para llevar el tema de Cuba, responsabilidad que probablemente caerá en quien llegue a estar al frente del Buró para Asuntos de las Américas en el Departamento de Estado. Entre los cuatro finalistas para secretario de Estado están Rudy Giuliani, ex alcalde de la ciudad de Nueva York, y el ex candidato presidencial republicano Mitt Romney, ambos de línea dura. Trump se reunió el viernes con otro de sus favoritos, John Bolton, ex embajador estadounidense en la ONU.


Sin embargo, otro contendiente, Bob Corker, senador por Tennessee y presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, es considerado por los grupos proacercamiento como el candidato que más probablemente los escucharía. Corker viajó discretamente a La Habana el mes pasado y se reunió durante dos horas con varios disidentes, entre ellos Martha Beatriz Roque, Laritza Diversent, Oscar Elías Biscet, Dagoberto Valdés y Manuel Cuesta Morúa. También en noviembre, Caleb McCarry, miembro del equipo de trabajo de la Comisión presidido por Corker, dijo algunas palabras durante la celebración del décimo aniversario del Centro para la Democracia en las Américas, una activa organización en Washington que apoya la normalización con Cuba.

El grupo proacercamiento está intentando enviar todo tipo de mensajes al equipo de transición de Trump, desde que ya hay trabajos en Estados Unidos que dependen de Cuba, hasta la posibilidad de una crisis migratoria, si Trump provoca con uno de sus tuits a Raúl Castro y este responde abriendo las fronteras marítimas, una pesadilla que conocen muy bien los ex presidentes Jimmy Carter y Bill Clinton.

Las fuerzas que ayudaron al deshielo conservan esperanzas de que Donald Trump se comporte más como empresario que como político con respecto a Cuba. Cuando era candidato presidencial, Trump prometió terminar “el acuerdo” con Cuba si el gobierno de La Habana no ofrece algunas concesiones. Como magnate hotelero y de bienes raíces, exploró oportunidades de negocios en la isla, al punto de que pudiera haber infringido las leyes del embargo en 1998.

Varios coinciden en que eliminar todos los nuevos vínculos con Cuba perjudicaría al pueblo cubano y le daría la ansiada excusa a los más conservadores dentro del gobierno de Raúl Castro para paralizar la reforma económica.

“El mensaje que hay que enviarle a Trump es que si cierra todo, va a destruir una serie de vidas, de emprendedores que ya tienen su negocito, y va a provocar que la jerarquía cubana regrese a los bunkers, porque ellos han sabido sobrevivir a cosas peores, dijo Carlos Saladrigas presidente del Cuba Study Group, una organización que promovió con éxito el cambio de política hacia la isla. “Ha muerto la persona que era el epicentro de la línea dura, lo que abre un camino para que los elementos reformistas en el gobierno puedan progresar. No es el momento de cerrar”, subrayó.

Aunque los activistas partidarios del acercamiento están están contemplando lo que consideran el peor escenario —la posibilidad de que Trump implemente una política de línea dura, similar a la del entonces presidente George W. Bush—, algunos creen que los conservadores que aseguran que Trump destruirá todo lo implementado por Obama están exagerando.

“Los ultraconservadores van a tener un momento realmente difícil”, dijo Joe Arriola, presidente del Fideicomiso de Salud Pública del Condado Miami-Dade. “Hablan en grande ahora, hablan duro, pero no creo que Trump vaya a cambiarlo todo. Habrá cambios, no va a ser lo mismo, pero el público estadounidense no cree en el freaking embargo”, opinó.

Revertir todas las medidas de Obama tendría menos sentido ahora, cuando Fidel Castro está muerto y su hermano Raúl Castro anunció que se retiraría en febrero del 2018, subrayaron varios entrevistados.

“La muerte de Castro representa una verdadera oportunidad para el cambio”, dijo Mark Stanford, representante por Carolina del Sur, quien como otros republicanos de fuera del sur de la Florida respaldó activamente tanto a Trump como a la política de Obama de estrechar los lazos con Cuba. “Ambos bandos, tan aparentemente divididos, quieren lo mismo, que es el cambio en Cuba y el cambio para el pueblo cubano”.

Entre ambos polos, voces más moderadas sobre el tema cubano dentro del Partido Republicano han tratado de llegar a Trump y a su círculo íntimo, entre ellos Brian Ballard, quien conoce a actores políticos en ambos bandos por sus años de cabildero para clientes de la Florida.

Entre los moderados hay cubanoamericanos como Mas Santos, con vínculos directos con Trump. La CANF invitó a Trump a Miami en 1999 para hablar de la política hacia Cuba, un discurso que muchos cubanoamericanos en Miami citan como razón para apoyar a Trump.

Mas Santos pronosticó que Trump presionará para obtener más concesiones de Cuba, y las conseguirá.

“Cuba necesita esto más que Estados Unidos”, dijo, y añadió que el silencio del gobierno cubano tras la elección de Trump era una señal importante. “Creo que es muy significativo y muy revelador que realmente no haya ninguna referencia a Trump por parte del régimen cubano en las últimas tres semanas”.

Bertica Morris, asesora política de origen cubano basada en Orlando —quien fue portavoz de la campaña de Trump a nivel local— dijo que a estos actores políticos moderados les gustaría que el presidente electo presionara para alcanzar mayor reciprocidad en el acuerdo con el gobierno cubano, sin sacrificar algunos renglones de la apertura con Cuba.

“Trump dijo que va a tratar de conseguir un mejor acuerdo, es lo más normal, pero yo espero que no vaya a revertirlo todo. Él es un hombre de negocios. Me imagino que va a mirar lo que está pasando y ver qué va a negociar”, dijo Morris.

El ex senador Mel Martínez, otro cubanoamericano de Orlando, dijo que sería el tipo de persona que podría ocupar un papel intermedio en cualquier diálogo sobre política hacia Cuba. Él y Morris han discutido ese enfoque, dijo, y Martínez ha estado en contacto ocasional con algunos miembros del equipo de transición de Trump.

“Mi enfoque sería mirar lo que ha ocurrido, lo que parece funcionar y lo que no parece funcionar”, dijo Martínez, quien no apoyó a Trump durante la primaria republicana pero finalmente votó por él en las elecciones generales.

“Qué momento tan inusual tenemos ahora, con la muerte de Fidel. Inevitablemente, en Cuba tienen que estar analizando lo que va a pasar”, agregó.

“No creo que tengan ni idea”.

Nora Gámez Torres: @ngameztorres

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