¿Será Ivanka Trump la ‘primera hija’ más poderosa en la historia de Estados Unidos?
Cuando Nancy Pelosi, líder de la minoría de la Cámara de Representantes, llamó a Donald Trump poco después de su victoria el 8 de noviembre, hablaron sobre política interna e infraestructura. Sin embargo, cuando Pelosi habló sobre las mujeres, el presidente electo hizo algo inesperado: le pasó el teléfono a otra persona en la habitación: a su hija de 35 años, Ivanka.
Más o menos al mismo tiempo, Sheryl Sandberg, directora de Operaciones de Facebook y autora de un famoso libro sobre el empoderamiento femenino, contactó a Ivanka con la esperanza de comenzar lo que colaboradores de ambos lados describieron como “un diálogo”.
Anne-Marie Slaughter, asesora política de Hillary Clinton en el Departamento de Estado y autora de Unfinished Business: Women Men Work Family, se reunió con Ivanka hace aproximadamente un año en la Cumbre de las Mujeres más Poderosas de la revista Fortune. También envió un mensaje a la hija del presidente electo una semana después de la elección, en el que afirmaba que esperaba mantenerse en contacto con ella después que su padre tomara posesión del cargo.
“Se toma muy en serio esa agenda y puede ser una fuerza interna poderosa”, declaró Slaughter en una entrevista.
Quizá aún más importante, explicó: “No conozco a nadie más”.
Cuando falta poco más de un mes para la la ceremonia de investidura de su padre, Ivanka Trump y su esposo, Jared Kushner, de 35 años, son importantes asesores del presidente electo, e Ivanka podría convertirse en la primera hija quizá con mayor influencia desde Alice Roosevelt Longworth. La pareja ha asistido a reuniones con asesores políticos, reclutadores, líderes extranjeros y promotores inmobiliarios dispuestos a vender apartamentos de $2 millones con la “marca del presidente electo”.
También se encargan de filtrar llamadas y correos electrónicos de sus propios amigos y conocidos, que esperan encontrar apoyo para sus causas en el gobierno de Trump.
Incluso Leonardo DiCaprio se reunió en privado con ella para entregarle un ejemplar de su documental sobre el cambio climático, Before the Flood, según asistentes de ambos.
Sin embargo, a medida que su plataforma se amplía, también han aparecido algunas críticas de que su intención podría ser darle un impulso a su marca, Ivanka Trump, que ha venido desarrollando cuidadosamente durante la última década.
Durante ese tiempo, publicó un libro biográfico de autoayuda que estuvo en la lista de los más vendidos del New York Times (y tiene otro libro que saldrá en el 2017), lanzó su línea de ropa y joyería, fue coprotagonista con su padre en The Apprentice y se convirtió en un elemento habitual en eventos de modas y las cenas benéficas.
El mes pasado, afirmó en el programa de televisión 60 Minutes que cuando su padre sea presidente ella será sólo una “hija”. Agregó que echará mano a esta “mayor visibilidad” para abogar por las mujeres trabajadoras. (Después del programa, Trump fue criticada porque su compañía intentó vender la pulsera de oro y diamantes Ivanka Trump de $10,800que usó durante la entrevista. Más tarde se disculpó y aseguró que la marca tenía que hacer un “reajuste”).
Pero algunas figuras destacadas se mantienen escépticas sobre el compromiso de Ivanka con sus causas.
“No creo que sea fructífero denigrar la imagen que proyecta de mujer trabajadora, madre y esposa, pero hay límites”, dijo Faye Wattleton, ex presidenta de Planned Parenthood, la organización de derechos reproductivos. “Es fácil hablar sobre autoayuda cuando tienes acceso a la mejor atención médica del mundo debido a la posición en la que naciste. No es fácil cuando no puedes ganar un salario digno y tienes hijos que alimentar. No la hemos escuchado hablar sobre esas situaciones difíciles”.
Stella Schnabel, actriz e hija del artista y director Julian Schnabel, parecía personalmente agraviada por lo que consideró el apoyo de Trump a la postura de su padre. “Fui a jugar una vez con Ivanka. ¡Estuve en Mar-a-Lago!” dijo Schnabel, junto al diseñador de calzado Arden Whol, un conocido de la hija del futuro presidente desde hace 20 años y quien cuenta a Ivanka entre sus 33,000 seguidores de Instagram.
“Siempre pensé que su padre era un poco vulgar. Pero ella es elegante, con clase y fuerte. Tenía un gran grupo de amigos cuando estaba en Trinity”, dijo Whol, refiriéndose a la escuela privada de la exclusiva zona en el noroeste de Manhattan a la que Ivanka asistió. “Así que no lo puedo entender. Ella no es una persona que exprese odio o que sea racista. Simplemente no lo es”.
Díganselo al magnate Barry Diller, un conocido del círculo social de hace años, y quien enel 2009 hizo negocios con Kushner.
