Estados Unidos

Jeb Bush quiere hacer de la Florida su baluarte electoral de cara al 2016

El ex gobernador de Florida Jeb Bush tiene en la mira asegurar la Florida planea poner grandes recursos y esfuerzos para atraer simpatizantes en Florida con la mira puesta en la Casa Blanca
El ex gobernador de Florida Jeb Bush tiene en la mira asegurar la Florida planea poner grandes recursos y esfuerzos para atraer simpatizantes en Florida con la mira puesta en la Casa Blanca The Washington Post

El aparato político que rodea al ex gobernador Jeb Bush, determinado a evitar una humillación en un estado que ha puesto en aprietos a su partido y a su familia en las elecciones nacionales, prepara una gran operación destinada a convertir a la Florida en un baluarte para su campaña presidencial, de acuerdo con docenas de entrevistas.

El plan confidencial, con el nombre en clave “Homeland Security” (Seguridad Nacional), busca neutralizar dos amenazas potencialmente serias, aunque de procedencia local, a la muy anticipada aspiración presidencial de Bush: el posible desafío de un joven y carismático senador republicano de Miami, Marco Rubio, quien se espera que busque él mismo la candidatura republicana; y un cambio demográfico dentro de la Florida que podría llevar al fracaso a Bush en una contienda contra un demócrata.

El esfuerzo de Bush en Florida, donde Barack Obama prevaleció en las dos últimas elecciones, consumiría enormes recursos y energías durante el próximo año en un estado en que muchos creerían que Bush, su gobernador de 1999 al 2007, contaría con una base de apoyo.

“Sin Florida”, dijo Bob Martínez, por mucho tiempo amigo de Bush y ex gobernador de la Florida él mismo, “él sabe que sería difícil cuadrar las cifras”.

En lo que asesores dicen que podría costar $50 millones para poder llevarse a cabo, Bush y su equipo se apresuran a conseguir a los mejores operadores políticos, funcionarios electos y donantes de campaña –ofreciéndoles contratos, tiempo de interacción y halagos, de acuerdo con los que conocen las tácticas.

La fortaleza de Bush en Florida –donde acciones como el tributo a un ayudante en su lecho de muerte y reuniones en Disney World le han ganado la admiración de líderes republicanos– confía en un toque muy personal y la lealtad a un hombre que marcó el inicio de 17 años de gobierno republicano en el estado.

Amigos y asesores de Bush dijeron que, de muchas maneras, él ha aspirado a presidente en la Florida desde el día en que dejó el Congreso estatal, al cultivar una red de ex ayudantes y aliados a través de gestos grandes y pequeños, como correos electrónicos de cumpleaños.

“Jeb se ha tomado el trabajo de alimentar esas relaciones”, dijo John McKager Stipanovich, prominente cabildero republicano en Tallahassee que recibe un mensaje personal de Bush todos los 26 de noviembre.

Con su inmensidad geográfica y llamativo tropicalismo, sus múltiples nacionalidades y su reputación de percances electorales, la Florida ofrece la posibilidad de una intriga en cada elección. Pero en el 2016, su primaria podría amenazar con convertirse en la más traumática del país.

Florida es ahora el hogar de cuatro probables candidatos presidenciales de diferente estatura y atractivo: Bush (quien vive en Coral Gables); Rubio (West Miami); Ben Carson, un neurocirujano y escritor (West Palm Beach); y el ex gobernador de Arkansas Mike Huckabee (Santa Rosa Beach).

Para Bush, un nativo de Texas que hizo de Florida su hogar adoptivo en la década de 1980, ningún terreno político es más querido –o podría ser más mortificante perder ante un correligionario republicano. Pero el momento y la estructura de la primaria estatal podrían hacerla muy importante en el calendario político.

El estado programó la semana pasada una primaria en la que el ganador se lo lleva todo para el 15 de marzo del 2016, la fecha más cercana posible bajo las reglas republicanas. Esto significa que, después de contiendas más tempranas en estados más pequeños donde él podría tener que luchar, y una ronda de primarias en la que los delegados se asignan proporcionalmente, la lucha por los 99 delegados de la Florida podría darle a Bush la oportunidad de asegurar la candidatura, separarse del grupo o recuperarse de un tropiezo.

En una elección general, Bush tendría que luchar con las dolorosas lecciones de las campañas previas de su familia en el estado. Su padre, el presidente George H. Bush, apenas se aferró a la Florida en 1992, mientras los votantes de la nación se volvían hacia un joven demócrata, Bill Clinton. Ocho años después, su hermano George W. Bush se vio forzado a un enconado recuento, y luego una intensa batalla en la Corte Suprema, sobre el resultado en la Florida –una campaña que Jeb Bush ayudó a supervisar como gobernador.

Desde entonces, Bush se ha dedicado a fortalecer al Partido Republicano a lo largo del estado, pero se ha encontrado un desalentador obstáculo: un electorado cambiante. Incluso cuando los republicanos controlan todos los niveles del gobierno estatal, no pueden controlar el creciente matriz demócrata de importantes grupos de votantes, incluyendo a los jóvenes cubanoamericanos y a las decenas de miles de descendientes de puertorriqueños que se han ido en años recientes a Orlando y otras partes del centro de Florida.

Los próximos pasos de Bush son claros, dijeron asesores. Debe evitar que Rubio construya una operación creíble en el estado; debe establecer su caso como portavoz de los hispanos, pues con una esposa nacida en México, él podría superar la demografía que de otra forma favorecería al candidato demócrata; y por último, debe construir una robusta operación para recaudar fondos que podría conseguir las decenas de millones de dólares que le costaría a Bush ganar la Florida en una primaria y en unas elecciones generales.

Detrás de bambalinas, los cercanos a Bush se mueven rápido para socavar a Rubio. David Johnson, un aliado cercano de Bush, se ha hecho cargo del Partido Republicano del estado como director ejecutivo interino y, en una franca entrevista, buscó desanimar a Rubio de entrar en la contienda presidencial.

“Espero que esto no vaya a pasar”, dijo Johnson. “Causaría muchos problemas en Florida”.

Johnson sugirió que Rubio se mantuviera en el Senado, al calificarlo de “un joven que tiene mucho potencial”.

Hasta ahora, la clase dirigente política del estado se ha alineado con el ex gobernador, no con el senador. En entrevistas, una docena de legisladores actuales y ex legisladores de la Florida abrazaron la probable candidatura de Bush, al citar su expediente de reducción de impuestos y gastos como gobernador.

“El liderazgo político de la Florida va a estar con Jeb Bush”, dijo el senador estatal Jack Latvala, quien representa a Clearwater y, a pesar de repetidos choques con el gobernador Bush, escribió hace unas pocas semanas un cheque de $5,000 para su comité de acción política.

Esta historia fue publicada originalmente el 25 de marzo de 2015, 9:41 p. m. with the headline "Jeb Bush quiere hacer de la Florida su baluarte electoral de cara al 2016."

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