Estados Unidos

Trump presenta una visión nacionalista en toma de posesión

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y la primera Dama Melania Trump el viernes 20 de enero de 2017.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y la primera Dama Melania Trump el viernes 20 de enero de 2017. AP

En sus primeras y encendidas palabras como el 45to presidente de Estados Unidos, Donald John Trump presentó una visión nacionalista de Estados Unidos y rompió con la tradición para invocar, sin remordimientos, su dura campaña; reprender a los principales partidos políticos del país y ofrecer una oda popular a los “olvidados”, quienes, contra todo pronóstico, lo eligieron.

“Hoy no se transfiere el poder de un gobierno a otro, o de un partido a otro, sino que el poder sale de Washington DC y pasa a manos de ustedes, el pueblo. Durante demasiado tiempo, un grupo pequeño en la capital del país se ha aprovechado del gobierno, y el pueblo ha pagado el precio”, dijo Trump a sus entusiastas partidarios, reunidos bajo un cielo nublado en el National Mall.

“Todo eso cambia aquí mismo a partir de ahora, porque este es el momento de ustedes”.

Con una retórica inusualmente áspera para un discurso de toma de posesión, Trump, de 70 años, hizo una descripción desalentadora de un país que necesita salvación. Habló de “madres e hijos atrapados en la pobreza de nuestras ciudades, fábricas oxidadas dispersas como lápidas por todo el territorio nacional, un sistema educativo lleno de dinero pero que no imparte conocimientos a los jóvenes alumnos, además de la criminalidad y las drogas, que han cegado tantas vidas y robado al país de tanto potencial”.

“Esta masacre de Estados Unidos se acabá aquí ahora mismo”, dijo Trump, el único presidente estadounidense que nunca ha ocupado un cargo público ni militar.

Con la promesa de eliminar el “terrorismo radical islámico” y proteger a los estadounidenses, a quienes llamó “el pueblo de Dios”, Trump dijo que detendrá el camino cuesta abajo de una nación que presta demasiada atención a otros países, afirmó. Prometió recuperar empleos fabriles, asegurar las fronteras, ampliar aeropuertos y ferrocarriles, y centrarse en las necesidades internas de Estados Unidos.

“Desde hoy Estados Unidos va primero”, dijo”.

El discurso de Trump, que duró menos de 17 minutos, comenzó exactamente el viernes al mediodía, el día fijado por la Constitución para que los presidentes juren en cargo. Colocó su mano izquierda sobre dos Biblias –la que usó Abraham Lincoln cuando asumió la presidencia en 1861 y la que la madre de Trump le dio en 1955–, levantó la mano derecha y, repitiendo las palabras del magistrado presidente de la Corte Suprema federal, John Roberts, hizo el más solemne de los juramentos en el proceso de transferencia de poder en la democracia estadounidense: “Preservar, proteger y defender la Constitución de Estados Unidos”.

La artillería en el lado oeste del Capitolio federal hizo 21 disparos de honor y cientos de miles de personas que llegaban hasta donde alcanzaba la vista, bajo el cielo gris que cubría el National Mall, explotaron en un gritos de alegría. Habían presenciado la toma de posesión de un presidente sin precedentes, un ácido magnate de los bienes raíces que canalizó una profunda insatisfacción con el rápidamente cambiante orden mundial para lograr una victoria asombrosa, apoyado por desafectos de la izquierda y la derecha de la política.

“Lo que verdaderamente importa no es qué partido controla el gobierno, sino que el gobierno sea controlado por el pueblo. El 20 de enero del 2017 se recordará como el día en que el pueblo se convirtió de nuevo en el gobernante de esta nación”, dijo Trump. “Los hombres y mujeres olvidados de nuestro país ya no estarán en el olvido. Todos los escuchan ahora”.

Hacia el final del pulido discurso, Trump se mostró más conciliador, alabando a Barack Obama y presentando la visión de un país unificado a través del patriotismo.

“Un nuevo orgullo nacional nos impulsará, levantará nuestra vista y sanará nuestras divisiones”, dijo.

Pero la mayor parte del discurso fue desafiante e hizo recordar su polarizadadora campaña, y a la multitud le encantó. Al unísono, corearon con el presidente su mensaje clave de la campaña Make America Great Again.