“Creo que es ilusorio creer que hay alguna diferencia entre Trump y sus hijos en cuanto a cualquiera de sus posturas extremas”, escribió en un correo electrónico reciente Diller, quien donó a la campaña de Clinton en el 2016. “Han tenido muchas oportunidades para rectificar públicamente y no lo han hecho”.
Durante mucho tiempo, la popularidad de Ivanka se debió —al menos en parte— a su capacidad para suavizar la imagen un poco más burda de su padre.
Donde Donald Trump era brusco, Ivanka tenía tacto. Donde Donald Trump resultaba egocéntrico y distraído, ella era discreta y centrada, características que mostró desde pequeña mientras crecía en el noroeste de Manhattan.
Ivanka trabajó durante un tiempo breve como modelo durante su adolescencia, antes de entrar a la Universidad de Georgetown. Dos años después, se cambió al alma máter de su padre, la Escuela Wharton en la Universidad de Pennsylvania.
Después de graduarse, comenzó a salir en fotos tomadas en toda la ciudad en fiestas, como la inauguración del Festival de Cine Tribeca y la gala anual de Frick, donde representó un cambio refrescante frente a una generación de herederas parranderas, como Paris Hilton, Nicole Richie y Casey Johnson.
En ese entonces, ya trabajaba para la Organización Trump, pero creó una vida social que, de muchas maneras, eclipsaba a la de su famoso padre.
Trump y sus hijos mayores no son partes de las esferas de poder en Nueva York, pero Ivanka Trump y Kushner, quien compró el semanario The New York Observer en el 2006, son más astutos en el ámbito social.
Estuvo en la primera fila del desfile de Carolina Herrera durante la Semana de la Moda en Nueva York, caminó por la alfombra roja en la gala de la Mujer del Año de la revista Glamour en el Carnegie Hall y la invitaron a cenar con la estrella de cine Hugh Jackman y el heredero mediático James Murdoch.
Cuando Ivanka y Kushner terminaron su noviazgo, la reconciliación ocurrió en el yate de Rupert Murdoch, un acercamiento en el que intervino su buena amiga Wendi Murdoch, quien en ese momento seguía casada con Murdoch.
Pronto Ivanka se convirtió al judaísmo y se casó con Kushner en Bedminster, el club de golf privado de su padre en Nueva Jersey, donde usó un vestido de Vera Wang. Desde entonces han tenido tres hijos.
Como ocurre con muchas personas que tratan de ascender socialmente en Nueva York, la pareja participó en proyectos filantrópicos. Sin embargo, no dejaron huellas muy profundas. De hecho, examinar las causas caritativas de Ivanka es encontrar ecos del patrón de su padre de pedir mucho y dar poco.
En el 2010, se convirtió en miembro fundador de la iniciativa Girl UP de la Fundación de las Naciones Unidas y después exhibió su participación en la página de internet de la Fundación Trump, donde permanece hasta hoy como la primera de las tres causas externas que la familia apoya, junto con la Fundación de la Policía y la Liga Atlética de la Policía de Nueva York.
La principal contribución de Ivanka fue publicar un enlace promocional de su colección de joyas finas, donde vendía un brazalete Girl Up, y donar parte de las ventas a la iniciativa.
Durante la Convención Nacional Republicana, en la que su padre aceptó oficialmente la candidatura presidencial del partido, el escrutinio a Ivanka comenzó a tomar un giro más negativo.
Aunque su discurso fue aplaudido, a sus conocidos les sorprendió la crudeza de otros oradores —como los que coreaban que había que encarcelar a Hillary Clinton— y se preguntaban si ella diría algo para condenar estas acciones.
En septiembre, Ivanka se molestó con una reportera de la revista Cosmopolitan que le preguntó sobre la obvia incongruencia entre sus declaraciones de feminismo y la campaña que defendía con tanta pasión. “Mira, creo que hay mucha negatividad en estas preguntas”, fue su respuesta, según la transcripción.
Según algunos viejos amigos, Ivanka, quien junto con su esposo rechazó varias solicitudes de entrevista para este artículo, mantiene el aplomo.
“No se queja de nada y rara vez expresa debilidad”, dijo Maggie Cordish, una amiga de la escuela que conoció a su propio esposo, un promotor inmobiliario de Baltimore, gracias a Ivanka. Cordish afirma que el interés de Ivanka por la causa de las mujeres trabajadoras es sincero: “Promovió asuntos que no eran parte de la agenda republicana porque se interesa en ellos”.
El magnate hollywoodense David Geffen, durante mucho tiempo partidario de los candidatos democráticos, aseguró que siente afecto por Ivanka y Kushner, aunque no votó por su padre en la elección.
“Conozco a Ivanka y a Jared de hace años”, afirmó. “Ella es una mujer encantadora e inteligente, y Jared ha sido un yerno leal. Trump depende de él. Es un tipo muy listo. ¿Es un genio? No, pero ¿sabes qué?, todos los genios perdieron”.
Esta historia fue publicada originalmente el 9 de diciembre de 2016, 3:44 p. m. with the headline "¿Será Ivanka Trump la ‘primera hija’ más poderosa en la historia de Estados Unidos?."