Cuando Trump se alejó del podio y le estrechó la mano a Obama, el ahora ex presidente dijo: “Muy bien”.

La pompa dentro del perímetro de seguridad contrastó con el tumulto afuera, en momentos que varias protestas se desarrollaban en todo Washington, con barricadas policiales, gas lacrimógeno y ruidos inquietantes a pocas cuadras de la ceremonia. Durante la mañana, manifestantes trataron de impedir que los asistentes a la ceremonia entraran al Mall en varios puntos. Y chocaron con la policía después de vandalizar cajeros automáticos y lanzar piedras contra los vidrios de las tiendas.

John y Heather Paulson, una pareja de Jacksonville que hace dos años se mudó a Virginia, pasó trabajo para entrar al Mall porque manifestantes del movimiento Black Lives Matter bloqueaban el camino cerca de Judicial Square.

“No queríamos meternos en eso”, dijo Heather, de 35 años, señalando hacia los manifestantes que bloqueaban la vía con los brazos entrelazados.

Después que Trump juró el cargo, las calles hervían con la tensión de manifestaciones de oposición al nuevo presidente. Varios helicópteros sobrevolaban la zona mientras el sonido de las sirenas llenaba el aire.

Trump toma el cargo con el índice más bajo de aprobación de un nuevo presidente en tiempos modernos, tras una acre elección en que perdió el voto popular y una transición de 72 días en que hizo pocos intentos de conciliación. Trump no nombró a ningún hispano —y a ningún demócrata, como es la tradición— a su gabinete. Seis días antes de jurar el cargo, tuvo un enfrentamiento en Twitter con un legislador e ícono de los derechos civiles, lo que provocó que al menos 67 legisladores demócratas, entre ellos tres de la Florida, no asistieran a la ceremonia.

Pero la aritmética política favorece a Trump: los republicanos controlan ambas cámaras del Congreso (y la mayoría de las gobernaciones y legislaturas estatales) y ello pudiera empoderar al nuevo presidente a implementar una agenda abarcadora, suponiendo que los legisladores conservadores concuerden con un presidente de ideología no definida y con posturas a veces contrapuestas a las de los congresistas.

La ceremonia de toma de posesión incluyó tres días de festividades en Washington, repletas —al menos en las áreas más cercanas— de partidarios de Trump que viajaron a la capital desde todo el país. De momento no había un cálculo oficial de la cantidad de asistentes a la ceremonia, pero imágenes aéreas sugerían menos de los 2 millones que asistieron a la toma de posesión del primer presidente negro del país.

“Dios mío, tenemos un nuevo presidente”, dijo Juan Fiol, de 44 años y voluntario de la campaña de Trump que viajó el martes a Washington desde Kendale, y presenció la ceremonia desde la escalinata del Capitolio. “Nosotros ayudamos a que esto se hiciera realidad”.

Mientras Trump juraba el cargo, su esposa Melania y su hijo de 10 años, observaban. A pocos pasos de distancia estaban sus cuatro hijos adultos: Donald Jr., Ivanka, Eric y Tiffany. También estaban presentes el presidente Obama, quien con su esposa, Michelle, el viernes abordaron por última vez el Boeing 747 –que ya no es el Air Force porque no es el presidente– para dirigirse a Palm Springs, California, para unas vacaciones.

El ex presidente George H.W. Bush no pudo asistir a la ceremonia (“Mi médico me dijo que si me siento a la intemperie en enero, probablemente me muera”, le escribió a Trump, a manera de disculpa por su ausencia), pero todos los ex presidentes –Jimmy Carter, Bill Clinton y George W. Bush– estaban allí. También estaba presente la rival de Trump, Hillary Clinton, quien en ocasiones incluso sonreía mientras soportaba la experiencia de observar a otra persona asumir el cargo que probablemente pensaba que era de ella. Hillary Clinton y Trump se estrecharon la mano dentro del Capitolio.

Minutos antes que Trump jurara el cargo, el magistrado Clarence Thomas le tomó el juramento al vicepresidente Mike Pence.

Joey Flechas, redactor del Miami Herald, y los redactores independientes Emily Cochrane y Ariana Figueroa contribuyeron a este reportaje.

Esta historia fue publicada originalmente el 20 de enero de 2017, 6:16 p. m. with the headline "Trump presenta una visión nacionalista en toma de posesión."

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